Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

jueves, 25 de abril de 2013

Lorenzo Silva y el Planeta



El espacio comprendido entre butaca o graderío y la cafetería más próxima   se convierte de ordinario en foro donde el espectáculo rabiosamente (o no) aplaudido es discutido y analizado. Las conclusiones suelen variar  en función de la distancia a la que nos encontremos del evento; normalmente a mayor distancia corresponden más comentarios lo que da lugar a que entusiasmo o decepción iniciales se maticen.
La lectura podría entenderse como un espectáculo en el que el escenario es la mente del lector. Éste llega a convertirse en niño en el bautizo o muerto en el entierro,  formando en definitiva parte de la obra a la que otorga su particular interpretación.

Hoy, último jueves de abril, con el hatillo preparado para permanecer un  tiempo en Campos de Castilla, toca poner broche a La marca del meridiano, espectáculo en el que el lector sigue inmerso, por obra del buen hacer de Lorenzo Silva. Cuatro semanas de comentarios, son distancia suficiente para que las ideas se sedimenten, por lo que aún a riesgo de repetirnos exponemos nuestra particular apreciación de la novela

-  Emplea  un lenguaje sencillo, directo con las palabras precisas, sin adornos y algo importante: destaca en sus diálogos el lado humano de los personajes.
- Es actual, tocando temas candentes como el fenómeno terrorista o el catalanismo, vistos sin acritud, en clave individual, muy bien personificado éste en Virginia Chamorro:

“Confieso que pocas cosas en la vida me han causado tanto regocijo como el que experimenté viendo a Chamorro, gaditana de San Fernando y más allá de  su lugar de nacimiento marcada por la austeridad de su ascendencia burgalesa alzar con el tenedor su primer calçot untado en salsa de romesco… después se comió media docena más”.

- No escatima vocablos del momento: politonos, televisión Full HD, Media Mark, Shakira, Mac Book…
- Podríamos añadir realista como cuando señala la austeridad de la Guardia Civil refiriéndose a la habitación de la residencia:

“Tomé para mí la dura silla que había frente a la mesa, de tablero casi minimalista, en que la empresa pretendía que el pringado de paso que se alojara allí hiciera su trabajo”.

- O en el (permítaseme) desconsuelo de Consuelo:

“Que es joven, muy joven….Que le gustan las joyas y tiene quien se las regale. Y que una parte de su cuerpo no se debe a la Providencia”.

- Y por qué no aleccionadora:

“Cuando el mismo sujeto maneja la porra y el sello de certificar según que cosas, se abre la puerta a que se produzcan comportamientos muy poco recomendables”.

La marca del meridiano merece el premio de otras lecturas de la saga policíaca aun para los no seguidores del género. El Planeta es en éste caso a mi modo de ver, un trampolín necesario para ahondar en la obra de Lorenzo Silva.


Imagen: EFE   16/10/2012 

jueves, 18 de abril de 2013

Los ríos se salvan con un puente, las relaciones también. La marca del meridiano (Lorenzo Silva)



Entiendo -expresado en plan simplista- que la novela policíaca es una historia de buenos y malos en la que las correspondientes investigaciones conducen al esclarecimiento de los hechos. Durante aquellas se producen situaciones que pretenden mantener al lector atento al desarrollo. “En tensión”.

Desde mi escaso conocimiento de este (y de tantos otros) género, aprecio en La marca del meridiano una proyección diferente de las relaciones entre personajes. Es frecuente en el género (quizá haya demasiada influencia televisiva) que el jefe haga exhibición de su autoridad con frases cortas y tajantes, sin lugar a réplica y por supuesto sazonadas con la eficiencia que otorga una retahíla de “tacos” demostrando quien manda. En La marca del meridiano también hay tacos, pero la relación es normal, fluida, que ya es de agradecer.

Otra relación interesante es la mostrada con la trinca investigadora. Lorenzo Silva, quiere llegar a todos los públicos y escoge para los  protagonistas  tres edades que representan un abanico social en el que todo lector puede verse representado. Cada día tiene su afán y los años otorgan visiones diferentes de los hechos y la vida. En el caso del guardia Juan Arnau, su participación abre el campo de    las nuevas tecnologías, modos y maneras de contacto social; faceta que no hay que descuidar en el siglo XXI.

Percibimos también. Como diría yo….  una especie de  mensaje intergeneracional en la forma de presentar  la relación laboral del trío protagonista, que transportado al mundo familiar se acerca a cánones hoy quizás un tanto perdidos:
  • Confianza entre los miembros del grupo.
  • Apuesta por la generación que mañana habrá de tomar las decisiones.
  • Respeto y atención a las propuestas de los que tuvieron que decidir, acertadamente o no en muchas ocasiones.

Llegamos a tan aventurada conclusión través de la confianza que el brigada transmite a su equipo, atemperada al insertarse en una cadena de mando militar como es la Guardia Civil. No sé. Acogido al derecho como lector de interpretar la obra, se me ocurre ésta. Otra más entre la muchas posibles.

Encontramos especialmente cuidada la conexión entre el  brigada Vila y Consuelo, la esposa de la víctima. Ya desde el primer encuentro surgen algunas claves de posteriores acontecimientos vitales en el desarrollo de la trama encerrados en este breve diálogo (capítulo 3):

Vila dirigiéndose a la viuda:
“Yo agradezco que me den la oportunidad de arrojar alguna luz sobre todo esto. Sabes que lo apreciaba y que me esforzaré”.

Consuelo:
"Lo sé. Pero tengo mis motivos y deberías imaginártelos".

Vila:
"Pues no, no me los imagino".

La acción y este diálogo comienzan en un puente comarcal.

Reconozco  no acudir al género policíaco mas que en algunos días de playa. Y también que ésta novela tiene algo diferente.

jueves, 11 de abril de 2013

La saga continúa. La marca del meridiano (Lorenzo Silva)



Por descuido o propósito el libro ganó espacio a carpeta y hojas sueltas dejando a la vista la imagen de Lorenzo Silva presidiendo la contracubierta, dos rotuladores, la regla y un lápiz completaban el bodegón. A la derecha, el portátil a la espera, con la hoja de Word abierta.

-  ¿Puedo? –Preguntó con el libro ya en la mano- la marca del meridiano, pero… ¿no estabas con Pío Baroja?
-  Las cosas no son eternas, y las lecturas se empiezan con la intención de acabarlas.
-  ¿De qué va?
- Por un lado yo diría que es un retrato de sociedad en el marco de novela policíaca que engancha al lector no sólo por el suceso, también por la faceta humana de los protagonistas  y sus relaciones que se sobreponen en ocasiones a la propia investigación. Quizás otro aliciente sea la contemporaneidad, podríamos imaginar que se desarrolla hoy mismo.
-  Por lo que dices, te ha gustado. ¡La leeré!
-  Es una buena novela. Por cierto, prometiste seguir nuestros comentarios en los blogs del club. Si así hubiera sido sabrías algo del tema, de sus personajes, que pertenece a una saga del autor, y que como apuntó el profe del club, convierte en presunto  el anonimato obligado para optar al premio:

Por eso, nada más entrar en estas páginas uno se encuentra con viejos conocidos si ha leído otras novelas de la serie (una de las formas más divertidas de desmontar lo que significa el Premio Planeta es que se lo den a una novela presentada de forma anónima en la que los personajes son tan conocidos para todos)”.
                                                                          La Acequia 04-04-2013

-  ¿Todo eso hubiera aprendido?
-  Eso y más, te dejaré el libro con una condición: que compres otro de la serie y lo compartimos.
-  ¿Cuál de ellos?
-  Tú misma. ¡Sorpréndeme!

jueves, 4 de abril de 2013

Meridiano de Greenwich, La marca del meridiano. (Lorenzo.Silva)




Acompañados de nuevo por D. José Manuel Lara, (ya lo vimos en Riña de gatos)  en ésta ocasión con Lorenzo Silva y la protección de una pareja de la Benemérita, abordamos durante el mes de abril la lectura de otro “Planeta”. Y lo hacemos atravesando un meridiano;  línea que, une dos polos lógicamente opuestos.
Uno podría ser el reparo, duda o reserva ante los premios comerciales a escritores u obras que de antemano son vendibles. Otro, la certeza de que todo libro, tiene como objetivo principal ser leído por la mayor cantidad posible de público.

Estamos ante otra entrega de  una serie de relatos policíacos con los que el autor ya obtuvo en el año 2000 el Premio Nadal.
La primera impresión es de frescura, los personajes -al menos a  ojos de éste lector- parecen reales, próximos como un  vecino con el  que uno se  otorga la posibilidad de encariñarte, o reñir con él.

La acción comienza en la Rioja -cuna de tan buenos caldos como la Ribera del Duero- desde donde se apuntan algunas referencias a “la txapela” y continúa en Barcelona.
Lorenzo Silva, apoyado en la geografía introduce en los abundantes diálogos algunas referencias al catalanismo y las policías autonómicas, dejando al lector el posible enjuiciamiento.

El meridiano, sabido es,  une dos polos. La novela de Silva al igual que el arco que une los carriles de la A-2, tiene visos de establecer referencias entre policías, jueces, mundo de la droga y ó la corrupción, por lo que debemos estar atentos a los guiños del autor.

La reticencia hacia los premios que percibimos al comenzar la lectura, queda eclipsada por la sensación de frescura que desprende la narración.

Podemos conocer más de Lorenzo Silva en su página

jueves, 28 de marzo de 2013

Y los sueños, sueños son



Llegados ya al fin de la lectura, buscamos una palabra en la que resumir la trilogía de Don Pío Baroja, comentada en el club de lectura de La Acequia.

 - ¡Buenos días! ¿Has dormido bien?
 - Sí. Creo que sí. ¿Lo dudas?
 - Has soñado mucho. Discutías.


Ese espacio de libertad llamado sueño que los humanos tenemos, donde podemos amar, denunciar, cambiar el destino, es la palabra buscada. La vida es sueño, la fuente que da título a esta entrada. Los versos eternos de Don Pedro Calderón de la Barca en el grito desesperado de Segismundo encadenado, nuestro principio de razonamiento.

     Qué delito cometí contra vosotros naciendo…
     Más sea verdad o sueño, obrar bien es la que importa...

La lucha por la vida,  es  un retrato  que muestra realidades,tomado a veces -no con rigor- por un manual de inculcar ideas, y es también, un sueño.

El sueño de dos doctrinas, socialista y anarquista que  buscan un mismo fin por caminos distintos: generalizar la propiedad dominada por una minoría.

El sueño por evitar el autoritarismo en las clases dirigentes y también en los partidos.

El sueño de la utopía libertaria expresado por Juan en un discurso más moral que político, poco acorde con sus postulados, pero coherente con su sensibilidad.

“La anarquía, dijo, no era odio, era cariño, era amor; él deseaba que los hombres se libertasen del yugo de todo autoridad sin violencia, sólo por la fuerza de la razón”.

Y habló… de las mujeres holladas hundidas en la muerte moral de la prostitución, pisoteadas por la bota del burgués y la alpargata del obrero”.

Hemos releído el  discurso de ese hermoso sueño de la utopía. Sueño, que  se derrumba con el episodio de Trasconejo, “el hombre de La puerta del Sol” y Passalacqua. Con ellos Juan vuelve a la teoría de la violencia. Al atentado como forma de cambiar el estado de las cosas.

No podemos olvidarnos de los sueños de Manuel. Quiere casarse, tener un negocio propio. Todo conduce a convertirlo en un burgués sin inquietudes, mas  no es así, o al menos eso se desprende de sus palabras tras la muerte de su hermano.

“Maldita vida –murmuró- había que reducirlo todo a cenizas”.

Verdaderamente no son las palabras de un burgués, si no la expresión de rabia e impotencia por el tiempo que le ha tocado vivir.

No es malo que la vida sea un sueño, sino que hemos de despertar de él, participar en la representación y salir de escena cuando el regidor lo disponga.

Imagen.

Un perro andaluz. Buñuel

jueves, 21 de marzo de 2013

Ideas contrapuestas, Aurora roja. (Pío Baroja)




El pensador (Auguste Rodin)

El viento helado del norte pugnaba sin conseguirlo por traspasar la frontera de la puerta. La calefacción, sin ganar la guerra, ganó la batalla a la climatología adversa. Sobre la mesa el libro de pastas negras y un café, el segundo de la tarde. Tenía prisa, mas que prisa, desazón por aclarar ideas que le parecían contrapuestas. La acción de Manuel y Juan se había detenido en parte, la narración, pasó mayoritariamente a diálogo tras el que reaparece la idea anarquista con matizaciones del autor

“Como en Juan las decisiones eran rápidas y apasionadas, al retirar su fe en los artistas la puso de lleno en los obreros.  El obrero era para él un artista, sin la egolatría del nombre y sin envidia. No veía que la falta de envidia del obrero, más que de bondad dependía de indiferencia por su trabajo, de no sentir el aplauso del público, y tampoco notaba que si a los obreros les faltaba la envidia, les faltaba también, en general, el sentimiento del valor, de la dignidad y de la gratitud”.

Este párrafo rompió sus esquemas, el narrador mostraba en él, cierta  tendencia despectiva hacia la utopía anarquista, mientras que en las cinco reuniones del invernadero reflejaba los ideales, objetivos, las distintas corrientes o  la utilización de la violencia para  cambiar el mundo.

Con el último sorbo de café iba madurando su opinión sobre el anarquismo, su criterio político evolucionaba  acompañando a Manuel a las asambleas en la hondonada. Afuera, las nubes iban adquiriendo un color entre blanquecino y rosado.
Por un tiempo siguió la silenciosa danza de los  primeros copos de nieve,tras el clik de la lámpara  el libro de pastas negras recuperó protagonismo, y con él Roberto, el amigo y protector de Manuel. Su aparición establece de nuevo la lucha de ideas.

“El montón, la masa, nunca será nada”.

De nuevo la desazón, parecía que ahora la alternativa era el autoritarismo, la diferenciación social o moral.
La anarquía  en principio le pareció seductora, pero utópica, imposible.
El autoritarismo inasumible.

“¡Obedecer a un tirano! Eso es horrible”.

El reloj de la torre estornudó doce veces tras la bufanda de nieve.
 -Tengo que darme prisa –pensó- he prometido prestarlo.
El flexo cerró su único ojo y la oscuridad se fundió con las pastas del libro.



jueves, 14 de marzo de 2013

Retrato de sociedad. Aurora roja, Pío Baroja


Edouard Manet El bar del Folies-Bergére

La melodía de apertura de los portátiles era ya más frecuente que el paso de hojas del libro, conectar y desconectar los aparatos a los improvisados enchufes iba parejo con el roce de las sillas. Afortunadamente los ataques de tos eran escasos, aminorados sin duda por los botellines de agua que presidían cada espacio. En cualquier caso la sala, aunque algo antigua era tranquila. A diferencia de en otras más modernas, consultas y saludos mantenían el tono quedo, apenas un murmullo.

-Imaginé que estabas aquí ¿Qué lees? –dijo el murmullo a su espalda.

Se volvió con el índice cruzado sobre los labios. Siempre aparecía en el momento menos esperado; por toda respuesta el dedo volvió a la boca para tornarse luego en un gesto imperativo señalando la puerta.

-¿Se puede hablar ya?
-Aquí sí. En la biblioteca no. ¡Lo sabes de sobra!
-¡Vale! ¿Qué lees esta vez?
-Un tema de actualidad.
-Esto del vending está bien ¿Verdad? Solo o con leche. Con azúcar o sin azúcar.
-Capuchino sin azúcar. Está bien cuando no se traga la moneda.
-¿Actual dices? ¿Baroja no es de la generación de 98?
-Encaja totalmente en la sociedad actual. El comienzo de la novela narra el proceso de formación del protagonista, que partiendo del “arroyo”, deja de ser antisocial, trabaja, ahorra y quiere montar un pequeño negocio.
-O sea, que pasa del golfería a la burguesía sin más problemas. Un folletín.
-Más bien un lamento. Problemas tiene, no hay atajo sin trabajo. Justamente esa parte de la novela es un buen retrato actual. El burgués como tú dices termina sus ahorros, se pierde en diligencias y permisos burocráticos, le roban, enferma por exceso de trabajo, sus operarios le engañan. ¿No te parece actual?
-Bueno. Sí. Pero es que todo el mundo quiere ser propietario.
-¿Eso es malo?
-No si dispones de medios, para recoger una espiga, has de tener más de un grano. Algunos no germinan.

En el breve camino hacia el contenedor de vasos usados recordó dos párrafos más:

“Entró la Ignacia que recibió a su hermano más sorprendida que satisfecha.tenía la mujer ya su vida formada y reglamentada y su egoísmo se sentía inquieto ante un nuevo factor que podía perturbarla”.

“Perico se detuvo dispuesto a pegarse con el que insultara a su padre; pero Manuel le cogió del brazo y lo empujó hacia la salida.
-Esto es lo que no pasa en ningún lado –dijo Juan.
Sólo aquí hay ese afán de insultar y molestar a la gente”.

Seguía pensando que en el fondo era una novela conservadora donde se resalta que en la lucha por la vida el triunfo de las personas depende de su esfuerzo personal. Al menos hasta ahora –se dijo a sí mismo.

-Te acompaño, cuando termine Aurora roja te la dejo. Seguro que te gusta.
-Al final siempre consigues que siga leyendo. Te lo agradezco.

La puerta automática dio paso a un bravío viento del norte que cortaba la posibilidad de diálogo. Una ráfaga helada deshizo las palabras, sólo entendió ¡Vamos!