Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 17 de octubre de 2019

«VOLVER» DÉCIMO ANIVERSARIO



El reencuentro con las aulas y el eco del tango Volver esparcido sin recato desde el tercero-B por el patio de vecindad, son los culpables. Hoy, remedando la canción de Gardel compuesta allá por 1934, la nostalgia me hace coincidir con el cantante:


Pero el viajero que huye
Tarde o temprano detiene su andar
Y aunque el olvido, que todo destruye
Haya matado mi vieja ilusión
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón

Volver con la frente marchita

                            [...]
Que veinte años no es nada

El desocupado lector a tono con el tanguero entiende que diez –que hoy cumple El Alfoz– lo son menos. Así las cosas, con alevosía y nocturnidad se propone suspender la vacación a sus presuntos seguidores continuando la labor aplazada –que no suspendida– durante ocho meses, diecisiete días y sus correspondientes noches.

Gracias a todos.

Nos leemos.

jueves, 31 de enero de 2019

EN VERSO O EN PROSA. Cuaderno de vacaciones, Luis Alberto de Cuenca




A resultas de la definición que el DEL en su acepción primera hace de poesía: «Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, ya sea en verso o en prosa», pienso tras leer Cuaderno de Vacaciones o como consecuencia de ello, que a la definición habría de añadirse «acercamiento». Y es que, el desocupado lector acostumbrado al esfuerzo en lo que a la comprensión poética se refiere, Cuaderno se le ha antojado cercano; se preguntó por qué y en el diccionario encontró la respuesta: en PROSA.

¡Claro! Buscaba la rima; solo encontró la medida y..., une que te une leyó en prosa como cuando «nuestros padres nos endosaban religiosamente todos los veranos aquellos cuadernos de vacaciones para que no decayese nuestro entrenamiento intelectual»[1] y así, alejandrinos, endecasílabos, haikus..., maridaron a Safo, Hefesto, Walt Whitman, o el mismísimo Goethe, con la Movida madrileña. 


[1] CUENCA, Luis Alberto de, Cuaderno de vacaciones, pág., 7.

jueves, 24 de enero de 2019

Sobre el difícil parentesco entre novela e historia. Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Vicente Blasco Ibáñez



Dos meses después de estallar la Guerra Europea comienza a publicarse en el diario El Pueblo de Valencia la serie de cuadernos semanales Historia de la guerra europea. Vicente Blasco Ibáñez, su autor, es consciente de que no está narrando desde la independencia y la imparcialidad. No. No busca historia es una acción de propaganda francófila sin apoyo oficial. Consecuencia de ello, y ahora sí con ayuda francesa, visita puestos avanzados del frente, las ruinas del pueblo del Marne y el cuartel general del 5º ejército en Reims vetados a cualquier civil incluso francés. Este fue el comienzo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Tras la amarga experiencia de la aventura americana en que dejó prácticamente todo su patrimonio, Blasco ya no es el escritor de novelas sin tendencias políticas; sigue defensor de lo que entiende como causas nobles y opuesto sin fisuras a quienes opinan lo contrario. Asentado en este criterio concibe Los jinetes, obra partidista y aliadófila escrita con la espontaneidad e indignación de quien ve –como ocurriera en otros muchos casos– a los franceses como «buenos» y a los alemanes como «malos». El lector indulgente y consciente de que novela e historia no son la misma cosa verá en la obra una realidad en la que todos pierden.


Imagen Wikipedia

martes, 15 de enero de 2019

El españolismo de: The four horsemen of the Apocalypse. Vicente Blasco Ibáñez.



A Jackie, su sangre aragonesa por parte de padre le hervía. ¿Cómo era posible que una carta con la dirección: “Míster Ibáñez, Valencia, Spain; debidamente franqueada no llegase a su destino? The post office, machaconamente le devolvía la correspondencia una y otra vez con la estampilla: Wrong address. Ni corta ni perezosa se llegó a la embajada española, el amable empleado nacido en Ponga (Asturias) había leído a Blasco, pero en castellano.

-     Me parece que don Vicente ahora está en París, creo que tenemos la dirección. -Veamos...
-      Sí. Aquí está, creo que esta es la buena.

Vicente Blasco Ibáñez
4 – Rue Rennequin
París (France).

Había asegurado en su Club de Philadelphia que conseguiría un autógrafo, una nota o –por qué no– un ejemplar de The four horsemen of the Apocalypse firmado por Blasco Ibáñez.

Así pudo ser el comienzo, también otro, pero, lo cierto es que Vicente Blasco Ibáñez había olvidado la cesión de los derechos de traducción al inglés de su novela. La recepción de esta y otras cartas, notas y recortes de prensa estadounidense lo devolvió a la realidad del éxito y en consecuencia su celebridad en ultramar. Estados Unidos quintuplicaba ya la población de España lo que dificulta las comparaciones para el lector europeo; aun así, antes de llegar al año de su publicación traducida (1918 Dutton house New York), Four horsemen, alcanzó el medio millón de ejemplares; a principios de 1920 llegó a su 150ª edición, sumando ya millón y medio de ejemplares.

Esto no hizo rico a Blasco, legalmente la traductora era la propietaria de la obra.

Ni corto ni perezoso, como Jacqueline, Blasco Ibáñez cambia el rumbo, acepta la invitación de la Columbia University (aunque muy traducido era un gran desconocido) e inicia una gira que lo enriquece de experiencias y –ahora si– afirman su situación económica. Las conferencias pronunciadas en español en el país de Roosevelt, cumplieron la gran función literaria de potenciar el castellano por: California, Texas, Nuevo México, Arizona..., donde era entendido sin problemas. En el resto los discursos eran repetidos por un intérprete.

El Blasco colonizador que hubo de abandonar «Cervantes» y «Nueva Valencia» reaparece heredero de aquellos exploradores del XVI, con la nueva herramienta de las letras y España se posiciona culturalmente en el mundo anglosajón.