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Y…, ahora qué. Formación permanente, un proyecto cimentado en la ilusión, sobrado de mies y falto de segadores.
Antes de traspasar el umbral, pensó dedicar su
tiempo a la construcción de maquetas. Barcos, podía ser una buena opción; con
los bonsáis tuvo encuentros tan poco gratificantes que, a pesar de los desvelos, terminaban siempre en objetos inanimados no estaban hechos para él. La maqueta
de un barco egipcio se presentaba como válida para empezar: una sola vela,
catorce remos y en popa dos timones, uno a cada costado. ¡Bien! Y…, luego qué,
al egipcio seguiría otro y otro y otro ¿Dónde ponerlos? ¿Con quién
compartirlos? Una maqueta requiere su espacio y su limpieza.
Y así en estas y otras disquisiciones pensó que algo
debía haber que no ocupara lugar. De esta suerte, armado de carpeta y porta–lápices
traspasó el umbral de Humanidades y Educación y se matriculó en el Programa de la
Experiencia. Tres años de «un poco de todo», graduación en el Aula Magna, beca,
orla y comida de hermandad. Corría el año 2011.
Ahora, un proyecto cimentado en la ilusión, sobrado de mies y falto de segadores. Sobrado de mies –digo– habida cuenta que con este nuevo programa se abrían ante uno todas las posibilidades de una formación integral: matrículas, trabajos, exámenes, plataforma virtual…, todo. No había límite, la Universidad pone los medios, el alumno pródigo en juventud acumulada puede con ellos progresar adecuadamente.
Falto
de segadores –confirmo– porque, a mi juicio no basta con sembrar, el Programa
de Formación Permanente está falto de promoción y seguimiento, deja al alumno a
su suerte; posiblemente quien esto escribe haya sido durante años (no menos de
nueve) el único alumno registrado; también (posiblemente) el único en realizar
una suerte de TFG sobre la Novela social española que, apuntado queda, no ha
llegado a ver la luz. Tampoco consiguió llegar al Repositorio Institucional de
la UBU otro trabajo sobre Vicente Blasco Ibáñez.
Hicimos
lo que pudimos y sabíamos, pero, agua estancada no mueve molino. La
pandemia, en fin, truncó el intento de continuidad en el curso 2019–2020. Hemos
contado con la inestimable ayuda personal de no pocos profesores y el calor de muchos
de nuestros compañeros alumnos, pero, (vuelvo a la frase prestada) no
enviamos nuestros barcos a luchar contra los elementos.
Así
las cosas, El Alfoz dará solución de continuidad publicando
periódicamente los trabajos citados. Quedáis todos (y algunos más) invitados al
evento.
Gracias
por llegar hasta aquí.





















