Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

jueves, 8 de enero de 2015

¿Qué es poesía? La sonrisa robada, José Antonio Abella


                  ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
                  en mi pupila tu pupila azul.
                  ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
                  Poesía... eres tú.
                                    Rima XXI
                            Gustavo Adolfo Bécquer
El lector atento de  La sonrisa robada, atrapado en el dramatismo de escenas de abuso y sufrimiento que aun reflejadas con rigor y delicadeza son duras, obtiene compensación con  los momentos de lirismo que aportan las cartas de Edelgard capítulo a capítulo. Llegado al capítulo final, observo que la paginación es simétrica (616 páginas edición 2013) ni el número se ha dejado a la improvisación. Con todo, lo más sorprendente a mi juicio de cuanto encierran es la forma en que José Antonio Abella recoge y narra  historia y tragedia con independencia de las cartas de Edelgard, que indudablemente solo a ella pertenecen. En cada página la obra deja huella al plantear cuestiones morales junto con interrogantes sobre la ética y las conductas sin entrar en razonamientos sobre el bien y el mal. Tengamos en cuenta que el tema nacionalsocialista suele dejar estigmas si no se utiliza el antídoto adecuado, que en La sonrisa consiste en la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa (DRAE: definición de poesía). No hago ningún descubrimiento la cita es del autor:

Durante toda la vida, no solo en su camino a Flensburg, las palabras de Edelgard acompañaron a José. Pero ambos compartimos los genes de un romanticismo tardío y una adolescencia incurable y errática que se agrava con los años. (Pág., 19)

Cada lector, dueño e intérprete del libro que adquiere da un sentido a la obra, valorándola:

  • En función de su mayor o menor complejidad.
  • Por su mensaje.
  • Por su emotividad.
  • Por como cuenta la historia.
  • Por la historia que cuenta.

Todo ello es un valor en  La sonrisa robada. El entusiasmo de quien esto escribe –tal vez agravado también por los años- tiene su razón de ser en el lirismo de la narración. La sensibilidad de José Antonio Abella se transforma en letra para la narración y esta en imagen para el lector que se adentra en el drama humano del vencedor sin tomar partido asistiendo a la trágica realidad del pueblo alemán oculta por otra no menor: el antecedente nazi.

Abella parece solicitar al lector una reflexión sobre la obligación de vivir. Sin el eslabón de nuestra vida la cadena quedaría truncada porque de la nuestra dependen otras, porque a pesar de la desolación y la ruina es posible la esperanza.

Sin embargo, en la tristeza producida por tanta destrucción es capaz de abrirse un hueco la algarabía de los gorriones. De alguna manera, la tristeza es un sentimiento noble que reconduce los espíritus hacia el mundo de las ideas, hacia regiones interiores donde la belleza y el orden son todavía recuerdos queridos y afanes posibles. (Pág., 195).

Si de alguna manera hubiéramos de recordar un amor apasionado a quien lo perdió, el siguiente párrafo sería una buena guía:

De un nudo de su tronco a la altura de mis manos, salen una ramitas jóvenes, con hojas todavía verdes. Corto con el mayor cuidado dos de esas pequeñas ramas. Una es para José. Cuando regresemos le hablaré de ese árbol grande y sano. Le diré que Edelgard duerme a la sombra de ese árbol… (Pág., 235).

Y Abella guarda las dos ramitas en un bolsillo cercano a su corazón. ¿Para quién es la segunda?

El romanticismo -de raíces alemanas- manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al ser humano, da prioridad a los sentimientos. José Antonio Abella aporta junto a estos el necesario punto de realismo:

¿Es que los hombres no se dan cuenta de algo tan sencillo de entender por cualquier mujer, ni tan siquiera los poetas? ¿Es que no comprende que ella no quiere ser vista en ese estado y menos por él? ¿Es que no le importa? ¿Acaso está José tan seguro de su amor que se siente con fuerza para superar las pruebas más difíciles?  (Pág., 336).

No podría terminar sin aludir a un momento que me parece especialmente delicado y tierno de la novela: CHATKA PUCHATKA. Un libro para niños. Una película de Walt Disney.  El osito “Winnie Pooh". Una escuela especial:

-La escuela –pregunto a la joven maestra ya sin duda sobre su oficio- ¿es para niños minusválidos?
-Sí, ya lo está viendo –me responde ella en un castellano casi perfecto- pero la palabra “minusválidos” no es del todo apropiada. ¿Se vale menos por no poder caminar…? (Pág., 593)

Pido disculpas a quien esto lea por el abuso de citas, por la poca aportación. Pero me parece más útil y provechoso leer a José Antonio Abella que perderse en disquisiciones. Cierro con otra cita más:

Las palabras enamoradas de Edelgard y de José son el sustento de este libro. Estamos hechos de palabras. Las palabras son las moléculas de nuestro ser, y mientras ellas vivan tendrá sentido la ceniza. (pág., 442)  


sábado, 3 de enero de 2015

El Náufrago y La Isla. La sonrisa robada, José Antonio Abella


Cuando se hizo necesario buscar referencias sobre La sonrisa robada, -como si de un viaje a Roma donde todos los caminos conducen- todos los indicadores señalaban un destino desconocido: La Isla del Náufrago. Tal vez porque uno a lo largo de los años va coleccionando manías que por suyas son queridas y a las que no está dispuesto a renunciar. Tal vez porque nunca fui demasiado adicto al dinero de plástico más práctico e higiénico que el manoseado papel moneda. Talvez porque a uno le gusta sufrir viendo como la billetera pierde prestigio tras cada pago al contado. O tal vez por fidelidad con el librero amigo; a punto ya de adquirir una tarjeta “prepago seguro”, el Pepito Grillo que uno lleva dentro sugirió:

  -Tanto que presumes de amistad, ¿por qué no consultas con Álvaro? (el librero amigo)-
Dicho, hecho y solucionado.
  -Hombre de poca fe –me dijo- ahora mismo pido algunos ejemplares.

Con ayuda de Google que facilitó las coordenadas, la localización de La Isla del Náufrago fue fácil y su exploración no exenta de sorpresa (una isla en tierra adentro. En Segovia) gratificante. Quien esté interesado en destinos culturales nuevos puede utilizar este enlace, más completo y expresivo que cuanto yo pueda aportar.

“Ambiciosa, difícil y conseguida” Gonzalo Santonja copresidente del jurado del XII Premio de la Crítica de Castilla y León. El Norte de Castilla 22-10-2014
“Una novela muy arriesgada que puede gustar a un público muy diverso” Pedro Ojeda Escudero portavoz del jurado del XII Premio de la Crítica de Castilla y León. El Norte de Castilla 22-10-2014

A estas opiniones sobre La sonrisa robada de José Antonio Abella añadiría yo, alguna reflexión de mi cosecha: el premio cuyo galardón consiste en una escultura de Venancio Blanco se sitúa entre los de mayor prestigio de Castilla y León y carece de dotación económica.

En mi opinión, si la novela estuviera amparada por un premio de “relumbrón” de los que fijan limpian y dan esplendor a la novela española y editada por la empresa que mantiene y dota el relumbre, en mi opinión –repito-  el autor sería mucho más conocido, la novela también y la tirada mucho más amplia. Cabe dudar si le hubieran dejado ser la misma.

La novela “historia de oro” como la define Abella derrocha frescura, autenticidad y realismo solo posibles desde la libertad de acción. Cuando no hay condicionantes al escribir; cuando uno cuenta lo que siente y quiere contar con total libertad sin ataduras sociales ni económicas y cuando como es el caso, se va a editar “sí o sí” dejando el juicio al lector y el beneficio a la gran causa de una asociación cultural sin ánimo de lucro.

José Antonio:

Desde  la indisciplina de la confianza que me otorgo, permíteme agradecerte el gran regalo de Reyes que supone La sonrisa robada, porque es una historia de amor que se lee de corrido, interesa y atrapa. Por las enseñanzas  que encierra. Porque en cierto modo obliga a continuar tu labor investigadora para comprender la historia también desde "el otro lado". 

¡Gracias!

José Antonio Abella es autor también de:
Yuda, La esfera de humo, Crónicas de Umbroso, La tierra leve,  y de un libro de relatos titulado Unas pocas palabras verdaderas.



jueves, 1 de enero de 2015

Certidumbre, investigación, rigor. La sonrisa robada, José Antonio Abella


Recibimos la novela con una cita de Goethe perteneciente a Las desdichas del joven Werther y la promesa del autor de que cuanto nos espera procede de investigaciones rigurosamente ciertas, hasta el límite posible del rigor y la certeza (La sonrisa robada [presentación]). Certidumbre. Investigación. Rigor. ¿Qué encierra La sonrisa robada?

Basada en una relación imposible. En la realidad histórica de la Segunda Guerra Mundial. Contada por José Antonio Abella, narrador en primera persona. Protagonista (tal vez involuntario). Motor de búsqueda en una maraña histórica con vocación de olvido. Coordinador de correspondencias y diarios, La sonrisa robada supone el compendio de una labor documental que cualquiera quisiera para sí y solo algunos realizan.

Es una historia de amor y denuncia narrada con lenguaje claro preñado de nombres extraños. Un libro de historia en el que la veracidad de esta camina paralela a la historia de los protagonistas. Es también la reconstrucción de un escenario dantesco, lleno de excesos, donde la estupidez de los ideologismos, y humana, desde cualquier postulado,  quedan patentes generando una situación de guerra en la como en todas la primera víctima es la verdad; las siguientes los niños y seres más débiles.

Abella en referencia a la historia dice:

[…] para avanzar en el laberinto de la Historia, podemos seguir el hilo de pequeñas historias que la sustentan e iluminan, un hilo dorado que nos ayuda a buscar la salida de sus túneles oscuros, cegados a veces por los derrumbes de toneladas de erudición o embarrados por las interpretaciones resbaladizas. (La sonrisa robada, pag., 240).

Aun arrollada por la historia no debemos perder otro hilo: el de la enfermedad muscular de Edelgard pues constituye una parte fundamental del tema. El perfil médico de Abella toma partido en el diagnóstico para situarlo en lugar preferente. Promueve y mantiene una investigación  apasionante en la narración por cuanto que sus consecuencias condicionan la relación sentimental con José; el conflicto político-social con los valores establecidos y el entorno próximo de la familia, al tiempo que se crea un punto de duda con la posible participación de Oskar Lambrecht en el programa eugenésico Lebensborn (Fuente de vida) para elevar la pureza de la raza aria a su más ato nivel.

Finalizamos y comenzamos año con una novela documentada y documental. 


viernes, 26 de diciembre de 2014

Varados en La Isla del Náufrago. La sonrisa robada, José Antonio Abella


En ocasiones lo que se admite habitualmente llega a adquirir fuerza jurídica. La costumbre se hace ley que dice el refranero. Hace un tiempo, no demasiado, la frase “toda semejanza con la realidad es pura coincidencia” –vano intento de mostrar originalidad- tuvo gran predicamento. Hoy, especialmente en las “pelis” que los fines de semana pueblan nuestras ya no tan pequeñas pantallas, lo que impera es que, la historia a transmitir esté “basada en hechos reales”. El objetivo es, de cualquier modo, que un producto sea comercial, que alcance al gran público.

En La sonrisa robada de José Antonio Abella, toda semejanza con la realidad es pura y dura semejanza. Isla del Náufrago Ediciones responsable de que la novela se haya editado tiene su razón de ser “basada en hechos reales”

Isla del Náufrago, Ediciones,  es el proyecto editorial de la Asociación Cultural Isla del Naúfrago, con sede en Segovia, España.  (Reg. A. JCyL Nº 2606CL/Ley Orgánica 1/2002).  Sus principales objetivos son el fomento de la lectura en pequeñas localidades alejadas de centros culturales y la promoción de autores avalados por la calidad literaria de sus textos.

Ruego desde aquí a autor y editora disculpen tan odiosas comparaciones, pero de algún modo había de empezar. Las primeras indagaciones acerca del libro propuesto para la lectura de este periodo, lo fueron vía Internet, medio por el que amerizamos en La Isla del Náufrago. Creada en 2010 por un  médico rural, escritor y escultor  nacido en Burgos que vive en Segovia para, recogiendo sus palabras:

[…] escribiendo en la marginalidad, que esto ocurre en una ciudad de provincias como Segovia,  no dejar de ser un náufrago en busca de una isla para sobrevivir.

Hoy, especialmente en ese “tótum revolútum” que son los espacios libreros de las grandes superficies, no pocas librerías y algunos suplementos culturales, reinan los best sellers, los superventas, los más vendidos. En el caso de La sonrisa robada ninguna de las editoriales a las que Abella envió la novela, contestó para siquiera confirmar su lectura. La Asociación Cultural Isla del Náufrago en la que radica el proyecto de la editora, destina los beneficios editoriales de la venta, a sus fines culturales y a proyectos de alfabetización en América Latina.


Hay muchas. Muchísimas más razones que intentaré presentar en próximas entradas para  leer La sonrisa robada y, ¡por qué no!, otras publicaciones que los supervivientes del naufragio conservan celosamente en su Isla.   

jueves, 18 de diciembre de 2014

Stettin años cincuenta. La sonrisa robada, José Antonio Abella

Stettin 1940

No llovía como en Flensburg pero una niebla obstinada y cerril dibujaba un cuadro surrealista difuminando paisajes y calles; los escasos transeúntes más parecían sombras fantasmales que ciudadanos camino de cumplir con la diaria labor. La bufanda mimando la garganta, el cuello del abrigo subido, las manos en los bolsillos, en bandolera el portátil y un fárrago de pensamientos desordenados y confusos: segunda guerra mundial, Alemania, Polonia años cincuenta… Habrá que documentarse.

Sí. Creo que fue en septiembre de 1939 cuando Alemania simulando el ataque a un puesto fronterizo invadió Polonia; los aliados le  dieron dos días para abandonar Polonia, transcurridos los cuales le declararon la guerra con resultado prácticamente nulo para los polacos.  A mediados del mismo mes la Unión soviética mediante acuerdo con Alemania, inició una ofensiva por el este, creando el caos en las defensas polacas incapaces de contener dos frentes a la vez. Las últimas unidades polacas se rindieron el 6 de octubre. Las banderas nazis empezaron a ondear en los edificios públicos y las  campanas de las iglesias a sonar, mientras sacerdotes, profesores, maestros y figuras destacadas de la ciudad eran detenidas junto a los judíos. Polonia, nunca se rindió oficialmente, consiguió crear un poderoso movimiento de resistencia en la sombra que colaboró con los aliados durante el resto de la Segunda Guerra.
Bajo la ocupación alemana se procedió a la partición de Polonia: por una parte los territorios del centro y sudoeste del país administrados por el Gobierno General, por otra las regiones que debían ser anexionadas al Reich. En estas últimas regiones germanizadas, se procedió a un programa intensivo de limpieza étnica.

Esta era la situación en Polonia cuando Edelgard, en su ciudad, abandonaba la infancia para entrar en la pubertad. Diez años más tarde comenzaba una relación epistolar con José Fernández Arroyo. Presumiblemente cuando en 1953 este materializó su sueño la imagen que arropando sus ilusiones al inicio del periplo llevaba de Stettin fuera parecida a lo que tras algunas consultas hemos fabricado. O al menos así queremos pensarlo.

Stettin (ahora Szczecin). Su ubicación en el extremo izquierdo de Polonia, sus lazos culturales y económicos con Alemania, su puerto y astillero hacen de la ciudad uno de los mayores centros comerciales y de tránsito.  Cuenta con un centro histórico medieval lamentablemente destruido durante la guerra, del que se han salvado algunos monumentos y edificios. Por su arquitectura ha sido considerada como “el Paris del Norte”. El corazón de la ciudad es una plaza en forma de estrella con muchas avenidas que parten a diversas direcciones. Otro de sus atractivos reside en el verdor exuberante de los numerosos ríos, lagos, bosques y parques que constituyen la mitad del área de la ciudad.

Sus principios se remontan al siglo VIII cuando la cima del castillo fue habitada por colonos eslavos. Durante mucho tiempo perteneció a los duques de Pomerania del Oeste, descendientes de la dinastía que reinaba en Polonia. En 1913 se abrió el canal que conecta Szczecin con Berlín, lo que  aumentó su actividad portuaria. En la segunda mitad del siglo XIX la industria se desarrolló rápidamente gracias al aumento de tráfico en el puerto marítimo. Aunque la imagen original de la ciudad ha cambiado mucho, su carácter único junto con la excepcionalidad de su arquitectura art nouveau  hacen que mantenga su encanto.

Sustituida la natural niebla por el artificio más práctico de las pantallas de neón, su humedad por la sequedad de la calefacción y varios libros sobre la mesa, intentamos -ante la imposibilidad de contar con Lufthansa como Abella- satisfacer nuestra necesidad de conocimientos recurriendo a otras fuentes como paso previo a la contundente  lectura de La sonrisa robada.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Del recuerdo al testimonio documentado. Abordamos una nueva lectura: La sonrisa robada de José Antonio Abella


Concluimos la lectura de Nada: “Unos momentos después, la calle Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí”. Y comenzamos la de La sonrisa robada: “LLUEVE SOBRE FLENSBURG”.

La España de 1945 sujeta a los condicionamientos de una dictadura, no era terreno propicio para el florecimiento de libertades. Posiblemente por esto en Nada no se habla de los actos políticos o religiosos con los que el régimen intentaba hacerse presente en la ciudad europea, abierta, industrial y, culta, pero… conquistada al fin. Ni se habla de la  Falange ni aparece ningún personaje falangista. Tampoco se utiliza un vocabulario oficial franquista, ni los nombres franquistas de las calles de Barcelona. No hay referencias al clima de represión política en la Universidad ni a las persecuciones y seguimientos diarios de los disidentes, ni a la situación de otro mundo que no sea el entorno burgués decadente o no en el que se desenvuelve Andrea. Todo esto nos lleva a otra nueva conclusión: estamos ante una obra políticamente muy bien estructurada. Acudiendo a la biografía resulta interesante recordar que Manuel Cerezales, crítico y periodista literario, con quien posteriormente contrae matrimonio, anima a Carmen Laforet, tras leer el borrador de Nada, para que se presente a la primera convocatoria del Premio Nadal que como es sabido gana en 1945. Entra dentro de la lógica, además de ser habitual, que el autor someta su obra a la consideración de otro profesional y/o editor que ayude en la adaptación. Por tanto, con tutoría o sin ella, Nada tiene garantizado un lugar preferente en el estudio de la novela española.



Del recuerdo en Nada, pasaremos, por lo que se desprende de las referencias recogidas a vivir, a través del testimonio documentado de Abella, episodios de la Segunda Guerra Mundial, desde una óptica diferente a la  acostumbrada  con La sonrisa robada.



¡Comencemos!

jueves, 4 de diciembre de 2014

Obstáculos. Nada, Carmen Laforet

Estación Rosa de Lima (Burgos)

 -Parte sí, pero todo… Todo, no.

Sabía que  el maldito despertador atrasaba siete minutos y también  que era más eficaz en su misión si le programaba en buzzer; la función radio es menos agresiva, propicia esos –como ocurriera hoy- intervalos de espera en posición horizontal antes de levantarse oyendo sin prestar atención a lo que se oye. Tampoco preparó el neceser, ni la ropa, pero, total son cuatro cosas -¡Para un día!
Lo peor fue que el maldito bolso de cabina se empeñaba en no aparecer y no quería llevar el trolley.  -¡Es un trasto!

 -Llamaré a un taxi. Mejor lo tomo abajo. Esta calle es muy céntrica, en el tiempo de llamar termino de vestirme.
 -Todo, no. Todo no puede ser culpa mía. ¿Dónde diablos están hoy los taxis?
 -¡Por fin! ¡Taxi! ¡Taxi!... A la estación de ferrocarril ¡rápido!
 -No se preocupe llegaremos.

No quería echar leña al fuego, y calló. Habría ido mejor por el bulevar. Seguramente intentaba alargar el trayecto, lo que les importa a estos es que el taxímetro suba. Tenía claro que no llegaba a tiempo. Por el billete no había de preocuparse, tenía un abono mensual.
El taxi inesperadamente paró. La maraña boscosa, a veces no nos deja ver los árboles.

 -Ya estamos. Por el bulevar hubiéramos pillado obras. Son cuatro cincuenta.
-Quédese el cambio. ¡Gracias!
 -A usted. ¡Buen viaje!

Al fin los obstáculos se habían salvado, le sobraban tres minutos, la culpa fue del agitado día anterior. Lo del “mal de ojo” es una tontería, pero las fuerzas del sino le había sido adversas, no hay duda. Haría el trayecto leyendo, Nada estaba allí desde la semana pasada. Tendría tiempo sobrado para terminar la lectura.

 -¡El móvil! ¡Me he dejado el móvil! ¡Mejor! Bien pensado hace unos años no sabíamos que existía y vivíamos igual. De cualquier modo ya no tiene solución.

Por megafonía anunciaron la salida y el reptil mecánico presto a la orden, primero lentamente, luego a gran velocidad comenzó a deslizarse disciplinado por el camino paralelo que le habían marcado. Asociación de ideas. El tren de Andrea, era con seguridad, menos rápido y más ruidoso, pensó en Nada, en Andrea, en los obstáculos  que tras abandonar la estación salieron al encuentro de la protagonista.

Moral represiva
La iniciación de una muchacha que llega a la gran ciudad con dieciocho años resulta un tanto desesperante. Tía Angustias aparece dispuesta a exigir un cumplimiento escrupuloso de sus órdenes y a controlar los movimientos de Andrea. Esta mujer frustrada ve en la ciudad un infierno del que ella debe salvar a su sobrina Representa la moral represiva, el orden disciplinario, pero también la falsa moralidad de la sociedad biempensante. Cuando tía Angustias decide marcharse, Andrea ve su liberación.

Hambre
Provocado en gran parte por su proceder infantil e inmaduro, el hambre, atroz que padece en la segunda parte llega a desequilibrar a Andrea no solo por el problema físico de la inanición; psicológicamente, su penuria contrasta con la abundancia de la familia de Ena y el derroche de la fiesta de Pons. Las dos situaciones conjuntadas llegan a convertirse en obstáculo insufrible.

Desengaños
Andrea siente asco cuando Gerardo importuno y paternalista, con quien se había citado, no pierde la oportunidad de besarla. Pons compañero de universidad,  le sirve de enlace con un grupo de jóvenes bohemios que se reúnen en el estudio de Guíxols; le proporciona la sugestión de un cortejo invitándole a un baile para, en el mismo, rodeado de gente de su clase, ignorarla tal vez por su pobreza, por su aspecto. A este nuevo obstáculo de la decepción amorosa,  se suman la relación de  Ena con Román y la de este con la madre de Ena. Andrea vaga a la deriva por los empujes que reciba de una y otra parte.

El tren acortaba distancias difuminando paisajes y objetos en razón directa a su velocidad. La mañana era fresca, la ventanilla lloraba las diferencias de temperatura. En estas meditaciones se le había ido parte del trayecto, sacó el marca páginas de su alojamiento: Tercera parte.

 –Me dará tiempo a terminar la novela –pensó.

“Cuando estuvimos frente a frente en el café, en el momento de sentarnos, aún era yo la criatura encogida y amargada a quien le habían roto un sueño. Luego me fue invadiendo el deseo de oír lo que la madre de Ena, de un momento a otro, iba a decirme. Me olvidé de mí, y al fin encontré la paz”.

Andrea está ya cansada de vivir entre los  dos mundos en que se había convertido su vida. Ha traspasado el umbral de la inocencia, empieza a comprender, a moderar sus entusiasmos.

“El aire  de la mañana estimulaba. El suelo aparecía mojado con el rocío de la noche. Antes de entrar en el auto alcé los ojos hacia la casa en la que había vivido un año. Los primeros rayos de sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí”.

Sumido en estas reflexiones el viajero apenas se percató de como el sol de la mañana reflejado en la  pérgola de la estación, parecía  hacer guiños de cita al reptil mecánico que supuestamente halagado por ello o por otra perentoria necesidad iba disminuyendo su marcha. Solo cuando se detuvo devolvió Nada a su lugar en el bolso y se dirigió a la cafetería.


 -Un café con leche y un croissant, ¡Por favor!