Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

viernes, 24 de noviembre de 2017

LA CUESTIÓN TEOLÓGICA EN EL DON JUAN DE ZORRILLA.


“El desenlace de Don Juan Tenorio confrontado con la doctrina católica no resiste al más ligero examen; es algo absurdo, monstruoso y hasta cómico, pero la cuestión es que no hay que confrontarlo. Si el comendador, don Diego y don Luis son las  fuerzas inexorables que abandonan a don Juan, causan su perdición y la reclaman, doña Inés vela por su salvación. Con un gran acierto une Zorrilla la sombra de doña Inés a la del comendador, porque son ellos dos los que se debaten para llevar a don Juan a su lado: a la salvación o la condena”. 
Casalduero Joaquín

La opinión de una autoridad en la materia como Casalduero viene confirmar que las ideas teológicas manejadas por Zorrilla, no han de ponerse en cuestión por cuanto que lo verdaderamente destacable es la eficacia teatral de la obra. La salvación de don Juan en sentido estricto no tiene mayor importancia, pero adquiere considerable dimensión como hecho teatral. No es el mundo sentimental ni ideológico lo que cuenta a la hora de explicar el secreto de la pervivencia de Don Juan Tenorio, sino,  su condición teatral. Mientras exista un escenario, un tablado, un actor y un público que guste del hecho teatral, el Don Juan  de Zorrilla pervivirá no por lo que supone de romántico ni de tipo español, sino por lo que tiene de personaje puramente teatral.


jueves, 16 de noviembre de 2017

MITO, ARREPENTIMIENTO, SALVACIÓN. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escena de Don Juan Tenorio, en el Cementerio Central de Montevideo.

El mito de don Juan nace en España (sin entrar en discusiones), de la pluma de fray Gabriel Téllez, conocido por su seudónimo de Tirso de Molina. Don Juan, seductor y burlador no pisa por primera vez el escenario seduciendo a una dama, sino tan solo burlándola. Se ha hecho pasar por el duque Octavio para gozar de la duquesa Isabela; y cuando ella se da cuenta de que no es su amado y le pregunta «¿Quién eres, hombre?», él le dará una respuesta que no corresponde a su condición de seductor, sino de burlador: «Un hombre sin nombre». No le queda más que huir porque Isabela empieza a gritar despertando al rey de Nápoles, en cuyo palacio sucede la escena. Así comienza El burlador de Sevilla y convidado de piedra.

La frivolización del mito ha hecho olvidar el trascendente retrato que Tirso de Molina en El burlador de Sevilla hizo de la condición humana mediante ese personaje contradictorio que, empujado por su absoluto egoísmo, enfrenta duramente la esencia del instinto con las creencias religiosas, normas de conducta y leyes –a menudo absurdas– con que el hombre civilizado ha intentado someter ese instinto a lo largo de los siglos.

La acción del Tenorio que se sitúa en Sevilla por los años 1545 últimos del Emperador Carlos V, es trepidante, transcurre en dos noches en consonancia con el dinamismo que define al personaje. En la primera parte don Juan es un joven alocado e impulsivo; en la segunda es un galán maduro pendenciero y apuesto en el que la nostalgia ha hecho mella. El lector, toma así conciencia de que don Juan ha cambiado, ya no es aquel libertino jactancioso sino el arrepentido que por mediación de la amada, ha conseguido vencer al destino. Y aquí conviene destacar como Zorrilla mediante este recurso atrapa al lector. La salvación de doña Inés, depende de la de don Juan. De no arrepentirse don Juan, doña Inés irá al infierno. Paradógicamente, gracias a don Juan, Inés podrá salvarse.

La salvación por amor es la solución cristiana y romántica que Zorrilla dio a su obra y que provocó el entusiasmo del espectador y la popularidad del autor casi de inmediato.


martes, 7 de noviembre de 2017

PURO TEATRO. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escenografía de la muerte para «Don Juan Tenorio» Salvador Dalí

Nuestra memoria guarda el recuerdo de aquellos Estudio 1 de los años 1968 a 1983, en los que  TVE  reponía la obra de Zorrilla que visionamos desde la perspectiva de espectador. Hoy disfrutada la obra como lector la teatralidad de Don Juan Tenorio nos persigue de manera obsesiva. El Tenorio es: Puro Teatro.

“Corrían los primero meses de 1837, Zorrilla era todavía un desconocido que pasaba los días junto a su amigo y paisano Miguel de los Santos Álvarez, leyendo incansablemente en la Biblioteca Nacional, y las noches en el chiribitil[1]de un cestero. En la Biblioteca les trajo Joaquín Massard la noticia del suicidio de Larra y pidió a Zorrilla que leyera unos versos en el cementerio. Este los compuso aquella misma noche, según cuenta, en su bohardilla a la luz de una vela y con un mimbre afilado que mojaba en el tinte que utilizaba el cestero. En el cementerio de Fuencarral, frente al féretro y al pie de la abierta huesa - como se decía entonces - dieron los poetas su despedida al desventurado "Fígaro". De pronto, un adolescente desconocido comenzó a leer unos versos:

Ese vago clamor que rasga el viento
Es la voz funeral de una campana:
Vago remedo del postrer lamento
De un cadáver sombrío y macilento
Que en sucio polvo dormirá mañana.

A  medida que iba leyendo, cuenta en sus Recuerdos, se me embargó la voz y se me arrasaron los ojos en lágrimas y el marqués de Molíns tuvo que concluir la lectura de mis versos[2]. Al salir del camposanto  Zorrilla era el poeta festejado por todos; González Bravo le llevó al Café del Príncipe, donde conoció a Hartzenbusch y a Martínez de la Rosa. Intimó luego con Espronceda, el periódico El Porvenir le ofreció un sueldo de seiscientos reales y, finalmente, El Español le brindó la vacante dejada por Larra”[3].

El enorme arraigo del  Don Juan de Zorrilla mantuvo hasta hace pocos años la secular costumbre de representar la obra el día de Todos los Santos año tras año, en pueblos y ciudades de España. Las razones del éxito no parecen encontrarse en el dramatismo, el mensaje o el atractivo de sus aventuras, tampoco en que la interpretación del mito de don Juan esté más elaborada que la de otros dramaturgos que precedieron o siguieron a Zorrilla, sino en que es, posiblemente, la más teatral de todas. El pueblo español burgués se vio en ella representado, por lo que podríamos añadir una razón más a las claves de su éxito. En cierto modo la teatralidad viene anunciada en el subtítulo de la obra: “Drama religioso fantástico en dos partes”. A don Juan personaje del Tenorio no le basta con ser conquistador, espadachín, atrevido o burlador. Ha de serlo teatralmente, y este es el gran logro de Zorrilla.




[1] Desván, rincón o escondrijo bajo y estrecho.
[2] Recuerdos de un tiempo viejo Obras completas de José Zorrilla, Tomo II).
[3] Fragmento entrecomillado copiado de: http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/zorrilla/

miércoles, 1 de noviembre de 2017

CUANDO CALLAR ES DISENTIR.


A veces, algunas veces, buscamos el silencio y es normal necesitamos paz, establecer una cita con nosotros mismos sin testigos ni intermediarios, escuchar solo nuestra propia voz. En ocasiones el silencio nos viene impuesto por circunstancias exteriores o usos sociales en los que ni siquiera el rumor es pertinente, pero hay otros como el inquietante silencio de la disensión que germina no como consecuencia del tiempo y la costumbre sino como brote de un conflicto no anunciado cuyo signo externo es la falta de diálogo. Me preocupa esta modalidad de oposición alojada en una más que notoria indiferencia.

Dijo una voz popular con tono de venganza que quien calla otorga, yo diría que en una relación tan próxima, íntima y delicada  como la de pareja quién calla disiente muchas veces por cansancio y es que el silencio reiterado viene a ser un modo de mantenerse cada cual en su postura por miedo, por cobardía o tal vez  de sobredimensionar los problemas hasta que no tengan  solución esperando que “el otro” disuelva la sociedad por hartazgo y poder, en esta forma,  acomodar nuestra espalda a la queja.


Dejadme que diga que  convivir es una necesidad, que si alguna vez amamos merece la pena buscar el consenso, retomar el sentimiento y seguir en la lucha sin perder la independencia, ni la esperanza, ni la paz, ni la sonrisa.