El Juicio
Final: Hans Memling
La actualidad obliga a
manifestarnos sobre la ejemplaridad de MADIBA, pero serán, (seremos) muy pocos
-políticos ninguno- los dispuestos a asumir sus principios y no hacer de la
confrontación -utilizaremos la jerga política- “su hoja de ruta”. La mano
derecha seguirá criticando la torpeza de la izquierda, y esta, la posición
privilegiada de aquella por la sola razón de formar parte de un ser vivo nacido
diestro, sin caer en la cuenta que ambas son necesarias para atar los cordones
del zapato.
La actualidad del Club de
lectura en diciembre, gira en torno a Antonio Muñoz Molina, y sorprende
gratamente comprobar cómo el discurso de la obra se mantiene sin escorarse a
babor o estribor, al margen de los embates de las ideas. Tendencia esta al parecer
irresistible en tertulias y artículos de opinión.
Cierto es que estamos
ante un ensayo: visión particular del autor sobre un tema, y que por tanto no pretende soluciones ni
estudios exhaustivos de las cuestiones que plantea, sino proporcionar una
herramienta para la reflexión y a nuestro juicio, Todo lo que era sólido promete confirmar la teoría. Nos parece un
apunte sólido la necesidad de abandonar el cainismo
de la dos Españas
Adjudicarse como
exclusivo el marchamo de españolidad, progresismo o democracia, viene a ser
como negar la evidencia de que lo contrario existe. Nadie es más español que
nadie, ni deja de serlo por amar su cuna y su lengua. Progresismo suele identificarse
con la libertad individual, y opuesto al Conservadurismo, el término varía en
función del país y la historia; tanto uno como otro a la hora de calzarse debían
de colaborar para ajustar el cordón al zapato del consenso. El día 15 de junio de 1977 (primeras elecciones
democráticas desde la Guerra Civil) con mayor o menor interés, todos nos
matriculamos en “Democracia”. La democracia tiene
que ser enseñada. Lo natural no es la igualdad sino el dominio
de los fuertes sobre los débiles. Como afirma Muñoz Molina, debemos emplearnos en asimilar nuestra lección diaria de democracia. No se nace demócrata.
Todo lo que era sólido invita eliminar la "separación" (apartheid
en afrikáans) por el camino de la reflexión.






