Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

martes, 9 de enero de 2018

El placer del descubrimiento: Valeria se transforma.


El personaje de Valeria Santaclara me parece una aportación interesante, como prototipo actualizado de aquellas mujeres a las que se otorgaba por convicción el tratamiento de « la señora» en un entorno doméstico compuesto por: la criada, la doncella, la portera…; señoras, ellas, con cinta de raso en el cuello, vestidas «a la manera» y muy frecuentemente viudas o hermanas de militares de cierta graduación, médicos, o diputados. Valeria viene a ser, a mi juicio, la versión actualizada de aquella buena sociedad.

El orden está para algo, unos arriba y otros abajo, por herencia o por méritos, que yo ahí no me meto, que también los hijos de un obrero pueden hacer una carrera, pero cada uno en su sitio.

Cada uno en su sitio, que, imitando a Serrat sería: la zorra pobre al portal la zorra rica al rosal y

Sorprende al desocupado lector la evolución de Valeria manifestada particularmente el ¿capítulo? 99 y cabe preguntarse el porqué de esa urgencia con –permítaseme– cierto tinte folletinesco,

parecía haber una conjura universal, porque fue empezar a llorar Valeria y oscurecerse el cielo de repente […]  Un trueno seguido de una explosión de gruesos goterones puso la rúbrica.

con el añadido de violencia.

me agarró por el cuello y me miró […] acaso me das tú algo, inútil.

Como en las «pelis» de Alfred Hitchcock, en poco más de cinco páginas Valeria parece transfigurarse, ya no es la mujer de sesudas meditaciones sobre mil cosas, el personaje se transforma con una urgencia que el lector no espera, tal vez sea por le plaisir de la découverte.


3 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Se humaniza...dentro de un orden. Se conoce por fin.
Besos, Paco.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es lo que tiene andar rascando en el tonel... que en un momento determinado se llega al fondo...

María del Carmen Ugarte García dijo...

El gastarse los cuartos en sesiones de a 150 euros de a vellón para algo tenían que servirle a la señora.

En fin, los ricos también lloran, ya lo decían aquellas telenovelas.