Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 24 de noviembre de 2011

Bradomín siglo XXI – Sonata de estío



Louis de Rouvroy –Grande de España- define a Anne de l´Enclos “Ninon”, como: "un claro ejemplo del triunfo del vicio cuando se dirige con inteligencia y se redime con un poco de virtud".
Desde la perspectiva actual, he aquí, la más clara definición, el retrato más verosímil  del marqués de Bradomín, que al comienzo de la lectura se nos presenta. Sus amores, desgraciados según él, hubieran conseguido la plenitud de haber nacido mujer: “A las mujeres para ser felices les basta no tener escrúpulos”.
Tanto la envidiadas damas (Thais de Grecia y Ninon de Francia), como la frase que antecede a estas líneas parecen dignas de mayor análisis:
No es la visión de un Don Juan la que ofrece Valle Inclán, y mucho menos nuestra afirmación de admirable en la entrada anterior. Más bien aparece como un personaje cínico, carente -él sí- de escrúpulos, para el que la mujer es un objeto mas puesto a disposición de su linaje.
Pero, no hemos de ver la Sonata desde el siglo XXI. Toda obra es consecuencia de una época, no se puede interpretar fuera de su tiempo. En definitiva, se convierte en testigo de nuestra evolución.
Quedémonos tras la lectura de estas memorias con la satisfacción de haber sido partícipes de  uno de los más importantes logros de la prosa modernista de España.

Ruinas de Palenque. México

jueves, 17 de noviembre de 2011

Memorias amables - Sonata de otoño



Memoria (escrita) es por definición la relación escrita en que el autor narra su propia vida o acontecimientos de ella. Valle Inclán, en la introducción a las Sonatas dice:
"Estas páginas son un fragmento de las “Memorias amables” que ya muy viejo, empezó a escribir en la emigración el Marqués de Bradomín. Un Don Juan admirable. ¡El más admirable tal vez!"
Las Sonatas son unas memorias voluntariamente parciales. En ellas sólo se  recoge una parte de los  acontecimientos “unos fragmentos”, y por añadidura los más amables.
Valle Inclán ha fraccionado las memorias para dejarnos cuatro episodios amorosos, nostálgicos preñados de ternura y en ocasiones patéticos “Todavía hoy, el recuerdo de la muerta, es para mí de una tristeza depravada y sutil” con la intención de dejar constancia del lamento de Bradomín por la vejez y la añoranza sensual.


 Imagen: Pazo de Ximonde. Vedra (Santiago)

jueves, 3 de noviembre de 2011

El azote de Dios- Sonata de otoño



“Yo la vestía con el cuidado religioso y amante que visten las señoras devotas a las imágenes de que son camaristas”.
Bradomín, y Concha son la  imagen de un catolicismo un tanto peculiar, de una ética al margen de lo que pregonan. Su condición, su linaje o más bien su irrespetuosa piedad,  sitúan a ambos lejos de la austeridad y cerca de los requerimientos de la carne.  La  viste –tras consentir ser desnudada- con religiosidad, ¿Puede haber un catolicismo diferente vinculado a la nobleza? Concha azota a Bradomín con sus cabellos: “¡Es el azote de Dios!” -dice él- “¡Calla hereje!” -responde ella; el marqués aviva los sentimientos detenidos por el tiempo en pos de la consumación refrenada por temor al adulterio. Asistimos a una  contradicción entre el  mundo de la santidad y la presencia continua del pecado, el cinismo evidente de él y la rendición de ella, a las situaciones místicas que  excitan aún más el deseo en los amantes a la sombra y cobijo del palacio. Aun, en ocasiones, Bradomín hace gala de integridad moral: “Dudaba si volver atrás para poner en aquellos labios el beso postrero: Resistí la tentación”.
Sonata de otoño bajo el manto del recogimiento,  deja muestra de una batalla magistral entre erotismo, amor y culpa; el placer de lo prohibido y la transgresión a la moral imperante, amor imposible, frente a ideal romántico.
Releyendo a Valle Inclán este lector se acerca al modernismo en estado puro.