Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 18 de febrero de 2016

VENGANZA O JUSTICIA, EL JUICIO FINAL. El alcalde de Zalamea, don Pedro Calderón de la Barca



El juicio final, puerta de la  Coronería

Pasado el “puente” de Carnaval, el edificio de la estación, sobrado de volumen y frialdad vanguardista común en las nuevas estructuras, tan triste, tan falto de humanidad dejaba poco lugar a la imaginación. Por faltar, le faltaba hasta la pincelada pintoresca de los presuntos esperantes que al calor del patio de taquillas aguardan a nadie hasta que llega la hora de la comida y vuelven a casa. ¿Y si fuera esa la razón de las nuevas formas y ubicaciones?

Una pareja en trance de arrumacos; dos viajantes solitarios, uno Tablet en mano, otro agenda en ristre repasan las operaciones del día. En la butaca corrida un iPhone 6  se prolonga hasta señora moderna, de buen ver, con bolsa Lacoste Life is a Beautiful Sport. En la mesa que completa el “attrezzo” de la cafetería: café con leche, “pulguita” de jamón y queso, el amigo libro de cada viaje y la maleta de cabina. Habían quedado media hora antes de la salida del tren. Por primera vez llegaba, mochila en ristre, triunfante de puntualidad:

-¿He llegado sobrao!

-¿Quieres café con un bocadito?

-Una caña ¿porfa!

-¡Pídetela! Yo pago, no hay servicio de mesas.

El alcalde de Zalamea!  La representó el grupo de teatro de la facultad el año pasado, después vi la versión de Estudio 1. Ese alcalde era un tío legal, hizo justicia a un chulito con uniforme.

-Visto así… También podría pensarse en que Pedro Crespo incurre en contradicción. ¿Recuerdas lo que pide al capitán?

¿Qué os pido? Un honor os pido
Que me quitaste vos mesmo;

partiendo de que el honor es patrimonio de alma, la afrenta a su hija no afectaba a la virtud -cualidad íntima de la persona- y por tanto sólo ante Dios debiera responder, bien puede pensarse entonces que tras la negativa del capitán, no respondió ante ÉL, sino ante los hombres.

-Entonces: fue venganza o fue justicia. En su puesto, ante la deshonra de Isabel,  ¿tú, qué harías?.

-Ese es otro tema, la honra puede quedar afectada en función de cómo desde fuera se admita o no la pérdida de la virtud. Como persona la respuesta puede ser una con todas sus consecuencias, pero la sociedad, representada por el alcalde, no puede actuar del mismo modo.

-O sea, quieres decir que lo que aparece como justicia es venganza.

-Calderón antes de ser ordenado sacerdote estrena en los corrales de comedias y es de suponer que debe plegarse en cierto modo a las exigencias del público que espera la representación de lo deseable no de la realidad, y por eso convierte la venganza en justicia, oponiéndose a que Juan mate a su hermana y al capitán para salvar la honra.

-Y, si Pedro Crespo hubiera ocultado los hechos dejando escapar al capitán, ¿no quedaría disipada la deshonra?

-¡Perfecto! Esa es la clave. Pedro Crespo hace justicia sin que parezca venganza al anteponer la ley al  honor y proclamar públicamente su deshonra con lo que el prestigio familiar no queda gravemente dañado. Isabel se casa con Dios, Juan inicia la carrera militar a la sombra de don Lope de Figueroa y Pedro es nombrado alcalde perpetuo por el Rey. Todo de acuerdo con lo establecido en la mecánica teatral.

Tren Alvia origen Madrid destino…

-Nos vamos, es el nuestro, voy a pagar, continuaremos a bordo.

-También podremos hablar de chicas ¿No?

-¡Vale!, y de chicos, que yo también cuento. No sólo de literatura vive el estudiante.

Imagen de cabeceraEl juicio final, Catedral de Burgos puerta de la  Coronería.


En el dintel aparece la representación del juicio final: en el medio del mismo está San Miguel con una balanza pesando almas y distribuyéndolas. En este juicio final aparece una división en buenos a la derecha de San Miguel (a la izquierda según se mira) y malos a la izquierda (a la derecha según se mira). A la derecha aparecen también dos personas civiles, que son o pueden ser las representaciones de las dos clases sociales privilegiadas, también se atribuye que puedan ser franciscanos, orden predominante en el Gótico. Se atiende a la iconografía popular con la incorporación de un templete con puerta abierta que representa la entrada del cielo.

jueves, 11 de febrero de 2016

LO JUSTO Y LO LEGAL. El alcalde de Zalamea, don Pedro Calderón de la Barca


María Salmerón, de 51 años y madre de una niña de 15, fruto de un matrimonio con Antonio Ruiz Daza, condenado por maltrato a la mujer, no tendrá que ir a la cárcel por incumplimiento del régimen de visitas. El Gobierno ha concedido el indulto parcial este viernes, justo cuando tenía que entrar en prisión. La mujer cumplirá su condena con trabajos en beneficio de la comunidad.
Pero los jueces no comparten esta opinión y en las sentencias argumentan, de acuerdo con informes periciales, que “la negativa de la menor a estar con su padre no responde a causas objetivas y razonables”. La Audiencia de Sevilla destacó en una de sus resoluciones “el reiterado y grave incumplimiento por parte de la madre de su obligación de facilitar la relación de la relación de la menor con su padre”
El País Sevilla 6 FEB 2016

El espíritu y la letra, lo justo y lo legal no corren siempre parejos. Sentimiento y emoción, encuentran, huyendo de lo legalmente establecido, cobijo en lo personal, en lo íntimo, en lo que nos afecta directamente. Así, para María, la prioridad es liberar a su hija del régimen “legal” de visitas establecido por la justicia obligando a la menor, en contra de su deseo, a convivir con un maltratador (su padre). Los jueces, ley en mano, no opinan igual y… proceden. El resto de la historia ha sido suficientemente divulgada. Si la noticia se contempla desde el entorno del lector, este, con seguridad será contrario a la ley. Un profesional del derecho lo ve de otra manera.

Pero volvamos al teatro que por ahora es lo  nuestro. Calderón quiere -es un suponer-hacer una obra de teatro en la que recogiendo situaciones históricas reales se ponga de manifiesto los excesos de las tropas que acompañaban a Felipe II a su paso por entidades menores. La ley obligaba a dar cama y comida a soldados y mandos (la casa y la hacienda). Recogiendo esta situación el autor de El alcalde de Zalamea quiere poner de manifiesto el enfrentamiento entre dos grupos: soldados y aldeanos y su realidad político moral. Los soldados pertenecen a la clase superior, sus leyes emboscadas en el subterfugio de la guerra disculpan desmanes que una justicia igual para todos no toleraría. Los habitantes de la villa orgullosos de su clase y su estado, apelan a la ley moral y humana en busca de la verdadera justicia.


En la obra, la violación de Isabel por parte del capitán amparado por sus leales da testimonio de la realidad de la vida, realidad que debe modificarse como necesario tributo al espectáculo. Pedro Crespo como alcalde no tiene potestad sobre don Álvaro y sus atribuciones jurídicas son muy limitadas. Pero estamos en el teatro  donde los efectos juegan importante papel y en ese momento exige del argumento una lección moral en este caso sancionada por el Rey. Al igual que en Peribáñez y el Comendador de Ocaña, en Fuenteovejuna, o en El mejor alcalde el Rey la razón del pueblo triunfa sobre la violencia de la nobleza. No siempre es así, a veces el indulto no llega en el momento oportuno, o la sentencia no llega a aplicarse.

miércoles, 10 de febrero de 2016

ECHAR LA TARDE


Hay muchos y buenos lugares para “echar la tarde”: un parque, la casa de un amigo, aquel café recoleto de tantos recuerdos, unas galerías comerciales…
Tal vez “echar la tarde” alcance su máxima significación en la habitación de un hospital donde el paciente, la persona bajo atención médica, padece física y corporalmente a bienintencionados amigos y familiares que una vez salvados saludos besos y abrazos de rigor, a falta de mejor ocupación y habida cuenta que al enfermo hay que dejarlo tranquilo, intercambian entre sí experiencias de viajes, comida, bebida, la importancia de sus trabajos, la inteligencia de hijos, nietos y el perrito que los ladra.

Alguien que acompañó durante noches el duermevela del visitado sugiere humildemente: ¿por qué no bajamos a la cafetería? Algunos asienten, otros se miran significativamente. El murmullo decrece lo suficiente para que quien propuso la idea oiga con claridad:

-      ¡Vámonos!, parece que estorbamos.


-      ¡Pues SÏ! (calla y otorga).