Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

viernes, 28 de febrero de 2014

A vueltas con la lengua


Una –otra más- de las disensiones de la sociedad actual es la concerniente  las lenguas; la preeminencia de una sobre otra llega a convertirse en tema capital especialmente si quienes lo manejan son los políticos. La controversia, de raíz ideológica, política y económica no refleja el día a día. El pueblo, verdadero poseedor de la lengua utiliza los códigos usuales aprendidos para comunicarse, los filólogos, intentan aportar luz a los orígenes de los textos escritos, los grupos de poder se sirven de unos y otros en beneficio de sus causas.

El origen del Castellano no es ajeno a estos vaivenes, las Glosas Emilianenses de fin del siglo X o principios del XI han sido durante un tiempo el marchamo de origen del Castellano a lo que nada hay que objetar si tenemos en cuenta que en arqueología ha de admitirse la posible aparición de restos anteriores al presente.

Los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta reúnen documentos que van del año 864 al 1190 y contienen ya fenómenos fonéticos del latín arromanzado castellano.

En las pizarras procedentes de Ávila y Salamanca hay inscripciones de documentos, compraventas, pagos, que contienen palabras romances dentro del texto reflejo del léxico de del siglo VI y VII.


Sentar  cátedra sobre  la originalidad o la cuna de una lengua es cuando menos arriesgado, no lo es, el deseo de conocerla libre de envolturas legendarias imprecisas y contradictorias. En investigación, el avance cronológico supone mayor conocimiento del pasado. La lengua, vehículo de comunicación debe servir a pesar de utilizaciones partidistas e ideológicas para unir, no para separar. El pluralismo ayuda a la amplitud de miras y conocimiento. Dejemos origen y datación para investigadores y arqueólogos. Seguro que ellos aciertan.  

sábado, 22 de febrero de 2014

Las personas lo son, independientemente de sus ideas. Dejar la cosas en sus días. Laura Castañón


Elogio del horizonte Chillida (Gijón)

Si bien es cierto que Dejar las cosas en sus días abarca un siglo de saga familiar, no lo es menos que la relación Paloma-Aida es  el corazón de la trama. Sus confidencias y unas fotografías que las circunstancias impidieron  compartir, aportan las claves de un final encerrado en un archivo del YouCam titulado: “Para Aida”.
Escojo tres párrafos para otras tantas reflexiones al margen de la memoria histórica sobre la que ya corren ríos de tinta.

1 - Pues eso va a ser que estas madurando,  Aida, y que por fin te estás enterando de que las personas lo son independientemente de sus ideas.

Esta frase, puesta en boca de Aida por Laura Castañón, viene a prevenir contra la arraigada costumbre de que las ideologías separan a las personas. Dos sentimientos políticos o religiosos deben ser dos modos diferentes de resolver un problema, siempre dentro de la ley. Juzgar por signos externos, por apariencias, por creencias suele ser poco justo, en la vida diaria simpatizamos con determinado club por razones de distinta naturaleza.

2 - Me gustan los periodistas –sonrió Eloy- (…) y ahora que lo pienso, no todos los periodistas me gustan (….) Los profesores también me gustan (…) MI hijo Matias es profesor…

Todos –ya lo manifestamos en otra ocasión- acudimos a las fuentes de información que menos nos molestan
Determinado periódico bajo el brazo identifica a su portador como “progre”, el siguiente como “conservador” y si la osadía del comprador no tiene límites y se atreve a exhibir la portada del tercero, “facha” será el apelativo más cariñoso que en general reciba. La solución está en comprar cada día uno diferente, lo que aporta ventaja y valor añadido. La ventaja reside en el confusionismo, “el enemigo” no sabe dónde situarnos. El valor añadido, en recibir la misma noticia desde diversas fuentes, lo que al margen de la sorpresa (nos parecerá estar leyendo otra noticia)  contaremos con puntos de vista diferentes y la satisfacción de quedarnos con el menos molesto. Para el contenedor de papel y cartón, indudablemente el más valioso es el de mayor volumen.

3 – Los muertos en las batallas no se levantan tan tranquilos cuando se acaba de rodar, porque en la vida no hay un director de escena que a la voz de ¡corten! Dibuje la frontera entre lo real y lo ficticio (…) En su educación de niña crecida a la sombra de un abuelo ausente, héroe y mártir…

El párrafo así, fuera de contexto tiene valor por sí mismo, pero dentro de la novela es absolutamente esclarecedor de una realidad terrible y temible. Laura Castañón expone la situación vívida de lo que sucede en una confrontación civil. Las canciones, la estética, las banderas, los uniformes, ocultan desmanes y situaciones que nada tienen que ver con la política ni la igualdad. Los rencores, el afán de supervivencia y supremacía conviven con el compañerismo el valor y la entrega.

Nuevamente las consecuencias de un desencuentro propiciado por la falta de capacidad para entenderse.



miércoles, 12 de febrero de 2014

El alzheimer como metáfora de la memoria histórica. Dejar las cosas en sus días de Laura Castañón.


Dejar las cosas en sus días es una novela coral y como dice su autora, de muchas aristas –recogemos sus palabras- poliédrica, ha sido un pulso entre mi misma y el narrador.  Y el lector así lo percibe, unas historias generan otras, el poliedro tiene tantas caras, tantos puntos de vista, que sin una documentación exhaustiva y dilatada profundizando en cada uno de los temas la figura no hubiera quedado cerrada.

Junto al nacimiento de los movimientos obreros asturianos, o el concepto empresarial del marqués de Comillas, aparece una y otra vez el tema de la memoria histórica, metafóricamente personalizado en Andrés Braña y el alzheimer, la realidad vivida y la realidad olvidada.

Para introducir el tema y ubicar al lector, posiblemente hubiera bastado con el dúo Andrés, Aida, pero no. Laura -entiendo que me permite la confianza- igual que con las cuestiones de conciencia de Benito Montañés, los apasionados amores de  Camino, Efrén y Paloma, o la procacidad de Gustavo Bartomeu, igual, por el mismo afán de complicidad sitúa al lector en el centro de la enfermedad del olvido para desarrollar la metáfora haciéndolo deambular por un laberinto de incontrolables pérdidas e inesperados hallazgos (…) intentar atrapar imágenes inéditas en su memoria con el temor de que estuviera a punto de desvanecerse y la perdiera para siempre.

Solamente  desde un conocimiento profundo pueden traspasarse los sentimientos a la escritura y Laura Castañón lo hace así, con naturalidad, con sencillez. El lector, omnisciente por la magia de la narración, desde la noche del recuerdo y el olvido de Andrés Braña, amanece en la necesidad de recuperar la memoria  para llegar al mensaje previsto por la autora: la memoria histórica.

Contarlo todo, escribir toda su historia ahora que ya nada importaba
   

Imagen: Dependencia 2.0

jueves, 6 de febrero de 2014

Dejar las cosas en sus días. Laura Castañón


Poblado minero en Bustiello (Asturias)

Aida G. Montañés, biznieta de Benito Montañés e inquebrantablemente roja, parece ser el hilo conductor de la novela de Laura Castañón, que desde una tarde de agosto del 2007 sitúa al lector tan pronto  ante el portátil leyendo un mail como poco después, sin más trámite en la Asturias minera de finales del XIX, en una serie de historias llenas de verismo y en continua vuelta atrás, cuando la Sociedad Hullera Española de Claudio López Bru, II marqués de Comillas, comenzaba la explotación de la Cuenca en Mieres, Aller y Lena. El título es ya significativo: Dejar las cosas en sus días, y es que las cosas fuera de sus días, los hechos, fuera de su contexto pierden su original dimensión.

La inmersión en el pasado, requiere descompresión antes de salir a superficie, razón esta por la que teniendo en cuenta que Claudio López Bru aparece en principio como protagonista indirecto dedicaremos unas líneas a su vida y milagros. Y no resulta descabellado hablar de milagros por cuanto en 1945 se inició proceso para su  beatificación.

Hay suficientes comentarios y controversias sobre los marqueses de Comillas, especialmente sobre don Antonio primer marqués y padre de Claudio López, por lo que obviaremos ese tema. Interesa destacar que Claudio López fue un personaje profundamente religioso y comprometido con las actividades que en aquel tiempo impulsaba la iglesia católica, como los Círculos Obreros, Centros de Cultura de la mujer, Academia Universitaria Católica, Constructora Benéfica de casa para obreros…

Su figura simboliza el paternalismo industrial histórico: “mejoró” la situación personal y material del obrero inculcando en él la idea de “solidaridad” entre obreros y con el patrono. En Bustiello a orillas del Aller, en terrenos ganados al río construyó un poblado destinado a obreros que inspirados en su ideología fueran ejemplo para el resto, con la idea de alejarlos de los sindicatos reivindicativos no muy interesantes para su dominio económico y político. Su objetivo fue la hegemonía moral, intelectual y cultural de los Comillas, su pretensión construir una sociedad española a su imagen y semejanza.

Valga como epílogo comentar que en 1890 Claudio López creo para sus 1800 empleados una publicación: La Semana Popular Ilustrada, movida por el deseo sincero de alejar al pueblo de lecturas abyectas que le corrompen sin recrearle y que buscan el lucro por el camino del escándalo.

Será por tanto necesario seguir la recomendación de Laura Castañón y dejar las cosas en sus días. Cada cosa a su tiempo.