Con puntualidad poco
germánica, el aula iba completando su aforo.
-¡Buenas tardes! –Dijo el
profesor. Mientras llegan los
demás propongo una pregunta.
-¿Fácil? -La voz salió
del fondo.
-Mucho. Quizás demasiado.
A ver….
-Levante la mano quien
sepa la respuesta. ¿Cómo empieza El Quijote?
Algunos levantaron las
dos en un intento de ser el
agraciado.
Descenso de la tarima,
pasillo central tercera mesa, izquierda.
-Tú misma. ¡Cuéntanos!
Apenas dio tiempo a
terminar la frase, y el bosque de manos reapareció.
-En un lugar de la Mancha
de cuyo nombre no quiero…..
-¡Vale! ¡Vale! Es
suficiente. ¿Todos de acuerdo?
El SÍ fue de gol en campo
contrario en cuartos de final. Está chupao –dijo la voz del fondo.
-Pues no. No empieza así.
Empieza en: Desocupado lector…. Toda
obra que tenga prólogo, y una mayoría lo tiene, empieza por él. No debemos
omitirlo. Ahí está la estructura, el núcleo, la razón de ser de la novela. En
él hay claves importantes, imprescindibles, diría yo.
Éste videoclip
promocional de los prólogos literarios se proyecta nuevamente en alguna parte -ni recuerdo ni me importa cómo se llama- de mi corteza cerebral apenas
comenzada la lectura de Aurora roja.
La busca y Mala hierba no tienen prólogo
¿Por qué ésta sí?
Retomo el final del
videoclip.
- Reaparece el hermano de Manuel, por lo que el lector intuye que será pieza fundamental a partir de ahora.
- Juan nace en esta parte como ex seminarista. Ha conocido un caso de profesor pederasta, y leído libros que enseñan cómo es la vida “la verdadera vida, la verdadera vida que nosotros no conocemos”.
- No hay vuelta atrás. El autor, para mostrarlo utiliza la acción: manteo, libros y apuntes, lastrados con una piedra, van a para al fondo del río. "¡Siempre adelante!"
- Con el recurso de la naturaleza Baroja reafirma en Juan la decisión tomada. Caminado de la mano de una libertad recién adquirida, compara la variedad que observa con la monotonía dejada atrás, en un párrafo admirable del que sólo reproduciremos comienzo: “¡Que diversas formas! !Que diversos matices!”. “Y final: “Juan sentía despertase en su alma… sentimientos de una dulzura infinita”.
No debemos perdernos ese párrafo.
- Tenemos ya definido su primer objetivo tras colgar los hábitos. “Quiero ser dibujante”.
- Indudablemente es: luchador, rebelde y sentimental.
- “El camino es de todos –contestó Juan. Y siguió andando”.
- “¡Canalla! ¡Bandido! –Gritó”.
- “En una de las ventanas, había una figura de mujer. Juan sacó su pañuelo y lo hizo ondear en el aire.
- Al final del prólogo un concepto es evidente tras soportar una fuerte tempestad (la naturaleza de nuevo como recurso), no se rinde. “¡Adelante siempre! –Murmuró Juan y siguió su camino”.
El trío, Manuel, Juan, lector,
será sin duda elemento esencial en Aurora roja.
Nunca olvidaré aquella lección sobre la importancia del prólogo.
¡Gracias Profesor!
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