Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 25 de septiembre de 2014

Cervantes: el mejor lector de El Quijote apócrifo, Alonso Fernández de Avellaneda


Habida cuenta que, aún apócrifo, el de Avellaneda también es Quijote -es más, podría decirse que es otra versión de la Segunda parte- parece prudente conceder al don Quijote cervantino la iniciativa a fin de establecer que fue primero: el huevo o la gallina. Es decir quien tuvo antes  acceso a la obra contraria. El tema es interesante por cuanto desde el prólogo la contienda está servida: “Y así sale al principio desta segunda parte de sus hazañas este, menos cacareado y agressor de sus lectores (el Sabio Alisolan) que al que a su primera parte puso Miguel de Ceruantes Saauedra” (Cide Hamete Benengeli).
A decir de los estudiosos Cervantes tenía la costumbre de comentar e incluso leer las novelas que estaba escribiendo, de lo que resulta que tal costumbre podía ser un hábito en los escritores y pudo conocer el manuscrito del tal Avellaneda. Por idéntica razón, éste pudiera haber conocido al menos parte de la Segunda parte auténtica. Pero… nos hemos planteado en esta ocasión la lectura salvado ya el laberinto de la autoría a modo de fantasía, en torno a la prioridad de autores y protagonistas.
Supongamos que Cervantes fuera informado por don Quijote de la Segunda parte de Avellaneda en el momento de escribir el capítulo LIX de su Segunda parte. Supongamos que tras esta información, Cervantes se limitase, como hizo don Quijote, a hojear el libro entregado por don Jerónimo, y sin más análisis continuara escribiendo su libro. Siguiendo el hilo de esta fantasía, si así fuera tal vez hubiera dado solo  noticia de las insidiosas palabras del prólogo o, tal vez de la falta de artículos en la escritura, pero fue más allá afirmando, con indudable sentido irónico, que: “se desvía de la verdad en lo más principal de la historia” dando importancia al hecho menor de llamar Mari Gutiérrez a Teresa Panza (Cervantes lo había hecho ya en la primera parte del Quijote) y calificando al libro del "autor moderno" de contenido “obsceno y torpe”. Para esta calificación es obvio que no sirve una lectura superficial.
De vuelta a la realidad es por tanto presumible que Cervantes con o sin la ayuda que en nuestra fantasía aportó don Quijote tuviera antes un conocimiento de la obra de Avellaneda. Cervantes fue sin duda el lector más singular que tuvo el tal Avellaneda y este fue con certeza, un admirador del Quijote. Lo imitó y continuó al tiempo que premiaba a su autor con resentimiento  correspondido por Cervantes con ironía y delicadeza pero no menor eficacia.
Emulando a don Miguel intentaremos durante el mes de octubre acercarnos a su singularidad lectora.     


viernes, 19 de septiembre de 2014

Tanto monta-monta tanto. El Quijote apócrifo, Alonso Fernández de Avellaneda


Una de las primeras cuestiones que se plantean al desocupado lector  de SEGUNDO TOMO DEL INGENIOSO HIDALGO  DON QUIXOTE DE LA MANCHA “que contiene su tercera salida: y es la quinta parte de sus aventuras” es: ¿Quien escribió la obra? Así, a bote pronto, la pregunta  por lo obvia se antoja  absurda, habida cuenta que el lector en cuestión dijo a su librero ¿Tienes “El Quijote de Avellaneda”?, parece absurda pero no lo es tanto toda vez que la duda no está en el nombre, sino en el hombre, en la persona (la posibilidad de que fuera mujer parece remota). Sobre el tema hay multitud de  opiniones,  tantas que ha  llegado a identificarse a Avellaneda con el mismo Cervantes. Podría decirse que solo Góngora y Calderón han quedado al margen de la lista de presuntos autores.
No es cosa por tanto de detenerse en análisis onomásticos. Tanto da a la hora de comentar la obra: Alonso del Castillo, Vélez de Guevara, Fernández de Avellaneda o Jerónimo de Pasamonte.
Despojados de la animadversión inicial que provoca un autor al utilizar en su provecho el éxito de otro muy querido y admirado  hemos de admitir que el relato mantiene el ritmo de los acontecimientos cuando la acción lo requiere, que consigue con acierto el efecto sorpresa, que cuando el relato es descriptivo o queda en manos de personajes secundarios, la fluidez de aquel y las peculiaridades de estos sorprenden gratamente al lector. Y en base a esta apreciación de la lectura surgió la cuestión inicial, porque no hay duda de que estamos ante una obra que, por denostada que esté,  se mantiene a la altura de las muy buenas narraciones de nuestro Siglo de oro.
Ni procede ni estamos en condiciones de comparar a Don Miguel de Cervantes con el licenciado Avellaneda natural de Tordesillas, pero cierto es que desde el comienzo de la lectura El Quijote apócrifo mantiene características, estilos y tonos (moralizantes unos, procaces otros) que minimizan la animadversión inicial. Por tanto: sea cual sea la identidad del autor -cuestión hoy no suficientemente aclarada- sea bien leído El Quijote de Avellaneda.


lunes, 1 de septiembre de 2014

La botella está por la mitad


Hemos dejado atrás el estrés vacacional: la playa repleta, el pueblo lleno de chiquillos en bicicleta, los mosquitos empeñados en arruinar el paseo de atardecer o aquellas rabas plastificadas, pocas, en plato de café y sin rodaja de limón.
Hoy el despertador de última generación con sonidos de naturaleza y animales nos ha situado  a las 6:45 de la mañana, en el lugar adecuado: el autobús repleto de rostros soñolientos,  la inefable monotonía del trabajo, el café de máquina a las 10:30… Por la tarde, tras calzar las zapatillas de running nos hemos deshecho en sudor.  Por cierto, el cinturón elástico comprado en Almacenes el Cielo (mercadillo) disimula muy bien que no podemos abrochar la cinturilla del pantalón.

Decididamente la botella está por la mitad.