No
sé si os habéis fijado en que con el arribo
de lo políticamente correcto, la frase «ciudadanos de a pie» se aloja en el
asilo de las palabras moribundas. Parir el lema debió ser un acontecimiento
para tertulianos y políticos.
«Ciudadanos de a pie»
En
un tiempo llegó a molestarme, me preguntaba si era una incitación al desgaste
de zapatillas a fin de dejar la calle para uso y disfrute exclusivo de los con
derecho (de pernada) a la motorización.
Hoy,
arrumbada la expresión, pienso en que su verdadero significado está en tantos y
tantos hombres y mujeres que van por el mundo mejorándolo con su semblanza a
cuestas sin más que su propio ajuar, sin titulares, sin gesta digna de mención.
Hombres
y mujeres a los que la vida sorprende cada lunes con el «mono» de trabajo recién lavado
bajo el brazo; a diario, con el carro de la compra camino de la tienda de barrio; con
un cartapacio de papeles en la puerta de la institución de turno; con la
carpeta de la copistería low cost (2
cts. copia A-4 B/N) arropando veinte currículos. Hombres y mujeres que no dejan
más rastro en la vida que el de su entorno más próximo y su diario afán,
callado y necesario para que el mundo siga caminando.
Son
millones los «Ciudadanos de a pie» que cada semana, toman el bus municipal con
su «mono» de trabajo recién lavado; cada día van a la compra, educan, venden,
derrochan currículos sin respuesta. Millones de anónimos granitos de arena que renuevan
la playa de la vida si ser mencionados en los anales de la historia.
¡Viva la Gente!
Imagen:
Mundo-Nomada.com
3 comentarios:
Ese es el grito, Paco. ¡Viva la gente!
La gente sencilla es lo mejor de este mundo. Saludos.
¡Viva la gente normal!
¡Viva la gente que no vive en la galaxia de los poderosos!
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