Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

domingo, 17 de octubre de 2010

Un año en El Alfoz


Nombre: El Alfoz
Nacimiento: Octubre 2009.
Lugar de nacimiento: Taller de escritura.
Provincia: Facultad de Humanidades.
Edad: Un año.

Un taller de escritura dirigido por mi querido profesor Pedro Ojeda, el apoyo incondicional de mi esposa y un pequeño esfuerzo por mi parte, colocaron la primera piedra sobre la que se asienta El Alfoz.
Hoy cumple un año gracias a las atenciones que conmigo teneis  todos vosotros, seguidores habituales y lectores ocasionales.


Teresa Arroyo (Bipolar) me indicó en un comentario que "hay días en los que mantener un blog es una carga". Cierto. Una carga que con el puntal de vuestros comentarios deja de serlo.
Superado el miedo tras comprobar el nivel de conocimientos que aportáis en vuestras entradas,  he intentado permanecer en carrera cerca del pelotón, sin perderlo de vista ni perecer en el intento; el esfuerzo, ha merecido la pena.

La lectura y comentario de El Quijote es el punto sobre el que me he  apoyado para seguir con la tarea emprendida hace un año, que espero continuar con la misma ilusión ampliando los temas a tratar para, compartir la experiencia de aprender de todos vosotros e intercambiar lo conocido con cuantos quieran visitarnos.


Un abrazo y gracias a todos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sancho y el árbol caído. Don Quijote. Cap. 71 / II



Don Quijote -fatigado ya- regresa, intentando conservar en lo posible el personaje que asumió al hacerse caballero abandona muchas de las fantasías anteriores, recuperando en ocasiones parte de la cordura; Sancho continúa la evolución siempre en función de sus intereses, se adapta a la situación con un talante más realista, no exento de cierto egoísmo, digamos que aprovecha el árbol caído para obtener leña con la que mantener su hogar.

 En su obligado retiro don Quijote , tiene en el pensamiento puesto en el desencanto de Dulcinea, su fantasía le lleva a considerar la facultad milagrera de Sancho como solución. Éste, al margen de sentimentalismos, lamenta haber perdido la recompensa en especie y como buen conocedor de su amo, prepara el terreno para intentar compensar lo perdido, sabe que la propuesta se le viene encima y se anticipa:

“Si me traen a las manos otro algún enfermo, que antes que le cure me han de untar las mías; que el abad de donde canta yanta, y no quiero creer que me aya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la comunique con otros de bóbilis bóbilis”.

Sin entrar en valoraciones de tipo moral, tenemos aquí un hecho común, habitual en cualquier época. En mi opinión, el personaje Sancho siempre fue consciente de la inexistencia de Dulcinea, cansado ya de corregir problemas ajenos, opta por sacar provecho de la situación. No olvidemos que abandonó familia y hogar para obtener -podríamos achacarle ignorancia- dinero y posición:

Capítulo IV/I: ”Determinó (don Quijote) volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos”.

Capítulo VII/I:  “En resolución, tanto le dijo, (don Quijote) tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, alguna ínsula y le dejase a él por gobernador della. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino”.

Hasta aquí podríamos disculpar la actuación de Sancho calificándola de supervivencia.

Tras el punto narrativo en que el amo acepta las condiciones de su escudero se introduce una especie de gracioso entremés narrando un rocambolesco cálculo de Sancho que no soportaría ni mediana comprobación y da paso a un giro en la actitud de Sancho:  la utilización de la necesidad de don Quijote para sus propios fines.
Sancho se aprovecha de la situación aumentando el precio acordado por su colaboración y no sólo eso, si no que los azotes son simulados con lo que incumple lo prometido. El egoísmo está presente en cualquier circunstancia, y se manifiesta más cuanto más débil es el oponente

Con la ausencia de lances el retorno al hogar es más sereno, ahora el mesón es mesón, lugar  modesto adornado con sargas pintadas de malísima mano a través de cuyos dibujos, cada receptor hace su versión: Don Quijote añora épocas pasadas, Sancho ve sus hazañas reflejadas en todo lugar posible, Cervantes utiliza el párrafo para denunciar nuevamente el alumbramiento "deste nuevo don Quijote" con la misma frase que utilizara en:

Capítulo III/II: “Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba respondió: «Lo que saliere». Tal vez pintaba un gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: Este es gallo.

Dejamos a Sancho con los refranes de rigor, pendiente de su propósito de enmienda y de la aplicación de la pena restante.


viernes, 8 de octubre de 2010

A Sancho lo que es de Sancho. Don Quijote. Cap.70/II


Es la intención de este lector, mantenerse fiel a la secuencia semanal, salvando la tentación de indagar en los capítulos venideros, para acercarse lo más posible a la sensación de una primera lectura, tratando de elaborar una narración de otra narración -el Quijote- con sin duda, posibles errores, pero aportando la frescura de la primera impresión.

“El sueño es alivio de las miserias” -dice Sancho- dolido por el castigo físico y afrentado por las bofetadas.
Mientras uno duerme y otro vela desatados pensamientos, Cervantes, aprovechando el merecido descanso de ambos, hace un recorrido por sucesos pasados, sin duda con algún objetivo.

Comprobamos el rencor acumulado de un contrincante, Sansón Carrasco, que ni olvida ni perdona, y aun reviste su hazaña de la Blanca Luna de buena intención, doliéndose de que el hidalgo don Quijote, fuese loco.
Observamos la refinada crueldad de los duques que tras gozar con burlas y castigos no dudan en compartirlo con bachiller obteniendo de esta manera la información necesaria para tener ocasión de una nueva burla.

Siguiendo la narración de Cide Hamete, retrocedo en la obra para centrar la atención en el origen del comentario del duque al bachiller:
”La burla que Sancho había hecho a su amo, dándole a entender que Dulcinea estaba encantada y transformada en labradora”.
Y acepto el reto que plantea Cervantes para descubrir la verdadera dimensión de Sancho en la industria del encantamiento.

Desde el capítulo XXV de la primera parte Sancho distingue con claridad el personaje de Aldonza Lorenzo: “Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen estuviese ella rastrillando lino, o trillando en las eras". Es claro que no la tiene por gran señora.

Es en el capítulo VIII de la segunda parte, donde se genera la trama del engaño. Acudiendo a él, me permito adjuntar algunas citas:

Don Quijote: “Y allí (en el Toboso) tomaré bendición de la sin par Dulcinea”.

Sancho: “Tengo por dificultoso que vuestra merced pueda recebir su bendición, si no es desde las bardas del corral”.

Don Quijote: “Con todo eso, vamos allá”

Sancho: “Cuando yo vi ese sol (Dulcinea) como estaba ahechando trigo, puso una nube ante el rostro y se le escureció”

Don Quijote: “Debía ser que algún mal encantador vuelve a mis cosas en diferentes figuras”

“Descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor; de modo que el uno por verla y el otro por no haberla visto estaban alborotados, y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase al Toboso”.

Si avanzamos un capítulo -IX de la segunda parte- descubrimos una frase interesante:

“Señor, ya que vuestra merced quiere, a pesar mío, que sea alcázar la casa de mi señora Dulcinea”.

Sancho, ya no insiste, admite barco como animal de compañía y nombra a Aldonza Lorenzo como “mi señora”. Don Quijote satisfecho con el desarrollo firma y ordena:

“Hallemos primero una por una el alcázar, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos”.

Este desocupado lector, entiende que Sancho no tuvo opción; intenta persuadir a su amo y no lo consigue. Pensemos que la situación jerárquica es amo-criado y en consecuencia salió como mejor pudo del mandado de don Quijote.
A mi juicio Cervantes nos deja suficientes pistas para justificar la falsa respuesta de Dulcinea que Sancho comunica a su amo en Sierra Morena y la posterior conversión -capítulo X- de las tres labradoras en dama y doncellas .

Capitulo denso, donde se aclaran los prolegómenos de la burla anterior, Altisidora reaparece como tentación y desprecio para don Quijote, y a requerimiento del “buen escudero” narra un sueño que pretendió ser muerte. Utilizando la fantasía del sueño, Cervantes arremete de manera inmisericorde, nuevamente y sin metáforas contra Avellaneda y su obra .

La fantasía, la irrealidad de un sueño y la confesión del músico, son buen marco para la denuncia

jueves, 30 de septiembre de 2010

Preguntas sin respuesta. Don Quijote. Cap. 69/II

Ariadne Dido  -  Altisidora

La entrada en el castillo acrecentó la admiración de nuestros protagonistas. A éste lector, apenas  entrado en el presente capítulo, le asalta una pregunta sin respuesta: don Quijote y Sancho fueron apresados y conducidos al castillo con un fin concreto, los duques por tanto conocían no sólo su vuelta si no también su proximidad; Cervantes tan minucioso en la narración, no puede dejarnos sin saber cuál es la fuente de información que inspiró a los duques semejante parafernalia.

Traspasado el umbral del castillo nos encontramos una nueva comedia con  los elementos necesarios para que la atención del lector no decaiga el guionista describe con profusión el cuadro escénico: luz, música, vestuarios, un túmulo portando –al estilo de las tragedias amorosas- el cuerpo de una doncella con amarilla y vencedora palma símbolo de virginidad. y por añadidura, tablado con dos reyes justicieros junto a los que situaron a don Quijote y Sancho mudos de admiración y  temor.
Comienza la representación con la presencia -ahora sí- de los duques, en la que Cervantes hace un recorrido narrativo de matices muy variados:
  • La indumentaria con la que “adornan” Sancho viene a señalar la situación de los relajados condenados a muerte por la Inquisición a los que se cubría con ropajes pintados con llamas y diablos, clara alusión a su  triste destino.
  • Un hermoso mancebo -se prodigan los mancebos hermosos en la obra- aparece de pronto ante al túmulo de Altisidora –que no era otra la doncella supuestamente muerta- cantando dos estrofas, la primera parodiando la crueldad de don Quijote, y la segunda, reproducción exacta de la Égloga III de Garcilaso de la Vega aludiendo al mundo de los vivos y los muertos. (Pedro Salinas acude también a ésta estrofa para dar título –la voz a ti debida- al primer libro de su trilogía amorosa).
  • Los dos reyes justicieros sentados en el tablado -la mitología se asoma ahora a la narración-  y que resultan ser Minos y Radamanto jueces de los infiernos, sentencian que: Altisidora volverá a la vida tras recibir Sancho de manos de seis dueñas, veinticuatro cachetes, amén de mitad y cuarto de pellizcos y alfilerazos.

Sancho considera indigno ser abofeteado por mujeres y protesta por la utilización que se hace de su persona, pero, el oponente es el diablo, no don Quijote. Éste, con la mente en la recuperación de Dulcinea intenta persuadirle de que es elegido por el cielo para desencantar y resucitar. El miedo a lo sobrenatural más que la interesada opinión de su amo, vence a Sancho dejando un punto de rebelión: soportará todo, menos ser acribillado, arremetiendo para evitarlo contra los justicieros de infierno, poniendo de éste modo fin a la represensentación. La ira de Sancho y la inmovilidad continuada de la doncella producen el milagro de la resurrección de ésta.

Parece oportuno destacar que, si bien Sancho acepta el castigo redentor propuesto por los cavernarios jueces, se niega, pese a la súplica de don Quijote, a colaborar en el desencanto de Dulcinea. La evidencia de Aldonza es más fuerte que la ilusión de Dulcinea.

Al fin del capítulo el desocupado lector acumula nuevas preguntas:

Inquisición.
Garcilaso.
Mitología.

¿Qué persigue el Autor al introducir en la obra tres temas tan poco relacionados?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Jugando con el lector. Don Quijote. Cap. 68/II



Carlos Ortega

Entendiendo juego como: ” Habilidad o astucia para conseguir algo” y por escarbar en las múltiples posibilidades de interpretación que la novela nos ofrece se me ocurre que Cervantes, utilizando la locura y cordura de don Quijote, juega en ésta ocasión con el lector para conseguir involucrarle en la acción, hacerle copartícipe de la obra y sensibilizarlo así con los afanes y desvelos del hidalgo.
Veamos: En el primer diálogo con Sancho, don Quijote reclama:

Comprensión. “Yo lloro cuando cantas”.

Menos dureza. “Imagino que eres hecho de mármol o de duro bronce”.

Colaboración con su causa. “Con buen ánimo y denuedo agradecido date trescientos o cuatrocientos azotes a buena cuenta de los del desencanto de Dulcinea; y esto rogando te lo suplico”.

Compañía. “Pasaremos lo que resta de la noche cantando, yo mi tristeza y tú tu firmeza”.

Desde esta perspectiva, asistimos a un lamento ante la derrota y la soledad, le asalta el recuerdo del día que trató de imponerse a Sancho propinándole dos mil azotes a cuenta., (cap. 60/II) con resultado negativo. Con su escudero no puede contar para el desencanto.

“Que no quiero venir contigo a los brazos como la otra vez, porque sé que los tienes pesados”.

Imponerse no puede, las súplicas no sirven. La obra ha colocado a Sancho en tal nivel que ha de recurrir a reproches y promesas:

“Por mí te has visto gobernador y por mí te vees con esperanzas propincuas de ser conde o tener otro título equivalente”.

Y firma la frase con un lema latino -“tras las tinieblas espero la luz”- utilizado por Juan de la Cuesta en la imprenta donde vio la luz El Quijote, Cervantes podría  referirse una vez más, con la introducción  de éste lema  a la obra de Avellaneda significando la claridad que aporta la segunda parte a la autoría de la obra.

Los lectores tienen asumido que no habrá más aventuras, por tanto Cervantes introduce accidentes como la escena de los puercos, un hábil juego para mantener la atención, al tiempo que sirve para tornar al caballero a su locura aceptando la afrenta como castigo a su derrota.
Para difuminar la sensación de burla que podía provocarnos, coloca a don Quijote en nuevo estado de melancolía entonando un cantar entre lágrimas y suspiros, y nuevamente nos situamos en su lugar.
El juego literario continúa hasta casi predisponernos con Sancho que lejos de consolar a su vencido amo duerme a pierna suelta sin que nada le estorbe.

Así terminado,  el capítulo sería un puro trámite, por lo que Cervantes, en un nuevo juego, introduce otro elemento para que esto no ocurra. Diez hombres de a caballo y cinco de a pie pertrechados para la guerra, secuestran a amo y mozo conduciéndolos hasta un patio del castillo del duque, -al que creíamos desaparecido de escena-, aderezado de tal suerte que les dobló el miedo.

Nos identificamos con el personaje hasta casi fundirnos con él. El suspense está servido y el objetivo de provocar deseo de seguir leyendo, plenamente conseguido.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Viaje a la Arcadia. Don Quijote. Cap. 67 / II



Oleo: Carlos Belmonte

Carente ya del ejercicio de las armas don Quijote se interna en aventuras mentales, reflexivas diría yo. Retornan a él los encantamientos de. Tosilos lacayo, Dulcinea encerrada en cuerpo de labradora y el Caballero de los Espejos mutado a Sansón Carrasco; con el recuerdo del lacayo se introduce un matiz importante: Altisidora. A nuestro caballero, hombre al fin, su orgullo en compensación por su edad y su derrota, le hace verse asediado por las damas que le maldicen por sus desaires en tanto que le entregan prendas para el recuerdo -“diome los tres tocadores”.

La pregunta de Sancho sobre si está en edad y momento de relaciones amorosas provoca una reflexión con un guiño al amor en su sentido místico:

“Mucha diferencia hay de las obras que se hacen por amor a las que se hacen por agradecimiento. Bien puede ser que un caballero sea desamorado, pero no puede ser, hablando en todo rigor, que sea desagradecido”.

De la cita anterior, la expresión “desamorado” nos hace pensar en una referencia al Quijote de Avellaneda.

En el capítulo 12/II el protagonista de Cervantes confiesa al Caballero del Bosque:

“Nunca fui desdeñado de mi señora”.

El Caballero desamorado de Avellaneda por el contrario afirma:

“Cualquier caballero natural o andante que dijese que las mujeres merecían ser amadas de los caballeros, mentía”.

Con sólo “desamorado” destaca Cervantes la diferencia entre protagonistas, para don Quijote no es concebible un caballero sin dama.
Abunda aún más cervantes en la comparación entre el amor material y espiritual al afirmar don Quijote que los tesoros de un caballero son como los de los duendes, se deshacen al tocarlos.

Otra vez, el idealismo del amo choca con el realismo del criado al pretender que éste se castigue las carnes para volver a Dulcinea a su estado origimal:

“Yo osaré jurar que en cuantas historias vuesa merced ha leído que tratan de la andante caballería no ha visto algún desencantado por azotes”.

Es una manera de confirmar, sin decirlo, la locura de su amo, consiente en azotarse cuando haya ganas, lugar y tiempo. Una vaga promesa.

Sitúa Cervantes la acción siguiente en un lugar podríamos decir que emblemático, llegado al cual, en el viaje de ida. don Quijote se deshizo de Altisidora contempló imágenes de caballeros de lo divino, razonó con Sancho sobre la belleza y el amor y defendió la hermosura de las zagalas disfrazadas frente al grupo de lanceros que conducía la canalla malandrina de un tropel de toros, Pero.... No es esto lo que ve el hidalgo; preso de un arrebato sentimental, describe la vida pastoril, que piensa emprender en su obligado descanso donde por cierto:

“Las pastoras de quien hemos de ser amantes”.

Nuestro caballero, hombre al fin, …… parece que va perdiendo el misticismo

 Contra todo pronóstico, hidalgo y escudero compiten por ver quién ensarta mejor refrán, Sancho pasa la noche durmiendo mientras su amo vela.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Hitos en el camino de vuelta. Don Quijote. Cap. 66/II


Imagen: Silvia Tarafa

Desde el momento en que don Quijote es sacado en “silla de manos que mandó traer el visorrey” tras aceptar las condiciones impuestas por el de la Blanca Luna, los desocupados lectores, sabemos que su retirada es un hecho. En esta ocasión veo el camino hacia  “ Un Lugar de la Mancha” plagado de símbolos, “hitos”, diríamos utilizando la acepción pastoril (mojón que sirve para indicar la dirección).

Su propia imagen:
Va vestido de camino, sin armadura, como si se despojara de su envoltura de caballero socorredor de menesterosos.

Sus armas:
Veladas con devoción en la “capilla del castillo”, descansan ahora sobre el lomo de un jumento, compañero inseparable de Sancho, pero jumento al fin.

Vuelve al lugar de su derrota:
Se dice que el culpable vuelve al lugar del suceso para justificar sus actos. Don Quijote se justifica a si mismo: es la mala fortuna y no la cobardía lo que le lleva a tal situación.

El caballo:
Cervantes ha creado un personaje al que no es fácil hacer cambiar, no ha lugar a encantamientos, hace a Rocinante símbolo de la derrota cuando realmente el responsable de la montura es el caballero.

Cuélguense mis armas:
Acepta en principio la sugerencia del escudero, en la época, las armas colgadas de un árbol eran símbolo de victoria para un caballero. Sancho, el filósofo práctico, cansado de caminar, quiere ocupar el lugar de las armas en el rucio y ofrecer a su amo el “honor del árbol”.

Hasta cinco días se pasan ambos en estos razonamientos con los que Sancho, continuando la labor del bachiller pretende sin tapujos que don Quijote abandone incluso a Rocinante.

El gordo y el flaco:
Don Quijote que reconoce estar para pocas, cede al exgobernador –nuevo reconocimiento de su inferioridad- la solución del problema planteado por los labradores.

Tosilos lacayo:
Recibe cien palos por no pelear como tenía ordenado y la moza con quien pretendía casarse es internada en un convento. Símbolo ya repetido en otros encuentros (Andres y Juan Aldudo); la justicia se somete al capricho de los poderosos

Tosilos correo:
Supone el último “hito” en el camino del presente capítulo. Deciamos que don Quijote no es fácil de someter a cambio y Cervantes lo pone de manifiesto en este episodio, el correo es tratado de falso y encantado y Sancho de glotón. Don Quijote no acepta invitación alguna, mientras que “Sancho el Positivo” da buena cuenta del vino y queso del Tronchón, seguro de que las viandas no proceden de ningun encantamiento.

“Sin duda este tu amo, Sancho amigo, debe de ser un loco”  –afirma Tosilos.
“¿Cómo debe? —respondió Sancho. No debe nada a nadie, que todo lo paga, y más cuando la moneda es locura”.

En este diálogo la sentencia es clara: solamente don Quijote es responsable de su locura; está loco de remate y derrotado.