Un tema de conversación
es elemento indispensable cuando el aroma del café alegra la tertulia. Hay
asuntos escabrosos -mejor no tocarlos- y
otros simplemente polémicos. En el fragor del cambio de opiniones hablando de
arte no suele faltar la frase “arte con mayúsculas”, que parece, por lo
asumido, un axioma pero no lo es tanto.
Hablamos con frecuencia de artes
liberales, artes marciales, arte de la pesca, artes decorativas…, arte, ¿qué es
arte?, el tema ha ido evolucionando como y con la humanidad. En su primera
acepción hacía referencia a las disciplinas exclusivamente intelectuales en
detrimento de las destrezas prácticas, entendiéndose entonces como tales la
arquitectura, escultura y pintura.
El arte moderno tuvo su principio con el
Manierismo y a partir del siglo XX los “ismos” se sucedieron vertiginosamente
dando lugar a nuevas tendencias artísticas que rompieron con la tradición
anterior.
Sembrado el cisma es difícil tras contemplar (por ejemplo) el Suprematismo dinámico de Malevich o los Dripping de Pollock, evitar pensar en la similitud del primero con los recortes
de cartulina que el encuadernador guarda para emergencias, o la concordancia entre
el segundo y nuestra torpeza al dejar los botes de pintura sobre el alféizar
antes de cerrar la ventana.
Se han roto los moldes
del arte, las Vanguardias no buscan permanecer si no provocar, y lo han conseguido. Tal vez no se
nos ha educado para comprender este arte, tal vez sea menos comprensible
que comercial, no sé. Lo evidente es que
infinidad de objetos que nos rodean, y adornan nuestras paredes son Vanguardia. Se han roto los moldes. Quizás era necesario
romperlos.






