Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 31 de enero de 2019

EN VERSO O EN PROSA. Cuaderno de vacaciones, Luis Alberto de Cuenca




A resultas de la definición que el DEL en su acepción primera hace de poesía: «Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, ya sea en verso o en prosa», pienso tras leer Cuaderno de Vacaciones o como consecuencia de ello, que a la definición habría de añadirse «acercamiento». Y es que, el desocupado lector acostumbrado al esfuerzo en lo que a la comprensión poética se refiere, Cuaderno se le ha antojado cercano; se preguntó por qué y en el diccionario encontró la respuesta: en PROSA.

¡Claro! Buscaba la rima; solo encontró la medida y..., une que te une leyó en prosa como cuando «nuestros padres nos endosaban religiosamente todos los veranos aquellos cuadernos de vacaciones para que no decayese nuestro entrenamiento intelectual»[1] y así, alejandrinos, endecasílabos, haikus..., maridaron a Safo, Hefesto, Walt Whitman, o el mismísimo Goethe, con la Movida madrileña. 


[1] CUENCA, Luis Alberto de, Cuaderno de vacaciones, pág., 7.

jueves, 24 de enero de 2019

Sobre el difícil parentesco entre novela e historia. Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Vicente Blasco Ibáñez



Dos meses después de estallar la Guerra Europea comienza a publicarse en el diario El Pueblo de Valencia la serie de cuadernos semanales Historia de la guerra europea. Vicente Blasco Ibáñez, su autor, es consciente de que no está narrando desde la independencia y la imparcialidad. No. No busca historia es una acción de propaganda francófila sin apoyo oficial. Consecuencia de ello, y ahora sí con ayuda francesa, visita puestos avanzados del frente, las ruinas del pueblo del Marne y el cuartel general del 5º ejército en Reims vetados a cualquier civil incluso francés. Este fue el comienzo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Tras la amarga experiencia de la aventura americana en que dejó prácticamente todo su patrimonio, Blasco ya no es el escritor de novelas sin tendencias políticas; sigue defensor de lo que entiende como causas nobles y opuesto sin fisuras a quienes opinan lo contrario. Asentado en este criterio concibe Los jinetes, obra partidista y aliadófila escrita con la espontaneidad e indignación de quien ve –como ocurriera en otros muchos casos– a los franceses como «buenos» y a los alemanes como «malos». El lector indulgente y consciente de que novela e historia no son la misma cosa verá en la obra una realidad en la que todos pierden.


Imagen Wikipedia

martes, 15 de enero de 2019

El españolismo de: The four horsemen of the Apocalypse. Vicente Blasco Ibáñez.



A Jackie, su sangre aragonesa por parte de padre le hervía. ¿Cómo era posible que una carta con la dirección: “Míster Ibáñez, Valencia, Spain; debidamente franqueada no llegase a su destino? The post office, machaconamente le devolvía la correspondencia una y otra vez con la estampilla: Wrong address. Ni corta ni perezosa se llegó a la embajada española, el amable empleado nacido en Ponga (Asturias) había leído a Blasco, pero en castellano.

-     Me parece que don Vicente ahora está en París, creo que tenemos la dirección. -Veamos...
-      Sí. Aquí está, creo que esta es la buena.

Vicente Blasco Ibáñez
4 – Rue Rennequin
París (France).

Había asegurado en su Club de Philadelphia que conseguiría un autógrafo, una nota o –por qué no– un ejemplar de The four horsemen of the Apocalypse firmado por Blasco Ibáñez.

Así pudo ser el comienzo, también otro, pero, lo cierto es que Vicente Blasco Ibáñez había olvidado la cesión de los derechos de traducción al inglés de su novela. La recepción de esta y otras cartas, notas y recortes de prensa estadounidense lo devolvió a la realidad del éxito y en consecuencia su celebridad en ultramar. Estados Unidos quintuplicaba ya la población de España lo que dificulta las comparaciones para el lector europeo; aun así, antes de llegar al año de su publicación traducida (1918 Dutton house New York), Four horsemen, alcanzó el medio millón de ejemplares; a principios de 1920 llegó a su 150ª edición, sumando ya millón y medio de ejemplares.

Esto no hizo rico a Blasco, legalmente la traductora era la propietaria de la obra.

Ni corto ni perezoso, como Jacqueline, Blasco Ibáñez cambia el rumbo, acepta la invitación de la Columbia University (aunque muy traducido era un gran desconocido) e inicia una gira que lo enriquece de experiencias y –ahora si– afirman su situación económica. Las conferencias pronunciadas en español en el país de Roosevelt, cumplieron la gran función literaria de potenciar el castellano por: California, Texas, Nuevo México, Arizona..., donde era entendido sin problemas. En el resto los discursos eran repetidos por un intérprete.

El Blasco colonizador que hubo de abandonar «Cervantes» y «Nueva Valencia» reaparece heredero de aquellos exploradores del XVI, con la nueva herramienta de las letras y España se posiciona culturalmente en el mundo anglosajón.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

«UN LIBRO QUE SIRVA A NUESTRA CAUSA». Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Vicente Blasco Ibáñez



Vicente Blasco Ibáñez abandona Argentina y la colonización de Cervantes y Nueva Valencia; tras recalar en España, fija por un tiempo su residencia en París; estamos en marzo de 1914. Desde allí, comienza a publicar artículos sobre la guerra: París canta, París sonríe, Esperando socorro..., buscando poner al servicio de los franceses información veraz, tratada, claro está, con la vehemencia que le caracteriza y la finalidad de servir a la causa aliada. Por esto, Los cuatro jinetes del Apocalipsis encuentra  su marco en el Blasco Ibáñez periodista.

En enero de 1915 Blasco escribe: “Estuve ayer con Poincaré cerca de una hora de visita”[1]. En aquella reunión con el presidente de la República, se dice que este le comentó: “Quiero que vaya usted al frente..., pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya usted como novelista. Observe y tal vez de su viaje salga un libro que sirva a nuestra causa”. Sea de esta u otra manera, lo cierto es que el 15 de marzo Blasco Ibáñez visita el Cuartel General del 5º Ejército en Reims e inicia un recorrido por la región del Marne donde, en 1914 y 1918, se disputaron dos importantes batallas a lo largo del río. El periodista–novelista entusiasmado siempre por la historia y la información comenzó la gestación de Los cuatro jinetes que empieza a tomar forma en noviembre de 1915. Curiosamente en este año Blasco tuvo prohibido dar mítines en España y durante una estancia en Barcelona hubo de ser protegido por la Guardia Civil (curiosa también la paradoja) de las amenazas de los germanófilos.

La novela es (discrepe quien lo desee) a mi juicio, sencilla y eficaz en el argumento y con un esquema clásico: planteamiento, nudo y desenlace. Del tronco común del Centauro Madariaga (un español emigrado a América) dos familias: la francesa Luisa–Desnoyers y la alemana Elena–von Hartrott quedan enfrentadas al regresar a Europa por mor de la diferente ascendencia de los cónyuges. Los arquetipos: Pampa Argentina con su dureza; les rues de París, bulliciosas y cosmopolitas; le Chatêau du Villeblanche; el militarismo alemán puesto en evidencia por Blasco; el frente y les villes arrasados, completan el cuadro de acontecimientos y personajes ensalzados siempre en modo y manera partidista a favor de los aliados. El tono grandilocuente y excesivamente trágico a veces de la narración, no eclipsa soberbias descripciones como la batalla del Marne.

Vicente Blasco Ibáñez era un desconocido en Estados Unidos hasta que Charlotte Brewster, escritora y traductora estadounidense le compra por 300 dólares todos los derechos de edición de Los jinetes. Su publicación tuvo en España una acogida discreta, fue en Estados Unidos donde su publicación cosechó el resonante éxito que la hizo famosa abriendo para Blasco las puertas de ese gran mercado editorial y de Hollywood. El 27 de febrero de 1921 se proyecta (cine mudo en blanco y negro) la película The Four Horsemen of the Apocalypse interpretada por Rodolfo Valentino. En enero de 1962 se estrenó una nueva versión  protagonizada por Glenn Ford e Ingrid Thulin, dirigida por Vincente Minnelli.



[1] Blasco Ibáñez. Su vida y su tiempo, Libertad Blasco-Ibáñez Blasco.

domingo, 2 de diciembre de 2018

LA MARCA ESPAÑA. Vicente Blasco Ibáñez

Imagen: Luis Lonjedo en Las Provincias

Ni un solo comentario sobre Blasco Ibáñez puede abordarse separando su vida pública de sus novelas, su obra, enmarcada en un contexto nacional e internacional de gran aceptación, se cuestiona en torno a la tantas veces planteada incompatibilidad entre número de lectores y calidad o en la composición de las capas sociales que gustan de esas lecturas. Todo novelista –entiendo– escribe bajo el influjo de un  impulso interior buscando transmitir nuevas ideas nacidas de una situación, una noticia, un libro o un personaje olvidado que de pronto reaparece. Y escribe con la finalidad de gustar al público y –discutible pero cierto– el objetivo de aumentar el número de lectores, o sea: ventas. Resulta incuestionable que fama y dinero permiten enfrentarse a circunstancias adversas e incluso al poder establecido, con mayor posibilidad de éxito aunque para ello haya que sacrificar honores y títulos, cargar con la negación y con el exilio. Un autor favorecido por economía saneada puede seguir siendo consecuente con sus ideas, satisfacer a su público y soportar la crítica; el público será quien capte y valore el contenido de la obra. Grosso modo esto es válido en cualquier época y en la decimonónica de Blasco la sociedad responde de un lado a las demandas del mercado capitalista y de otro a las necesidades de un proletariado en alza que, al no llegar a la literatura tradicional vigente demanda una ficción más activa que lo mantenga pendiente de la trama. Algo a caballo entre lo artístico y lo folletinesco.

Entre los escritores y crítica de su tiempo y el escritor-empresario-aventurero fiel al naturalismo en época de las vanguardias que persiguió –o fue perseguido– por riqueza y fortuna hay diferencias dignas de mención. Frente a la sobriedad la abundancia; frente a la economía mermada frecuente en la Generación del 98 el traslado en “Rolls Royce” de la villa de Menton a Monte Carlo; frente a cierta pasividad una vida de viajes, aventuras, duelos, mítines, cárcel, arengas...; frente a ediciones cortas y localistas, miles de ejemplares en varias lenguas. En el éxito pudo residir la razón –o sinrazón– de un olvido consensuado y premeditado. Pocos o ningún trabajo sobre Blasco prescinde de su frenética actividad política y social; sus contemporáneos en la escritura se comprometieron sí; pero en ningún modo con tal intensidad. Escritor de un éxito impensable a principios del XX, tras Los cuatro jinetes del Apocalipsis recorre varias veces Europa y América en clave apoteósica asediado por editoriales y productoras cinematográficas. Millonario, dueño de villas de recreo, viajero en yate..., mantuvo con orgullo su valencianismo:

Yo sabéis que soy muy valenciano. Yo soy todo lo que se puede ser de valenciano. Yo he sido bautizado ahí enfrente, en la «parroquia de los pillos», en la de San Juan. Yo he nacido en el corazón de Valencia. Yo he jugado en todas estas calles del mercado.
Esta mañana me acordaba yo, al inaugurar una escuela pública en el Cabañal, y mientras cantaban los niños de las escuelas de Ayuntamiento, y cuando les oía cantar me decía: “«yo también he sido xiquet de los que cantaban en la escuela. Yo he pertenecido a las escuelas municipales y hasta una vez he cantado el mes de María en la iglesia de San Bartolomé».[1]

y en consecuencia su españolidad (la marca España) por el mundo.


[1] , Discurso pronunciado en Valencia el 16 de mayo de 1921 al agradecer el nombramiento de Director honoris causa del Centro Cultural de Valencia.

lunes, 19 de noviembre de 2018

FILEK. El estafador que engañó a Franco. Sinfonía inacabada.



Al modo y manera de la sinfonía en si menor, D-757 de Schubert de solo dos movimientos y de la que está por demostrar que el autor tuviera idea de añadir más, de igual modo, la Guerra Civil Española como tema, inspiración o base para la novela, parece también inacabable.


Novela o «libro sin ficción» como dice Martínez Pisón, Filek ahonda en el delirio de grandeza que Franco tenía del concepto nación. Su Nación. Baste recordar la orla que circundaba la peseta de 1946-1963: «por la Gracia de Dios»; España con el Régimen había de alcanzar, partiendo de la nada [1] las más altas cotas de desarrollo y riqueza.


La novela –llamémosla así– pone de manifiesto gracias a una investigación rigurosa, la triste realidad de dos situaciones de diferente magnitud pero igual intención: la miseria del comportamiento de los vencedores:

Hacinados en condiciones infrahumanas los vencidos, despojados de sus pertenencias quedan a la espera de no ser «agraciados en una saca». Lo fueron al menos dos mil quinientos del bando nacional en Paracuellos y cincuenta mil del republicano en cunetas de media España –dice el autor.

De otro lado aún como protagonista pero ejerciendo de telón de fondo aparece el cuento de hadas de La Filekina en el que un combustible revolucionario despierta la megalomanía de un gobierno autárquico sediento de recursos.

Han de salvarse muchas, muchísimas diferencias, pero paralelismos haberlos hailos. Parece (y digo parece) como si todo dirigente elegido o impuesto quedase, desde el momento mismo de su nombramiento, revestido de facultades que lo convierten en dirigente omnisciente, gracias a lo cual puede, a su albedrío, quitar-poner, crear-eliminar; decir aquello y lo contrario sin consecuencia ninguna.

Esta (tal vez sesgada) y otras muchas conclusiones rondan tras la lectura de Filek. Compleja particularmente en su primera parte por la proliferación de nombres plagados de consonantes, fechas y situaciones se lee con facilidad sin que la atención decaiga. Es más fácil de entender para quienes vivieron la época y muy recomendable para quienes, históricamente quieran acercarse a la sinrazón de aquellos y lamentablemente otros muchos gobiernos de cualquier color, raza y condición que hacen del Estado su particular patio de Monipodio.

Pudiera ser que estemos abocados a sinfonías inacabadas.


[1] Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria (Groucho Marx)

miércoles, 17 de octubre de 2018

NOVENO ANIVERSARIO. LEER Y SER LEÍDO.


Un blog puede alcanzar su madurez a los dos o a los diez años, depende del interés, la constancia y por qué no, del tiempo disponible de quien lo mantiene con vida, no hay media de edad en su existencia. El Alfoz en su madurez –hoy cumple nueve años– ha comenzado a saber cómo se juntan las palabras cuando se rebelan; cuando y donde consultar fechas y acontecimientos; como se combate la desgana. Comprueba cada día con cierta nostalgia la inmediatez de Facebook, twitter, Instagram..., en los que con un «me gusta» se cubre el expediente en detrimento de un comentario por escueto y simple que sea. Pero sobre todo, y a pesar de todo, disfruta releyendo una y otra vez los comentarios de sus seguidores.

Hoy –porque todo tiempo pasado fue diferente– quisiera acicalarse como un adolescente; ponerse al día, parecerse a cuantos le visitan y, luciendo el mejor de los aspectos, no defraudar y sentir, tras los muchos descarríos, la satisfacción de leer y ser leído.
Gracias a todos