Pasadas las primeras pruebas, va asentándose Sancho en su gobierno. Nos muestra en el capítulo como, para controlar una situación lo más importante es:
El menos común de los sentidos y un tanto de mano izquierda.
El menos común de los sentidos y un tanto de mano izquierda.
Las industrias urdidas por el equipo: duque, mayordomo, labrador…. Se van desvaneciendo, Sancho reconviene a los importunos:
“Ahora verdaderamente que entiendo que los jueces y gobernadores deben de ser o han de ser de bronce que a todas horas y a todos tiempos quieren que los escuchen y despachen, Y si el pobre del juez no los escucha y despacha, o porque no puede o porque no es aquel el tiempo diputado para darles audiencia, luego les maldicen y murmuran”.
Reordena su sustento y el de su rucio:
“Vuelvo a decir que se tenga cuenta con mi sustento y con el de mi rucio, que es lo que en este negocio importa y hace más al caso”.
Recuerda a todos que deben de estar atentos a lo importante:
“Todo el mundo traiga el ojo alerta y mire por el virote”.
Deja sentados los principios de gobierno por los que han de regirse sus gobernados que pasan, según deja ya claro el Autor, de burladores a burlados.
“—Dijo el maestresala— que vuesa merced tiene mucha razón en cuanto ha dicho”.
“—Dijo el mayordomo— que estoy admirado de ver que un hombre tan sin letras como vuesa merced, que a lo que creo no tiene ninguna, diga tales y tantas cosas llenas de sentencias y de avisos”.
Reconfortado con la cena y el reconocimiento de sus súbditos Sancho, “maguera tonto, bronco y rollizo”, con vara de mando y séquito, deja en entredicho el proceder de los gobernantes; lejos de holgar y bien vivir hace ronda por la ínsula para limpiarla.
Como ya sucediera en ocasiones anteriores, los burladores han preparado una serie de pruebas al gobernador con el ánimo de ridiculizarle, la descripción de las mismas es aprovechada en la obra para caricaturizar la sociedad de la época.
Se refleja la figura del administrador de una casa de juego -baratero- que de grado o por la fuerza cobraba un dinero –barato- a quienes ganaban en el juego. En este caso Sancho resuelve con la eficacia ya demostrada: multa al jugador y destierra al aprovechado con el añadido de hacerle “tornar luego esos cien reales” y proponerse como objetivo quitar las casa de juego.
El siguiente episodio de tinte picaresco reúne toda la gracia y simpatía de ese tipo de literatura; el gobernador acoge el ingenio y habilidad verbal del mancebo de buen grado y lo libera de los corchetes, advirtiéndole que con la justicia, si va por lana, puede salir trasquilado.
El siguiente episodio de tinte picaresco reúne toda la gracia y simpatía de ese tipo de literatura; el gobernador acoge el ingenio y habilidad verbal del mancebo de buen grado y lo libera de los corchetes, advirtiéndole que con la justicia, si va por lana, puede salir trasquilado.
La última escena en este caso no preparada, sorprende también a los consabidores de las burlas. Volvemos a una narración pormenorizada y densa, con secretos, lágrimas, descripción de indumentaria y travestismo, para denunciar la situación –como en el episodio de las dueñas- en que se desenvolvían las mujeres de la época. Por lo general, el hombre era el único depositario y administrador de los derechos de los considerados débiles.
La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella. (José Ortega y Gasset)






