Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

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jueves, 3 de septiembre de 2020

 





Y…, ahora qué. Formación permanente, un proyecto cimentado en la ilusión, sobrado de mies y falto de segadores.

 

Antes de traspasar el umbral, pensó dedicar su tiempo a la construcción de maquetas. Barcos, podía ser una buena opción; con los bonsáis tuvo encuentros tan poco gratificantes que, a pesar de los desvelos, terminaban siempre en objetos inanimados no estaban hechos para él. La maqueta de un barco egipcio se presentaba como válida para empezar: una sola vela, catorce remos y en popa dos timones, uno a cada costado. ¡Bien! Y…, luego qué, al egipcio seguiría otro y otro y otro ¿Dónde ponerlos? ¿Con quién compartirlos? Una maqueta requiere su espacio y su limpieza.

Y así en estas y otras disquisiciones pensó que algo debía haber que no ocupara lugar. De esta suerte, armado de carpeta y porta–lápices traspasó el umbral de Humanidades y Educación y se matriculó en el Programa de la Experiencia. Tres años de «un poco de todo», graduación en el Aula Magna, beca, orla y comida de hermandad. Corría el año 2011.

Y…, ahora qué.

Ahora, un proyecto cimentado en la ilusión, sobrado de mies y falto de segadores. Sobrado de mies –digo– habida cuenta que con este nuevo programa se abrían ante uno todas las posibilidades de una formación integral: matrículas, trabajos, exámenes, plataforma virtual…, todo. No había límite, la Universidad pone los medios, el alumno pródigo en juventud acumulada puede con ellos progresar adecuadamente.

Falto de segadores –confirmo– porque, a mi juicio no basta con sembrar, el Programa de Formación Permanente está falto de promoción y seguimiento, deja al alumno a su suerte; posiblemente quien esto escribe haya sido durante años (no menos de nueve) el único alumno registrado; también (posiblemente) el único en realizar una suerte de TFG sobre la Novela social española que, apuntado queda, no ha llegado a ver la luz. Tampoco consiguió llegar al Repositorio Institucional de la UBU otro trabajo sobre Vicente Blasco Ibáñez.

Hicimos lo que pudimos y sabíamos, pero, agua estancada no mueve molino. La pandemia, en fin, truncó el intento de continuidad en el curso 2019–2020. Hemos contado con la inestimable ayuda personal de no pocos profesores y el calor de muchos de nuestros compañeros alumnos, pero, (vuelvo a la frase prestada) no enviamos nuestros barcos a luchar contra los elementos.

Así las cosas, El Alfoz dará solución de continuidad publicando periódicamente los trabajos citados. Quedáis todos (y algunos más) invitados al evento.

Gracias por llegar hasta aquí.

 

viernes, 13 de abril de 2018

CON LAS NIEVES DE ABRIL…



Suspicaz ella, incrédula con los Meteosat, la ciudad se ha visto sorprendida por la nieve. Los coches, demasiado juntos en las avenidas, fuerzan guiños naranjas y rojos; por las calles, la urgencia, la compra distendida, el trote incansable de los niños, el paso indolente del jubilado y la zancada ausente del parado se ponen a cubierto en portalones y grandes almacenes. Un bolso previsor, da a luz a un paraguas “low cost” retráctil que –figura de vanguardia– encuentra cobijo en la papelera cercana.

La nieve, telón a veces blanco a veces gris difumina todo: el bar del barrio con olor a fritanga; la esquina donde se cambian billetes por la papelina salvadora; el pórtico de la iglesia ocupado por beatas de misa y telenovela; el porche del local en traspaso decorado con cartones y trapos de “Desi”, el sin techo. En la línea difusa de la calle, destellos verde ámbar y rojo con vocación de señal se hacen intento bajo el inesperado manto. A penas hay un respiro, la gente sale con prisa, no se sabe si en vano intento de buscar al Sol, si huyendo de la ciudad misma, si en busca del tiempo perdido, o de socorro para su atuendo.

Nieva en abril y la primavera, sorprendida, busca ponerse a salvo bajo los tejos del parque entre discretos gorriones y desaseadas palomas. Al desasosiego de infraestructuras, calles y edificios al que llamamos ciudad: luminoso en la mañana, ruboroso en la tarde, misterioso en la noche, con las nieves de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le saldrán.

lunes, 26 de marzo de 2018

DE NATURAL INCRÉDULO.



Soy de natural incrédulo. Dudo sobre si la sangre se altera en determinadas estaciones del año; presumo, probablemente sin razón, de que más allá del incordio de actualizar relojes, el cambio de hora no me afecta; pero algo debe pasar, porque hace unos días estoy más inclinado a la reflexión, más propenso al agradecimiento por el amanecer de cada día; por el amor que, involuntario antes de conocido, hipoteca voluntariamente dos vidas sin estrépito ni gestos desmesurados con paz y equilibrio. Ya sé. Me vas a decir que no es fácil, te concedo el beneficio de la duda, pero, es posible, si los dos anteponen el sueño hermoso de la paz y la libertad, al vértigo, la competencia y la discordia de la vida.

Dos no riñen si uno no quiere –dice el refrán ya en desuso– y no le falta razón y está en lo cierto cuando uno pone más que otro. Hoy quiero aportar algo al refrán, propongo sustituir “uno” por “dos”. Ya sé que es un axioma; también puede ser un objetivo.

“Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald... Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar... y vivir es reírse...”
Carmen Martín Gaite

El otro –yo, gracias– mejora con la entereza del uno. Remando en tu misma dirección soy ahora más fuerte aunque de natural incrédulo: no es cierto que ayer domingo 25 tuviera una hora menos, los muy taimados la han escondido y la sacarán cuando interese.  

domingo, 11 de marzo de 2018

Bola de nieve





Las Viburnun farreri Stearn han  florecido. La naturaleza empuja, tengo que
dejar atrás la pereza.

domingo, 25 de febrero de 2018

NECESITO MENTIRAS



Pide lo que quieras –dijiste.

Y, sí. Quisiera que me cambies una sarta de verdades por un ramillete de mentiras.

Dime que hay un acuerdo entre políticos para mejorar la vida ciudadana; que se están devolviendo los dineros de comisiones y “mordidas”; que ya no salen pateras al Mediterráneo; que se trabaja duro en una Ley Orgánica de Enseñanza Igual para Todos; que la gran velocidad está llegando a Vetusta del Páramo; que nuestro índice de paro está por debajo del 3%; que ya no hay corrupción ni se viola y abusa de la mujer; que nuestros niños, en fin, dejan las “maquinitas” en casa porque pueden jugar libres en la calle. Que he rejuvenecido; que mis ideas son geniales; que si te llamo para quedar y no contestas es por tu trabajo tan absorbente, no porque te incordia mi palabra. Miénteme un ratito, llena mi vida de mentiras. Odio esas (tantas) verdades taimadas que desbaratan el mundo  como un “crochet”  que se estrella en el rostro desmantelando el cerebro. Necesito mentiras para, como en el programa de TVE (1964) reinar al menos por un día.

Yo sueño que estoy aquí,
de estas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
― Pedro Calderón de la Barca, La Vida Es Sueño


miércoles, 1 de noviembre de 2017

CUANDO CALLAR ES DISENTIR.


A veces, algunas veces, buscamos el silencio y es normal necesitamos paz, establecer una cita con nosotros mismos sin testigos ni intermediarios, escuchar solo nuestra propia voz. En ocasiones el silencio nos viene impuesto por circunstancias exteriores o usos sociales en los que ni siquiera el rumor es pertinente, pero hay otros como el inquietante silencio de la disensión que germina no como consecuencia del tiempo y la costumbre sino como brote de un conflicto no anunciado cuyo signo externo es la falta de diálogo. Me preocupa esta modalidad de oposición alojada en una más que notoria indiferencia.

Dijo una voz popular con tono de venganza que quien calla otorga, yo diría que en una relación tan próxima, íntima y delicada  como la de pareja quién calla disiente muchas veces por cansancio y es que el silencio reiterado viene a ser un modo de mantenerse cada cual en su postura por miedo, por cobardía o tal vez  de sobredimensionar los problemas hasta que no tengan  solución esperando que “el otro” disuelva la sociedad por hartazgo y poder, en esta forma,  acomodar nuestra espalda a la queja.


Dejadme que diga que  convivir es una necesidad, que si alguna vez amamos merece la pena buscar el consenso, retomar el sentimiento y seguir en la lucha sin perder la independencia, ni la esperanza, ni la paz, ni la sonrisa.

domingo, 22 de octubre de 2017

DERECHO AL PATALEO.


Tras casi un mes de encierro al final del túnel de mil quinientos metros, escaso de luz, sobrado de polvo de carbón y con el solo consuelo de los dibujos de sus hijos y las notas de ánimo que desde la bocamina de “La Victoria” les llevaban con la comida de cada día,  Candi y once picadores más salen al exterior entre aplausos de compañeros activos y jubilados, mujeres y niños que haciendo turnos noche y día les han apoyado desde el exterior.

Visi y Candi, él con un punto de silicosis, llevaban ya un tiempo pensándolo. Con las «cuatro perras» que les dieron al cerrar el pozo, ligeros de equipaje y cargados de dudas dejan atrás postigos cerrados comercio escaso una plaza grande y baldía y la iglesia que en la mañana de invierno parece un buque gigantesco y varado, para atravesar España de oeste a este. En la niebla, las vías parecían tener su origen en la tapia del paseo donde se conocieron: “nos vamos, no hay futuro, el pueblo se muere”.

Los primeros años comían y dormían en su tienda de ultramarinos “Productos de la tierra” –el nombre lo puso Visi– morcilla, queso, cecina, garbanzos, judías…, más tarde, cuando las cosas iban mejor hojaldres y vinos “de la tierra”, de su tierra; lo foráneo convivía con éxito con lo indígena. La pareja que solo vivía para su negocio no se dio la oportunidad de entender lo que era la burbuja inmobiliaria en la Europa del euro y tras un tiempo de alquiler «para hacer un duro» se aventuró en un piso que quedo libre en el barrio. Saben poco, más bien nada, de Theresa May, Donald Trump, el Brexit o el Parlamento Europeo, pero conocen bien a Desi, el sin techo que duerme bajo cartones en el rellano de Obras Públicas y paga con sonrisa bondadosa las puntas de jamón, pan sobrante y alguna que otra fruta que se desliza en el hatillo que  forma parte de su anatomía.

Visi y Candi viven últimamente en un sin vivir. Tradujeron el rótulo de la tienda, las listas de precios y encargaron una nueva remesa de papel de envolver, para adaptarse a la normativa de comunicación visual del ayuntamiento. Ni por esas –o por esas– las ventas han dejado de menguar, dicen que con el autogobierno llegará la abundancia, pero ellos no lo ven, parece como si “los productos de la tierra”, de pronto, estuvieran contraindicados para la salud: ¿”les habremos hecho algo”? Candi,  emboscado en el silencio la alcoba, apretando los puños guarda con urgencia en el bolsillo una carta del banco para que no la vea ella, pasará el lunes, tienen que entender, no han dejado nunca de cumplir: “Lamentamos comunicarle que el recibo de la hipoteca correspondiente al mes en curso no ha podido hacerse efectivo por falta de fondos, rogamos provisión a la mayor brevedad”.


Visi y Candi, que son muy suyos, no entienden el esfuerzo de los gobiernos para instaurar el Estado de Bienestar, tampoco saben nada de la balanza comercial, de reivindicaciones, ni conocen más lucha interna que la de conseguir abrir su tienda de barrio cada día, cerrada hoy por manifestación. Tal vez solo les quede a modo de recurso del pataleo hacer una Declaración Unilateral de Impotencia.

sábado, 9 de septiembre de 2017

AÑO SABÁTICO.


La vida viene a ser como un camino por el que vamos dejando vivencias y recuerdos, desdibujados muchas veces, que el tiempo y nuestra circunstancia se encargan de «aggiornar» o relegar confusos y desordenados a uno de los desvanes de la memoria.

Abandonada la infancia de pan con chocolate, juegos en la calle y escuela de enciclopedia y puntero, nos encontramos solos en la competición adolescente sin meta definida con la ilusión de triunfar en todo: sobrepasar el bachillerato y hasta el C.O.U., si se tercia, en caso contrario queda la Formación Profesional o el trabajo puro y duro como alternativa a la universidad.

Luego viene la firma del primer crédito, hipoteca, o vaya usted a saber; con ello nos convertimos en actores de una comedia que termina muchas veces sin aplausos tras numerosa subidas y bajadas de telón. Transcurridos más años (muchos) sin abandonar el escenario cambiamos el decorado, creemos estar solos y nos planteamos un nuevo futuro sin afán de protagonismo ni triunfo. Digo mal. Triunfo sí. Queremos el triunfo de vivir con un punto de libertad que puede buscarse jugando al mus, la tuta, los bolos o la petanca; caminando día sí y día también  hasta el árbol número ¿…? de nuestro paseo favorito, practicando un deporte permisible, o ampliando el currículo cultural – que de todo hay.

De pronto, un día, te preguntas si no hay en todo esto un tanto de individualismo, de egolatría, si llevado por el entusiasmo no has aparcado en el camino por le plaisir de la découverte, la atención debida a quién, sacrificando buena parte de su merecida realización personal aplaude «tus logros».

Ese día, aprovechando la caída de telón es el momento de saltar del escenario, tomar de nuevo la senda abandonada, reponer parte de las atenciones debidas a quien te sirvió de apoyo, de tomar -si es preciso- el jardín al asalto y cultivarlo de nuevo. De iniciar un año sabático..., en compañía. 

domingo, 13 de agosto de 2017

PÁGINA EN BLANCO


En Chicos revista infantil española publicada entre 1938 y 1955 –época dorada del tebeo español– uno de los personajes de cuyo nombre no puedo acordarme, decía «lo veo todo claro». La viñeta siguiente estaba en blanco con una nota aclaratoria «Explicación para niño tonto: esta viñeta está en blanco porque el inspector lo veía todo claro».

En estos días previos al síndrome postvacacional en que las redes sociales venidas a publicación periódica rebosan de imágenes (viñetas) lúdico- placenteras, en estos días, me asedian las páginas en blanco; caminan junto a mí. Se sientan conmigo cuando en la sombra del castaño busco refugio. En el duermevela de la siesta agostera me sonríen burlonas y como perro fiel y obstinado me siguen en el paseo vespertino pidiendo –sin resultado– un garabato.

Es una sensación estacional, un espejismo, un azar, no la antesala del olvido o el anuncio de un desahucio.


Hoy, sin saber por qué, he atrapado a una de mis perseguidoras emborronándola con un ¡hola, hasta pronto! Tal vez en unos días lo vea todo claro.

martes, 25 de julio de 2017

DEJAR DE QUERER.


En este vivir globalizado y competitivo se nos está olvidando perdonar y ya solo practicamos con asuntos cotidianos de poco nivel. Amar. ¿Qué es amar? Erich Segal en el «superventas» Love Story (1970) decía: Amar significa no tener que decir nunca “perdón”. No suscribo literalmente la frase, pero sí quiero creer que pedir y otorgar perdón es una manera de amar.

Libertad. ¿Qué es la libertad? El Diccionario Español de la Lengua tiene hasta doce acepciones de Libertad. El velero llamado Libertad cargado de desamor –esa cosa tan frecuente hoy posible consecuencia del amor malentendido malinterpretado y posesivo de ayer–atraca cada vez con más facilidad en la isla de nuestras vidas, pero la libertad en sí misma tampoco puede ser la causa. Me pregunto por qué parejas abrasadas de amor un día apagan la llama. Me niego a creer en la conveniencia, el cansancio, la costumbre o el tiempo. Me preocupa la urgencia. Por qué se deja de querer un día. Por qué ya no es posible demostrar cariño.

Levantamos barricadas de silencio cimentadas muchas veces en una sola palabra inoportuna, en un malentendido al que el orgullo niega perdón; pasamos del “sí cariño” al “¿perdona?” inquisitorial desembocando en un buenos días sin respuesta y del café para dos a una taza de «soluble». Acusamos falta de perdón, es cierto, pero, tal vez la respuesta esté en Neruda: Yo la quise, y a veces ella también me quiso […] Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.


Fragmento del Poema 20, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada de Pablo Neruda.

domingo, 9 de julio de 2017

PORQUE TODO ES IGUAL


A veces, algunas veces, pocas y fugaces, sentimos la necesidad de cambiar el sentido de nuestra vida, de actuar sin red ni espectadores. En ese corto espacio de tiempo, soñamos ser uno mismo apostando por otras formas de vida. Parece imposible –pero así es– que cueste tanto apartarse de la corriente tentadora y fácil de lo cotidiano, el paso del tiempo moldea nuestra vida cuando tendría que ser esta la que se adaptase a nosotros siquiera un poco, dejándonos con nuestros errores, sueños e ilusiones. Pero no. Cuando intentamos salir del guion, nos señalan el espacio que tenemos reservado y la nave de nuestra ilusión hace agua.  En este punto, pensamos que es una (otra más) batalla perdida. Pero tampoco. En esas ocasiones, pocas y fugaces en las que en la casa encendida comprobamos que todas las cosas están exactamente colocadas donde estarán dentro de un año, justo entonces, debemos arrinconar miedos, abandonar monotonías de vida aburrida, reuniones protocolarias, rincones favoritos, indumentaria convencional, relaciones impuestas…, cruzando aun contra corriente, a la orilla opuesta en busca de la luz. Solo así podemos salvarnos. Porque todo es igual y tú lo sabes.

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año;
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.


Fragmento de La casa encendida, de Luis Rosales.

lunes, 22 de mayo de 2017

EMBORRONAR CUARTILLAS.


Con regularidad de estación meteorológica, frecuencia inmisericorde de buzoneo publicitario, o vaya usted a saber, en el cajetín que todos llevamos dentro, se desarrolla (o lo engendra uno mismo) un «no sé qué» no evaluado por los servicios médicos que, incrustado como garrapata nos arropa durante el día como una calima de obstinada y terca desgana. Tal vez, en un futuro próximo, la Seguridad Social lo reconozca, investigue, encuentre tratamiento y el asunto apunte solución.

En tanto esto ocurre bien podrían los laboratorios poner en el mercado un “ibu” para esta suerte de alergia periódica, o Protección Civil, tan atenta siempre a los eventos de masas, colocar barreras protectoras para, al menos minorar el desaliento que de propagarse, paralizaría a buen seguro la ciudad.

Esto suena a desvarío –lo sé– y como esperar sentado ver pasar el cadáver del enemigo no levanta el ánimo,  pongo rumbo al gimnasio en busca de una solución de alcance. El idilio con la cinta de correr con vistas a la cristalera, dura lo que «caramelo a la puerta de colegio» (es un decir). Me divorcio de la estática cuando el sudor nubla mis ojos (o sea, pronto). Las pesas, que no me han hecho nada, están mejor en su soporte esperando a otro culturista.


Camino de vuelta, tiro piedras al río. Probaré a emborronar cuartillas. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Dentro – Fuera.


A veces, algunas veces, se hace difícil enfrentarse a la rutina de la vida, se está mejor, más recogido y calentito dentro de uno mismo. Fuera, en esa vida a la que nos asimos con usura, están: el amigo al que evitamos clavados insulsamente en un escaparate de tattoos y piercings; la bicicleta que, escapada del verano, nos arroja a la calzada con nuestro interior a cuestas; tres señoras que hablando de sus cosas, frenan la prisa que no tenemos; el aullido del camión de incendios que tal vez vuelve de rescatar a un gato enredado en un tejo del parque; el griterío de un ejército de chiquillos jugando al pilla – pilla.

En la terraza de un café tranquilo, de poco futuro, vuelvo al reencuentro conmigo mismo; a mis adentros; a las ocasiones perdidas; al amenazante lunes ¡tan próximo!; al recibo impagado; a la casa vacía…
  • -      Algo me decía que estabas aquí.
  • -      ¡Tuuu!
  • -      Fue una chiquillada. Perdona.
  • -      La culpa es mía, a veces no se escuchar.
  • -      ¡Por favor! Cortado, con leche y dos milhojas de crema.

La vida es, en ocasiones, lo que nosotros queremos que sea.  

domingo, 29 de enero de 2017

-¿DE AQUELLOS POLVOS ESTOS LODOS? AL TEATRO LO QUE ES DEL TEATRO.



Matrona o prostituta, sacerdotisa o emperatriz, la mujer en la Antigua Roma era considerada inferior según las leyes y permanecía siempre como una menor, es decir, jurídicamente igual que un niño. Dependía de la autoridad de su padre y si contraía matrimonio, de la de su esposo. De aquellos polvos, estos lodos.
El cuerpo sin vida de una mujer con señales de violencia ha sido hallado esta mañana en una vivienda de la urbanización de El Pocero en Seseña (Toledo). Horas después, la Guardia Civil ha detenido a su pareja, […] la Policía Judicial de la Guardia Civil está investigando la autoría del suceso, así como el grado de implicación del detenido en los hechos.
El País 28 ENE 2017
Casi a diario desayunamos con una noticia como la que precede a estas líneas y la pregunta se impone: ¿qué hacer para detener la violencia contra la mujer? De la duda surgen –políticamente justificadoras las más de las veces– soluciones como el teléfono 016, el alejamiento, la pulsera telemática, etc.; bienvenidas sean estas o cualquiera otra actuación en este sentido pero, quizá debiéramos plantearnos si el problema no hunde sus raíces en una forma de educación, en la relación de poder que la sociedad patriarcal estableció entre hombre y mujer. En el primer párrafo aludíamos a la Antigua Roma pero no es necesario retroceder tanto para encontrar situaciones de dominio de aquel sobre esta. Roberto Cantoral[1] popularizó la canción  El preso número nueve en cuyo contenido hay un mensaje inequívoco:
Al preso número nueve ya lo van a confesar.
Está rezando en la celda con el cura del penal.
Porque antes de amanecer la vida le han de quitar.
Porque mató a su mujer y a un amigo desleal
En 1993 Patrice Leconte[2] estrenó una película con el título La maté porque era mía (Tango). Recientemente el articulista José Confuso se preguntaba: « ¿Hay que acabar de una vez por todas con Mujeres Hombres y viceversa? Se les tacha de machistas […] y con todo llevan ocho años en antena».[3] Sin motivo aparente el cancionero, el cine, la prensa, han hecho mención a la mujer como propiedad del hombre y el teatro ha recogido el aplauso al don Juan burlador desde,  El infamador (1581) de Juan de la Cueva,[4] hasta, por ejemplo, La sombra del  Tenorio (1944) de Alonso Santos.[5]
El tema (más bien sinrazón) que, sin duda existió en el imaginario popular mucho antes de tomar cuerpo literario ha maridado con la noticia al releer El burlador de Sevilla. En la obra –dejando  para mejor ocasión el comentario sobre varias prostitutas y el intento de engaño a otra dama llamada Beatriz– cuatro  mujeres resultan burladas por «el campeón»: Isabela, Tisbea, Ana de Ulloa y Arminta, dos nobles y dos plebeyas «no importa la condición».
Pero… se impone la reflexión.
Los escritores del XVII obligados por espectadores, autores de comedia, actores y su propia subsistencia, reflejaron en Don Juan el deseo de divertimento de la sociedad, decantándose por la «reconocida» superioridad del hombre frente a la mujer como tema teatral. Lo verdaderamente dramático en este nuestro siglo XXI se evidencia a poco que indaguemos: «Desde los 18 hasta los 29 años, la cantidad de víctimas de violencia doméstica crece en España de forma progresiva. Muy especialmente desde los 19 años…»[6].
Al margen de la absurda «igualdad», la sociedad va allanando la senda de las desigualdades. Demos al teatro lo que es del teatro y a nosotros como sociedad, la capacidad de convencer razonando, de poco sirven las órdenes ni los dispositivos electrónicos ante la sinrazón.



[1] Roberto Cantoral García (1935 – 2010) cantante y compositor mexicano.
[2] Director de cine, guionista y actor francés.
[3] Periódico EL PAÍS (2-10-2016).
[4] Poeta y dramaturgo (1543 - 1612).
[5] Dramaturgo, director escénico, guionista.
[6] Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Jóvenes y género el estado de la cuestión, CRS – FAD, 2014

martes, 18 de octubre de 2016

¡¡¡ VIVIR !!!


Parque del Parral (Burgos)

Satisfechos y adaptados al ritmo frenético de la vida olvidamos lo más importante: ¡¡¡ VIVIR !!!;  caminar redibujando la alfombra otoñal; admirar el árbol centenario que la cerrazón de la pretendida urgencia aparta de nuestro diario camino; palpar la naturaleza, oír su silencio y su murmullo.

Los árboles de la prisa y la malentendida superación social no nos dejan ver el parque y en él, la imagen – insólita hoy – de una cabra en lo alto de la tapia del Parral.

La vida bien merece la alegría de vivirla y como la cabra de la fotografía, situarnos por encima del Ibex 35, el desgobierno, la deuda pública…

lunes, 4 de julio de 2016

TIEMPOS DE DESAMOR: EL PROBLEMA ESTÁ EN NO ADMITIR LO QUE LA MENTE YA SABE


Ha pasado un tiempo, tal vez mucho, no lo sé y como tantas otras veces -tú de mi brazo- paseamos por el parque escenario de mil proyectos algunos realizados. Nuestro parque recorrido en aras de obligada austeridad día sí y día también cogidos de la mano primero y enlazados por la cintura cuando la confianza era mayor, ejerce ahora de notario en recuerdos apetecidos con la tranquilidad y la calma del tiempo. Remodelado ahora es el mismo, pero ha cambiado, nosotros también; no sé si es más bonito, sí que, como nosotros, es más viejo. Nunca entendí el sentido peyorativo que se da a la palabra viejo, a mí me parece entrañable, los hispanos a mi juicio más acertados que nosotros dicen “mi viejito”.

La sociedad, como el parque ha cambiado, pero uno echa de menos las plazas llenas de niños, las puertas abiertas, las voces en el patio de vecindad, la familia. ¿Nostalgia? No. Sucede que imágenes nuevas en espacios conocidos avivan el recuerdo cuando, sin asombro, contemplamos como parejas libres y despreocupadas se besan sin aquel rubor que atenazó nuestra juventud; padres que cambian el pañal o dan el “bibe” a sus hijos mientras la madre lía un pitillo. Amiga que esto lees: te preguntarás por qué un hombre que cambia un pañal es un campeón y si es una mujer solo hace lo que debe. Yo también.

En el micromundo del parque, dos chiquillos traen en jaque a una pareja de palomas urbanitas que se arrullan en el respaldo de un banco: “como mamá y papá antes” –dice la niña.

-¡Papá!... ¿Mamá y tú no vais a volver?

Empezar es fácil, lo difícil es mantenerse. El amor ha cambiado su condición de “eterno” por la de pasajero. Lo idílico se acaba y la convivencia es de duración variable, las personas se enamoran se desenamoran y se separan. “Pareja” comprende tanto al matrimonio civil, al de la iglesia, a quienes conviven sin más contrato que el verbal, a las parejas homosexuales… En los últimos cinco años casi quinientos mil niños han vivido las consecuencias de la ruptura de pareja. Ningún tiempo pasado fue mejor pero tal vez haya que revisar nuestros valores como sociedad, tal vez haya que volver la vista atrás y renunciar a algunos caprichos, tal vez sea prudente -sin perder libertad- hacer más concesiones.


Imagen: Milagros Parache Solana

martes, 17 de mayo de 2016

LA IMPORTANCIA DEL NOMBRE


La trascendencia del nombre es una cuestión apuntada ya a finales del siglo XIX por Oscar Wilde en la comedia La importancia de llamarse Ernesto (1895) sobre costumbres de la sociedad, que va ganando adeptos con el paso del tiempo.

El oficio de barbero, por razones de economía, prisas y tecnología, desapareció de nuestros barrios; en principio sobrevivió su hermano gemelo el peluquero, que también sucumbió por lo nominal y hoy nos arregla el cabello un estilista. El que antaño era mi peluquero -nunca me “hice” la barba- ha cambiado el rótulo: “Arnaldo Enríquez Estilistas”.

-Arnaldo -pregunté el otro día- ¿te has echado un socio?
-¡No! ¿por qué?
-Por el rótulo: Arnaldo y Enríquez estilistas.
-Te has inventado la “y”, Enríquez es mi apellido, es la moda chico. Resulta más comercial.
-¡Ya!

Hoy he vuelto a pasar… por el establecimiento de Arnaldo y ha agregado un subtítulo al rótulo: “Espacio Man”.

Recuerdo con nostalgia a Fabián y su carro tirado por un poderoso caballo, -es un percherón decía con orgullo. A Valiente, que así llamaban al animal, vino a sustituirlo una furgoneta “Portes Fabián”. El menor de los hijos ha seguido, los pasos del padre y asociado con su primo por parte de padre, ha creado una empresa: “Fabi & Patri Operadores Logísticos. (Grupo Arroyo)” [sic]. Bueno, estos a diferencia de Arnaldo sí son más de uno; algo hemos ganado. El hermano del segundo se encargó de rotular los camiones de Fabián y Patricio en un taller que regenta como autónomo y que siguiendo la corriente ostenta un nombre comercialmente correcto “Fran Rivera Obra Gráfica”.

No hay solución. En mi entorno habitual y en corto espacio de tiempo, he podido constatar la desaparición de tres oficios: transportista, peluquero y pintor-rotulista.


Por obra y gracia del poco aprecio que hacemos a nuestra lengua, estos y otros muchos oficios están en vías de extinción. ¿Tendrá esto incidencia en el paro?

miércoles, 10 de febrero de 2016

ECHAR LA TARDE


Hay muchos y buenos lugares para “echar la tarde”: un parque, la casa de un amigo, aquel café recoleto de tantos recuerdos, unas galerías comerciales…
Tal vez “echar la tarde” alcance su máxima significación en la habitación de un hospital donde el paciente, la persona bajo atención médica, padece física y corporalmente a bienintencionados amigos y familiares que una vez salvados saludos besos y abrazos de rigor, a falta de mejor ocupación y habida cuenta que al enfermo hay que dejarlo tranquilo, intercambian entre sí experiencias de viajes, comida, bebida, la importancia de sus trabajos, la inteligencia de hijos, nietos y el perrito que los ladra.

Alguien que acompañó durante noches el duermevela del visitado sugiere humildemente: ¿por qué no bajamos a la cafetería? Algunos asienten, otros se miran significativamente. El murmullo decrece lo suficiente para que quien propuso la idea oiga con claridad:

-      ¡Vámonos!, parece que estorbamos.


-      ¡Pues SÏ! (calla y otorga).

viernes, 8 de enero de 2016

Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON


El sueño (Pablo Picasso)

Al principio cuando el conflicto parecía improbable porque nunca antes se había presentado, no se le ocurrió pensar en el futuro ni en convivencias pasadas. Sólo acertaba a comprobar cómo, circunstancias triviales, justas y razonables, según su entender, interpretadas desde otro punto de vista podían dejar cierto regusto amargo en la copa de un deseo.

Como pareja, siempre pensaron -y a ello dirigieron sus esfuerzos- en una casa suficiente. Cada uno su habitación, su espacio, su necesaria intimidad. Salón y comedor, para compartir días de familia. Todo ello, hace un tiempo, al principio.

Él era razonablemente ordenado para sus cosas, sus libros, su música, algún recuerdo y foto entrañable, especialmente aquella: un primer plano en blanco y negro que lo acompañó siempre en su mesa de trabajo.

Los hogares al principio se llenan, luego, por circunstancias normales de la vida se vacían –pensó nostálgico con el allegro de un Otoño de Vivaldi como fondo.

-        Tal vez sea el momento de transformar una habitación en cuarto de trabajo donde tener mis cosas. Sería el rincón que siempre me gustó tener. Ahora que los hijos se han ido es posible. Conservaré el sofá-cama por si hace falta. Llevaré el equipo de música y el estante para libros. Sólo necesitaré comprar un flexo.

-      ¡Papá! ¿Y...qué harás cuando vengamos todos? ¡Así habrá una habitación menos!

               ¿Qué es la vida? Un frenesí.
               ¿Qué es la vida? Una ilusión,
               una sombra, una ficción,
               y el mayor bien es pequeño:
               que toda la vida es sueño,

               y los sueños, sueños son.

Obviamente: Don Pedro Calderón de la Barca

sábado, 21 de noviembre de 2015