Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

miércoles, 1 de febrero de 2017

REVIVIENDO EL PASADO. Patria de Fernando Aramburu


Con Patria, Fernando Aramburu cumple con la conveniencia/necesidad que todo escritor tiene/debía tener (utilizaré aquí este modo de expresión complementaria remedando a Aramburu) de escribir por y para la sociedad de su tiempo. Tiempo. Hoy parece lejana la fecha, pero ya/solo hace poco más de cinco años que los medios de comunicación anunciaban el «cese definitivo». Quienes geográfica, laboral, o socialmente estaban más próximos al entorno en que se desarrolla Patria, leerán esta –como  ya ocurriera con la trilogía dantesca de Oscar Esquivias– con otro afán. Los más distantes, podrán asomarse a una sociedad cerrada, recelosa y sujeta a la ley del silencio que durante 43 años fue, para propios y extraños, un mundo diferente y convivir con dos familias enfrentadas por «el conflicto» en las que se dan parte de todas las circunstancias posibles:

  • -      Dos amas de casa (etxekoandreak).
  • -      Sus maridos (uno víctima).
  • -      Tres hijos: médico, escritor, terrorista.
  • -      Dos hijas: una vive alejada con buena suerte, otra atada a tierra y familia por un ictus traicionero.

Cuando se visita un lugar por segunda o más veces se hace este más de uno más familiar, tras reconocer espacios que, motu proprio, hacemos nuestros y depositarios de nuestras experiencias. El entorno espacial de Patria bien pudiera ser: Rentería, Oyarzun, Azpeitia, Azkoitia, Llodio…, Aramburu lo silencia como los apellidos de los protagonistas. Yo lo he situado en tiempo y espacio conocidos pero, de cuyo nombre no debo acordarme:

Mientras que Olatz, la amatxo de Jose Mary preparaba la comida, este, antes cazador que amigo –y de esto lo era y mucho– me hacía conocer el pueblo en su esencia. Llegados a un bar que bien pudiera, pero no era el Pagoeta, cambió Jose Mary la sonrisa habitual por un gesto de silencio:
-Aquí –dijo– hablar solo del tiempo, ni de futbol por si acaso.
Así lo hice.
-Es un amigo, maqueto pero legal.
Sentenció presentándome a la cuadrilla de la que desde aquel momento formaba parte, cuidando siempre el consejo inicial.

La situación, de allá por los años 70 es real, los nombres supuestos, el lugar permanece en los tenebrosos rincones de mi cerebro.
Todos vamos a entender Patria, a vivirla. Algunos a revivirla.
Hasta aquí, la anécdota y el recuerdo, aun toca hablar de Patria en su faceta de construcción literaria.

domingo, 29 de enero de 2017

-¿DE AQUELLOS POLVOS ESTOS LODOS? AL TEATRO LO QUE ES DEL TEATRO.



Matrona o prostituta, sacerdotisa o emperatriz, la mujer en la Antigua Roma era considerada inferior según las leyes y permanecía siempre como una menor, es decir, jurídicamente igual que un niño. Dependía de la autoridad de su padre y si contraía matrimonio, de la de su esposo. De aquellos polvos, estos lodos.
El cuerpo sin vida de una mujer con señales de violencia ha sido hallado esta mañana en una vivienda de la urbanización de El Pocero en Seseña (Toledo). Horas después, la Guardia Civil ha detenido a su pareja, […] la Policía Judicial de la Guardia Civil está investigando la autoría del suceso, así como el grado de implicación del detenido en los hechos.
El País 28 ENE 2017
Casi a diario desayunamos con una noticia como la que precede a estas líneas y la pregunta se impone: ¿qué hacer para detener la violencia contra la mujer? De la duda surgen –políticamente justificadoras las más de las veces– soluciones como el teléfono 016, el alejamiento, la pulsera telemática, etc.; bienvenidas sean estas o cualquiera otra actuación en este sentido pero, quizá debiéramos plantearnos si el problema no hunde sus raíces en una forma de educación, en la relación de poder que la sociedad patriarcal estableció entre hombre y mujer. En el primer párrafo aludíamos a la Antigua Roma pero no es necesario retroceder tanto para encontrar situaciones de dominio de aquel sobre esta. Roberto Cantoral[1] popularizó la canción  El preso número nueve en cuyo contenido hay un mensaje inequívoco:
Al preso número nueve ya lo van a confesar.
Está rezando en la celda con el cura del penal.
Porque antes de amanecer la vida le han de quitar.
Porque mató a su mujer y a un amigo desleal
En 1993 Patrice Leconte[2] estrenó una película con el título La maté porque era mía (Tango). Recientemente el articulista José Confuso se preguntaba: « ¿Hay que acabar de una vez por todas con Mujeres Hombres y viceversa? Se les tacha de machistas […] y con todo llevan ocho años en antena».[3] Sin motivo aparente el cancionero, el cine, la prensa, han hecho mención a la mujer como propiedad del hombre y el teatro ha recogido el aplauso al don Juan burlador desde,  El infamador (1581) de Juan de la Cueva,[4] hasta, por ejemplo, La sombra del  Tenorio (1944) de Alonso Santos.[5]
El tema (más bien sinrazón) que, sin duda existió en el imaginario popular mucho antes de tomar cuerpo literario ha maridado con la noticia al releer El burlador de Sevilla. En la obra –dejando  para mejor ocasión el comentario sobre varias prostitutas y el intento de engaño a otra dama llamada Beatriz– cuatro  mujeres resultan burladas por «el campeón»: Isabela, Tisbea, Ana de Ulloa y Arminta, dos nobles y dos plebeyas «no importa la condición».
Pero… se impone la reflexión.
Los escritores del XVII obligados por espectadores, autores de comedia, actores y su propia subsistencia, reflejaron en Don Juan el deseo de divertimento de la sociedad, decantándose por la «reconocida» superioridad del hombre frente a la mujer como tema teatral. Lo verdaderamente dramático en este nuestro siglo XXI se evidencia a poco que indaguemos: «Desde los 18 hasta los 29 años, la cantidad de víctimas de violencia doméstica crece en España de forma progresiva. Muy especialmente desde los 19 años…»[6].
Al margen de la absurda «igualdad», la sociedad va allanando la senda de las desigualdades. Demos al teatro lo que es del teatro y a nosotros como sociedad, la capacidad de convencer razonando, de poco sirven las órdenes ni los dispositivos electrónicos ante la sinrazón.



[1] Roberto Cantoral García (1935 – 2010) cantante y compositor mexicano.
[2] Director de cine, guionista y actor francés.
[3] Periódico EL PAÍS (2-10-2016).
[4] Poeta y dramaturgo (1543 - 1612).
[5] Dramaturgo, director escénico, guionista.
[6] Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Jóvenes y género el estado de la cuestión, CRS – FAD, 2014

lunes, 23 de enero de 2017

EJEMPLARES POR LO NUEVAS: CERVANTES Y LA MUJER. La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa.


La gitanilla. detalle en el monumento a Cervantes (Madrid)

Rebautizados como Rinconete y Cortadillo; Rincón y Cortado, desterrado aquel, huido este, vienen  a ser dos pillos que ubicados en la particular sociedad de los amigos de lo ajeno buscan la inmunidad bajo el paraguas protector, estrecho y controlado del señor Monipodio.

Las mujeres de Rinconete y Cortadillo son… poco escrupulosas, no muy inteligentes y la honra, para ellas, está en impreciso término. Cervantes las describe con nombres peculiares y anteponiendo –por si hubiera duda– el artículo la junto a su nombre. La Gananciosa y la Escalanta entran con Monipodio: «entraron con él dos mozas […] llenas de desenfado y desvergüenza: […] en viéndolas Rinconete y Cortadillo conocieron que eran de la casa llana y no se engañaron en nada». Después, entra Juliana la Cariharta quejándose del trato recibido por su «novio»: «y allí entre unos olivares, me desnudó, y con la petrina […] me dio tantos azotes que me dejó por muerta». La Gananciosa la consuela al modo y manera que corresponde a su oficio: «Porque quiero que sepas que a lo que se quiere bien se castiga; y cuando estos bellacones nos dan, y azotan, y acocean, entonces nos adoran».

Las mujeres aquí son lo que son: el reverso de la medalla de Las novelas en las que la mayor parte de las damas reúnen todas las cualidades físicas, espirituales y sociales.

Cervantes, obstinado vuelve al robo –de personas y libertades– en La gitanilla. Preciosa, la noble gitanilla, es honesta entre ladrones, limpia entre gente sucia, bella: «Ni los soles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, […] pudieran deslustrar su rostro ni curtir sus manos».
Juan de Cárcamo, deja todo por amor y acepta vivir como el gitano Andrés Caballero con tal de que Preciosa le acepte como esposo: «determiné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme […] pues, es tu gusto que el mío al tuyo se ajuste y acomode, cuéntame por gitano».

Recalcitrante, Cervantes retoma el tema del rapto en La española inglesa con Isabela: «la más hermosa criatura que había en toda la ciudad», obligada a vivir en Inglaterra (enemiga de España al menos en aquellos tiempos) en calidad de esclava si bien en una familia noble de corazón y rango cuyo hijo se la declara. Ella escucha «con los ojos bajos mostrando que su honestidad igualaba a su hermosura y a su mucha discreción su recato». También queda destacada en Las novelas ejemplares la belleza espiritual cuando Isabel (Isabela) pierde temporalmente –Ricardo (Ricaredo) no lo sabe– la belleza física:

«yo Isabela desde el punto que te quise fue con otro amor que aquel que tiene su fin y paradero en el cumplimiento del sensual apetito […] tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro».

Las damas bellas, discretas y nobles aun sin ser de linaje son amadas por sus caballeros. El tema del honor en la mujer merece a los ojos de Cervantes lugar destacado en sus Novelas. La mujer está dispuesta a perder la vida en aras de la castidad, la honestidad y el honor como queda expuesto en otro pasaje de La gitanilla:

«aunque soy gitana pobre y humildemente nacida […] una sola joya tengo que estimo más que a la vida, que es la de mi entereza y virginidad […] Si vos, señor, por sola esta prenda venís, no la habéis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del matrimonio».


  El matrimonio, a veces forzado u obligado era la solución. Los tiempos han cambiado, el mensaje permanece.

lunes, 9 de enero de 2017

LIBERTAD, UNA INMENSA COLUMNA DE AGUA. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua.


Todo es nuevo bajo el sol que resplandece sobre los rascacielos, cuando el Caballero de Manhattan cuenta a su ayuda de cámara un sueño singular: Entre pasada y pasada de dos aviones que surcaban los cielos, apareciose una pastora engendradora de torres de nombre Marcela, «que de tan compasiva, se volvió habitable para acoger a las almas que en el mundo restaban» tras la destrucción de las dos torres «recias, altísimas, repletas de gente en sus entrañas», sembradas por Marcela y don Quijote.

De este sueño en el que como en todos, se mezcla lo real con lo irreal, lo absurdo con lo sensato, la sensación vivida con el recuerdo brumoso, nacen en don Quijote de Manhattan aventuras y sucesos en torno a la búsqueda de su nuevo amor: Marcela.

Por mor de los cinco siglos transcurridos o la necesidad de un nuevo significado Marina Perezagua cambia a Dulcinea por Marcela. ¿Por qué? ¿Como metáfora de la libertad? Pudiera ser.

La bella Marcela, amor imposible de Grisóstomo (Quijote 1,13) viene a ser una torre de libertad: «yo nací libre y para poder vivir escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura […] Yo, como sabéis tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme» (Quijote 1,14). Tras el discurso Marcela marcha sin esperar repuesta, algunos pretenden seguirla pero don Quijote de la Mancha, lo impide: «ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela» (1,14).

Las palabras de la bella pastora encuentran eco siglos más tarde. La grandeza de la libertad ciega a quienes la niegan en pos de la opresión. Este podría ser uno de los mensajes.


A diez páginas del final «convencido de que aquel era el momento propicio de cobijarse en su Marcela, de conquistarla, de penetrarla, de amarla desde dentro», vive el de Manhattan el mayor de sus desengaños: «Marcela pasó de ser sólida a convertirse en una inmensa columna de agua…».

jueves, 22 de diciembre de 2016

CREER EN LOS BUENOS LIBROS. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua.


«Marcela»
Los libros del lince es una pequeña editorial independiente que cree en los buenos escritores y en la necesidad de publicar libros capaces de contribuir a los debates públicos de forma crítica, y que miren el mundo desde nuevos puntos de vista.
Creemos que los buenos libros, como el lince ibérico, pertenecen a una especie muy bella que se encuentra en peligro de extinción. Nosotros tratamos de luchar por conseguir que sigan vivos.

Manhattan, enero 2016. Olvidados de Rocinante y el rucio, don Quijote y Sancho travestidos de androide y pacífico ewok de La guerra de las galaxias debían de adaptarse a los nuevos tiempos y así lo hacen por obra y gracia de Marina Perezagua en Don Quijote de Manhattan. El purista quijotesco puede ver como una profanación la reutilización –hay antecedentes– de los personajes de Cervantes cuando ambos son aclamados por un grupo de manifestantes desnudas o participan en una sesión de cibersexo, entiendo que no es tal. También en la novela de las novelas se trataba de –como  en un sueño– arreglar  el mundo. Allí fue, tal vez, el Amadís de Gaula, aquí La Biblia.

La apuesta es arriesgada y atrevida por lo que tiene de metaliteraria combinando el lenguaje de Cervantes (liciones, vuestra merced…) con el contemporáneo (comida basura, comercio de armas, racismo…). El lector –este lector– testigo en fin de los desequilibrios y aspectos chocantes de una sociedad que no es la suya, se auto obliga con la lectura a conocer mejor asuntos y lugares que le son extraños (Woodside, Dicks, Starbucks, Meadows Natatorium), a indagar sobre grupos étnicos (los shilluk) y ¡por qué no! Recordar a Gilgamesh. Todo y siempre bajo la premisa de una narración cómica que se torna onírica y catastrófica «Derribados estamos, mas no destruidos» a partir del capítulo XXIV cuando Quijote y Sancho vagan desnudos y sin zapatos en pos de «Marcela».


Quiero buscar –es tiempo de deseos– un paralelismo entre «el rosario de planchas de plástico doradas y brillantes» que cubrían a modo de dignísima armadura «el cuerpo todo» de don Quijote y la «pequeña editorial independiente que cree en los buenos escritores». El insigne caballero discurre por las calles de Manhattan con el «aggiornamento» que le corresponde. La obra de Marina Perezagua debe ubicarse en espacios singulares. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA CAPACIDAD DE ENTENDER. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua


Cuando en la segunda parte del Quijote Sancho consigue que sobrina y ama le dejen entrar en la casa y comunica a su amo que «andaba ya en libros la tan grande como puntual historia de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» (II, 2), no era consciente de que estaba sentando las bases para futuros viajes de gran envergadura.

El primero fue a Barcelona evitando Zaragoza para no ver amenazada su identidad por un personaje de otra obra que se dirigía a la capital del Ebro para participar en unas justas.

Cuatrocientos años más tarde don Quijote de la Mancha impulsado por las «divinas leyes de la aleatoriedad», aparece en Manhattan.

Caballero y escudero llegan de la mano –o con la complicidad– de Marina Perezagua un tanto desconcertados pero, con la también divina capacidad «de entender un idioma que nunca antes habían escuchado», a una boca de metro:

        -Mira Sancho amigo –dice don Quijote señalando una pancarta– Jesús te ama.
    -No es necesario que traduzca vuestra merced –dijo Sancho– ya lo he entendido.


Y así, de esta guisa, recorreremos en un primer intento con la pareja cervantina y Marina Perezagua de cicerone, las calles de Nueva York desde Queens hasta las Torres Gemelas.

martes, 18 de octubre de 2016

¡¡¡ VIVIR !!!


Parque del Parral (Burgos)

Satisfechos y adaptados al ritmo frenético de la vida olvidamos lo más importante: ¡¡¡ VIVIR !!!;  caminar redibujando la alfombra otoñal; admirar el árbol centenario que la cerrazón de la pretendida urgencia aparta de nuestro diario camino; palpar la naturaleza, oír su silencio y su murmullo.

Los árboles de la prisa y la malentendida superación social no nos dejan ver el parque y en él, la imagen – insólita hoy – de una cabra en lo alto de la tapia del Parral.

La vida bien merece la alegría de vivirla y como la cabra de la fotografía, situarnos por encima del Ibex 35, el desgobierno, la deuda pública…