Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

miércoles, 21 de octubre de 2015

EN RED DESDE EL SENO MATERNO


No diré que me ha sorprendido.

Vivimos tiempos nuevos, y con esta verdad de Perogrullo quiero referirme  a este tiempo tecnológico de desarrollo continuo en el que los  acontecimientos se transmiten  por “la red” prácticamente en tiempo real.

7:30 AM, café con leche, tostadas (2), recojo mis bártulos sin olvidar el Smartphone, bus repleto –tengo que hacer un artículo para Literatura y Periodismo- voy sobrado de hora, la lucecita azul parpadea: es un WhastApp. No me ha sorprendido, tal vez sí apenado y empujado a la reflexión recibir la ecografía enviada por una alborozada pareja cercana: “Te mando la primera fotografía de nuestra hija”.

¿Por qué he de extrañarme que si  los niños, tan pronto adquieren capacidad visual,   si ya están en la red desde el seno materno,  se resistan a tomar el “bibe” de refuerzo si papá no pone los Cantajuegos en su Smartphone; que alcanzados los tres años, lo educacionalmente correcto sea que se familiaricen con la consola, para que a los cinco manejen la tablet con soltura y a los siete tengan  la necesidad vital e imperiosa de un móvil con tarifa plana?

Hoy un niño mientras toma el pecho está ya recibiendo estímulos e imágenes televisivas en ocasiones violentas que, sin propósito pero con insistencia, se van grabando en su cerebro. Formación suplementaria; inconsciente si se quiere, pero formación al fin de contenido no controlado.  Esto sin hablar de la publicidad. No hay grupo social que, especialmente en fechas señaladas, reciba más presión publicitaria televisiva –muchas veces engañosa- que el infantil. No es este un alegato contra las nuevas tecnologías. No. Sí, una llamada de atención a la propia conciencia.

Ordenadores tablets y smarthones, son necesarios, imprescindibles, pero no debemos dejar a un medio mecánico, por muy técnico y sofisticado que sea la formación infantil. Es obvio que el binomio niño – pantalla dará como fruto tranquilidad en el entorno familiar abrumado por el trabajo; novedosos conocimientos; asombro de familiares y orgullo de padres y abuelos. No lo es menos que aun cuando elijamos para la consola juegos estimulantes la relación humana, se verá resentida.

La televisión anula el diálogo en las comidas, el WhatsApp se cuela en nuestras reuniones, Facebook divulga a nuestro pesar imágenes de un evento en el que sólo pretendíamos participar. La tecnología que forma ya parte de nuestra vida, debe estar presente en la escuela y en la vida como herramienta no como fin, la educación en suma debe dejarse a los educadores humanos.


A fuer de ser sincero no me sorprende, pero me confunde.

sábado, 17 de octubre de 2015

Cumpleaños con Alicia en el País de las Maravillas


Representación  de 'Alicia en el País de las Maravillas', en Londres hacia 1900. / CORBI

Alicia, junto a Sombrero Loco, el Lirón y la Liebre de Marzo, celebraban durante 364 días la fiesta del “No Cumpleaños”. A mediados del siglo XIX un profesor de matemáticas de Oxford contaba, como tantas otras veces,  partiendo de comentarios y sugerencias de las niñas una historia para entretener a las hijas del decano. Una de ellas se llamaba Alicia y ese día le correspondía ser la protagonista del cuento que el reverendo Dodgson improvisaba. De esta forma y circunstancias nace Alicia en el País de las Maravillas.

No todos los días se cumplen años ni todos los cumpleaños son iguales. El Alfoz cumple hoy seis años obligado por circunstancias a no cumplir con la periodicidad habitual de publicaciones. Alicia tardó en comprender el sentido del "No Cumpleaños", El Alfoz todavía no ha asimilado la "No Publicación" y sin tarta ni piñata celebra el día recordando y agradeciendo a sus seguidores la fidelidad y cariño  que durante estos seis años le han dispensado con  desinterés.


¡¡¡GRACIAS, AMIGOS!!! 

domingo, 4 de octubre de 2015

Diego Fernández Magdaleno. Viernes 2 de octubre


El tiempo, consumido por circunstancias adversas era el culpable. ¡Algo habría de serlo! Llegaba justo, casi tarde, a la cita colectiva del Club con el autor de El tiempo incinerado. Había leído el libro, no como todos porque tampoco era como todos [Diario.2004], porque un diario encaja en el contexto de su propio día, porque en comunión total con el autor quedaba con más dudas de las que traía, porque… El encuentro con Diego Fernández Magdaleno sorprende -más que el piano de cola en el centro del escenario- por su sinceridad desgarradora, por una cercanía insospechable:

No sé por qué lo hago, no sé por qué me leen, necesito escribir, necesito interpretar y que cuando lo hago me escuchen…
- 
Con El tiempo incinerado nos regaló un trozo de su vida; con su presencia se disiparon muchas de las dudas con que arribé a la sala, con el torrente sonoro de su interpretación (¿Suite en varios tonos?) sobrecogido a veces, me acerco a la música contemporánea. ¡Todo un lujo!

Amigo Diego: ¿puedo llamarte amigo? Hasta el viernes 2 de octubre yo era de Chopin, Liszt, Mozart, Beethoven, y sigo siendo. A partir de ahora el abanico será de doble faz. Sobre la mesa espera Razón y desencanto.

¡¡¡ Gracias ¡!!


La entrada, a tono con [Diario.2004] quiso titularse Viernes 2 de octubre. La realidad virtual en que nos manejamos aconseja lógica en la búsqueda.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El toro de la Vega. La identidad. La tradición, Los localismos. La no dependencia


El tema no es nuevo. La competencia entre el hombre y el toro (al margen de la caza) en la Península Ibérica ha tenido desde antiguo partidarios y detractores. Ya a mediados del siglo XIII Alfonso X prohibió que el hombre se enfrentase a cualquier animal para combatirle por razones económicas, admitiendo no obstante el encuentro si el fin era mostrar su valor y destreza. Las fiestas, torneos, o como quiera que -con más o menos acierto- se quiera denominar siempre vivas e imprevisibles en que el toro es protagonista de un espectáculo con más defectos y brutalidades que estética, han sido y son cuestionadas por razones económicas, religiosas o de sensibilidad pero se mantienen al día de hoy.

En España, a diferencia de otros países europeos perviven costumbres creencias y actitudes de tiempos atrás -podríamos con certeza remontarnos al Medioevo- actualizadas y puestas al día en lo externo pero sin perder la esencia primitiva en lo emocional. Estos usos y costumbres se detectan con profusión en el sentido de lo religioso no sólo en recónditos pueblos, también en las ciudades. Leo en dos artículos de Antonio Muñoz Molina recogidos en La huerta del Edén[1]: “La semana Santa a parte de confirmar la evidencia de que todo rastro de laicismo público está siendo abolido en Andalucía…” (Ética del agua) y más adelante: “Si los novios (en referencia a Antonio Banderas y Melanie Griffith), como han prometido en público, vuelven por Semana Santa, lo más probable es que los alcen sobre un trono y los paseen en procesión” (El pelotazo del verano). Recordemos que Banderas ha dirigido el trono de la Virgen de las Lágrimas en las procesiones de Málaga. Creencias y actitudes que también se hallan presentes en la mal llamada Fiesta (de origen incierto) Nacional que forma parte del modo de ser español (hasta en pequeños pueblos había plazas de toros fijas o improvisadas) y expresión del primitivismo (sin connotación peyorativa) hispano heredado de una tradición que vinculaba estos festejos al sentimiento: nobleza, valor, elegancia, arte…

Tal vez debamos buscar en lo profundo de estas y otras muchas manifestaciones e identidades “tan nuestras” la razón y empecinamiento en mantener como grupo, determinadas posturas que en ocasiones no mantenemos en lo individual. El toro de la vega, hoy de plena actualidad, es una de ellas. Localismos, independencias, diferencias étnicas, religiosas, la tolerancia a inmigración y exilio, son otras más. Los enfrentamientos no se producen sólo por defender ideas, situaciones o expresiones culturales, las más de las veces orgullo y sentido de pertenencia llevan a defender la sinrazón.




[1] Ollero Ramos Editores, Madrid,1996

jueves, 10 de septiembre de 2015

Novela o diario. El tiempo incinerado: Diego Fernández Magdaleno


El tiempo incinerado que Diego Fernández Magdaleno subtitula [Diario. 2004], en opinión de Antonio Carvajal que prologa la obra debe leerse como: “novela, reitero y no diario”. El lector convencido de que El Quijote comienza en “Desocupado lector” concluye el prólogo y situado en el  comienzo hojea el libro (siempre lo hace) en busca de no sabe que comprobando la certeza del subtítulo, el formato mantiene la inmediatez de lo anotado al hilo de acontecimientos diarios. No concuerda con novela. Recordando a Rosa Navarro Durán cuando en La mirada al texto escribe: “Toda palabra cobra su sentido en su contexto; hasta que este no se completa, no pueden precisarse con nitidez sus matices. El acto indispensable previo al comentario es, pues, la lectura del texto completo”. Procede en consecuencia, lee la totalidad del texto y volviendo una y otra vez sobre algunos párrafos amén de consultar detalles biográficos de la extensa onomástica, pone el acento en responderse, más que responder, a algunas preguntas y reflexiones que El tiempo incinerado le sugiere.

Unas de orden político-social:

“¿Cómo explicarnos que personas ineptas para cualquier ejercicio intelectual mínimo, ocupen cargos de suma relevancia en diferentes instituciones?” (pp. 27-28).

Un superficial análisis subjetivo nos dará la respuesta: nosotros, a pesar de la constatación reiterada de tanta palabra y promesa incumplida, LOS ELEGIMOS y en muchas ocasiones permitimos que se mantengan en el puesto por décadas. A este respecto en la página 33 hay una sabrosa reflexión de Jacques Derrida: “Cuanto más confuso es un concepto, más fácil se muestra a la apropiación oportunista”.

Otras artísticas:

En la pág. 41 se cita una definición que Maurice Denis público en 1980, en Art et critique:

“Un cuadro, antes que un caballo de guerra, un desnudo femenino o cualquier otra anécdota, antes que un tema es, esencialmente, una superficie plana cubierta de colores distribuidos en un orden determinado”.

La definición relativiza el tema convirtiéndolo en algo secundario y prescindible para centrarse en el color y los recursos pictóricos, pero si lo que se busca es que el común de los mortales comprenda la obra es necesario mantener un orden y aquí podríamos entablar otro debate (no es el momento), sobre que es el orden. A mi juicio, la incomprensión que acompaña al expresionismo abstracto y suprematismo por poner dos ejemplos  es, justamente, la falta de orden en formas y colores y el abuso de  la uniformidad. Como ejemplo gráfico: Jackson Pollock trabajando en su estudio y  Cuadrado blanco sobre fondo blanco de Kasimir Malévich con que comienza la anotación del 29 de febrero (p. 39).
   
Y algunas obsesiones:

La música.
La obsesión por la música se justifica por sí misma en quien  ha sido director del Congreso sobre Creación Musical Contemporánea de Valladolid; presidente en España de la Asociación Europea de Profesores de Piano;  miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción; director y profesor del Conservatorio de Música de Valladolid, y  Premio Nacional de Música 2010 en la modalidad de intérprete.

La muerte.
La muerte que espera agazapada tras las batas blancas, los guantes los hospitales, que no tiene nada de natural porque lo natural es vivir; que obsesiona cuando amenaza apartarnos de quien con nosotros compartió su vida.


El lector, satisfecho, recuerda lo que Fernández Magdaleno anota en la página 34 y se va con más dudas de las que traía.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Nuestro pequeño mundo


Desayunamos cada día con una nueva entrega del drama Mediterráneo escenario del mayor de los éxodos humanos desde la segunda guerra mundial con… digamos cierta indiferencia y perspectiva de avestruz ante contratiempo. Olvidados deliberadamente  del mundo al que pertenecemos, tendemos al convencimiento de que “no  caben todos” obviando las soluciones globales que con razón reclamamos como europeos para otras cuestiones. Verdaderamente es difícil y conflictivo  instalar a todos en un solo lugar Grecia, Italia, España, (por ejemplo) pero sí pueden ser acogidos entre los 503 millones de personas que habitan en una Comunidad (UE) cuya superficie es  de cuatro millones de kilómetros cuadrados. La tan temida inmigración supone solamente una  pequeña parte del total que abandona su país de origen por miedo a guerras, hambruna, violaciones y destrucción, la mayor parte de refugiados se queda en países en vías de desarrollo como Turquía, Jordania, Irak, Egipto, unos por convicción, otros por imposibilidad económica de sufragar un viaje en patera.

La respuesta-rechazo a la migración tiene a mi juicio su origen no en  estos movimientos, sino que nace de nuestro entorno más próximo, de nosotros mismos por miedo a perder eso que llamamos nuestra libertad. El pequeño mundo de trabajo, descanso costumbres, vida social en suma, donde quema horas el reloj de nuestra vida reacciona en contra del fenómeno migratorio.

Cuando el arribo de familiares o amigos a nuestra playa es liviano en responsabilidad, o de corta duración (vacaciones compartidas o “entrañables” fiestas navideñas con cuñado recalcitrante) nos mimetizamos con la circunstancia asumiéndola como mal menor: “para eso estamos”, “lo que haga falta” -solemos decir. Veamos: si por razones económicas, de enfermedad, sociales, etc., en nuestro espacio desembarcan familiares o amigos para tiempo no mensurable; horarios, costumbres, formas, chocan en nuestro pequeño mundo como en novela de ficción y comienza en nuestro interior la instalación de alambradas y concertinas mentales. Compartir pasa a ser oneroso, convivir trabajoso y nuestro tiempo se distorsiona. Somos... solidarios a tiempo parcial.


El tema de los refugiados no es fácil. No. Y menos para ellos, pero si volvemos la vista a nuestro pasado reciente veremos que la situación de hombres mujeres y niños que pueblan hoy andenes y fronteras huyendo del hambre, la guerra y la injusticia no difiere de lo que aconteció a nuestros padres o abuelos. También ellos buscaron un lugar mejor para sí y sus familias. Vivimos -a pesar de todo- en un mundo privilegiado.  Sólo cabe la generosidad.

jueves, 27 de agosto de 2015

La importancia del nombre


Los nombres nos son dados por nuestros padres –salvada aquella costumbre de adjudicar al nacido la onomástica del santoral- por alguna razón o con alguna intención que para ellos encierra algún significado. Unas veces es la perpetuación: Carlos I, Carlos II, Carlos III; otras la sonoridad: Don Ángel, Don Ramón;  en otras, la identificación personal se corresponde con figuras deportivas, personajes del espectáculo o del mundo folletinesco. De cualquiera de las formas, nombre y tratamiento tienen notoria  importancia.

Era el mayor de dos hermanos, una persona normal de familia normal y corriente como decía su padre y que siempre -como le enseñó su madre- cumplía con la norma “para ir por la vida con la cabeza bien alta”. Nunca cuestionó estos principios, observarlos era lo correcto. Todo, hasta su nombre, era tan normal como la novela de su vida. No hay atajo sin trabajo hijo –decía su madre- y así, desde el convencimiento de que cada día tiene su afán, a trabajar dedicó sus esfuerzos sin más alharacas.
Veinte años laborando codo a codo con el propietario de una pequeña empresa, con no menor dedicación que si fuera suya dieron como fruto una relación entre ambos más de amigos que de otra cosa; Ángel y Ramón, los hijos del jefe compartieron colegio y juegos con los suyos y en ocasiones hasta lugar de vacaciones. En casa era frecuente ver ocupada la mesita del salón con planos y estadillos de trabajo.
-  Tengo ganas de que te jubiles, al menos podré tener la casa sin papelotes por todos los sitios –decía Laura.
-      Moriré con las  botas puestas -contestaba él.

No es que fuera enemigo del paraguas. No. Si no que lo olvidaba en cualquier lugar; lo prudente, aún a riesgo de perderle, hubiera sido llevarlo consigo camino del trabajo situado lo suficientemente cerca como para que una tormenta tornase en esponja al confiado andarín .
Caían las sombras de la tarde, las nubes de gran tamaño y un gris opaco que venían del norte deformándose continuamente casi arrollando los tejados, presentaban  el aspecto de una cadena montañosa para terminar su desarrollo en una especie de monstruo de gran tamaño y desgarrarse convertidas en aguacero diagonal y furibundo  que arrastrando tierra de lomas cercanas convertía la calle en un lodazal. La humedad, llanto poético del dolor de su vejez, rezumaba por tejados y paredes de los edificios más longevos.
-      Juan: mi padre quiere retirarse y  me haré cargo de la empresa. Él y tú siempre os habéis tuteado, lo sé, pero en el futuro debes llamarme Don Ángel, ya sabes: es por el “qué dirán”, hay que guardar las formas.
 A cien metros de la nave industrial volvió la vista; la cortina de agua apenas si dejaba adivinar la luz del despacho que acababa de abandonar, cuanto más recordaba el monólogo, más se confundían sus ideas.

Debí sacar el paraguas –pensó de vuelta a casa.