Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

sábado, 6 de noviembre de 2010

La péñola de Cide Hamete. Don Quijote. Cap. 74 / fin

Sanabria Medina

La péñola de Cide Hamete, sale de su plumier con finalidad crítico–didáctica, manifestada en el prólogo de la primera parte:
 
“La obra fue creada para derribar la máquina mal fundada de estos caballerescos libros”.
y capítulo 74 de la segunda:
“No ha sido otra mi intención que poner en aborrecimiento los libros de caballería”.

Aun incluyendo numerosos elementos fantásticos, la novela no se desliza por los terrenos de la fantasía: los lugares por donde se desarrolla la acción son reconocibles; situaciones y personajes, creados como parodia de los libros de caballería se corresponden con la realidad; modo de vida y localización de nobles y plebeyos son veraces.
El texto está construido respondiendo a un mundo real ficcional; persigue el entretenimiento, al tiempo que trata de transmitir, mensaje y denuncia

El tratamiento aparentemente humorístico que El Quijote encierra, contiene, especialmente en la segunda parte, una crítica social y costumbrista junto con una visión ética, denunciando la pereza, ociosidad, arrogancia y despilfarro. La parte más pura de esa sociedad orgullosa de su limpieza de sangre, resulta moralmente la más contaminada.

Don Quijote es un hidalgo, no un caballero, su pretensión de ser lo que no es, molesta tanto a los de su categoría, por la presunción de arrogarse el título, como a los nobles, que lo entienden como invasión de su espacio producto de un trastorno que, sin rubor, aprovechan para su divertimento. Locura e incomprensión son elementos inseparables. La sociedad cuerda asegura actuar por el bien de los locos, impidiendo en la mayoría de los casos su desarrollo personal. Don Quijote es un ejemplo de la lucha por conseguir un sueño.

Sancho Panza, un campesino pobre, al que Cervantes convierte en la imagen de su mundo, es como un espejo en el que se reflejan necesidades, vicios, costumbres y miedos. Sueña con el poder y el dinero, en definitiva, símbolo de la humanidad en su diario vivir.

Dulcinea –que no Aldonza Lorenzo- es la luz que guía el espíritu caballeresco del héroe, la razón de ser de la caballería, la dama nunca vista pero siempre viva.

La péñola de Cide Hamete es juez y parte, y como tal presenta batalla al escritor tordesillesco que aún pretendía una nueva salida a Castilla la Vieja, sin tener en cuenta que con las anteriores, don Quijote ya llevó su fama a los más extraños reinos.

Con Cervantes la novela conquista la verosimilitud, don Quijote no quedará encerrado por loco, el sufrimiento por la derrota le lleva a recuperar la cordura y muere en casa, reposando en la sepultura sus ya cansados huesos, sin dar lugar a mas industrias ni aventuras

El desocupado lector que ha conseguido llegar hasta aquí, espera y desea acompañar, con todos vosotros y un punto de locura, al paseante de La Acequia en cualquiera otra singladura que su agudeza proponga. Vale

Gracias a todos.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Y la luz se hizo; Alonso Quijano el Bueno. Don Quijote. Cap. 74 / II



El comienzo de la lectura, en tono un tanto notarial, deja un cierto sabor a despedida, adentrándose de inmediato en lo que podríamos definir como una proyección de lo cotidiano, en cualquier desenlace familiar semejante, aportando, eso sí, un punto de mensaje y denuncia, con el propósito final de devolver la cordura al protagonista.

La narración presenta un situación normal, extremadamente cotidiana:
Cuantos rodean a don Quijote quieren conservar la esperanza, o transmitírsela al enfermo, cada uno colabora en la medida de sus conocimientos; el bachiller aportando su cultura para el ejercicio pastoril en la nueva Arcadia y Sancho en lucha desesperada por animar a su amo, haciéndole ver la posibilidad de que Dulcinea ya desencantada aparezca tras una mata.

El médico cumple con su deber y aconseja la cura del alma ante la dificultad de la cura del cuerpo,
El enfermo contempla la escena y cansado de tanta actividad, pide cordura a cuantos le rodean. Se acabaron las ilusiones, han cambiado las circunstancias.

“Rogó don Quijote que le dejasen solo, porque quería dormir un poco”..

Un sueño reparador y la proximidad de la muerte sirven para la transformación del personaje, la personalidad literaria -don Quijote de la Mancha- y la real -Alonso Quijano el Bueno- quedan separadas. Se ha producido el cambio en el personaje; recobrada la cordura, don Alonso puede criticar ahora sin piedad los libros de caballería, personalizando en su pasada locura la incidencia negativa de este tipo de literatura,. es en definitiva, el objetivo de la obra desde su comienzo.

“Ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería”.

Como ya ocurriera en otras partes de la obra, la religiosidad del protagonista debe mostrarse,  acude el cura a petición del enfermo -es importante ver que admite su situación con total naturalidad, sin desesperación- para que antes de dictar testamento, le sean administrados todos los sacramentos.

El testamento de don Alonso Quijano, conforta a todos señalando de forma inequívoca algunas condiciones que no hacen sino confirmar la lucidez del hidalgo: si Antonia Quijana se relaciona con quien atienda o entienda de libros de caballería, queda desheredada. Se puede decir más alto, pero no más claro. .

Nueva y finalmente Avellaneda sale a escena cuando don Alonso el Bueno ruega a sus albaceas, en un guiño malicioso, que pidan disculpas por haberle dado la ocasión de escribir tales y tantos disparates. Al convertir en cierto modo al autor del Quijote apócrifo en sujeto del testamanto, le obliga a dejar reposar al Quijote de Cervantes en su sepultura

Durante los tres días que don Alonso continuó vivo, la realidad se impone el dolor de sobrina, ama y escudero van aminorado por la herencia recibida, y es que:"las penas con pan son menos".

Cide Hamete que en principio no quiso poner lugar, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, al fin de la obra establece un diálogo con su pluma que -con permiso de todos- comentaré en una nueva entrada

Habitación, seis días de calentura, reunión de familiares, amigos, cura y notario en torno al lecho del enfermo: Secuencia cinematográfica, con la plasticidad suficiente para, por si sóla definir el capítulo.





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jueves, 28 de octubre de 2010

El descanso del caballero. Don Quijote. Cap. 73 / II


Carlos Ortega

Sancho entra en la aldea y en la sensatez, sabe que no puede representar otra parodia de encantamiento, que tan buen resultado le aportó y anima a su amo, aprovechando la escena de muchachos y cazadores, para que no crea en las niñerías de los agüeros.
Vuelve, no gobernador, si con el dinero preciso para justificar el tiempo de ausencia ante la familia, obtenido, según su versión, en función de la habilidad que le caracteriza, facultad esta de la que Teresa Panza, evidentemente no va a pedirle cuentas.

Don Quijote, transformado en aventurero en virtud de los libros de caballería se encuentra, llegado a la aldea con la realidad: el fin de las aventuras. Conforme avanzamos de la mano del narrador, nos identificamos con el estado emocional del personaje. La derrota se hace patente, todo es interpretado en clave de melancolía, la discusión de dos muchachos sobre la posesión de una jaula de grillos. ¿Por qué precisamente este símbolo? locura, prisión, encierro, simple ocurrencia. No sé; la aparición de una liebre que huye de los cazadores sin conseguirlo  - libertad perdida- todo es mala señal; “Malum signum, malum signum”.

Mientras los azotes de Sancho estaban pendientes se mantuvo viva la esperanza de encontar a Dulcinea, ahora, cumplida la penitencia,  don Quijote se reencuentra con su familia y vecinos, pero no ve a la dama de sus sueños, tal vez está reconociendo que no existe y sólo es fruto de su desbordada imaginación. Cada lector pondrá su resultado

Al hidalgo le queda soñar, soñar a decir de él -que no de su ama- con una profesión menos azarosa que la de caballero andante. Está cansado, cansado de vagar y padecer, vencido, sin ilusión, dejémosle que descanse.

“Y las buenas hijas, que lo eran sin duda ama y sobrina, le llevaron a la cama, donde le dieron de comer y le regalaron lo posible”.

jueves, 21 de octubre de 2010

Vencedores o vencidos. Don Quijote. Cap. 72 / II


Antonio Fuertes

Cerca ya el fin de la obra, es sobradamente conocido por los lectores que ninguno de los protagonistas alcanzó sus objetivos, realmente, ambos regresan derrotados. ¿Derrotados?

El juego que Cervantes establece entre textos y personajes de ambas obras cruzando opiniones y conclusiones para deslindar su obra de la de Avellaneda me parece absolutamente magnífico.

Un personaje de otra obra se introduce en ésta y dialoga con don Quijote: “¿A dónde bueno camina vuesa merced?”, con la cortesía de un caballero don Quijote responde y somete a don Álvaro a un interrogatorio pausado, meditado y preciso, señalando como, en su momento, tomó decisión de no acudir a las justas, por tener conocimiento de que el falso Quijote y el no menos falso escudero se dirigían a Zaragoza.
El hidalgo introduce un notorio canto a Barcelona -grande debía ser la fama de Cataluña en la época para que Cervantes introduzca tan encendido elogio- y solicita a su interlocutor testimonio legal de que se ha producido usurpación de nombre y pensamientos, lo que supone un auto-enjuiciamiento, puesto que forma parte de la obra.

Sancho irrumpe en la escena defendiéndose a sí mismo y a su amo de la suplantación de personalidad de que han sido objeto en esa segunda parte, donde cualquier otro que se haga pasar por ellos será cosa de burla y pesadilla. Álvaro Tarfe descubre tras tan encendida defensa a un escudero, más gracioso que al otro -comilón y tonto- y a un Quijote bien diferente del suyo

No se puede elaborar mejor crítica ni presentarla más delicadamente

El desocupado lector que esto escribe sigue manteniendo que el personaje Sancho nunca creyó en el encantamiento de Dulcinea, por lo que le resulta curioso como Cervantes vuelve crédulo al escudero, haciéndole aceptar el encantamiento de don Álvaro y ofrecerse para desencantarlo sin recompensa alguna.

Cervantes introduce la frase justa y precisa para que el lector tome partido en la obra:

“Y ese don Quijote -dijo el nuestro- ¿traía consigo….”

Este Quijote nuestro es de todos. Lectores, narrador, autor, de todos, actuamos de testigos en la toma de declaración ante la justicia formando parte de “todas las fuerzas que en tales casos debían hacerse”. El pronombre convierte al lector en testigo legal de un Quijote que no es aquel que anda impreso en una historia intitulada: segunda parte de Don Quijote de la Mancha, compuesto por un tal Avellaneda..

Como broche final un resumen impecable de las circunstancias del retorno en boca de Sancho:
Él vuelve azotado, no muy rico, pero con dinero. Don Quijote, vencido por otro pero vencedor de sí mismo, es decir, camino de la curación.

El mejor comentario a este capítulo es leerlo varias veces.

domingo, 17 de octubre de 2010

Un año en El Alfoz


Nombre: El Alfoz
Nacimiento: Octubre 2009.
Lugar de nacimiento: Taller de escritura.
Provincia: Facultad de Humanidades.
Edad: Un año.

Un taller de escritura dirigido por mi querido profesor Pedro Ojeda, el apoyo incondicional de mi esposa y un pequeño esfuerzo por mi parte, colocaron la primera piedra sobre la que se asienta El Alfoz.
Hoy cumple un año gracias a las atenciones que conmigo teneis  todos vosotros, seguidores habituales y lectores ocasionales.


Teresa Arroyo (Bipolar) me indicó en un comentario que "hay días en los que mantener un blog es una carga". Cierto. Una carga que con el puntal de vuestros comentarios deja de serlo.
Superado el miedo tras comprobar el nivel de conocimientos que aportáis en vuestras entradas,  he intentado permanecer en carrera cerca del pelotón, sin perderlo de vista ni perecer en el intento; el esfuerzo, ha merecido la pena.

La lectura y comentario de El Quijote es el punto sobre el que me he  apoyado para seguir con la tarea emprendida hace un año, que espero continuar con la misma ilusión ampliando los temas a tratar para, compartir la experiencia de aprender de todos vosotros e intercambiar lo conocido con cuantos quieran visitarnos.


Un abrazo y gracias a todos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sancho y el árbol caído. Don Quijote. Cap. 71 / II



Don Quijote -fatigado ya- regresa, intentando conservar en lo posible el personaje que asumió al hacerse caballero abandona muchas de las fantasías anteriores, recuperando en ocasiones parte de la cordura; Sancho continúa la evolución siempre en función de sus intereses, se adapta a la situación con un talante más realista, no exento de cierto egoísmo, digamos que aprovecha el árbol caído para obtener leña con la que mantener su hogar.

 En su obligado retiro don Quijote , tiene en el pensamiento puesto en el desencanto de Dulcinea, su fantasía le lleva a considerar la facultad milagrera de Sancho como solución. Éste, al margen de sentimentalismos, lamenta haber perdido la recompensa en especie y como buen conocedor de su amo, prepara el terreno para intentar compensar lo perdido, sabe que la propuesta se le viene encima y se anticipa:

“Si me traen a las manos otro algún enfermo, que antes que le cure me han de untar las mías; que el abad de donde canta yanta, y no quiero creer que me aya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la comunique con otros de bóbilis bóbilis”.

Sin entrar en valoraciones de tipo moral, tenemos aquí un hecho común, habitual en cualquier época. En mi opinión, el personaje Sancho siempre fue consciente de la inexistencia de Dulcinea, cansado ya de corregir problemas ajenos, opta por sacar provecho de la situación. No olvidemos que abandonó familia y hogar para obtener -podríamos achacarle ignorancia- dinero y posición:

Capítulo IV/I: ”Determinó (don Quijote) volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos”.

Capítulo VII/I:  “En resolución, tanto le dijo, (don Quijote) tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, alguna ínsula y le dejase a él por gobernador della. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino”.

Hasta aquí podríamos disculpar la actuación de Sancho calificándola de supervivencia.

Tras el punto narrativo en que el amo acepta las condiciones de su escudero se introduce una especie de gracioso entremés narrando un rocambolesco cálculo de Sancho que no soportaría ni mediana comprobación y da paso a un giro en la actitud de Sancho:  la utilización de la necesidad de don Quijote para sus propios fines.
Sancho se aprovecha de la situación aumentando el precio acordado por su colaboración y no sólo eso, si no que los azotes son simulados con lo que incumple lo prometido. El egoísmo está presente en cualquier circunstancia, y se manifiesta más cuanto más débil es el oponente

Con la ausencia de lances el retorno al hogar es más sereno, ahora el mesón es mesón, lugar  modesto adornado con sargas pintadas de malísima mano a través de cuyos dibujos, cada receptor hace su versión: Don Quijote añora épocas pasadas, Sancho ve sus hazañas reflejadas en todo lugar posible, Cervantes utiliza el párrafo para denunciar nuevamente el alumbramiento "deste nuevo don Quijote" con la misma frase que utilizara en:

Capítulo III/II: “Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba respondió: «Lo que saliere». Tal vez pintaba un gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: Este es gallo.

Dejamos a Sancho con los refranes de rigor, pendiente de su propósito de enmienda y de la aplicación de la pena restante.


viernes, 8 de octubre de 2010

A Sancho lo que es de Sancho. Don Quijote. Cap.70/II


Es la intención de este lector, mantenerse fiel a la secuencia semanal, salvando la tentación de indagar en los capítulos venideros, para acercarse lo más posible a la sensación de una primera lectura, tratando de elaborar una narración de otra narración -el Quijote- con sin duda, posibles errores, pero aportando la frescura de la primera impresión.

“El sueño es alivio de las miserias” -dice Sancho- dolido por el castigo físico y afrentado por las bofetadas.
Mientras uno duerme y otro vela desatados pensamientos, Cervantes, aprovechando el merecido descanso de ambos, hace un recorrido por sucesos pasados, sin duda con algún objetivo.

Comprobamos el rencor acumulado de un contrincante, Sansón Carrasco, que ni olvida ni perdona, y aun reviste su hazaña de la Blanca Luna de buena intención, doliéndose de que el hidalgo don Quijote, fuese loco.
Observamos la refinada crueldad de los duques que tras gozar con burlas y castigos no dudan en compartirlo con bachiller obteniendo de esta manera la información necesaria para tener ocasión de una nueva burla.

Siguiendo la narración de Cide Hamete, retrocedo en la obra para centrar la atención en el origen del comentario del duque al bachiller:
”La burla que Sancho había hecho a su amo, dándole a entender que Dulcinea estaba encantada y transformada en labradora”.
Y acepto el reto que plantea Cervantes para descubrir la verdadera dimensión de Sancho en la industria del encantamiento.

Desde el capítulo XXV de la primera parte Sancho distingue con claridad el personaje de Aldonza Lorenzo: “Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen estuviese ella rastrillando lino, o trillando en las eras". Es claro que no la tiene por gran señora.

Es en el capítulo VIII de la segunda parte, donde se genera la trama del engaño. Acudiendo a él, me permito adjuntar algunas citas:

Don Quijote: “Y allí (en el Toboso) tomaré bendición de la sin par Dulcinea”.

Sancho: “Tengo por dificultoso que vuestra merced pueda recebir su bendición, si no es desde las bardas del corral”.

Don Quijote: “Con todo eso, vamos allá”

Sancho: “Cuando yo vi ese sol (Dulcinea) como estaba ahechando trigo, puso una nube ante el rostro y se le escureció”

Don Quijote: “Debía ser que algún mal encantador vuelve a mis cosas en diferentes figuras”

“Descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor; de modo que el uno por verla y el otro por no haberla visto estaban alborotados, y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase al Toboso”.

Si avanzamos un capítulo -IX de la segunda parte- descubrimos una frase interesante:

“Señor, ya que vuestra merced quiere, a pesar mío, que sea alcázar la casa de mi señora Dulcinea”.

Sancho, ya no insiste, admite barco como animal de compañía y nombra a Aldonza Lorenzo como “mi señora”. Don Quijote satisfecho con el desarrollo firma y ordena:

“Hallemos primero una por una el alcázar, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos”.

Este desocupado lector, entiende que Sancho no tuvo opción; intenta persuadir a su amo y no lo consigue. Pensemos que la situación jerárquica es amo-criado y en consecuencia salió como mejor pudo del mandado de don Quijote.
A mi juicio Cervantes nos deja suficientes pistas para justificar la falsa respuesta de Dulcinea que Sancho comunica a su amo en Sierra Morena y la posterior conversión -capítulo X- de las tres labradoras en dama y doncellas .

Capitulo denso, donde se aclaran los prolegómenos de la burla anterior, Altisidora reaparece como tentación y desprecio para don Quijote, y a requerimiento del “buen escudero” narra un sueño que pretendió ser muerte. Utilizando la fantasía del sueño, Cervantes arremete de manera inmisericorde, nuevamente y sin metáforas contra Avellaneda y su obra .

La fantasía, la irrealidad de un sueño y la confesión del músico, son buen marco para la denuncia