Utilizando un símil musical, comienza el capítulo en "adaggio", con la meditación de los protagonistas; el caballero con ensoñación amorosa, y el escudero que "aunque tonto" percibe con temor un futuro incierto. Continúa en un "allegro con brio" con la aparición de una dama con jaca , azor, esposo y huestes que saca a ambos de su sueño. Los coprotagonistas (duquesa y duque) son lectores de El Ingenioso Hidalgo, lo que me parece una dualidad interesante de la obra.
A partir de la irrupción de Sancho en el prado a modo de emisario D. Quijote y Sancho vuelven al mundo irreal en el que viven. El derroche de halagos con el que son recibidos, trastorna hasta tal punto a nuestros héroes, que provoca una escena (genial a mi juicio) tragicómica en la que ambos, en el cenit de su grandiosidad, caen de bruces del pedestal de sus monturas, y son salvados de peor suerte por el séquito de los duques, con la consiguiente humillación para ambos.
Tras ésta cómica situación, el devenir de la conversación (siempre halagüeña), rebaja el tono de lo sucedido y Sancho se supera a si mismo haciendo de introductor de embajadores y confidente principal. Tal vez el autor nos esté ofreciendo una transformación de los personajes para el futuro, pero mucho me temo que si la suerte no lo remedia, van destinados a hacer de bufones, en manos de tan leidos anfitriones

