Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 20 de mayo de 2010

La Cenicienta. Don Quijote. Cap. 50/2



A través de la ventana del capítulo contemplamos un retrato del diario vivir en palacios y residencias de la gente importante. Nada escapa al conocimiento de los nobles, las intrigas y envidas palaciegas, el afán por destacar, medrar, o tal vez la necesidad de supervivencia en un hábitat hostil, convierte a cada individuo en espía de sus compañeros. Si alguien comete el error de enjuiciar la conducta de los señores, siempre hay ojos y oídos atentos que pasan la información con la intención de eliminar o sustituir al murmurador. La Rodríguez, antes acusadora, pasa a ser acusada por sus compañeras, que, en connivencia con la duquesa, castigan  sin reparo a la disidente.

La  siguiente escena  nos ofrece el encanto de un cuento de hadas con bruja –la duquesa- y carroza incluidas – coche para Teresa y Sanchica.

El bien aleccionado paje-Dulcinea llega a la aldea; encuentra a la hija de Sancho, una muchacha humilde, para quien cualquier alteración en la monotonía diaria es un acontecimiento y a Teresa Panza, labradora humildemente vestida, con no más conocimientos que los indispensables para subsistir.
Y …. comienza el desarrollo del cuento:

Las reverencias y palabrerío con que el paje se presenta, rompen los pocos esquemas de madre e hija “—Ay, señor mío, quítese de ahí, no haga eso —respondió Teresa—“. Para ella es demasiado, no puede asimilarlo, ¡sólo a las grandes señoras se reverencia de ese modo! “—Vuesa merced —es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo”, añade el paje aportando como apoyo a sus palabras dos cartas: una ya conocida por el lector, y otra por conocer, amén de un collar de coral para la madre y un vestido de paño para la hija.

Tras recoger los presentes y escuchar la lectura de la carta, Teresa Panza abandona sus temores y, como no podía ser de otra forma, su autoestima crece. Como tocada por una varita mágica se ha convertido en señora principal amiga de la duquesa, de quien, por cierto, debieran tomar nota las hidalgas de su pueblo, “que no parece sino que tienen a deshonra el mirar a una labradora”.

Mentalmente dice adios a penurias y privaciones, ve cambiada su vida. Corre a buscar al padre cura y maese Nicolás con el collar al cuello y las cartas en la mano como estandarte conquistado por la nueva gobernadora. Es fácil reconstruir mentalmente la escena e imaginarse la explosión de júbilo de Teresa Panza al encontrar al cura y Sansón Carrasco –el bachiller- que en buena lógica dudan de la veracidad de cuanto les está contando.

En la carta de la duquesa hay una petición sibilina: “Dícenme que en ese lugar hay bellotas gordas; envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho por ser de su mano”. Ha entrado en acción la bruja, utiliza la metáfora de los regalos para señalar -joyas;bellotas- la diferencia social. Con ocasión del episodio bellotero se introduce una frase por boca del paje, cuando menos curiosa que establece ya, diferencias entre regiones:

“Porque quiero que sepan vuesas mercedes que las señoras de Aragón, aunque son tan principales, no son tan puntuosas y levantadas como las señoras castellanas; con más llaneza tratan con las gentes”.

Teresa y Sanchica, permanecen en su fantástico, mundo mandará comprar enaguas nuevas para ir a Barataria , donde pasearán en coche para envidia y admiración del personal.

La mente del bachiller se quijotiza y le  surge una duda: “no lo creemos, y pensamos que esta es una de las cosas de don Quijote nuestro compatrioto, que todas piensa que son hechas por encantamento; y así, estoy por decir que quiero tocar y palpar a vuesa merced, por ver si es embajador fantástico, o hombre de carne y hueso”

Con el clero hemos topado: el habilidoso cura,  jugando con la gran baza de la Iglesia, lleva al paje a confesión desde donde, a buen seguro, será “sabidor de cuanto acontece”.

P. D. Es un hermoso cuento, pero, cuento al fin.

10 comentarios:

Cosmo dijo...

Pues sí, es el cuento de la lechera y los mandamases siguen actuando igual,tienen ojos y oídos en todas partes y manipulan al resto con sus medias verdades o descaradas mentiras.
Disfrutemos del cuento mientras se pueda.
Abrazos

Merche Pallarés dijo...

Me ha encantado tu comparación con la Cenicienta. Tienes razón hay mucho de ese cuento en este capítulo. Ahora, me da pena saber el batacazo que se van a llevar los Panza... ¡Qué crueldad la de la bruja como bien la llamas! Besotes, M.

Cornelivs dijo...

Me ha gustado muchisimo el paralelismo que haces entre este capitulo y el cuento de la cenicienta.

Asi es, amigo mio: es un hermoso cuento, pero cuento al al fin y al cabo.

Coincido totalmente contigo.

Un abrazo.

Asun dijo...

A mí también me ha gustado la alusión a la Cenicienta.
Suscribo los comentarios de Merche y Cornelivs.

Un abrazo

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Bien visto... la crueldad del poderoso hacia el que no lo es es terrible...es de una bajeza enorme...un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

Y las burlas del poderosos al más humilde no era lo peor de la época: lo peor era ser sus esclavos, trabajar de sol al sol por un plato al día.

Costumbrismo a tope en el cap. Perfecto retrato de las envidias entre los distintos estratos sociales.

Perdona mis ausencias; los autónomos no tenemos días de fiesta.....apenas. Os mando pronto El Espolón.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Lo malo de este cuento, querido Paco, es que la bruja se burla de forma tan cruel que duele...

pancho dijo...

Buen comienzo de comentario, pues la dueña Rodríguez, con las murmuraciones sobre la belleza de la duquesa, es el detonante de la burla en el pueblo de los protagonistas.
El paje hace un buen papel en la burla. Además de reírse por la ingenuidad de las damas, consigue que ellas participen también de la farsa.
La posibilidad de ascenso social, tan imposible en la época, es un recurso que Cervantes usa con frecuencia para crear situaciones divertidas y llenas de humor.
Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Teresa y Sanchica sueñan el cuento de Cenicienta y vaya bruja que se han echado.el sueño de un ascenso social imposible. Oír a Teresa pedir una indumentaria de señorona... Irá en coche y que rabien las hidalguillas de pueblo que le han hecho desprecios. Y Sanchica, de ir en pollina, nada de nada.
Un abrazo, Paco.

Myriam dijo...

Cuánta ilusión la de Teresa, de cambiar de vida... y que cruel es jugar con sus espectativas.

Un fuerte abrazo