Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

lunes, 9 de enero de 2017

LIBERTAD, UNA INMENSA COLUMNA DE AGUA. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua.


Todo es nuevo bajo el sol que resplandece sobre los rascacielos, cuando el Caballero de Manhattan cuenta a su ayuda de cámara un sueño singular: Entre pasada y pasada de dos aviones que surcaban los cielos, apareciose una pastora engendradora de torres de nombre Marcela, «que de tan compasiva, se volvió habitable para acoger a las almas que en el mundo restaban» tras la destrucción de las dos torres «recias, altísimas, repletas de gente en sus entrañas», sembradas por Marcela y don Quijote.

De este sueño en el que como en todos, se mezcla lo real con lo irreal, lo absurdo con lo sensato, la sensación vivida con el recuerdo brumoso, nacen en don Quijote de Manhattan aventuras y sucesos en torno a la búsqueda de su nuevo amor: Marcela.

Por mor de los cinco siglos transcurridos o la necesidad de un nuevo significado Marina Perezagua cambia a Dulcinea por Marcela. ¿Por qué? ¿Como metáfora de la libertad? Pudiera ser.

La bella Marcela, amor imposible de Grisóstomo (Quijote 1,13) viene a ser una torre de libertad: «yo nací libre y para poder vivir escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura […] Yo, como sabéis tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme» (Quijote 1,14). Tras el discurso Marcela marcha sin esperar repuesta, algunos pretenden seguirla pero don Quijote de la Mancha, lo impide: «ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela» (1,14).

Las palabras de la bella pastora encuentran eco siglos más tarde. La grandeza de la libertad ciega a quienes la niegan en pos de la opresión. Este podría ser uno de los mensajes.


A diez páginas del final «convencido de que aquel era el momento propicio de cobijarse en su Marcela, de conquistarla, de penetrarla, de amarla desde dentro», vive el de Manhattan el mayor de sus desengaños: «Marcela pasó de ser sólida a convertirse en una inmensa columna de agua…».

jueves, 22 de diciembre de 2016

CREER EN LOS BUENOS LIBROS. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua.


«Marcela»
Los libros del lince es una pequeña editorial independiente que cree en los buenos escritores y en la necesidad de publicar libros capaces de contribuir a los debates públicos de forma crítica, y que miren el mundo desde nuevos puntos de vista.
Creemos que los buenos libros, como el lince ibérico, pertenecen a una especie muy bella que se encuentra en peligro de extinción. Nosotros tratamos de luchar por conseguir que sigan vivos.

Manhattan, enero 2016. Olvidados de Rocinante y el rucio, don Quijote y Sancho travestidos de androide y pacífico ewok de La guerra de las galaxias debían de adaptarse a los nuevos tiempos y así lo hacen por obra y gracia de Marina Perezagua en Don Quijote de Manhattan. El purista quijotesco puede ver como una profanación la reutilización –hay antecedentes– de los personajes de Cervantes cuando ambos son aclamados por un grupo de manifestantes desnudas o participan en una sesión de cibersexo, entiendo que no es tal. También en la novela de las novelas se trataba de –como  en un sueño– arreglar  el mundo. Allí fue, tal vez, el Amadís de Gaula, aquí La Biblia.

La apuesta es arriesgada y atrevida por lo que tiene de metaliteraria combinando el lenguaje de Cervantes (liciones, vuestra merced…) con el contemporáneo (comida basura, comercio de armas, racismo…). El lector –este lector– testigo en fin de los desequilibrios y aspectos chocantes de una sociedad que no es la suya, se auto obliga con la lectura a conocer mejor asuntos y lugares que le son extraños (Woodside, Dicks, Starbucks, Meadows Natatorium), a indagar sobre grupos étnicos (los shilluk) y ¡por qué no! Recordar a Gilgamesh. Todo y siempre bajo la premisa de una narración cómica que se torna onírica y catastrófica «Derribados estamos, mas no destruidos» a partir del capítulo XXIV cuando Quijote y Sancho vagan desnudos y sin zapatos en pos de «Marcela».


Quiero buscar –es tiempo de deseos– un paralelismo entre «el rosario de planchas de plástico doradas y brillantes» que cubrían a modo de dignísima armadura «el cuerpo todo» de don Quijote y la «pequeña editorial independiente que cree en los buenos escritores». El insigne caballero discurre por las calles de Manhattan con el «aggiornamento» que le corresponde. La obra de Marina Perezagua debe ubicarse en espacios singulares. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA CAPACIDAD DE ENTENDER. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua


Cuando en la segunda parte del Quijote Sancho consigue que sobrina y ama le dejen entrar en la casa y comunica a su amo que «andaba ya en libros la tan grande como puntual historia de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» (II, 2), no era consciente de que estaba sentando las bases para futuros viajes de gran envergadura.

El primero fue a Barcelona evitando Zaragoza para no ver amenazada su identidad por un personaje de otra obra que se dirigía a la capital del Ebro para participar en unas justas.

Cuatrocientos años más tarde don Quijote de la Mancha impulsado por las «divinas leyes de la aleatoriedad», aparece en Manhattan.

Caballero y escudero llegan de la mano –o con la complicidad– de Marina Perezagua un tanto desconcertados pero, con la también divina capacidad «de entender un idioma que nunca antes habían escuchado», a una boca de metro:

        -Mira Sancho amigo –dice don Quijote señalando una pancarta– Jesús te ama.
    -No es necesario que traduzca vuestra merced –dijo Sancho– ya lo he entendido.


Y así, de esta guisa, recorreremos en un primer intento con la pareja cervantina y Marina Perezagua de cicerone, las calles de Nueva York desde Queens hasta las Torres Gemelas.

martes, 18 de octubre de 2016

¡¡¡ VIVIR !!!


Parque del Parral (Burgos)

Satisfechos y adaptados al ritmo frenético de la vida olvidamos lo más importante: ¡¡¡ VIVIR !!!;  caminar redibujando la alfombra otoñal; admirar el árbol centenario que la cerrazón de la pretendida urgencia aparta de nuestro diario camino; palpar la naturaleza, oír su silencio y su murmullo.

Los árboles de la prisa y la malentendida superación social no nos dejan ver el parque y en él, la imagen – insólita hoy – de una cabra en lo alto de la tapia del Parral.

La vida bien merece la alegría de vivirla y como la cabra de la fotografía, situarnos por encima del Ibex 35, el desgobierno, la deuda pública…

lunes, 17 de octubre de 2016

Diez y siete de octubre


Con seguridad, ni la precaria estabilidad de las que debieran ser asociaciones políticas estables (partidos políticos), ni el estado de disfunción estatal que desde hace más de trescientos días padecemos; tampoco la concesión del Nobel de Literatura a Robert Allen Zimmerman "por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción", desplazando a PhilipMilton  Roth o Haruki Murakami.

Con seguridad – repito- estos acaecimientos se producen por azar  en un tiempo próximo al diez y siete de octubre, nuestro séptimo aniversario. Por circunstancias adversas, como si del oso pardo de la cordillera cantábrica se tratara, quedó en estado de hibernación y como al oso la primavera, la pertinaz agenda vino a sacar a El Alfoz de su letargo azuzándolo para que retome su actividad. Porque, como las meigas: haberlo, hailo.


Gracias por la visita a pesar del abandono.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Las Autonomías, La Educación, La Lengua, La Política, La Fiesta Nacional. LA ACTUALIDAD DE CARTAS MARRUECAS, de José Cadalso



Aun cuando se trate de ese manojo de cartas que atadas con una cinta aparecen en la vieja cómoda arrinconada en el desván, noventa cartas son muchas y abordar su lectura se hace laborioso. La resistencia aumenta si se redactaron en el último cuarto del siglo XVIII, no pertenecen al recuerdo de nuestra adolescencia y están impresas y encuadernadas. En Cartas marruecas, José Cadalso que hábilmente recurre en la introducción al recurso cervantino de otro autor -“La suerte quiso que por muerte de un conocido mío cayese en mis manos un manuscrito…”- rompe la dificultad cuantitativo-temporal haciendo intemporal su novela-ensayo porque la verdad está por encima de todo: “Otros lo han dicho antes que yo; pero no por eso deja de ser verdad y verdad útil” (Carta XLVIII). Cadalso aborda el problema de España considerando el pasado desde el presente del XVIII, nosotros debemos abordar la lectura de las Cartas situados en la realidad del XXI. La sola selección de algunos párrafos, sin más comentario, nos pone en situación:

Las Autonomías
“Aun dentro de la española hay variedad increíble en el carácter de las provincias. Un andaluz en nada se parece a un vizcaíno; un catalán es totalmente diferente a un gallego y lo mismo sucede entre un valenciano y un montañés. Esta península dividida tantos siglos en diferentes reinos, ha tenido siempre variedad de trajes, reinos y monedas”. (Carta II).

La Educación
“El atraso de las ciencias en España en este siglo, ¿quién puede dudar que procede de la falta de protección que hallan sus profesores? […] Pero yo te aseguro Ben-Beley, que si señalasen premios para los profesores, premios de honor, o de interés, o de ambos, ¿qué progresos no harían? Si hubiese siquiera quien los protegiese, se esmerarían sin más estímulo; pero no hay protectores.”  (Carta VI).

La Lengua
¿Quién creyera que la lengua tenida universalmente por la más hermosa de todas las vivas do siglos ha, sea hoy una de las menos apreciables? Tal es la priesa que se han dado a echarla a perder los españoles. […] cuando se hallan con alguna hermosura en algún original francés,  italiano o inglés, amontonan galicismos, italianismos y anglicismos, […] Añaden al castellano mil frases impertinentes. Lisonjean al extranjero haciéndole creer que la lengua española es subalterna de las otras. Alucinan a muchos jóvenes españoles disuadiéndoles del indispensable estudio de su lengua natal.“ (Carta XLIX).

La Política
“Política viene de la voz griega que significa ciudad, de donde se infiere que su verdadero sentido es la ciencia de gobernar los pueblos, y que los políticos son aquello que están en semejantes encargos […] pero han usurpado este nombre estos sujetos que se hallan muy lejos de verse en tal situación ni merecer tal respeto. […] Políticos de esta segunda especie son unos hombres que de noche no sueñan y de día no piensan sino en hacer fortuna por cuantos medios se ofrezcan.” (Carta LI).

La Fiesta Nacional
“Hoy he asistido por mañana y tarde a una diversión propiamente nacional de los españoles, que es lo que ellos llaman fiesta o corrida de toros. […] no hay un autor extranjero que hable de este espectáculo, que no llame bárbara a la nación que aún se complace en asistir a él.” (Carta LXXII).

Posdata
Entiendo Cartas marruecas como un ensayo epistolar  sobre las costumbres españolas que puede leerse en cualquier momento y orden. Cada relectura que estas líneas consigan de las Cartas será otro homenaje más a  la obra de Cadalso.





martes, 12 de julio de 2016

VOLVER A LEER EL DONCEL DE DON ENRIQUE EL DOLIENTE de Mariano José de Larra


La introducción general al argumento que en el capítulo primero de El Doncel de don Enrique el Doliente ofrece Larra al lector muestra la versión verosímil de una época. En consecuencia uno (o una para ser políticamente correcto) intuye que va a leer una novela histórica a pesar de:

Con respecto a la veracidad de nuestro relato, debemos confesar que no hay crónica ni leyenda antigua de donde le hayamos trabajosamente desenterrado; así que el lector perdiera su tiempo si tratase de irle a buscar comprobantes en ningún libro antiguo ni moderno…

A mi juicio y por poco que conozcamos de Larra, a la intuición histórica se asoma la razonable duda de rasgos autobiográficos que deja a lo histórico un tanto apagado y algo artificial por la insistente referencia a hechos conocidos por el lector, por la abundante presentación de clima histórico, por el  tono de misterio…

Muchos achacaron la ausencia del doncel a alguna hechicería de don Enrique de Villena y del judío, pero desde sospecharlo a saberlo había tanta distancia como hay de la mentira a la verdad.

y recursos de folletín romántico para que la atención del lector no decaiga:

—Soltad mi mano.
—No, sois mía y lo seréis.
— ¿Y ese amor es tan grande? ¿Me amáis vos, y me amáis comprometiendo mi honor y mi existencia?
—Sí, porque tú y yo no somos ya más que uno. Los dos felices, o desgraciados ambos. Uniónos el amor: la muerte sola nos separará

 Históricamente Larra, quizá por admiración a Enrique de Villena no quiere condenarlo. Enrique III que estaba muy interesado en doña María de Albornoz buscó una forma “digna” de deshacer el matrimonio haciendo a su esposo Gran Maestre de Calatrava. El matrimonio y su anulación tras declararse Enrique de Villena impotente fueron, evidentemente, fruto de la conveniencia.

Tal ocurre con un Macías amante cerril e insistente que no alcanza la verdadera dimensión de su pasión amorosa y una  Elvira poco congruente que ama a su esposo y se desvive por un amante a quién revela su pasión solo en el último momento. El comportamiento de Macías bien podría tener un paralelismo con la testarudez de Larra en su amor, posiblemente insoportable,  hacia Dolores Armijo que explicaría la conducta de ella. Comparemos expresiones de Macías con las de Larra cuando la crisis con su amante es ya completa e insuperable:

Macías, El Doncel

¿Juzgáis, señora, por ventura, que es lícito mirar a un hombre y elegirle con los ojos entre la multitud para abrasarle impunemente?
[…]
Yo os di a elegir, señora. Nuestra felicidad, y el secreto y cuanto vos exigieseis, o el escándalo y mi muerte. Vos elegisteis lo peor. Escrito estaba así. ¡Muerte y fatalidad!

Larra, Fígaro en el cementerio (El Español, nº 368, 2 de noviembre de 1836).

Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.
¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero!  ¡Aquí yace la esperanza!
¡Silencio, silencio!

Larra, artista de la narración breve, captador del momento; del quehacer humano en cuya representación refleja la su protesta; de la sátira; del humor, es hombre de su tiempo y El Doncel ambientada en la época de don Enrique el Doliente, hace continuas alusiones a su presente en clave crítica que incita a releerla en busca del interés que encierra lo irreal de sus situaciones, el drama del hombre.