Los movimientos femeninos han evolucionado en
los últimos tiempos notoriamente. Lo sé. Lo sé. Es evidente, una obviedad.
La
mujer del siglo XXI dirige gobiernos, empresas, accede a cualquier titulación,
toma parte activa en las fuerzas de élite… -he vuelto a caer en lo obvio- en
definitiva, que acorta distancias frente a la hegemonía masculina.
Las empresas de mercadotecnia han tomado el autobús
de esta transformación y a través de cuñas publicitarias y pasarelas de moda están
vendiendo la imagen de mujer actual: firme, decidida, segura de sí misma y
dueña de sus actos y así la deseamos todos. Por esto aparecen en prensa y
televisión con paso fuerte y posturas agresivas. El objetivo es vender más
perfumes, joyas o ropa.
El movimiento suave, delicado, de paso corto e
insinuantemente delicado, tiene tinte “demodé”, decimonónico y anticuado, frente al
actual (¿porqué llevarán cara de enfado?) un tanto marcial que, a mí, se me antoja más propio de La Legión.
Admito estar (sólo en éste sentido) pasado de
moda pero al ver en los informativos la reseña de la Valencia fashion week, no
he podido evitar el recuerdo de aquella chica que invariablemente a las 8:40 conseguía que cuantos trabajábamos enfrente nunca
olvidáramos la hora de entrada a la oficina.
Que andar más garboso, decían unos,
jacarandoso afirmaban otros, el más castizo piropeaba: “Si cocinas como
caminas, me como hasta las espinas”.
Hemos pasado de El último cuplé (”pisa con
garbo”) a Tacones lejanos.





