Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 30 de septiembre de 2010

Preguntas sin respuesta. Don Quijote. Cap. 69/II

Ariadne Dido  -  Altisidora

La entrada en el castillo acrecentó la admiración de nuestros protagonistas. A éste lector, apenas  entrado en el presente capítulo, le asalta una pregunta sin respuesta: don Quijote y Sancho fueron apresados y conducidos al castillo con un fin concreto, los duques por tanto conocían no sólo su vuelta si no también su proximidad; Cervantes tan minucioso en la narración, no puede dejarnos sin saber cuál es la fuente de información que inspiró a los duques semejante parafernalia.

Traspasado el umbral del castillo nos encontramos una nueva comedia con  los elementos necesarios para que la atención del lector no decaiga el guionista describe con profusión el cuadro escénico: luz, música, vestuarios, un túmulo portando –al estilo de las tragedias amorosas- el cuerpo de una doncella con amarilla y vencedora palma símbolo de virginidad. y por añadidura, tablado con dos reyes justicieros junto a los que situaron a don Quijote y Sancho mudos de admiración y  temor.
Comienza la representación con la presencia -ahora sí- de los duques, en la que Cervantes hace un recorrido narrativo de matices muy variados:
  • La indumentaria con la que “adornan” Sancho viene a señalar la situación de los relajados condenados a muerte por la Inquisición a los que se cubría con ropajes pintados con llamas y diablos, clara alusión a su  triste destino.
  • Un hermoso mancebo -se prodigan los mancebos hermosos en la obra- aparece de pronto ante al túmulo de Altisidora –que no era otra la doncella supuestamente muerta- cantando dos estrofas, la primera parodiando la crueldad de don Quijote, y la segunda, reproducción exacta de la Égloga III de Garcilaso de la Vega aludiendo al mundo de los vivos y los muertos. (Pedro Salinas acude también a ésta estrofa para dar título –la voz a ti debida- al primer libro de su trilogía amorosa).
  • Los dos reyes justicieros sentados en el tablado -la mitología se asoma ahora a la narración-  y que resultan ser Minos y Radamanto jueces de los infiernos, sentencian que: Altisidora volverá a la vida tras recibir Sancho de manos de seis dueñas, veinticuatro cachetes, amén de mitad y cuarto de pellizcos y alfilerazos.

Sancho considera indigno ser abofeteado por mujeres y protesta por la utilización que se hace de su persona, pero, el oponente es el diablo, no don Quijote. Éste, con la mente en la recuperación de Dulcinea intenta persuadirle de que es elegido por el cielo para desencantar y resucitar. El miedo a lo sobrenatural más que la interesada opinión de su amo, vence a Sancho dejando un punto de rebelión: soportará todo, menos ser acribillado, arremetiendo para evitarlo contra los justicieros de infierno, poniendo de éste modo fin a la represensentación. La ira de Sancho y la inmovilidad continuada de la doncella producen el milagro de la resurrección de ésta.

Parece oportuno destacar que, si bien Sancho acepta el castigo redentor propuesto por los cavernarios jueces, se niega, pese a la súplica de don Quijote, a colaborar en el desencanto de Dulcinea. La evidencia de Aldonza es más fuerte que la ilusión de Dulcinea.

Al fin del capítulo el desocupado lector acumula nuevas preguntas:

Inquisición.
Garcilaso.
Mitología.

¿Qué persigue el Autor al introducir en la obra tres temas tan poco relacionados?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Jugando con el lector. Don Quijote. Cap. 68/II



Carlos Ortega

Entendiendo juego como: ” Habilidad o astucia para conseguir algo” y por escarbar en las múltiples posibilidades de interpretación que la novela nos ofrece se me ocurre que Cervantes, utilizando la locura y cordura de don Quijote, juega en ésta ocasión con el lector para conseguir involucrarle en la acción, hacerle copartícipe de la obra y sensibilizarlo así con los afanes y desvelos del hidalgo.
Veamos: En el primer diálogo con Sancho, don Quijote reclama:

Comprensión. “Yo lloro cuando cantas”.

Menos dureza. “Imagino que eres hecho de mármol o de duro bronce”.

Colaboración con su causa. “Con buen ánimo y denuedo agradecido date trescientos o cuatrocientos azotes a buena cuenta de los del desencanto de Dulcinea; y esto rogando te lo suplico”.

Compañía. “Pasaremos lo que resta de la noche cantando, yo mi tristeza y tú tu firmeza”.

Desde esta perspectiva, asistimos a un lamento ante la derrota y la soledad, le asalta el recuerdo del día que trató de imponerse a Sancho propinándole dos mil azotes a cuenta., (cap. 60/II) con resultado negativo. Con su escudero no puede contar para el desencanto.

“Que no quiero venir contigo a los brazos como la otra vez, porque sé que los tienes pesados”.

Imponerse no puede, las súplicas no sirven. La obra ha colocado a Sancho en tal nivel que ha de recurrir a reproches y promesas:

“Por mí te has visto gobernador y por mí te vees con esperanzas propincuas de ser conde o tener otro título equivalente”.

Y firma la frase con un lema latino -“tras las tinieblas espero la luz”- utilizado por Juan de la Cuesta en la imprenta donde vio la luz El Quijote, Cervantes podría  referirse una vez más, con la introducción  de éste lema  a la obra de Avellaneda significando la claridad que aporta la segunda parte a la autoría de la obra.

Los lectores tienen asumido que no habrá más aventuras, por tanto Cervantes introduce accidentes como la escena de los puercos, un hábil juego para mantener la atención, al tiempo que sirve para tornar al caballero a su locura aceptando la afrenta como castigo a su derrota.
Para difuminar la sensación de burla que podía provocarnos, coloca a don Quijote en nuevo estado de melancolía entonando un cantar entre lágrimas y suspiros, y nuevamente nos situamos en su lugar.
El juego literario continúa hasta casi predisponernos con Sancho que lejos de consolar a su vencido amo duerme a pierna suelta sin que nada le estorbe.

Así terminado,  el capítulo sería un puro trámite, por lo que Cervantes, en un nuevo juego, introduce otro elemento para que esto no ocurra. Diez hombres de a caballo y cinco de a pie pertrechados para la guerra, secuestran a amo y mozo conduciéndolos hasta un patio del castillo del duque, -al que creíamos desaparecido de escena-, aderezado de tal suerte que les dobló el miedo.

Nos identificamos con el personaje hasta casi fundirnos con él. El suspense está servido y el objetivo de provocar deseo de seguir leyendo, plenamente conseguido.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Viaje a la Arcadia. Don Quijote. Cap. 67 / II



Oleo: Carlos Belmonte

Carente ya del ejercicio de las armas don Quijote se interna en aventuras mentales, reflexivas diría yo. Retornan a él los encantamientos de. Tosilos lacayo, Dulcinea encerrada en cuerpo de labradora y el Caballero de los Espejos mutado a Sansón Carrasco; con el recuerdo del lacayo se introduce un matiz importante: Altisidora. A nuestro caballero, hombre al fin, su orgullo en compensación por su edad y su derrota, le hace verse asediado por las damas que le maldicen por sus desaires en tanto que le entregan prendas para el recuerdo -“diome los tres tocadores”.

La pregunta de Sancho sobre si está en edad y momento de relaciones amorosas provoca una reflexión con un guiño al amor en su sentido místico:

“Mucha diferencia hay de las obras que se hacen por amor a las que se hacen por agradecimiento. Bien puede ser que un caballero sea desamorado, pero no puede ser, hablando en todo rigor, que sea desagradecido”.

De la cita anterior, la expresión “desamorado” nos hace pensar en una referencia al Quijote de Avellaneda.

En el capítulo 12/II el protagonista de Cervantes confiesa al Caballero del Bosque:

“Nunca fui desdeñado de mi señora”.

El Caballero desamorado de Avellaneda por el contrario afirma:

“Cualquier caballero natural o andante que dijese que las mujeres merecían ser amadas de los caballeros, mentía”.

Con sólo “desamorado” destaca Cervantes la diferencia entre protagonistas, para don Quijote no es concebible un caballero sin dama.
Abunda aún más cervantes en la comparación entre el amor material y espiritual al afirmar don Quijote que los tesoros de un caballero son como los de los duendes, se deshacen al tocarlos.

Otra vez, el idealismo del amo choca con el realismo del criado al pretender que éste se castigue las carnes para volver a Dulcinea a su estado origimal:

“Yo osaré jurar que en cuantas historias vuesa merced ha leído que tratan de la andante caballería no ha visto algún desencantado por azotes”.

Es una manera de confirmar, sin decirlo, la locura de su amo, consiente en azotarse cuando haya ganas, lugar y tiempo. Una vaga promesa.

Sitúa Cervantes la acción siguiente en un lugar podríamos decir que emblemático, llegado al cual, en el viaje de ida. don Quijote se deshizo de Altisidora contempló imágenes de caballeros de lo divino, razonó con Sancho sobre la belleza y el amor y defendió la hermosura de las zagalas disfrazadas frente al grupo de lanceros que conducía la canalla malandrina de un tropel de toros, Pero.... No es esto lo que ve el hidalgo; preso de un arrebato sentimental, describe la vida pastoril, que piensa emprender en su obligado descanso donde por cierto:

“Las pastoras de quien hemos de ser amantes”.

Nuestro caballero, hombre al fin, …… parece que va perdiendo el misticismo

 Contra todo pronóstico, hidalgo y escudero compiten por ver quién ensarta mejor refrán, Sancho pasa la noche durmiendo mientras su amo vela.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Hitos en el camino de vuelta. Don Quijote. Cap. 66/II


Imagen: Silvia Tarafa

Desde el momento en que don Quijote es sacado en “silla de manos que mandó traer el visorrey” tras aceptar las condiciones impuestas por el de la Blanca Luna, los desocupados lectores, sabemos que su retirada es un hecho. En esta ocasión veo el camino hacia  “ Un Lugar de la Mancha” plagado de símbolos, “hitos”, diríamos utilizando la acepción pastoril (mojón que sirve para indicar la dirección).

Su propia imagen:
Va vestido de camino, sin armadura, como si se despojara de su envoltura de caballero socorredor de menesterosos.

Sus armas:
Veladas con devoción en la “capilla del castillo”, descansan ahora sobre el lomo de un jumento, compañero inseparable de Sancho, pero jumento al fin.

Vuelve al lugar de su derrota:
Se dice que el culpable vuelve al lugar del suceso para justificar sus actos. Don Quijote se justifica a si mismo: es la mala fortuna y no la cobardía lo que le lleva a tal situación.

El caballo:
Cervantes ha creado un personaje al que no es fácil hacer cambiar, no ha lugar a encantamientos, hace a Rocinante símbolo de la derrota cuando realmente el responsable de la montura es el caballero.

Cuélguense mis armas:
Acepta en principio la sugerencia del escudero, en la época, las armas colgadas de un árbol eran símbolo de victoria para un caballero. Sancho, el filósofo práctico, cansado de caminar, quiere ocupar el lugar de las armas en el rucio y ofrecer a su amo el “honor del árbol”.

Hasta cinco días se pasan ambos en estos razonamientos con los que Sancho, continuando la labor del bachiller pretende sin tapujos que don Quijote abandone incluso a Rocinante.

El gordo y el flaco:
Don Quijote que reconoce estar para pocas, cede al exgobernador –nuevo reconocimiento de su inferioridad- la solución del problema planteado por los labradores.

Tosilos lacayo:
Recibe cien palos por no pelear como tenía ordenado y la moza con quien pretendía casarse es internada en un convento. Símbolo ya repetido en otros encuentros (Andres y Juan Aldudo); la justicia se somete al capricho de los poderosos

Tosilos correo:
Supone el último “hito” en el camino del presente capítulo. Deciamos que don Quijote no es fácil de someter a cambio y Cervantes lo pone de manifiesto en este episodio, el correo es tratado de falso y encantado y Sancho de glotón. Don Quijote no acepta invitación alguna, mientras que “Sancho el Positivo” da buena cuenta del vino y queso del Tronchón, seguro de que las viandas no proceden de ningun encantamiento.

“Sin duda este tu amo, Sancho amigo, debe de ser un loco”  –afirma Tosilos.
“¿Cómo debe? —respondió Sancho. No debe nada a nadie, que todo lo paga, y más cuando la moneda es locura”.

En este diálogo la sentencia es clara: solamente don Quijote es responsable de su locura; está loco de remate y derrotado.



lunes, 6 de septiembre de 2010

La evolución de las especies


La evolución por acción de la selección natural asegura la supervivencia del más apto y explica las diferencias, éxito y fracaso de las sociedades.

Las calles del centro de la ciudad -ahora peatonales- por la tarde ocupadas por turistas y paseantes, son territorio de repartidores y empleados de limpieza urbana. Sin saber por qué, conservo en la memoria un recuerdo casi fotográfico de sus comercios; el número 7, un local largo y estrecho, -primero panadería- se convirtió por obra de marido ejecutivo, en boutique para esposa desocupada. -las boutiques tuvieron gran auge en su tiempo. Más tarde, padres bien posicionados por la construcción, lo transformaron en inmobiliaria para gestión y desarrollo de sus promociones únicas, pasando poco después a convertirse en agencia de viajes para joven recién diplomada en turismo.

Hoy en el local número 7, hombre maduro, al que recuerdo como empleado de una joyería, limpia afanosamente, encaramado en una escalera -por el aspecto comprada en un “chino”- un cartel amarillo en el que a gran distancia puede leerse: “Compro oro”.

En el número 12, originariamente conocido restaurante, dos ciudadanos chinos sacan apresuradamente maniquíes ataviados con la indumentaria más colorista que imaginarse pueda.


Por cierto: ¿Qué razón ha traído a mi mente la evolución de las especies?

jueves, 2 de septiembre de 2010

Con el mar a sus espaldas. Don Quijote. Cap.65 / II



Utilizando Cervantes el empeño de don Quijote en guardar las órdenes de la andante caballería, le hace desandar el camino. Se sirve para ello de Sansón Carrasco, personaje que aparece en la segunda parte de la obra con la finalidad de que el caballero no avance en su locura.
El primer intento de derrotarlo en la tercera salida disfrazado de Caballero de los Espejos fracasó, – era demasiado pronto para terminar la obra- y el bachiller lo intenta de nuevo, y lo consigue en el capítulo anterior como Caballero de la Blanca Luna.

Don Antonio y el visorrey, personalizan el egoísmo de cuantos, hasta ahora han abusado de un pobre loco y un labriego simple, para ellos es menos importante la salud de ambos que la posibilidad de perder “sus gracias” y el disfrute que supone.

Sancho consuela a su amo sin dejar de recordarle que él también pierde aún cuando no  salga  tan malparado; renunció a su cargo de gobernador pero no le hubiera venido mal otro título. Sea cual fuere la situación, del árbol caído, todos hacen leña.

El anuncio del regreso de Gregorio es el medio utilizado para que don Quijote asuma la realidad de su fracaso; ni física ni anímicamente está en condiciones, la aventura ha terminado y el personaje lo refleja con una frase lapidaria para un caballero:

“¿De qué me alabo, si antes me conviene usar de la rueca que de la espada?”

La labor de hilado mediante la rueca,  era entonces exclusivamente femenina, si un hombre la realizaba, se le consideraba afeminado y cobarde. Don Quijote, manifiesta asi -pese a certificar poco antes que su retirada no había de pasar de un año- su estado emocional.

Hay en el reencuentro de Gaspar Gregorio y Ana Félix una imagen de recato y honestidad que Cervantes se ocupa de resaltar mediante los comentarios del narrador:

“No se abrazaron unos a otros, porque donde hay mucho amor no suele haber demasiada desenvoltura”.
“El silencio fue allí el que habló por los dos amantes y los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestos pensamientos”.

En sendos párrafos, subraya la realidad social.

 De los renegados:

“Reincorporóse y redújose el renegado con la Iglesia, y de miembro podrido volvió limpio y sano con la penitencia y el arrepentimiento”.

Al volver a tierra cristiana, tras confesar y arrepentirse públicamente, la Inquisición les permitía reconciliarse con la Iglesia levantándoles la excomunión.

Y de los moriscos:

“Don Bernardino de Velasco, usa antes del cauterio que abrasa que del ungüento que molifica”.

Con la historia de Ricote y Ana Félix, muestra Cervantes su dilema. Por un lado Felipe III al cual debe obediencia manda expulsar a los moriscos, por otra, no puede evitar su simpatía y compasión hacia padre e hija.

“Con esto se partieron los dos: don Quijote, desarmado y vestido de camino; Sancho, a pie, por ir el rucio cargado con las armas”.




miércoles, 1 de septiembre de 2010

Comienzo de curso



Dejando de lado la tan traída y llevada depresión postvacacional, -antes valía con decir: ¡Qué bien lo hemos pasado! ó ¡Cuesta un poco arrancar!- que por cierto, a decir de los profesionales, "no existe porque no tiene entidad clínica"; dejando, repito, ese tema aparcado, el comienzo de curso era –posiblemente sea- para los chicos, una ceremonia que se repetía cada año, como las fiestas del pueblo, o el cumpleaños de un amigo.

Uniforme, -algunos tenían uniforme- cartera, cuadernos, lápices, estuche, pinturas, libros; forrarlos, era una aventura apasionante. Todo era nuevo, o al menos desconocido hasta el momento, la ilusión de estrenar superaba al ¿trauma? de ir a clase.


El forro que desde el 24 de Abril del 2008 ha protegido “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”, a duras penas llegará, ajado por el uso, hasta el 4 de Noviembre del 2010

Estrenamos curso, el nuevo cuaderno espera ilusionado sustituir al que hasta ahora ha recogido la magnífica locura de comentar la OBRA de DON MIGUEL

¡Gracias!   Pedro Ojeda, profesor y amigo, por la iniciativa.