Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 26 de agosto de 2010

El ocaso de…El Último Romántico. Don Quijote. Cap. 64/2


“Que trata de la aventura que mas pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido".

Con éste comienzo el lector se prepara para lo peor, tal vez por ésta razón en el primer párrafo, Cervantes dulcifica la situación para que recorramos el texto con más interés, incluso con un cierto suspense. Se sirve para ello de la belleza y discreción de Ana Félix como portada, la posible aventura de don Quijote para liberar a Gaspar Gregorio recordando la narración del retablo de Maese Pedro como argumento y la certera advertencia de Sancho a modo de prólogo:

“Advierta vuesa merced que el señor don Gaiferos sacó a su esposa de tierra firme y la llevó a Francia por tierra firme; pero aquí, si acaso sacamos a don Gregorio, no tenemos por dónde traerle a España, pues está la mar en medio”.

 Así, la liberación de Gaspar es en principio adjudicada al renegado quedando don Quijote en reserva, por si el español no saliese bien del caso.

Pero,en cuatro días el futuro de don Quijote da un giro con la incorporación por sorpresa del Caballero de la Blanca Luna y en principio, contra lo que en la obra venía siendo habitual, sin el conocimiento de ninguno de los personajes de la misma. Cervantes va a cambiar el curso de los acontecimientos con un reto inusual: Nuestro Quijote -el último romántico- se ve obligado a luchar y aceptar las condiciones del desconocido caballero para mantener que la belleza de su dama no tiene parangón.

“Jamás habéis visto a la ilustre Dulcinea; que, si visto la hubiérades, yo sé que procurárades no poneros en esta demanda porque su vista os desengañará de que no ha habido ni puede haber belleza que con la suya comparar se pueda”.

En ésta ocasión –es el principio del fin- el contrincante no resulta vencido como el Caballero de los Espejos en el capítulo 14/2 o se retira como ocurriera en el combate con Tosilos en el 56/2, sino que arremete con no mucha, pero sí suficiente furia contra el viejo y cansado caballero al que, con poco esfuerzo rinde.

“Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad; aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra”.

El pasaje es utilizado por Cervantes magistralmente, para manteniendo la firmeza y honra del protagonista, acercarle al fin de sus correrías.

“—Dijo el de la Blanca Luna—;viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso; que sólo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año, o hasta el tiempo que por mí le fuere mandado, como concertamos antes de entrar en esta batalla”.

Deslocado (deslocado: ‘dislocado’, ‘torcido’, pero también deslocado ‘desalocado, curado de locura’) quisiera Sancho que quedara su amo tras semejante suceso, del que como premonición de lo que puede acontecer es sacado en “silla de manos que mandó traer el visorrey”.

Quedamos a la espera de saber, quien es el Caballero de la Blanca Luna que de tan mal talante ha dejado a don Quijote.

Imágenes: Antonio Carnicero y Gerónimo Gil

jueves, 19 de agosto de 2010

De galeras y otra peregrina historia. Don Quijote. Cap. 63/2




Las promesas de la encantada cabeza han arraigado en don Quijote y Sancho como la carta de un niño a los Reyes Magos. Entretenidos en estos pensamientos embarcan en el bote que ha de llevarlos a la galera capitana, don Quijote es recibido como un héroe y Sancho volteado por la chusma.
Don Antonio ha preparado la escenografía para que ambos acepten de buen grado, cualquier situación futura.
La narración de los sucesos de la galera muestra como Cervantes domina el lenguaje marinero –crujía, bandines, entrena- resultado de su permanencia como soldado en la galera Marquesa .La descripción del trabajo de los galeotes contiene así mismo elementos del argot de galeras –espaldar, corbacho, rebenque- quizás de peor recuerdo para Cervantes al asociarlo con su apresamiento por los turcos en la galera Sol.

En el anterior capitulo don Quijote, salió molido y quebrantado por el baile, Sancho en éste es sometido a un supuesto bautismo marino, volteado de mano en mano de estribor a babor, la ceremonia no es del gusto de don Quijote, que no duda en firmar con la espada cuanto dice de palabra:

“Don Quijote, que vio el vuelo sin alas de Sancho, preguntó al general si eran ceremonias aquellas que se usaban con los primeros que entraban en las galeras; porque si acaso lo fuese, él, que no tenía intención de profesar en ellas, no quería hacer semejantes ejercicios, y que votaba a Dios que si alguno llegaba a asirle para voltearle, que le había de sacar el alma a puntillazos; y, diciendo esto, se levantó en pie y empuñó la espada”.

Sancho se asombra de que un solo hombre –cómitre- azote a tanta gente desdichada, por el contrario, a don Quijote el mosqueo sobre las espaldas de la chusma le recuerda el desencanto de Dulcinea a cuenta de su escudero, que se libra de responder por la aparición de un bergantín de corsarios turcos.

El travestido patrón de esta nave, resulta ser Ana Félix, hija de Ricote (cap.54/2) que narra otra interminable historia de su huida a Berbería seguida de su enamorado Gaspar Gregorio al que por cierto, en el referido capítulo, Cervantes cita como Pedro Gregorio y que también resulta travestido a mujer mora para salvar su integridad frente a los turcos:

“Turbeme considerando el peligro que don Gregorio corría, porque entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un mochacho o mancebo hermoso que una mujer, por bellisima que sea”.

En la historia reaparece Ricote identificándose como padre de Ana Félix y como diría Sancho en 54/2 “vestido de moharracho”.
Con el indulto a los dos turcos que mataron a los soldados de la capitana el ofrecimiento del renegado para liberar a Gaspar Gregorio, la disposición de Ricote para costear la operación y el hospedaje de padre e hija en casa de don Antonio se cierra éste completísimo capítulo

viernes, 13 de agosto de 2010

La cabeza respondona. Don Quijote. Cap. 62/ 2




Veremos, era el fin de nuestra anterior entrada y en eso permanecemos.
El recomendado de Roque Guinart, pone a Quijote y Sancho en manos de don Antonio Moreno, amigo de holgarse, sin ofender demasiado. En ésta ocasión el Autor nos presenta a un don Quijote, exhibido como  trofeo y a Sancho como bufón de la corte. Contentos ambos con el trato que reciben, se dejan querer y agasajar, ajenos, como ya ocurriera con don Diego de Miranda y el duque, a los devaneos de las clases superiores. A la sazón,vestido de calle, con sotana,  sobre un gran macho en lugar de Rocinante y portando un pergamino -inocente, inocente-, don quijote orgulloso exclama:

" Grande es la prerrogativa que encierra en sí la andante caballería, pues hace conocido y famoso al que la profesa por todos los términos de la tierra. Si no, mire vuesa merced, señor don Antonio, que hasta los muchachos desta ciudad, sin nunca haberme visto, me conocen".

Tras la presentación de la cabeza encantada las preguntas para el lector se suceden: ¿ Que pretende Cervantes con éste relato? Ridiculizar tal vez las supersticiones. Crear un paralelismo con la cabeza del gigante de su imitador Avellaneda. Simplemente describir el artificio de las  ferias de antaño.

En éste punto aparece un castellano que increpa a don Quijote.¿ Porque un castellano precisamente  es el que le acusa de loco mientras los catalanes se ríen de él?

"¡Fugite, partes adversae!" -huid demonios-

Con ésta fórmula exorcista y el recuerdo de la sin par Dulcinea, consigue don Quijote, aunque molido y quebrantado librarse del asedio de las dos pícaras damas que le acosan con sus requiebros.

La popularidad de la cabeza de emperador romano que para don Quijote y Sancho queda como encantada, especialmente para aquel, puesto que le auguró el desencantamiento de Dulcinea, llega a suponer para don Antonio una fuente real de peligro al hacer jugar a la Inquisición un papel de antagonista.

"Aquí se imprimen libros".

Una vez dentro de la imprenta, las preguntas sin respuesta hacen mella en éste desocupado lector:
¿Cual es la razón por la que cita don Quijote a Ariosto autor de Orlando el furioso. Resta mérito a traductores y copistas con la excepción de Figueroa en la tragicomedia Pastor Fido y del amigo y retratista de Cervantes Juan de Jaúregui traductor del drama pastoril  de  Amintas y la ninfa Silvia. Lanza aviso sobre los problemas de distribución de una obra y firma la oportunidad de escribir por provecho y no por fama?

"¿Imprímese por su cuenta o tiene ya vendido el privilegio a algún librero?"
"¿Quiere vuesa merced que se lo dé a un librero que me dé por el privilegio tres maravedís, y aun piensa que me hace merced en dármelos?"
"Provecho quiero, que sin él no vale un cuatrín la buena fama".

La vena mística de Cervantes hace una breve aparición con Luz del alma y sus infinitas luminarias.
No podía faltar en una imprenta la segunda parte del Ingenioso Hidalgo que en opinión de don Quijote aun cuando todavía no ha sido quemado, le llegará su San Martín como a todo puerco.

Con tanta pregunta por resolver y el jefe de galeras como guía, dejo a la comitiva mientras pensamos en la siguiente entrada de tan vacacional mes. 

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jueves, 5 de agosto de 2010

La noche de San Juan. Don Quijote. Cap. 61/2


Imagen: Jaume Pahisse

De lo que en principio parece una exaltación del bandolerismo, haciendo abstracción de los hechos delictivos, podría hacerse una segunda lectura e interpretarlo como un canto a la aventura:
Un caballero andante que por circunstancias, convive con la banda de Roque Guinart se ve atrapado por una variante del Síndrome de Estocolmo, llega a identificarse con los que en principio eran sus captores, y no puede por menos de envidiar la vida errante,  activa y peligrosa, en la que, hasta  los propios compañeros pueden ser sus peores enemigos. Tal vez, pueda ser éste el motivo de la aparición del bandido en escena.

La noche mágica de San Juan en la que se celebra el solsticio de verano es la escogida por Cervantes, para que don Quijote y Sancho vean el espaciosísimo mar por vez primera; el estruendo de la artillería propia de la fiesta, sirve de fondo para que el recibimiento engrandezca al auténtico caballero andante y humille aún más al ficticio y apócrifo, como pregona el avisado de Roque que aprovecha  para resaltar el nombre de Cide Hamete, mientras que en su respuesta a Sancho, don Quijote evita con habilidad pronunciar el de Avellaneda:

“Estos bien nos han conocido; yo apostaré que han leído nuestra historia, y aun la del aragonés recién impresa”.

Nuevamente asistimos a un recibimiento triunfal, seguido de una humillación. La obra ha calado ya en el lector de esta segunda parte, y se hace penosa tanta burla. A trece capítulos del final, Cervantes escoge el sabor agrio de la afrenta, tal vez como reflejo de la realidad a la que se enfrentan altruistas y soñadores.

Cide Hamete, compadecido, sitúa tras el penoso suceso de los muchachos y las caballerías, a don Quijote y Sancho junto a un caballero principal, al que, en principio, quiero suponerle buena intención, por su relación con el bandolero Roque. Veremos.