Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

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miércoles, 7 de mayo de 2014

Por el camino de la fantasía Vanguardista. Rosa-Fría patinadora de la luna, María Teresa León Goyri


Aun cuando la infancia quede perdida en los laberintos del cerebro y su recuerdo sea una nebulosa, Caperucita Roja, Blancanieves, La bella durmiente o Pinocho, conservan para muchos de nosotros, visos de realidad mientras olvidados en alguna estantería esperan despertar si en algún momento las  voces infantiles saturadas de Hello Kitti, Bob Esponja o la interminable tribu de las Monster High demandan nuevos personajes con los que apaciguar su hiperactividad. No es fácil reinventar la ilusión de nuestra infancia y trasplantarla a sobrinos o nietos, pero una vez conseguido los personajes de los cuentos de nuestra nostalgia tal vez demasiado simples y en exceso románticos, son aceptados de buen grado.
Tampoco es fácil reinventarse como niños sin caer en la parodia. La lectura de Rosa Fría alejados por convicción de  que no por ser de época anterior nuestros cuentos eran mejores, presenta a nuestro juicio, una irrealidad conflictiva. En Caperucita, es verosímil que el  lobo hable, como también lo es la vaca azulina con manchas rojas de Rosa-Fría, pero para un niño a pesar de la Playstation 4, que seguramente maneja con soltura, no es fácil entender:

Agua destilada por el pico del albatros
Que los luceros pidan whisky para  calentarse
Colas arrastrando como militares con sable
Indudablemente es verosímil que la tortuguita se siente en una mesa pero…
De pronto, pidió lechuga, cucarachas, de una camarera que no la oyó
El día 21, el día 31, el día 40
En la calle el invierno dormía helado en los troncos y en las aceras.
Ni siquiera la mala, malísima madrastra de Disney, enfurecida…
Le hubiera tirado dos galápagos a los ojos al carbonero
Ni hubiera amenazado a Blancanieves con sacarle los ojos para que se los comiera el gato.

Nos parecen -y son- expresiones de vanguardia “no aptas para todos los públicos”
Reflexionando sobre los nueve cuentos de María Teresa León llegamos, salvando las muchas diferencias existentes y sin afán de polemizar, a un paralelismo con el controvertido artículo de Juan Goytisolo en la revista Ínsula: Para una literatura nacional popular, defendiendo la novela de alcance social en el que arremetía contra Ortega y Gasset y sus teorías sobre el arte deshumanizado. Goytisolo viene a afirmar que con la deshumanización, por exceso de intelectualismo, la novela se aleja del pueblo.
No se trata de comparaciones, sino de resultados paralelos. Los cuentos contenidos en Rosa-Fría plagados de personificaciones y surrealismo se alejan de la mente infantil para acercarse por el camino de la fantasía vanguardista, más al intelectual maduro que al niño. Nuestro mentor Pedro Ojeda afirma en su Aproximación a Rosa-Fría (10-04-2014): "inicialmente el libro está dirigido a un público infantil". Inicialmente.
Conocemos  a María Teresa León como "la eterna compañera" en lugar de cómo  escritora, activista política y embajadora de las letras españolas, tal vez por cuestiones de género o tal vez porque Rosa-Fría no fue cortejada por el celuloide.

Decíamos que no es fácil reinventarse como niños, tampoco somos capaces de establecer cuál es en la actualidad, el momento idóneo para introducir a los -yo diría alumnos más que niños- en el mundo de las Vanguardias y la fantasía onírica. Desde nuestra realidad, desde hoy, y tras alguna que otra consulta a los manuales hemos disfrutado “como niños” de la obra de María Teresa León.

miércoles, 23 de abril de 2014

María Teresa León. Metáfora para ¿niños? Rosa Fría patinadora de la luna


Cuando uno intenta disimular las canas por ese prurito u obligación social que nos conduce a la “anti edad” –expresión por cierto altamente ridícula- leer un cuento así, en frío, parece fuera de espacio y tiempo. Las posibles suspicacias se atenúan si decimos que leemos  a María Teresa León Goyri,  activista política, embajadora de las letras españolas y fértil escritora.

El cuento que pone título a la lectura de este mes invita a identificar un término real con uno imaginario;  da pie a la interpretación voluntaria entre dos conceptos. En definitiva, para no ponernos eruditos: es metáfora. La vida está llena de ellas; María Teresa León bajo la cobertura del cuento envuelve fantasía y realidad para que el lector elija o se quede con ambos conceptos:
  • Recadera azulina  ¿Podría ser metáfora de la Vía Láctea?
  • Vaca con doce manchas rojas y cuernos chiquititos. Imaginemos un gracioso reloj, seguro que cerrando los ojos podemos verlo y vendrá a nuestra mente la idea del tiempo.
  • En la casa de la Luna sólo le cabe la cara. De niños –y no tanto- ¿No es cierto que  vimos y en momentos de nostalgia vemos la luna como una cara?
  • El aullido de los lobos  llevó el resplandor de la Luna a la Tierra para asustar a los niños pero no lo consiguió; sólo el espantapájaros se queda inmóvil de miedo y ahora hace reír a los niños, los pájaros y la Luna. Releyendo el párrafo, la palabra hecha imagen transmite el concepto de superación.
  • Nieve-confeti en el pasillo. Para un niño un pasillo con confeti, puede ser una pista de esquí, un mar, un río.
  • Humo, Vaho, Ladridos, Suspiros, Miradas.. Contaminación, temor, angustia, contrincantes del día a día, vienen a morir en mi, quien no gane morirá –miedo.

Mientras el carrusel de atracciones Ortega gira, la carroza, los caballos, el cerdito, el pato, la chocolatera, el león, se llevan del recuerdo de nuestra lectura muchas metáforas más. Por la escalera un niño desciende en brazos de la abuela, hada madrina de la custodia compartida. Metáfora de una realidad.
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