Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

miércoles, 30 de enero de 2013

Grafiti, Arte y Cultura



No reconocer que el título tiene doble sentido o que la  imagen encierra denuncia, sería dos veces injusto.

El grafiti no es un fenómeno nuevo, se remonta a los tiempos del Imperio Romano,y ha perdurado hasta nuestros días (se han encontrado muestras en muros y columnas escritas en latín vulgar).

¿Quién no recuerda grafitis sentimentales en los árboles de nuestros parques perpetuando amores efímeros?

Este "arte urbano" -también efímero- debiera realizarse en soportes adecuados, sin invadir territorios que no le corresponden.

En el caso que nos ocupa entiendo que, así, el "arte" es absolutamente acultural.

domingo, 27 de enero de 2013

Pio Baroja, La lucha por la vida. Ruralismo y servidumbre.



Desde  la perspectiva que proporciona la introducción de   Mala hierba, segunda parte de la trilogía "La lucha por la vida" de Pío Baroja, que desde el club de lectura de La Acequia dirige el profesor y amigo Pedro Ojeda,  la –posiblemente calenturienta- mente de este desocupado lector se asoma a  referencias históricas.

A partir del siglo III de nuestra era, las antiguas ciudades fueron perdiendo protagonismo en beneficio del campo, la urbe entró en decadencia en beneficio del agro. Recintos amurallados fueron  invadidos por campos de cultivo y rebaños que servían de asiento a sedes episcopales anunciando  ya, el modelo de ciudad medieval. La revalorización de la tierra como forma de riqueza, hizo que la sociedad evolucionara en función de la villa rústica.

Con el crecimiento europeo a partir del siglo X la ciudad reaparece y se desarrolla. Más tarde absorberá al campo.

En La lucha por la vida (insisto, apenas atravesado su umbral) se capta la pérdida de contacto con la sociedad rural, y por qué no, una crítica a la ciudad moderna en el tránsito de los siglos XIX al XX, a través de sus protagonistas.

Quiero invitar a cuantos visiten el espacio de El Alfoz, a sacudirse conmigo la pereza y participar en esta gratificante empresa.

miércoles, 23 de enero de 2013

La Verdad, el Tiempo y la Historia



La Verdad, el Tiempo y la Historia (Goya ca. 1800)

Emplearse a fondo en una ocupación puede ser loable, pero no siempre válido o al menos conveniente. Desde octubre del pasado año este desocupado (y desagradecido) lector, se ha empleado con ahínco en algunas -buenas- labores, abandonando, que no olvidando,  a EL ALFOZ hasta el punto de no celebrar como de costumbre su tercer cumpleaños (17-octubre 2012). Le pido, públicamente, desde aquí perdón, por privarle durante este tiempo de las valiosas visitas que le mantienen. Quizás ellas lo hayan agradecido.
Como Pepito grillo en Pinocho, una voz cariñosa me ha recordado sin desánimo  mi obligación y reprochado la deslealtad -gracias Begoña.


Si es cierto que todos los caminos llevan a Roma, bien podríamos a través de una pintura de 1800, reflexionar sobre el presente. Dejando para profesionales el análisis de estilo y técnica y obviando si la alegoría del cuadro se refiere a la Verdad Histórica o la Constitución de 1812, me quedo con el título:

LA VERDAD, EL TIEMPO Y LA HISTORIA.

En diciembre de 1978 España se ilusionó con el cambio. Treinta y cuatro años más tarde (EL TIEMPO), la ilusión se desmorona, la justicia no es justa, la proclamada identidad nacional está en permanente conflicto consigo misma, la lucha por los ideales transmuta a lucha por el poder, la cruda realidad (LA VERDAD) se impone.
Es de esperar que LA HISTORIA que siempre se elabora desde un presente distinto al actual, sirva de referencia y guía para no tropezar en la misma piedra.
En la pintura de Goya la Historia, desnuda, pisa el corpus de una situación anterior.
¡Que así sea!   

jueves, 4 de octubre de 2012

Víctimas del miedo. El lector de Julio Verne



…. Todos víctimas. Víctimas del miedo.

En circunstancias normales, dar cobijo a un amigo, conseguir comida a un hijo o coger moras en la trasera del huerto del alcalde, son hechos normales  -obligado en los dos primeros casos, diría yo. Pero… en tiempos de guerra, peor aún, de posguerra, cuando  se han perfilado ya dos bandos, el miedo todo lo cambia. Lo normal, ya no es normal.

Por miedo, a pesar del hambre, las moras siguen en la zarza, hasta que el  alcalde escoja las más granadas.

Por miedo a sus mandos, dispara el subordinado a sabiendas de que la víctima es inocente. Por miedo a su mirada, lo hace por la espalda.

El odio se auto alimenta del miedo, se convierte en un remolino que, inexorablemente engulle cuanto tiene a su alcance.

Un conflicto  sólo es interminable si “vencedores” -se gana la batalla, no la guerra- y vencidos, quieren que así sea.

La valentía consiste en superar el miedo como tantas veces recordó Doña Concha en Romance de  valentía.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Al otro lado. El lector de Julio Verne



Lo sé. No hay una relación clara entre la novela El lector de Julio Verne y el disco de Hevia.
¿Qué aporta este a aquella?... frescura, diría yo.
Frescura a un episodio -otro más- que sale de la prolífica túrmix de una guerra olvidable. En cualquier caso el título es sugerente, sí aporta algo.

Parto del principio de que en una guerra, fundamentalmente hay víctimas. Víctimas entre los que combaten y los que no, víctimas situadas  a ambos lados de la línea divisoria, y víctimas muy alejadas e incluso ajenas al conflicto y sus causas.

Madres, padres e hijos que, en muchos casos por azar, se han visto situados “al otro lado”, en el menos afín a sus ideas y en consecuencia corren el riesgo de ser: “el enemigo”.

Madres, padres e hijos, que por determinada situación económica o familiar no por convicción, forman parte de un sistema situado “al otro lado” y en consecuencia se convierten en "administradores de la verdad".

Unos y otros, han sido y serán víctimas. En uno u otro lado habrá gente ruin. Es obvio.
Si pudiéramos cambiar  posiciones… ¿Cuál sería el resultado?
Posiblemente el mismo: todos víctimas.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Después de todo era invierno. El lector de Julio Verne



La gente dice que en la meseta norte siempre hace frio, pero aquel día, comenzada ya la tarde el termómetro hacía guiños al puesto  37 de su escala. En consecuencia,  la opción razonable se imponía: bajar la persiana y esperar que pasadas unas horas, los casi 900 metros de altitud llevasen  el mercurio a cotas más razonables.
Sin asociación alguna de ideas, me vino a la memoria Almudena Grandes. En su día, Pedro Ojeda desde el club de lectura de La Acequia, propuso como actividad tras el reposo veraniego El lector de Julio Verne. La circunstancia era propicia para una primera toma de contacto con la obra, y en eso se quedó el intento.

El sol buscaba su hueco en el horizonte, la calle se volvió tentadora, pero ahí estaba yo, analizando línea por línea la novela sin pasar de las dos primeras páginas. Recursos a mi juicio  bien trabajados en el comienzo hacen que el lector, especialmente si esta familiarizado con la climatología adversa, vea el hielo. Sienta el frío.

... y luego viento, un  viento tan cruel y delicado como si estuviera hecho de cristal, un cristal aéreo y transparente que bajaba silbando de la sierra sin levantar polvo de las calles.

Al viento se le antojaba perseguirnos por las callejas y arañarnos la cara con sus uñas de cristal….

… mi nariz que se despertaba en mi cara como un apéndice helado, casi ajeno, antes que yo mismo.

La narración detiene el tiempo en este fragmento sobre el frío, los sentimientos del personaje detienen la acción, y yo, quizá como animal mesetario he sucumbido a una descripción que utilizando técnicas cinematográficas me ha hecho recordar sensaciones vividas en muchas  ocasiones durante los largos inviernos de Castilla.

Ha pasado un tiempo.  He superado las dos primeras páginas y hoy,  a punto de comenzar el otoño, continúo la lectura



jueves, 16 de agosto de 2012

El jardín



Un tanto de rabia y algunas gotas de impotencia multiplicaron sus escasas fuerzas y el eco del portazo, llegó hasta recepción. Su cuerpo, ligero por el paso de los años, se hundió en la butaca orejera que tras mandar a retapizar, se trajo de casa.

-   Hace juego conmigo –solía decir.

Realmente, visitantes y visitados, esperaban con impaciencia la hora de la cena, los primeros, una vez cumplido el trámite para volver al ocio o sus quehaceres, los residentes, libres ya de las permanentes alabanzas a la institución y sus cuidados espacios, se acomodaban, admitido el exilio, a la espera de un nuevo día.
Los nudillos de Marta repicaron a la entrada de la habitación entreabriendo ligeramente la puerta

-   ¿Estás bien? He oído un portazo.
-   Si, si. Ha sido la corriente, ya he cerrado la ventana.
-  Hoy hace un buen día para salir al jardín, no se mueve ni una hoja –contestó la auxiliar. Si necesitas algo, llamas. ¡Hasta luego!
-  ¡Hasta luego! ¡Gracias!
-  Todos aluden al jardín como si fuese la Tierra Prometida.

Lo cierto es que se le fue la mano al cerrar la puerta, pero prefería la soledad de su cuarto en penumbra salvando el sol de justicia del verano y el fingido alborozo del dichoso jardín.

***

-  ¡Hola mamá! Hace un día de perros, parece mentira que estemos en primavera. ¿Cómo estás?
-    Hola hijo, muy bien. ¿Y vosotros?
-   Laura con sus mareos, y los niños cada vez más revoltosos. Ayer Álvaro rompió el jarrón del comedor.
-   Les consentís demasiado. He recibido una carta de la residencia con la solicitud de ingreso.
-   ¿Seguro que quieres irte? Sabes que en casa tienes sitio.
-  Lo sé hijo. Lo sé, pero… Laura, últimamente tan delicada… Tú tienes una familia que atender y tu hermana tiene derecho a su vida, no es justo que se sacrifique por una vieja.
-  Por una vieja ¡No! ¡Por su madre!
-  Lo sé hijo. Lo sé. Cuando llegue Rosa llenamos el impreso y tú me lo llevas.

***

El reloj repitió campanada en cinco ocasiones, la hora taurina marcaba el comienzo del espectáculo en “La Arcadia”:

-  ¡Aquí se está como en la gloria…! -  ¡Qué césped tan tupido…! -  ¡Pero… si esto es lavanda…! -  ¡Tenéis sol y sombra a elegir…! -  Pues no has visto nada, pasa dentro. ¡Tienen hasta Jacuzzi!

Desde la penumbra de su habitación, María veía llenarse de figuras parlantes los espacios en sombra. El eco de un bolero llegó de una radio lejana.

-  Son los Panchos –pensó.

Junto con la butaca, le habían dejado traer el viejo “cuco” que asomó por dos veces su cabecita “cu-cu, cu-cu”.

-  Rosa  no tardará en llegar, sale a las cinco.
-  ¡Hola mamá!
-  ¡Hola hija!
-  Esperaba encontrarte en el jardín, hace un día espléndido.
-  Me agobia el calor, estoy bien  aquí.
-  Pero…tan a oscuras…
-  No empieces otra vez. Estoy bien así.
-  ¡De acuerdo mamá! ¡De acuerdo!