Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

domingo, 2 de diciembre de 2018

LA MARCA ESPAÑA. Vicente Blasco Ibáñez

Imagen: Luis Lonjedo en Las Provincias

Ni un solo comentario sobre Blasco Ibáñez puede abordarse separando su vida pública de sus novelas, su obra, enmarcada en un contexto nacional e internacional de gran aceptación, se cuestiona en torno a la tantas veces planteada incompatibilidad entre número de lectores y calidad o en la composición de las capas sociales que gustan de esas lecturas. Todo novelista –entiendo– escribe bajo el influjo de un  impulso interior buscando transmitir nuevas ideas nacidas de una situación, una noticia, un libro o un personaje olvidado que de pronto reaparece. Y escribe con la finalidad de gustar al público y –discutible pero cierto– el objetivo de aumentar el número de lectores, o sea: ventas. Resulta incuestionable que fama y dinero permiten enfrentarse a circunstancias adversas e incluso al poder establecido, con mayor posibilidad de éxito aunque para ello haya que sacrificar honores y títulos, cargar con la negación y con el exilio. Un autor favorecido por economía saneada puede seguir siendo consecuente con sus ideas, satisfacer a su público y soportar la crítica; el público será quien capte y valore el contenido de la obra. Grosso modo esto es válido en cualquier época y en la decimonónica de Blasco la sociedad responde de un lado a las demandas del mercado capitalista y de otro a las necesidades de un proletariado en alza que, al no llegar a la literatura tradicional vigente demanda una ficción más activa que lo mantenga pendiente de la trama. Algo a caballo entre lo artístico y lo folletinesco.

Entre los escritores y crítica de su tiempo y el escritor-empresario-aventurero fiel al naturalismo en época de las vanguardias que persiguió –o fue perseguido– por riqueza y fortuna hay diferencias dignas de mención. Frente a la sobriedad la abundancia; frente a la economía mermada frecuente en la Generación del 98 el traslado en “Rolls Royce” de la villa de Menton a Monte Carlo; frente a cierta pasividad una vida de viajes, aventuras, duelos, mítines, cárcel, arengas...; frente a ediciones cortas y localistas, miles de ejemplares en varias lenguas. En el éxito pudo residir la razón –o sinrazón– de un olvido consensuado y premeditado. Pocos o ningún trabajo sobre Blasco prescinde de su frenética actividad política y social; sus contemporáneos en la escritura se comprometieron sí; pero en ningún modo con tal intensidad. Escritor de un éxito impensable a principios del XX, tras Los cuatro jinetes del Apocalipsis recorre varias veces Europa y América en clave apoteósica asediado por editoriales y productoras cinematográficas. Millonario, dueño de villas de recreo, viajero en yate..., mantuvo con orgullo su valencianismo:

Yo sabéis que soy muy valenciano. Yo soy todo lo que se puede ser de valenciano. Yo he sido bautizado ahí enfrente, en la «parroquia de los pillos», en la de San Juan. Yo he nacido en el corazón de Valencia. Yo he jugado en todas estas calles del mercado.
Esta mañana me acordaba yo, al inaugurar una escuela pública en el Cabañal, y mientras cantaban los niños de las escuelas de Ayuntamiento, y cuando les oía cantar me decía: “«yo también he sido xiquet de los que cantaban en la escuela. Yo he pertenecido a las escuelas municipales y hasta una vez he cantado el mes de María en la iglesia de San Bartolomé».[1]

y en consecuencia su españolidad (la marca España) por el mundo.


[1] , Discurso pronunciado en Valencia el 16 de mayo de 1921 al agradecer el nombramiento de Director honoris causa del Centro Cultural de Valencia.

lunes, 19 de noviembre de 2018

FILEK. El estafador que engañó a Franco. Sinfonía inacabada.



Al modo y manera de la sinfonía en si menor, D-757 de Schubert de solo dos movimientos y de la que está por demostrar que el autor tuviera idea de añadir más, de igual modo, la Guerra Civil Española como tema, inspiración o base para la novela, parece también inacabable.


Novela o «libro sin ficción» como dice Martínez Pisón, Filek ahonda en el delirio de grandeza que Franco tenía del concepto nación. Su Nación. Baste recordar la orla que circundaba la peseta de 1946-1963: «por la Gracia de Dios»; España con el Régimen había de alcanzar, partiendo de la nada [1] las más altas cotas de desarrollo y riqueza.


La novela –llamémosla así– pone de manifiesto gracias a una investigación rigurosa, la triste realidad de dos situaciones de diferente magnitud pero igual intención: la miseria del comportamiento de los vencedores:

Hacinados en condiciones infrahumanas los vencidos, despojados de sus pertenencias quedan a la espera de no ser «agraciados en una saca». Lo fueron al menos dos mil quinientos del bando nacional en Paracuellos y cincuenta mil del republicano en cunetas de media España –dice el autor.

De otro lado aún como protagonista pero ejerciendo de telón de fondo aparece el cuento de hadas de La Filekina en el que un combustible revolucionario despierta la megalomanía de un gobierno autárquico sediento de recursos.

Han de salvarse muchas, muchísimas diferencias, pero paralelismos haberlos hailos. Parece (y digo parece) como si todo dirigente elegido o impuesto quedase, desde el momento mismo de su nombramiento, revestido de facultades que lo convierten en dirigente omnisciente, gracias a lo cual puede, a su albedrío, quitar-poner, crear-eliminar; decir aquello y lo contrario sin consecuencia ninguna.

Esta (tal vez sesgada) y otras muchas conclusiones rondan tras la lectura de Filek. Compleja particularmente en su primera parte por la proliferación de nombres plagados de consonantes, fechas y situaciones se lee con facilidad sin que la atención decaiga. Es más fácil de entender para quienes vivieron la época y muy recomendable para quienes, históricamente quieran acercarse a la sinrazón de aquellos y lamentablemente otros muchos gobiernos de cualquier color, raza y condición que hacen del Estado su particular patio de Monipodio.

Pudiera ser que estemos abocados a sinfonías inacabadas.


[1] Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria (Groucho Marx)

miércoles, 17 de octubre de 2018

NOVENO ANIVERSARIO. LEER Y SER LEÍDO.


Un blog puede alcanzar su madurez a los dos o a los diez años, depende del interés, la constancia y por qué no, del tiempo disponible de quien lo mantiene con vida, no hay media de edad en su existencia. El Alfoz en su madurez –hoy cumple nueve años– ha comenzado a saber cómo se juntan las palabras cuando se rebelan; cuando y donde consultar fechas y acontecimientos; como se combate la desgana. Comprueba cada día con cierta nostalgia la inmediatez de Facebook, twitter, Instagram..., en los que con un «me gusta» se cubre el expediente en detrimento de un comentario por escueto y simple que sea. Pero sobre todo, y a pesar de todo, disfruta releyendo una y otra vez los comentarios de sus seguidores.

Hoy –porque todo tiempo pasado fue diferente– quisiera acicalarse como un adolescente; ponerse al día, parecerse a cuantos le visitan y, luciendo el mejor de los aspectos, no defraudar y sentir, tras los muchos descarríos, la satisfacción de leer y ser leído.
Gracias a todos

jueves, 11 de octubre de 2018

MAGIA O FANTASÍA.



Va ya por la segunda –o tal vez la tercera– vez que leo Cien años de soledad y en cada una de ellas como acontece con El Quijote veo una obra diferente, o al menos con matices diferentes. La primera, avivado el deseo por la presión publicitaria, se perdió en la torrentera de palabras que se enredan una y mil veces en el entorno de Macondo y la familia Buendía, intentando reinterpretar la ficha del realismo mágico. En esta ocasión me pregunto si la magia no será realmente fantasía camuflada de surrealismo por la imaginación de don Gabriel García Márquez y es que hoy, la veo como un cuento para mayores que me acompaña como en su día lo hiciera La alfombra mágica o La Cenicienta.

Veo fantasía en el enredo de nombres que se repiten con el binomio Arcadio-Aureliano; en el «érase una vez» de las aventuras de sir Francis Drake que el primer Buendía contó a su nieto y fantasía veo en la página que, día a día, durante cien años, escenifican la familia de Úrsula y Arcadio.

Resulta a mi juicio fantástica con resonancias bíblicas la fundación de Macondo (la tierra prometida):

En su juventud, él y sus hombres, con mujeres y niños y animales y toda clase de enseres domésticos atravesaron la sierra buscando una salida al mar...

También los amores, con el lastre de una maldición, de Úrsula y Jose Arcadio que si se casaban y consumaban el matrimonio (eran primos) engendrarían iguanas en vez de niños (pecado original):

Úrsula se ponía antes de acostarse un pantalón rudimentario [...] que se cerraba por delante con una gruesa hebilla de hierro.
[...]
Blandiendo (Jose Arcadio Buendía) la lanza frente a ella le ordenó: «Quítate eso». Úrsula no puso en duda la decisión de su marido. «Tú serás el responsable de lo que pase».

Como en todo cuento el amor encuentra dificultades, triunfa y las supera.

Cien años de soledad puede ser magia, fantasía, remedo del paraíso perdido; todo y mucho más. Nos planteamos de nuevo la lectura sin más exigencia que el placer de interpretarla de nuevo.


lunes, 2 de julio de 2018

Empezó con un paseo. Vicente Blasco Ibáñez





Casa Museo Blasco Ibáñez  en la playa de la Malvarrosa de Valencia


Realmente, creo, todo empezó el día anterior en la relajación de un paseo (otro más) por la playa de la Malvarrosa. Cada día, cada vez, siempre, superada la rotonda de la depuradora, la retina fija en el cerebro la terraza con cariátides y pilares jónicos de una villa singular y notoria ubicada en la calle Isabel de Villena. En 1902 fue “chalet”, en 1939 lugar de recreo de FET y de las JONS. Alcanzó las más altas cotas de ruina y descuido en los ochenta para terminar derribado en su totalidad. Ya en la década de 1990 retomó –reconstrucción de por medio– el aspecto de 1902. En la actualidad es casa-museo con salón de actos y centro de investigación. Me atrevo a decir que su arquitectura neogriega y pompeyana un tanto..., diferente y espectacular en función del entorno define, en cierto modo a su inicial propietario: Vicente Blasco Ibáñez. Hoy, tras café y media tostada con tomate y aceite en el Mercado de Colón hace un paseo por el Parterre, en el recuerdo Cañas y barro, La barraca, La araña negra, La bodega. En la librería cercana, (espacio por autor: Blasco Ibáñez) Los cuatro jinetes del Apocalipsis que, publicada por primera vez en 1916 su versión traducida al inglés fue el libro más vendido en Estados Unidos en 1919 según Publishers Weekly.
Uno de los cuatro jinetes –sin cita previa– se adelanta al resto y me espeta dos preguntas:
-¿Por qué el mito valenciano, repatriado ya cadáver en loor de multitud por los políticos republicanos del 33 ocupa un lugar tan menguado en el canon de las letras españolas?
-¿Por qué quedó en el olvido?
De vuelta ya, a la sombra del imponente edificio del Banco de Valencia y con «Los jinetes» bajo el brazo recuerdo su biografía: Blasco Ibáñez no fue abandonado por los lectores. Sí, en cierto modo por los críticos y sin duda ninguna, tanto él como su obra resultaron perseguidos antes y después de su muerte impidiendo hasta fechas muy próximas la circulación de sus libros. Se cerró en torno a él lo que hoy llaman “cordón sanitario” mejor aún –recordando su vinculación con el cine– una «conspiración de silencio» pese –o tal vez por ello– a presentar una biografía plural y apasionante. Político, periodista, gran viajero, activista, guionista, magnate del cine, fundador de ciudades, antimonárquico, anticlerical y dueño de una suntuosa mansión en la Riviera francesa; su concepción del escritor difería un tanto del sentir, digamos oficial. En su carta de 1918 a Julio Cejador aparecen algunas claves acerca de sus ideas sobre el arte de novelar que nos sitúan en la rampa de la comprensión:
Y lo digo de buena fe: yo soy un hombre de acción que ha hecho de mi vida algo más que libros, y no gusta de permanecer inmóvil durante tres meses en un sillón con el pecho contra una mesa, escribiendo diez horas al día.
Pretendemos continuar a pesar del estío


miércoles, 18 de abril de 2018

PARADA Y FONDA.



A veces, algunas veces, no demasiadas ciertamente, encontramos a alguien que, sin saber por qué, no tiene carácter de parada y fonda en el camino de la vida –de  nuestra vida– entonces  y solo entonces, retomamos propósitos y proyectos de futuro para compartirlos; deshacemos el hatillo de búsquedas y deseos, dejamos que el sentimiento invada la estancia y nos instalamos en él. Hemos encontrado nuestra otra mitad.


Aquel loco de Bénedek explicaba, entre otras cosas, que en un principio no hubo en el mundo sino el “fango original”. Y en aquel “fango original” vivían unos seres muy extraños mitad varón y mitad hembra. Entonces apareció de pronto entre ellos el dios del “fango original”, llamado Taráfaga, quien dividió en dos con su larga y aguda espada a esos seres de dos sexos y los obligó a separarse.

Desde entonces, varón y hembra viven en dos cuerpos distintos. Aquellos seres partidos en dos se dispersaron y no cesan de buscarse, con aquella terrible herida que les llega desde la punta de la cabeza hasta el talón, anhelando reunirse de nuevo, derramando sangre y exhalando terribles quejas. Esa búsqueda, esa ansia y añoranza de uno y otro es el amor.
Algo flota sobre el agua Lajos Zhilahy pág. 65-66.

Ocurre con demasiada frecuencia que arrastrados por el entusiasmo no profundizamos lo suficiente como para darnos cuenta que la ubicación del otro es provisional, las puertas del refugio no quedaron cerradas del todo y pasado un tiempo las pretendidas verdades, la comunión, el entusiasmo salen empujadas por la corriente de la convivencia; olvidamos el hatillo y salimos de puntillas dejando junto al café sin apurar, los apuros de una quimera que se vistió de amor; atrapados y ligeros de equipaje huimos de la estancia. Atrás, desparramados, quedan proyectos compartidos, besos, caricias y promesas que no eran sino palabras. Se impone marchar, de noche o de madrugada, como furtivos, sin recoger nada. Entonces solo entonces, volvemos al laberinto de nuestra soledad.




viernes, 13 de abril de 2018

CON LAS NIEVES DE ABRIL…



Suspicaz ella, incrédula con los Meteosat, la ciudad se ha visto sorprendida por la nieve. Los coches, demasiado juntos en las avenidas, fuerzan guiños naranjas y rojos; por las calles, la urgencia, la compra distendida, el trote incansable de los niños, el paso indolente del jubilado y la zancada ausente del parado se ponen a cubierto en portalones y grandes almacenes. Un bolso previsor, da a luz a un paraguas “low cost” retráctil que –figura de vanguardia– encuentra cobijo en la papelera cercana.

La nieve, telón a veces blanco a veces gris difumina todo: el bar del barrio con olor a fritanga; la esquina donde se cambian billetes por la papelina salvadora; el pórtico de la iglesia ocupado por beatas de misa y telenovela; el porche del local en traspaso decorado con cartones y trapos de “Desi”, el sin techo. En la línea difusa de la calle, destellos verde ámbar y rojo con vocación de señal se hacen intento bajo el inesperado manto. A penas hay un respiro, la gente sale con prisa, no se sabe si en vano intento de buscar al Sol, si huyendo de la ciudad misma, si en busca del tiempo perdido, o de socorro para su atuendo.

Nieva en abril y la primavera, sorprendida, busca ponerse a salvo bajo los tejos del parque entre discretos gorriones y desaseadas palomas. Al desasosiego de infraestructuras, calles y edificios al que llamamos ciudad: luminoso en la mañana, ruboroso en la tarde, misterioso en la noche, con las nieves de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le saldrán.