Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

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miércoles, 18 de noviembre de 2015

DIÁLOGO SOBRE EL MUDEJARILLO de José Jiménez Lozano


Paisaje de Úbeda con la Sierra Mágina al fondo
Confortados por el “veranillo de san Martín” se encontraron un día de noviembre en la entrada de la librería, lugar donde ambos recalan con frecuencia. El más joven viene a ser un transeúnte callejero extrovertido y mirón de la vida urbana, el mayor por el contrario introvertido solitario y culto gusta del cobijo de la casa. En cualquier caso son buenos amigos, comparten y comentan  lecturas.
-Acabo de leer El mudejarillo como me recomendaste
-¿Y bien?
-Pues… no sé; es como la sencillez en estado puro, como si el narrador fuera  en ocasiones un niño. Desde luego hay que tener presente de quien está hablando el narrador. Quiero imaginarme a un no conocedor del santoral cristiano y creo que se perdería.
-No hace falta ser cristiano para conocen la obra de Juan de la Cruz. De todas formas creo que te dejé un apunte biográfico de sus primeros años como apoyo de la lectura.
-Me gusta empezar de cero “le plaisir de la découverte” y en este sentido si he de reconocer que la descripción de cuanto contenía Fontiveros es una solución magistral, una hoja por ambas caras señalando contenido hasta en sus más mínimos detalles. La pregunta y la respuesta de los niños se me han quedado grabadas. 
La torre, la iglesia, las campanas, […] Y los cristianos y los moriscos, y muchas cosas y muchos oficios más.
-       ¿Y cómo va a haber tantas cosas en tu pueblo si es más pequeño que Arévalo?
-      No sé.
-No me dices nada de los toques de ironía, el acercamiento al lenguaje de la época, la poetización del ambiente en que se desenvuelve fray Juan…
-¡Eh! ¡Para! ¡Para! Que te sigo como lector pero no soy de letras.
-¿Y el recurso del encuentro con Cervantes?
-¡Ah! ¿Pero también está Cervantes?
-Busca el capítulo de El señor Miguel:
-      Porque mi amigo andaba a vueltas con escribir un libro o novela sobre un hombre inocente que había conocido y que quería dejar el mundo limpio de injusticia y bellaquerías con el esfuerzo de su brazo […] tenía ya escrito algo y hasta mucho del libro del inocente, sobre todo cuando había estado en la cárcel…


-Tendré que volver a Jiménez Lozano, hasta ahora sólo había leído alguno de sus artículos en la tercera de ABC.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

PARA EMPEZAR A LEER: El mudejarillo. José Jiménez Lozano

Arévalo
Al comenzar la lectura de El mudejarillo de José Jiménez Lozano y a la vista de que un narrador anónimo al parecer  contemporáneo de San Juan de la Cruz recorre un camino paralelo al del santo,  decidí recurrir al pequeño tesoro de apuntes de Literatura del siglo XVI en dirección a la corriente que tiene como causa directa la Contrarreforma de mediados de siglo en busca de datos biográficos de Juan de Yepes Álvarez.
   San Juan de la Cruz, segundo de los tres hijos del matrimonio formado por Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez, modestos tejedores de telas, nace en 1542, en Fontiveros, un pequeño pueblo de La Moraña en Ávila. El padre procedía de Toledo, a la madre se le adjudica - no confirmada documentalmente- una ascendencia judeoconversa. En cualquier caso parece que las diferencias de clase social y de nivel económico entre el padre y la madre fueron determinantes para el distanciamiento con la familia paterna.
   Quizá a consecuencia de la crisis agraria de Castilla cuando Juan era un niño fallecieron su padre y el segundo de sus hermanos: Luis;  la madre, viuda  y sin recursos, buscó sin éxito la ayuda de sus parientes. Tras el  fracaso se traslada a Arévalo, agrícola, pero con una pequeña industria textil, donde permanecen cuatro años  para, posteriormente, establecerse en Medina del Campo.
   Juan de Yepes vive en un ambiente de miseria, desnutrición y raquitismo infantil de los que se derivan escaso desarrollo y debilidad que lo encuadra en el grupo social de los “sin calidad” obligándolo a criarse como "pobre de solemnidad", diferenciado, eso sí, de los pobres vergonzantes o los vagos y maleantes en  que mediante la ayuda de instituciones de caridad podía asistir al Colegio de los Niños de la Doctrina a cambio de  realizar trabajos como la asistencia en el convento, ayudar a Misa y a los Oficios, acompañamiento de entierros y la práctica de pedir limosna.
   Subordinada a la enseñanza religiosa recibió en este centro mitad reformatorio, una formación por la que se libra del analfabetismo y le dispone para seguir estudios en el colegio de los jesuitas con la ayuda de dos mecenas: los mercaderes Rodrigo de Dueñas y Pedro Cuadrado, compaginando sus estudios con un trabajo asistencial en el hospital de Nuestra Señora de la Concepción de Medina, especializado en la curación de enfermedades venéreas.
   La educación recibida en Medina permite su ingreso en la Universidad de Salamanca y es a los veintiún años de edad, cuando a Juan de Yepes la vocación religiosa lo  lleva a ingresar en los Carmelitas de Medina, con el nombre de Juan de Santo Matía, renunciando a la ordenación sacerdotal paso previo necesario para ser nombrado capellán del Hospital y que hubiera solucionado los apuros económicos de la familia. La decisión evidencia ya su tendencia a la vida contemplativa.

Este acercamiento a Juan de la Cruz me ayudó en la lectura de El mudejarillo y a recrear la época y ambiente en que se desarrolló su vida. Queda ahora disfrutar de los rasgos poéticos que Jiménez Lozano nos regala.