Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

jueves, 9 de julio de 2020

La vieja sirena de José Luis Sampedro: un canto a la vida.



Recreación: El faro de Alejandría


Para superar sin morir en el intento más de tres meses de confinaestadoalerta eran precisos apoyos de cierta entidad: algo tan contundente como una novela histórica y / o tan persuasivo como una historia de amor no convencional. El tiempo en última instancia no era lo más importante pero sí proveerse de un medio para emplearlo adecuadamente, la solución para no transgredir el confinamiento residía en la biblioteca propia. Tras la inmersión José Luis Sampedro y La vieja sirena se ofrecían como valor seguro.

Las sirenas de la Grecia clásica eran grandes aves con cabeza y pechos femeninos, pero como después nos hemos acostumbrado a la mujer-pez de la mitología nórdica, he considerado preferible configurar a mi vieja sirena de acuerdo con la versión moderna.
Aparte de esa deliberada infidelidad histórica, confío en no haber cometido muchos errores al describir las grandes líneas y los detalles del mundo antiguo en el siglo III de nuestra era. (Sampedro 1990:673).
Sampedro, rolando a Egipto tras Octubre octubre, nos ofrece una novela de ambiente histórico convirtiendo un mito (la sirena) en personaje (Glauka). La Alejandría de los años 257 al 274 (d.J.C.) en el espacio idóneo para, en un contexto de luchas, poder y muerte crear una historia donde vida, amor e ilusión, cohabitan con política costumbres, dioses y templos. La narración, coral, se centra en tres personajes principales: una bella mujer, un poderoso comerciante y un filósofo.

La vieja sirena es una novela de amor y entrega, también un relato fantástico sensual, erótico y delicado:

El ritmo viril no es agresivo sino cósmico: vaivén de olas, palma mecida por la brisa. La piel de sus flancos se entrega a los muslos que la acunan apoyándose en los pies que sostienen el vaivén. Se siente mecido en una ola de carne que le envuelve con unas manos en su espalda, arañantes o acariciantes, y que le embriagan los oídos con el jadeo amoroso, con la palabra hecha música. (Sampedro 1990:225).
Un canto a la vida con viaje al alma humana. El mundo aperturista en el que creemos vivir se queda chico ante este de Sampedro no solo en lo que a relaciones personales se refiere:

Se habían quedado solos en aquel descampado. Solos bajo el alto cielo acribillado de estrellas, en el círculo intermitente de unos ladridos lejanos. Pero a ella no la hubiera detenido ninguna presencia. Apoyó las manos en los hombros de Uruk y, sin esfuerzo, aquel torso de roca se dejó recostar sobre el viejo tapiz que siempre le servía de lecho. Ella se inclinó despacio, como desciende la cargada nube sobre el campo sediento, y le besó en la boca. (Sampedro 1990: 178-179)
Política, luchas intestinas y sociedad caminan muchas veces en paralelo con nuestro día a día.

El desorden creciente del imperio es notorio para todos. […] La administración se relaja y todos procuran aprovechar el tiempo que duran en sus cargos fomentándose así la corrupción. Los grandes negocios se logran casi siempre a fuerza de concesiones, subsidios o monopolios. La obsesión en la corte es controlar por lo menos a los pretorianos y contentar al pueblo romano mediante espectáculos, fiestas y reparto de víveres. (Sampedro 1990: 350-351)
Transcurre –muy documentada históricamente– en un tiempo en que dos grandes imperios: romano y persa, iniciaban su decadencia, mostrando como las barreras que orgullosamente presumimos de haber derribado son de creación relativamente reciente; tiempo ha, no existían.

El desocupado lector –disciplinado seguidor de Sampedro– alcanzó la página 670 disfrutando de la fuerza y buen hacer del autor; gracias a él actualizó los mitos a su propio devenir y participó con los protagonistas en el desarrollo de la trama apoyado en dos recursos omnipresentes en la novela: el monólogo interior y la narración en primera persona.

Un canto a la vida.

miércoles, 12 de febrero de 2020

COMPLEJIDAD Y SIMBOLISMO. POETA EN NUEVA YORK, RAFAEL GARCÍA LORCA



Autorretrato en Nueva York (Federico García Lorca)

Quiero pensar que una de las formas de expresar gráficamente la complejidad de Poeta en Nueva York (otra de las habilidades de Lorca fue el dibujo) es su trabajo en tinta sobre papel titulado Autorretrato en Nueva York, fechado entre 1929 y 1931, por cuanto tiene de expresión íntima y reflexión sobre lo real y lo irreal.

Cuando escribimos conscientemente o hacemos «monigotes» en una hoja (inconscientemente) proyectamos sobre el papel algo de nuestra personalidad y estado anímico. Autorretrato, ese mundo abstracto de esquinas; animales peligrosos; rascacielos con ventanales sustituidos por letras; una cabeza sin cuerpo de cara ovalada y cejas muy pobladas, en mucho se parece a: «interpretación personal, abstracción impersonal sin lugar ni tiempo» que es como Lorca definió en la entrevista concedida a La Gaceta Literaria en 1931, el libro que hoy conocemos como Poeta en Nueva York.

Nueva York para Lorca es una ciudad no menos negativa y destructora de valores, que la Metrópolis de Fritz Lang:

Óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a Hacer? ¿Ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
Oficina y denuncia
.
Una ciudad donde solo el dolor del poeta muestra el sufrimiento de los hombres desamparados incluso por la Iglesia:

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
[...]
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha contra la inundación.
Grito hacia Roma.

Pero con Lorca el tema del amor siempre está presente, con él comienza el poemario:

Allí, león, allí, furia del cielo,
te dejaré pacer en mis mejillas;
allí, caballo azul de mi locura,
pulso de nebulosa y minutero.
Tu infancia en Menton.

Con él, concluye la obra dejando atrás la ciudad del desamor y un deseo. La Habana:

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago.
[...]
Y con el rosa de Romeo y Julieta
Iré a Santiago.
[...]
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
Son de negros en Cuba

El lector no ha encontrado en Poeta, los personajes objetivos y en ocasiones patéticos que mostraba el mundo interior del protagonista de Romancero.


viernes, 17 de enero de 2020

LA DESEABLE ARISTOCRACIA DE LOS MEJORES. ESPAÑA INVERTEBRADA, DON JOSÉ ORTEGA Y GASSET



En algún lugar del ensayo de cuya página no puedo acordarme don José Ortega y Gasset puntualiza que: cuando habla de aristocracia no debe entenderse «lo que por descuido suele aún llamarse así», sino que debemos tomar la acepción 1 del DLE: En el mundo clásico, forma de gobierno según la cual el poder político es ejercido por los mejores. Partiendo de esta definición y portando por enseña sus tres últimas palabras, abundamos en la lectura de España invertebrada.

«Por los mejores», he ahí la cuestión. A cada nuevo plebiscito con el que los Poderes Públicos nos regalan el oído, nosotros, la escasamente rebelde masa, correspondemos eligiendo a nuestros mejores, es decir, a los menos malos de los propuestos. Ocurre que cuando «la aristocracia ha perdido sus cualidades de excelencia», nosotros, la masa, vagamos sin rumbo por las listas electorales optando por la solución que menos nos molesta, «generalizamos las objeciones», cambiando deseos por tenencias (más vale tener que desear) en vez de sustituir la aristocracia propuesta por «otra más virtuosa». Por ello, o consecuencia de, «la nación prosigue aceleradamente su trayectoria de decadencia» en tanto que nosotros, la masa –«un día, la burguesía; otro, la milicia; otro, el proletariado»– en conversaciones de sobremesa o barra de bar buscamos con ahínco eso que con notable éxito de crítica y público ha dado en llamarse un plan director que minore el previsible fracaso. Tras de cada tiempo, «suele iniciarse una nueva época histórica; el ciclo histórico se cierra y vuelve a abrirse otro. Comienza un periodo en que se va a formar una nueva aristocracia».

De alguna manera la actualidad tiene un cierto parecido con las épocas Kitra y Kali a las que alude don José y que no son particulares de nuestra, no todo lo que deseamos vertebrada España, sino que, todos los países, con las pertinentes variaciones, presentan el fenómeno recogido en la religiosidad tradicional india (flaco consuelo el nuestro).

Esperemos que el alumbramiento de una nueva aristocracia traiga bajo el brazo el pan de una nueva época Kitra.

Reflexión personal en torno al capítulo 3 ÉPOCAS KITRA Y ÉPOCAS KALI España invertebrada (segunda parte).

martes, 14 de enero de 2020

EL PARTICULARISMO DE: ESPAÑA INVERTEBRADA, DON JOSÉ ORTEGA Y GASSET



Pintura de José Garnelo Alda (Museo Naval de Madrid)

Nada más arriesgado que el intento de «poner música» a la letra con la que en 1921 don José Ortega y Gasset bajo el certero título de España invertebrada ponía de manifiesto la «grave enfermedad que [ya de antiguo] España sufre». Por tanto nos limitaremos a –entresacados del ensayo– apuntar algunos párrafos por lo que tienen de actuales e ilustrativos.

En referencia a catalanismo y el bizcaitarrismo[1] como movimientos, dice:
Ambos no otra cosa que la manifestación más acusada del estado de descomposición en que ha caído nuestro pueblo (pág. 65).

Catalanismo y bizcaitarrismo no son síntomas alarmantes por lo que en ellos hay de positivo y peculiar –la afirmación «nacionalista»– sino por lo que en ellos hay de negativo y común al gran movimiento de desintegración que empuja la vida toda de España (pág. 91).

Hablando de los Poderes Públicos:
¿Qué nos invita el Poder público a hacer mañana en entusiasta colaboración? Desde hace mucho tiempo, mucho, siglos, pretende el Poder Público que los españoles existamos no más que para que él se dé el gusto de existir (pág. 69).

Qué decir de la convivencia..., a nivel de país o estado:
La convivencia nacional es una realidad activa y dinámica, no una coexistencia pasiva y estática como el montón de piedras al borde de un camino (pág. 72).

O de gremios profesionales:
¿Es que el militar se preocupa del industrial, del intelectual, del agricultor, del obrero? Y lo mismo debe decirse del aristócrata, del industrial o del obrero respecto a las demás clases sociales. Vive cada gremio herméticamente cerrado dentro de sí mismo (pág. 74).

En estos o cualquier caso –propone– debiera de primar la tolerancia y el entendimiento:
Una nación es, a la postre, una ingente comunidad de individuos y grupos que cuentan los unos con los otros. Este contar con el prójimo no implica necesariamente simpatía hacia él (pág. 79).

Una sociedad atacada de particularismo (cito a don José pág. 80) prescinde de los demás contemplando al Poder Público como mal necesario de menguada capacidad. La consecuencia es que las instituciones que debieran unir, separan. Ello lleva al autor a preguntarse porqué «España pueblo de tan perfectos electores se obstina en no sustituir a esos perversos elegidos».

Joseph de Maistre (1753-1821), teórico, político, filósofo saboyano sostuvo que: Cada país, pueblo o nación, tiene el gobierno que se merece.

Bernard Shaw (1856-1950), dramaturgo, crítico y polemista irlandés puntualizó: La democracia es la forma de gobierno en la cual los gobernantes no pueden ser mejor que los gobernados.

André Malraux (1901-1976), novelista, aventurero y político francés modificó la frase: No es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen.

La asamblea de representación popular a la que llamamos Parlamento debiera ser, atendiendo a don José, un organismo de convivencia, entendimiento, consenso y pacto; en lugar de esto, el espectáculo que día sí día también se nos ofrece a través de los medios de comunicación viene a ser una suerte de «cancha» de enfrentamiento personal y agresivo.

A la espera de que razón y vertebración se produzcan en esta nuestra España de hoy, no tan diferente de aquella de 1921, seguimos leyendo a don José Ortega y Gasset.

Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad. Que una sociedad sea inmoral, tenga o contenga inmoralidad, es grave; pero que una sociedad no sea una sociedad, es mucho más grave. Pues bien: éste es nuestro caso. La sociedad española se está disociando desde hace largo tiempo porque tiene infeccionada la raíz misma de la actividad socializadora. (España invertebrada, pág. 98).



[1] Bizkaitarra: periódico nacionalista vasco editado por Sabino Arana Goiri entre 1893 y 1895

lunes, 16 de diciembre de 2019

SIDI, NOVELAS Y CANTARES.



Aún conservaba SIDI calor de librería cuando por azar o destino arribaba bajo mi brazo a la plaza de Mio Cid, la misma que un verano de 1955 (entonces Plaza de San Pablo) se preparaba para la inauguración de la estatua del Cid y Vía Cidiana que para nosotros, los chicos del barrio, era familiar desde finales del año anterior. Por nacimiento o la influencia de un ejemplar del Poema de Mio Cid editado por el Ayuntamiento que formó parte de las lecturas escolares de este (aquel) escolar de Enseñanza Primaria; Rodrigo Díaz –junto a Don Quijote– fueron desde entonces los caballeros a seguir.

Hoy, la pluma (es un decir) de Pérez Reverte nos devuelve en modo novela aquel Poema «puesto al día» añadiendo a lo legendario de este, el realismo de sus experiencias personales como corresponsal –entre otros conflictos– de la Guerra de Eritrea de 1977 aderezado con buena muestra de las diferentes formas de lenguajes peninsulares de la época. La novela –creo– al margen de algunos aditamentos juglarescos se ciñe a la documentación histórica que nace de la Historia Roderici y Carmen Campidoctoris. Acudimos nuevamente al trabajo de profesor Peña Pérez [1]en el que de algún modo vienen a condensarse los acontecimientos narrados en SIDI y que corresponden aproximadamente (pp. 67 a 87 de Mio Cid el del Cantar) al primer año de destierro, que, por cierto, también puede cuestionarse:

Tras asolar las tierras nororientales de la taifa de Toledo protegidas por Alfonso VI, bien pudo ser como apunta el profesor Peña que El Cid «asumiera sereno el castigo como pretexto para iniciar una nueva vida fuera de su tierra» planteándose la conveniencia de buscar mejor destino que el que podía ofrecerle la corte del rey de León y Castilla poniendo su saber y sus mesnadas al servicio de otro amo. Cabe por tanto la duda sobre la versión del destierro que aporta El Cantar.

Pero..., dejemos la historia. SIDI se plantea con un relato documentado sugestivo y atrayente, elevar la tensión y atraer la atención del lector en términos similares a como hicieran los juglares. Los poetas acudieron a las convicciones morales, fidelidad, envidias e ira real para elevar la biografía de Rodrigo Díaz. Arturo Pérez Reverte manejando la historia, usando la experiencia vivida y su saber hacer, nos presenta un Cid en su faceta humana apegada a la realidad y a su gente lejos del semidiós de unos y el mercenario de otros.

Asegura –y lo creo firmemente– que ha disfrutado tanto documentándola como escribiéndola.

Imagen: AUGUSTO FERRER-DALMAU. 


[1] PEÑA PÉREZ, Francisco Javier, Mio Cid el del Cantar. Un héroe medieval a escala humana, Madrid, Sílex Ediciones, 2009.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

SIDI: EL ALFÉREZ DE SANCHO II DE CASTILLA.



Sancho II El Fuerte, primogénito de los reyes de León Fernando I y doña Sancha, y hermano de Alfonso, García, Urraca y Elvira, cuando las tropas castellanas se reagrupaban fatigadas en el vado, tras quitarse el guante manchado de sangre agarena y extenderle para que la estrechara, su mano desnuda, dijo [a Ruy Díaz]: serás mi alférez. A Rodrigo Díaz de Vivar, llamado Campi-doctor o Campeador (vencedor en el campo, o en la batalla) y al que más tarde, los musulmanes llamarán Cid (Sidi, Señor), estas tres palabras le auguraron gloria. Desde entonces, el infanzón de Vivar luchó en duelos singulares por Castilla y por su rey y, llevó la bandera de su señor.

Fernando I, padre de Sancho, conde de Castilla desde 1029 y rey consorte de León desde el año 1037, tradicionalmente considerado primer rey de Castilla, incurrió en el mismo error que su padre: dividir sus reinos. Legó a su primogénito, Sancho, el Reino de Castilla, a Alfonso, su preferido, el de León y a García, el menor, el de Galicia. Las dos hijas recibieron además de los territorios de Zamora para Urraca y Toro para Elvira, sendos infantazgos. Ni Sancho ni Alfonso quedaron conformes con el reparto, por lo que los enfrentamientos –incluso armados– fueron frecuentes entre ellos. Pese a la rivalidad, los dos hermanos, posiblemente con la aquiescencia de Urraca y Elvira, llegaron a un acuerdo: había que quitar a García su hermano menor el Reino de Galicia.

Como era previsible ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder derechos al otro sobre los territorios despojados: Sancho se proclamó soberano de Castilla y Galicia, Alfonso se intituló rey de León y Galicia. La situación terminó en batalla, los ejércitos castellanos y leoneses se enfrentaron a pocos kilómetros de Carrión de los Condes (en Golpejera). Alfonso resultó en principio victorioso, pero Sancho reorganizó sus tropas y aprovechando el factor sorpresa venció y capturó a su hermano, coronándose a sí mismo rey de León en enero de 1072. En Zamora, feudo de Urraca y refugio de no pocos nobles leoneses fieles a Fernando VI, tenía aposento la hostilidad de su hermana, el clero y la nobleza refugiada.

Las crónicas[1] caracterizan a Sancho II como «ambicioso», «iracundo» o «belicoso», que bien podrían ser aportaciones de la épica para hacer más atractivo el relato, pero cabe considerar que, de no tener un tanto de fundamento el juglar no lo hubiera considerado. En cualquier caso, Sancho puso cerco a Zamora. Durante este, un caballero llamado «Vellido Adaúlfiz», «Vellitus Arnulfi», «Belid Alfonso» (nosotros lo conocemos como «Bellido Dolfos») fingió  la deserción de las filas zamoranas, ganó la confianza del rey y durante una labor  de reconocimiento a las defensas de la ciudad lo alancea a traición huyendo a Zamora donde se documenta su existencia años después del magnicidio.

Tras la muerte de Sancho (también llamado «El Fuerte») el protagonismo alcanza a dos personajes: Fernando VI, conocedor o no de la trama y beneficiado del suceso, y Rodrigo Díaz de Vivar que sospechando de Bellido trató sin éxito de dar caza al asesino salvado por las puertas de Zamora. Su fama épica, comienza aquí por su fidelidad al rey muerto (Sancho) y a su rey natural (Alfonso).

Será difícil saber si Bellido Dolfos cumplía órdenes y de quien; también, y en consecuencia si el Cid Histórico persiguió o no al asesino. Lo que sí sabemos tras los avances de la Historia es que, la Jura de Santa Gadea y el engaño a los prestamistas con un cofre lleno de arena y piedras, forma parte de la épica juglaresca, no de la realidad. El profesor de la UBU Francisco Javier Peña confirma esto en su espléndido trabajo[2]:

Ningún documento de la época deja constancia del supuesto gesto arrogante de Rodrigo ante su rey Alfonso, y tampoco las crónicas coetáneas o más próximas a las fechas de referencia se hacen eco de lo que, de haberse dado, habría constituido un acontecimiento de gran resonancia social y política, muy difícil de relegar al olvido o al silencio.

La leyenda, los cantares de gesta y los romances han contribuido con frecuencia a modificar el curso de los acontecimientos. Pero no profundicemos más, SIDI es una novela y como tal hay que leerla.

Imagen: Wikipedia.



[1] De rebus Hispanie; Chronica Naierensi; Chronica latina regum Castellae.
[2] Mio Cid el del Cantar. Un héroe medieval a escala humana, Madrid, Silex Ediciones, 2009, p. 57.

viernes, 8 de noviembre de 2019

RELEYENDO A LORCA. LA CASA DE BERNARDA ALBA, LOCURA O MUERTE



La casa de Bernarda Alba ópera del compositor y director de orquesta Miquel Ortega estrenada el 10 noviembre del 2018 en el Teatro de la Zarzuela.

Sé que Lorca siempre es actual, lo sé, pero hoy tras su relectura me lo parece más, si cabe. La casa de Bernarda Alba concluida por Lorca en junio de 1936, se estrenó en Buenos Aires en marzo de 1945. En España no subió al escenario del teatro Goya de Madrid hasta el 10 de enero de 1964.

El pasado año 2018 se cumplieron 40 años de la legalización de la píldora en España, su venta, exposición y divulgación de información sobre métodos anticonceptivos fue delito entre 1941 y 1978 y el aborto no se despenalizó hasta 1985.

Contrastar estas fechas abre camino a la reflexión sobre como con el teatro por herramienta pueden aflorarse vicios ocultos en la estructura de una sociedad hipócrita constreñida por las buenas formas de la apariencia y el «qué dirán». Hace ya 83 años con un oscurantismo galopante por telón de fondo Lorca presentó en esta obra el drama de cuatro mujeres privadas de manifestar sus impulsos emocionales y puso en evidencia que el apetito sexual femenino a pesar del tabú, ya existía.

Protagonizan la obra diecisiete mujeres, el hombre, solo un hombre, Pepe el Romano, es una sombra en el reparto. Desde el título mismo –creo– viene a proponerse un acercamiento al tema: «La casa». No Bernarda, ni las hijas ni Adela ni La Poncia, sino la casa entendida como sociedad en su conjunto.

Quiero ver otras claves:

Bernarda, a quien el lector/espectador odia antes de su aparición tras la presentación que de ella hace La Poncia (¡Mandona! ¡Dominanta!), asume el rol de las conveniencias sociales escenificando con sus hijas la situación de buena parte de aquellas mujeres españolas, magnificada con la anulación total de la libertad.

Dolor impuesto. El fallecimiento del padre lleva a la reclusión domiciliaria durante años como manifestación de luto. La madre liberada «del respeto debido» por muerte del marido toma el papel de opresora, conforme con la esclavitud de la apariencia.

Conciencia de clase y honor. Clase entendida como riqueza. Honor como imagen visible al público. Hablando de honor, en la calle una joven soltera es arrastrada y lapidada por el vecindario (mató a su hijo para ocultar su vergüenza).

No hay liberación posible, Adela, la hija menor, inicia el camino pero la andadura termina en suicidio. Josefa, la abuela, se evade por la locura.

La píldora que tal vez hubiera evitado el suicidio de Adela y la lapidación de la hija de La Librada era ciencia ficción cuando Lorca escribió La casa de Bernarda Alba.

No había otra solución: locura o muerte.