Repantigado en el respaldo del sofá, Rufo abrió, solo un momento,
alternativamente los ojos; no se le daba un ardite el nuevo look de ella.
-¡Gato
tonto, algún día saldrás por la ventana!
-
Ramón es un hombre equilibrado donde los haya –pensó– “el problema está en que
dejemos de querernos”, pero claro, desde fuera las cosas se ven como en el
teatro. ¿Qué pensará si me ve así?
Ciertamente
no se refería a los tejanos viejos, las zapatillas de deporte o el tattoo, la fragancia de dos gintonic con twist de cítricos había tornado la mirada de rabia en la sonrisa
bobalicona que ahora le devolvía el espejo, “hay algo de indefinible en el
placer del primer sorbo” –apuntó el barman.
-Claro que más tonta fui yo, Ana Julia que
otra cosa no tendrá, pero tonta no es, ya me lo advirtió: “tu marido es un
picaflor” y yo que nada, que era la puñetera envidia. No, si mamá que para todo
tenía ojo decía en ocasiones que el que siembra vientos recoge tempestades,
pero qué quieres, yo estaba enamorada y que el “tío” estaba muy bien, bueno, y
está, que lo cortés no quita lo valiente. Bien mirado, tan tonta no soy, lo que
pasa es que tengo principios y los principios, ya se sabe, son sagrados, ¡si yo
hubiera querido! Con cualquiera –es un decir– sin ir más lejos con Luis, el
pasante de la notaría cada vez que me ve
se le van los ojos, sobre todo si llevo la blusa estampada que clarea la punta
de los senos, si coincidimos en el ascensor me dice que mejoro con la edad como
el buen vino, me sofoca aunque me gusta. Y muchos más, no creas, pero una tiene
principios que, dicho sea, hoy son un
estorbo. No, si algo barruntaba yo, en la noche sin ir más lejos últimamente
ni caso, antes cuando le convenía al señorito; que no es que eso me resuelva la
vida y tú lo sabes, pero algún detalle…, claro, para eso tienes a la
pelandusca! ¿Recuerdas? “esposa te doy y no sierva”, dijo el curilla, pero el
día que os casáis, hacéis el negocio del siglo: esclava y concubina para toda
la vida. La mujer, libre, lo que se dice libre, ni un minuto, a lavar calzoncillos
y trabajar como una burra, es su obligación ¡Qué bien! Luego viene la
pelandusca y a vivir la vida, sentada en un queso y mordiendo de otro. Nunca me
llegué a creer lo del viaje de trabajo “es un simposio de fin de semana, no se
pueden perder días de labor” ¡hipócrita! “al terminar una cerveza, una tapa y
cada uno por su lado". ¡Y una mierda! ¡Ja. Ja! No, si Ana Julia tiene razón, esa
tiene más conchas que un galápago. Recuerda: quien siembra vientos recoge
tempestades.
Rufo perdió el equilibrio de un manotazo,
tendida en el sofá se despachó una tónica, esta vez «sin refuerzo». No estaba
el horno para bollos.
4 comentarios:
La voz de esta mujer, tratada de forma excelente.
Rufo, que yo creí perro, es gato. Mejor así.
Un abrazo, Paco.
Ni un minuto.
Besos Paco.
Excelente relato.
Un abrazo
¡Pobre gato!
salió volando jajajajaja
Y sí... esclava y concubina, mesa
o colchón. (Y María de Zayas tan actual :-))
Que buena novela estás escribiendo, así de a sorbitos.
me la pienso disfrutar hasta el final.
(aunque esté de viaje, por las noches antes de dormir,
vendré a leerte).
Besos
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