Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

lunes, 21 de diciembre de 2020

Vanguardia pura

 


La conjunción Alerta-4 solsticio de invierno confunde al personal, se rinde tan pronto la tarde que a las siete uno piensa en el “toque de queda” y tiende a recogerse en casa, en esas estaba caminando con rumbo por el paseo casi desierto paralelo al río. Chopos, durillos y pinos compitiendo en  carrera con la noche difuminan objetos y personas; metros de por medio una silueta sinuosa, botas altas, falda leve ligeramente corta y chaquetón liso de paño, ajena a pasos próximos, camina contoneándose al ritmo que presumiblemente marcan los inalámbricos ocultos por su media melena. En el suelo, al alcance de mis deportivos, una lata de “Alhambra especial”. Contengo la primera reacción y respeto el reposo de la abandonada lata de cerveza, si la alcanzo con la puntera la silueta se sobresalta y rompo el hechizo.

“Eran otros tiempos”, lo sé, “ya no estás en edad”, también lo sé, pero una lata en el suelo siempre fue tentación irresistible a una buena patada, tan irresistible como la oportunidad de un charco que salpica al pasar sobre él, si bien para esto se requiere colaboración, hacen falta niños; y ellos necesitan un mayor, preferentemente abuelo, al que sus padres y a la sazón hijos de este no se atreven a replicar, o lo hacen con escaso resultado.

Caminar por el sendero de hojas que en otoño descansan al abrigo de un remanso en el paseo torna frustración en creatividad: trazar nuevos caminos entre ellas; darles nueva vida a cada paso; sacarles del marasmo físico; hacer que tras cada nuevo vuelo surja una nueva composición, es para el caminante vanguardia pura.

Solo eso.

lunes, 14 de diciembre de 2020

A vueltas con las palabras

 



A veces, algunas veces, vencido de antemano y sin ganas de guerra establezco incruenta batalla teclado o “boli” en ristre, con el Word en blanco o la inmaculada cuartilla. Uno u otra solo por mitigar su vacío quisieran dar cobijo y compañía a algunos –aunque sean pocos– renglones; pero el escribidor no encuentra palabras con que organizar, siquiera medianamente, un mensaje que mitigue el naufragio y es que tal vez uno se encuentra bien así, navegando sin rumbo por el mar de las ideas sin necesidad de islas salvadoras esperando la noche para, con palabras inocentes contarle a ella sus pequeñas intimidades.

Solo eso. 

jueves, 22 de octubre de 2020

La metáfora del mirlo o, de cómo, siguiendo la trayectoria de un dardo amarillo, llegamos a “José María Palacio” de Machado atravesando “Calle Mayor” de Bardem.

 



Casualidad o mala suerte, lo cierto es que, salimos de Aranda huyendo de una reclusión ciudadana que se palpaba en el ambiente, para entrar en Burgos con la puerta abierta a un (cómo les gustan los palabros) confinamiento perimetral pensado –dicen– para minorar la expansión del SarsCov-2, o como diablos se llame ese maldito virus. El marcapáginas al abandonar la capital de la Ribera había quedado en la página 114: No sé si nos darán las instrucciones del Gobierno para pisar las primeras cuestas de la sierra. Curiosamente, esta era mi situación. No sabíamos –como suele ser habitual– hasta donde podría llegar la limitación de movimientos prevista.

Apuntaba yo en este mismo espacio (06/10/2020) comentando el libro del profesor Ojeda «Quiero ver en el relato un desahogo, una confesión, una liberación», añado más: en sus páginas hay preocupación constante  por los más desfavorecidos: se generarán bolsas de pobreza; denuncia del posicionamiento interesado de los medios de comunicación; corrupción y desencuentro en la clase política; urbanismo desaforado: muchos barrios españoles son colmenas con aceras estrechas y un densidad de población por encima de lo recomendable.

También inquietud por la pandemia y, como no, por los libros: ¿Qué sucederá con los libros que guardaban rigurosa fila para ser editados y presentados?

Página a página La metáfora trasluce amor por la naturaleza: Hemos traído a casa un ramo de hierbas y flores silvestres…, y como consecuencia por la vida: No conozco otra lengua en la que exista una palabra como esta [hanami] para definir la acción de contemplar la belleza de las flores.

Algo al reanudar la lectura (tal vez sean cosas mías) lleva al desocupado lector hasta tierras de Soria, al Espino, a José María Palacio a Antonio Machado: Saldremos a la calle, camino de la subida a Santa Ana. ¿Estarán los caminos llenos de maleza¿ ¿Los habrán tomado como propios los jabalíes en nuestra ausencia?

Resulta interesante que este manojo de vivencias espontáneo y claro, tenga origen y final en el mismo punto: Pudiendo elegir, Mayca y yo decidimos esperar acontecimientos en la casa de la calle Mayor…, (pág. 12). Miro por última vez la calle Mayor…, (pág.183).

Calle Mayor de Bardem, retorna en el recuerdo de Literatura y Cine, asignatura seguida y disfrutada con entusiasmo por quien esto escribe e impartida por el profesor Ojeda en la Universidad de Burgos, 

Por mor de La metáfora del mirlo, Don Antonio Machado, Juan Antonio Bardem y Pedro Ojeda, acompañan al desocupado lector.

(Tal vez sean cosas mías).

sábado, 17 de octubre de 2020

Onceavo aniversario de El Alfoz. "Con más pena que gloria".

 


Hoy, por ejemplo, a pesar del carajal sociopolítico-sanitario-jurídico en que nos encontramos, viene a ser normal que El Alfoz, apadrinado en su nacimiento por la lectura colectiva del Quijote cumpla años, si bien –por aquellas circunstancias y la pandemia– los fastos correspondientes al evento discurrirán, a buen seguro, con más pena que gloria.

En este mismo espacio 11 años atrás, (2009) comenzó El Alfoz su andadura sobresaltado aun por el intento de masacre de ETA en la Casa Cuartel de la Guaria Civil de Burgos y sorprendido (o no) por una España que ostentaba el triste récord de reunir a la mitad de los parados de Europa.

Cumplió un año (2010) en tanto que los impuestos subían, se congelaban las pensiones y se proclamaba el primer estado de alarma de la Democracia ante la huelga de controladores. Afortunadamente, la Selección Española, ganó el Mundial.

En su segundo aniversario (2011) un terremoto de magnitud 5,1 sacudió Lorca, se anunciaba ya una subida del IRPF e IBI y los parados se contaban por más de 5 millones.

Antes de cumplir los tres años (2012) el ministro Wert restableció para los profesores los temarios de 1993 y 1996, con la correspondiente “alegría” de estos, Montoro propició el mayor recorte de gasto público de la Democracia y el rey Juan Carlos I, tras la cacería en Botsuana dijo aquello de: “Lo siento mucho. Me he equivocado…”; menos mal que la Selección conquistó su tercera copa de Europa.

Para qué seguir.

Entre un GOBIERNO que lo hace mal y un PUEBLO que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa.

Víctor Hugo

Vivimos una suerte (más bien desgracia) de desgobierno sin consenso en estos importantes momentos y pródigo en lamentables espectáculos que día sí día también se gestan en nuestro Parlamento donde lo que prima en lugar del diálogo constructivo es el insulto y el “Y tú más” aderezados con un punto de chabacanería. Donde faltan propuestas lógicas en economía, sanidad y enseñanza; donde sobran promesas de difícil cumplimiento nacidas de pactos complicados e interesados, donde..., el futuro previsiblemente incierto no da para glorias de aniversario.

En este 2020 El Alfoz refugiado en la Web alza la copa del diario quehacer con todos vosotros con la esperanza de que se imponga la cordura y el propósito de seguir, si es posible, emborronando cuartillas (A-4) con más gloria que pena.

Gracias por llegar hasta aquí.

 

Imagen: ibizaruralvillas.com

martes, 6 de octubre de 2020

Sobrepasado el ecuador del relato…, La metáfora del mirlo. Pedro Ojeda Escudero.

 


El desocupado lector, tras las primeras páginas de La metáfora del mirlo, ha revivido el pasado-próximo. Tanto, que solo la ausencia del café de las 11 frente al monasterio de Las Huelgas lo sacó de la «antigua normalidad», del tiempo de biblioteca en busca de información, de la comunión con el jardín-museo de la Facultad de Humanidades, de su aulario y de la vuelta a casa por el incomparable paseo de la Isla desde el que –secuelas del confinamiento– ahora cree vagar por Candelario, la sierra de Béjar y La  Casa de la Sal para terminar buscando abrigo en el contenedor artístico No te Salves en cuyo interior, otro caminante dejó con júbilo la inmovilidad y la calma: 

No te quedes inmóvil                

al borde del camino                  

no congeles el júbilo                 

no quieras con desgana            

no te salves ahora          

ni nunca                

no te salves

          (Mario Benedetti)

Imposible intentar siquiera un acercamiento al Clavitero o la Peña de la Cruz, estamos confinados, solo cabe la contemplación, por ello, Pedro hace camino al andar –ahora por la senda de las vanguardias– presentando dos singularidades del entorno captadas por Darío Regoyos.

Descriptiva una Huelga en Béjar, con su pelotón de hombres en el centro de la Plaza enmarcado por soportales, edificios y tenderetes del mercado.

Simple y plácida la otra El Pino de Béjar, protagonista único de la escena, al que hacen guardia una tapia, una formación de chopos y por fondo el monte.

Mayca, cercana algunas veces en el café de las 11, desde la distancia, tutela página a página la lectura. Es bueno caminar en buena compañía.

Dicen los que entienden que los frutos amarillo-verdosos, duros, aromáticos y ácidos, del membrillero japonés que florece en el jardín de la Facultad, son comestibles, la pandemia nos privó de probarlos ¡Otra vez será, Pedro!  En tanto seguiremos apadrinando los Tejos, sagrados que protegen el patio de lo que en su día fue Hospital Militar a la espera de que, como en la película[1], uno de ellos nos cuente alguna historia apta para ser narrada.

Sobrepasado el ecuador de La metáfora –fragmento de vida en letra de imprenta– quiero ver en el relato una confesión, un desahogo, una liberación: En el centro del paisaje, Mayca, que me salvó de la tristeza. (Pág.102).

 Quedan aun 80 páginas por descubrir. ¡Gracias!



[1] Un monstruo viene a verme, basada en la novela del mismo nombre (de Patrick Ness).

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Entre dos repúblicas. Vicente Blasco Ibáñez – María Blasco del Cacho. (4) DOÑA MARÍA

 



Vuelvo una y más veces a la sala de investigación del palacete con cariátides y pilares jónicos de la calle Isabel de Villena. Tras varios días de contacto con la bibliografía conseguida, el paseante recorre de nuevo la que fue residencia de los Blasco, se detiene en la planta baja y allí, junto a la pianola con la que presumiblemente María puso música no pocas tardes a los pensamientos del escritor, se plantea una nueva cuestión.

Los biógrafos con evidente unanimidad han convertido al escritor en centro único de atención con poca mención a quien debió ser parte importante en la intrahistoria de la pareja: su primera esposa doña María Blasco del Cacho. Poco se sabe de ella, apenas el reflejo de algunas cartas, algún recuerdo de su hija y la reseña siempre muy escueta de quienes se ocuparon de las muchas aventuras del marido.

No debió resultar fácil compartir vida con un personaje de la dimensión, vehemencia y carácter de Blasco Ibáñez. Así, con cierta sensación agridulce, y arropado por sus recuerdos, me propongo desde el que fue su refugio ahondar en el «paralelismo asimétrico» de dos vidas que discurren entre dos repúblicas.

María de Cervellón, Manuela, Josefa, Juana, Gerónima, Micaela, Julia, Ambrosia, Estefanía y Vicenta Blasco del Cacho, hija única, quinceañera, huérfana de padre, educada en ambiente religioso, culta, morena de ojos negros y mirada serena que se desenvolvía bien con el piano y la lengua de Molière, formaba parte de la burguesía valenciana, su padre abogado ilustre, fue secretario del político, periodista liberal y Gobernador Civil José Peris y Valero.

Vicente por contra, creció en el ambiente del comercio, sus padres aragoneses de origen cambiaron su pueblo natal por Valencia en busca de un futuro mejor. Aquí nació, se educó y esta fue siempre «su tierra». Matriculado en Derecho en 1882 terminó la carrera en 1888, posiblemente por complacer a María, que vivía con su madre y abuela en la alquería de un hermano de su padre en el entorno del actual mercado de Colón que por entonces (julio de 1885) si bien un barrio moderno, eran prácticamente las afueras de la ciudad.

Tarde de otoño de 1885: en casa de los señores Blasco del Cacho tiene lugar una reunión típica de la época: se toca el piano, recitan poesías y sirve chocolate con cocas de llanda[1]. Vicente Blasco invitado por un amigo común que pretendía a María, conoció a la que seis años más tarde habría de ser su esposa.

El romance se estableció muy pronto, María pasa los veranos con su madre en Villavieja (La Vilavella; Castellón) y Vicente solo puede visitar a su novia en fines de semana, la pareja lleva dos meses de relación. Extraemos un fragmento de la carta enviada por Vicente María:

Valencia, septiembre 25/1885:

El día 1 o 2 del próximo mes son los exámenes y por lo mismo en mi casa no me dejan ir a Villavieja con excusa de que me queda muy poco tiempo para estudiar y me sería perjudicial el perder un día o dos.

«Apenas algunas cartas, algún recuerdo de Libertad Blasco, su hija» decíamos.  Dada la precariedad de información, resulta obligado acceder a los fondos digitalizados, cartas, artículos, reseñas de prensa que podamos encontrar en la Casa Museo, Biblioteca Valenciana, y hemerotecas –únicos espacios posibles– para intentar un acercamiento a la figura de la madre y esposa.

Reflejaremos esa labor  en próximas entradas.

 



[1] Variedad de bizcocho típico valenciano hecho con harina, azúcar, huevos, aceite y leche.

viernes, 25 de septiembre de 2020

ABADÍA DE FONCEA. Dehesa de Arlanzón (Burgos)

 


Monolitos que recuerdan el lugar donde se ubicó la Abadía

A 20 Km. de Burgos y en la localidad de Arlanzón, acceso natural a la Sierra de la Demanda, asentada en su mayor parte sobre lo que fue a principios del siglo XX el efímero (apenas tuvo diez años de vida) ferrocarril minero [1]que transportaba mineral de hierro desde las minas de Monterrubio de la Demanda y Barbadillo de Herreros hasta Burgos, nace la Vía Verde.

Aproximadamente a 3,5 Km. desde el inicio, un panel informativo marca el desvío hacia los restos de la Abadía de Foncea. La decepción puede asaltar al visitante si tras contemplar cuatro monolitos sobre un breve resto de muro no puede encontrar en ese espacio, su historia.

Foncea nace en los comienzos del Condado de Castilla en el siglo X como Iglesia Abacial con el título de monasterio; en 1052 el rey Sancho de Navarra la entrega al obispo de Nájera y quince años más tarde es recuperada por Castilla llegando a ser una de las iglesias más importantes del obispado de Burgos en 1068.

Su abad, uno de los miembros más destacados del Cabildo de la Catedral de Burgos, actuaba de intermediador en el gobierno y administración de la diócesis de Burgos, recibía rentas del territorio y compartía con el Concejo de la Villa de Arlanzón la posesión donde se asentaba la Abadía, así como los aprovechamientos de pastos, leñas y roturos [2] del monte llamado Foncea o las Majadillas en torno a la Abadía y su iglesia.

Tan importante fue este templo que el título de abad lo ostentaron algunos Papas: «Clemente VII y Gregorio XII, tienen el título de abades de Foncea y precisamente en el vestuario de Canónigos de la Catedral de Burgos se conserva el cuadro de Clemente VII como abad de este lugar», asegura Don Agustín Lázaro.

La Abadía mantuvo íntegra su jurisdicción hasta después del Concilio de Trento. Tras las primeras desamortizaciones y desprovista de sus rentas, la casa-palacio quedó en ruinas a principios del siglo XVIII según consta en el libro de visitas de la parroquia de Arlanzón. Desde entonces, esta importante abadía secular cayó poco a poco en el olvido en la memoria de la historia de la diócesis burgalesa. Solo los mayores del lugar recordarán (con suerte) el espacio con el nombre de Convento de Foncea.

Recopilación histórica:

Don Agustín Lázaro López.

Canónigo Arcediano y Fabriquero de la S.I. Catedral de Burgos.



[1] El ferrocarril minero y las ferrerías de Barbadillo de Herreros y Huerta de Abajo tendrán su espacio.

[2] Roturar: derecho a labrar las tierras eriales o los montes descuajados, para ponerlos en cultivo.