Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 28 de octubre de 2010

El descanso del caballero. Don Quijote. Cap. 73 / II


Carlos Ortega

Sancho entra en la aldea y en la sensatez, sabe que no puede representar otra parodia de encantamiento, que tan buen resultado le aportó y anima a su amo, aprovechando la escena de muchachos y cazadores, para que no crea en las niñerías de los agüeros.
Vuelve, no gobernador, si con el dinero preciso para justificar el tiempo de ausencia ante la familia, obtenido, según su versión, en función de la habilidad que le caracteriza, facultad esta de la que Teresa Panza, evidentemente no va a pedirle cuentas.

Don Quijote, transformado en aventurero en virtud de los libros de caballería se encuentra, llegado a la aldea con la realidad: el fin de las aventuras. Conforme avanzamos de la mano del narrador, nos identificamos con el estado emocional del personaje. La derrota se hace patente, todo es interpretado en clave de melancolía, la discusión de dos muchachos sobre la posesión de una jaula de grillos. ¿Por qué precisamente este símbolo? locura, prisión, encierro, simple ocurrencia. No sé; la aparición de una liebre que huye de los cazadores sin conseguirlo  - libertad perdida- todo es mala señal; “Malum signum, malum signum”.

Mientras los azotes de Sancho estaban pendientes se mantuvo viva la esperanza de encontar a Dulcinea, ahora, cumplida la penitencia,  don Quijote se reencuentra con su familia y vecinos, pero no ve a la dama de sus sueños, tal vez está reconociendo que no existe y sólo es fruto de su desbordada imaginación. Cada lector pondrá su resultado

Al hidalgo le queda soñar, soñar a decir de él -que no de su ama- con una profesión menos azarosa que la de caballero andante. Está cansado, cansado de vagar y padecer, vencido, sin ilusión, dejémosle que descanse.

“Y las buenas hijas, que lo eran sin duda ama y sobrina, le llevaron a la cama, donde le dieron de comer y le regalaron lo posible”.

jueves, 21 de octubre de 2010

Vencedores o vencidos. Don Quijote. Cap. 72 / II


Antonio Fuertes

Cerca ya el fin de la obra, es sobradamente conocido por los lectores que ninguno de los protagonistas alcanzó sus objetivos, realmente, ambos regresan derrotados. ¿Derrotados?

El juego que Cervantes establece entre textos y personajes de ambas obras cruzando opiniones y conclusiones para deslindar su obra de la de Avellaneda me parece absolutamente magnífico.

Un personaje de otra obra se introduce en ésta y dialoga con don Quijote: “¿A dónde bueno camina vuesa merced?”, con la cortesía de un caballero don Quijote responde y somete a don Álvaro a un interrogatorio pausado, meditado y preciso, señalando como, en su momento, tomó decisión de no acudir a las justas, por tener conocimiento de que el falso Quijote y el no menos falso escudero se dirigían a Zaragoza.
El hidalgo introduce un notorio canto a Barcelona -grande debía ser la fama de Cataluña en la época para que Cervantes introduzca tan encendido elogio- y solicita a su interlocutor testimonio legal de que se ha producido usurpación de nombre y pensamientos, lo que supone un auto-enjuiciamiento, puesto que forma parte de la obra.

Sancho irrumpe en la escena defendiéndose a sí mismo y a su amo de la suplantación de personalidad de que han sido objeto en esa segunda parte, donde cualquier otro que se haga pasar por ellos será cosa de burla y pesadilla. Álvaro Tarfe descubre tras tan encendida defensa a un escudero, más gracioso que al otro -comilón y tonto- y a un Quijote bien diferente del suyo

No se puede elaborar mejor crítica ni presentarla más delicadamente

El desocupado lector que esto escribe sigue manteniendo que el personaje Sancho nunca creyó en el encantamiento de Dulcinea, por lo que le resulta curioso como Cervantes vuelve crédulo al escudero, haciéndole aceptar el encantamiento de don Álvaro y ofrecerse para desencantarlo sin recompensa alguna.

Cervantes introduce la frase justa y precisa para que el lector tome partido en la obra:

“Y ese don Quijote -dijo el nuestro- ¿traía consigo….”

Este Quijote nuestro es de todos. Lectores, narrador, autor, de todos, actuamos de testigos en la toma de declaración ante la justicia formando parte de “todas las fuerzas que en tales casos debían hacerse”. El pronombre convierte al lector en testigo legal de un Quijote que no es aquel que anda impreso en una historia intitulada: segunda parte de Don Quijote de la Mancha, compuesto por un tal Avellaneda..

Como broche final un resumen impecable de las circunstancias del retorno en boca de Sancho:
Él vuelve azotado, no muy rico, pero con dinero. Don Quijote, vencido por otro pero vencedor de sí mismo, es decir, camino de la curación.

El mejor comentario a este capítulo es leerlo varias veces.

domingo, 17 de octubre de 2010

Un año en El Alfoz


Nombre: El Alfoz
Nacimiento: Octubre 2009.
Lugar de nacimiento: Taller de escritura.
Provincia: Facultad de Humanidades.
Edad: Un año.

Un taller de escritura dirigido por mi querido profesor Pedro Ojeda, el apoyo incondicional de mi esposa y un pequeño esfuerzo por mi parte, colocaron la primera piedra sobre la que se asienta El Alfoz.
Hoy cumple un año gracias a las atenciones que conmigo teneis  todos vosotros, seguidores habituales y lectores ocasionales.


Teresa Arroyo (Bipolar) me indicó en un comentario que "hay días en los que mantener un blog es una carga". Cierto. Una carga que con el puntal de vuestros comentarios deja de serlo.
Superado el miedo tras comprobar el nivel de conocimientos que aportáis en vuestras entradas,  he intentado permanecer en carrera cerca del pelotón, sin perderlo de vista ni perecer en el intento; el esfuerzo, ha merecido la pena.

La lectura y comentario de El Quijote es el punto sobre el que me he  apoyado para seguir con la tarea emprendida hace un año, que espero continuar con la misma ilusión ampliando los temas a tratar para, compartir la experiencia de aprender de todos vosotros e intercambiar lo conocido con cuantos quieran visitarnos.


Un abrazo y gracias a todos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sancho y el árbol caído. Don Quijote. Cap. 71 / II



Don Quijote -fatigado ya- regresa, intentando conservar en lo posible el personaje que asumió al hacerse caballero abandona muchas de las fantasías anteriores, recuperando en ocasiones parte de la cordura; Sancho continúa la evolución siempre en función de sus intereses, se adapta a la situación con un talante más realista, no exento de cierto egoísmo, digamos que aprovecha el árbol caído para obtener leña con la que mantener su hogar.

 En su obligado retiro don Quijote , tiene en el pensamiento puesto en el desencanto de Dulcinea, su fantasía le lleva a considerar la facultad milagrera de Sancho como solución. Éste, al margen de sentimentalismos, lamenta haber perdido la recompensa en especie y como buen conocedor de su amo, prepara el terreno para intentar compensar lo perdido, sabe que la propuesta se le viene encima y se anticipa:

“Si me traen a las manos otro algún enfermo, que antes que le cure me han de untar las mías; que el abad de donde canta yanta, y no quiero creer que me aya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la comunique con otros de bóbilis bóbilis”.

Sin entrar en valoraciones de tipo moral, tenemos aquí un hecho común, habitual en cualquier época. En mi opinión, el personaje Sancho siempre fue consciente de la inexistencia de Dulcinea, cansado ya de corregir problemas ajenos, opta por sacar provecho de la situación. No olvidemos que abandonó familia y hogar para obtener -podríamos achacarle ignorancia- dinero y posición:

Capítulo IV/I: ”Determinó (don Quijote) volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos”.

Capítulo VII/I:  “En resolución, tanto le dijo, (don Quijote) tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, alguna ínsula y le dejase a él por gobernador della. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino”.

Hasta aquí podríamos disculpar la actuación de Sancho calificándola de supervivencia.

Tras el punto narrativo en que el amo acepta las condiciones de su escudero se introduce una especie de gracioso entremés narrando un rocambolesco cálculo de Sancho que no soportaría ni mediana comprobación y da paso a un giro en la actitud de Sancho:  la utilización de la necesidad de don Quijote para sus propios fines.
Sancho se aprovecha de la situación aumentando el precio acordado por su colaboración y no sólo eso, si no que los azotes son simulados con lo que incumple lo prometido. El egoísmo está presente en cualquier circunstancia, y se manifiesta más cuanto más débil es el oponente

Con la ausencia de lances el retorno al hogar es más sereno, ahora el mesón es mesón, lugar  modesto adornado con sargas pintadas de malísima mano a través de cuyos dibujos, cada receptor hace su versión: Don Quijote añora épocas pasadas, Sancho ve sus hazañas reflejadas en todo lugar posible, Cervantes utiliza el párrafo para denunciar nuevamente el alumbramiento "deste nuevo don Quijote" con la misma frase que utilizara en:

Capítulo III/II: “Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba respondió: «Lo que saliere». Tal vez pintaba un gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: Este es gallo.

Dejamos a Sancho con los refranes de rigor, pendiente de su propósito de enmienda y de la aplicación de la pena restante.


viernes, 8 de octubre de 2010

A Sancho lo que es de Sancho. Don Quijote. Cap.70/II


Es la intención de este lector, mantenerse fiel a la secuencia semanal, salvando la tentación de indagar en los capítulos venideros, para acercarse lo más posible a la sensación de una primera lectura, tratando de elaborar una narración de otra narración -el Quijote- con sin duda, posibles errores, pero aportando la frescura de la primera impresión.

“El sueño es alivio de las miserias” -dice Sancho- dolido por el castigo físico y afrentado por las bofetadas.
Mientras uno duerme y otro vela desatados pensamientos, Cervantes, aprovechando el merecido descanso de ambos, hace un recorrido por sucesos pasados, sin duda con algún objetivo.

Comprobamos el rencor acumulado de un contrincante, Sansón Carrasco, que ni olvida ni perdona, y aun reviste su hazaña de la Blanca Luna de buena intención, doliéndose de que el hidalgo don Quijote, fuese loco.
Observamos la refinada crueldad de los duques que tras gozar con burlas y castigos no dudan en compartirlo con bachiller obteniendo de esta manera la información necesaria para tener ocasión de una nueva burla.

Siguiendo la narración de Cide Hamete, retrocedo en la obra para centrar la atención en el origen del comentario del duque al bachiller:
”La burla que Sancho había hecho a su amo, dándole a entender que Dulcinea estaba encantada y transformada en labradora”.
Y acepto el reto que plantea Cervantes para descubrir la verdadera dimensión de Sancho en la industria del encantamiento.

Desde el capítulo XXV de la primera parte Sancho distingue con claridad el personaje de Aldonza Lorenzo: “Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen estuviese ella rastrillando lino, o trillando en las eras". Es claro que no la tiene por gran señora.

Es en el capítulo VIII de la segunda parte, donde se genera la trama del engaño. Acudiendo a él, me permito adjuntar algunas citas:

Don Quijote: “Y allí (en el Toboso) tomaré bendición de la sin par Dulcinea”.

Sancho: “Tengo por dificultoso que vuestra merced pueda recebir su bendición, si no es desde las bardas del corral”.

Don Quijote: “Con todo eso, vamos allá”

Sancho: “Cuando yo vi ese sol (Dulcinea) como estaba ahechando trigo, puso una nube ante el rostro y se le escureció”

Don Quijote: “Debía ser que algún mal encantador vuelve a mis cosas en diferentes figuras”

“Descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor; de modo que el uno por verla y el otro por no haberla visto estaban alborotados, y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase al Toboso”.

Si avanzamos un capítulo -IX de la segunda parte- descubrimos una frase interesante:

“Señor, ya que vuestra merced quiere, a pesar mío, que sea alcázar la casa de mi señora Dulcinea”.

Sancho, ya no insiste, admite barco como animal de compañía y nombra a Aldonza Lorenzo como “mi señora”. Don Quijote satisfecho con el desarrollo firma y ordena:

“Hallemos primero una por una el alcázar, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos”.

Este desocupado lector, entiende que Sancho no tuvo opción; intenta persuadir a su amo y no lo consigue. Pensemos que la situación jerárquica es amo-criado y en consecuencia salió como mejor pudo del mandado de don Quijote.
A mi juicio Cervantes nos deja suficientes pistas para justificar la falsa respuesta de Dulcinea que Sancho comunica a su amo en Sierra Morena y la posterior conversión -capítulo X- de las tres labradoras en dama y doncellas .

Capitulo denso, donde se aclaran los prolegómenos de la burla anterior, Altisidora reaparece como tentación y desprecio para don Quijote, y a requerimiento del “buen escudero” narra un sueño que pretendió ser muerte. Utilizando la fantasía del sueño, Cervantes arremete de manera inmisericorde, nuevamente y sin metáforas contra Avellaneda y su obra .

La fantasía, la irrealidad de un sueño y la confesión del músico, son buen marco para la denuncia