Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

viernes, 15 de octubre de 2010

Sancho y el árbol caído. Don Quijote. Cap. 71 / II



Don Quijote -fatigado ya- regresa, intentando conservar en lo posible el personaje que asumió al hacerse caballero abandona muchas de las fantasías anteriores, recuperando en ocasiones parte de la cordura; Sancho continúa la evolución siempre en función de sus intereses, se adapta a la situación con un talante más realista, no exento de cierto egoísmo, digamos que aprovecha el árbol caído para obtener leña con la que mantener su hogar.

 En su obligado retiro don Quijote , tiene en el pensamiento puesto en el desencanto de Dulcinea, su fantasía le lleva a considerar la facultad milagrera de Sancho como solución. Éste, al margen de sentimentalismos, lamenta haber perdido la recompensa en especie y como buen conocedor de su amo, prepara el terreno para intentar compensar lo perdido, sabe que la propuesta se le viene encima y se anticipa:

“Si me traen a las manos otro algún enfermo, que antes que le cure me han de untar las mías; que el abad de donde canta yanta, y no quiero creer que me aya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la comunique con otros de bóbilis bóbilis”.

Sin entrar en valoraciones de tipo moral, tenemos aquí un hecho común, habitual en cualquier época. En mi opinión, el personaje Sancho siempre fue consciente de la inexistencia de Dulcinea, cansado ya de corregir problemas ajenos, opta por sacar provecho de la situación. No olvidemos que abandonó familia y hogar para obtener -podríamos achacarle ignorancia- dinero y posición:

Capítulo IV/I: ”Determinó (don Quijote) volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos”.

Capítulo VII/I:  “En resolución, tanto le dijo, (don Quijote) tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, alguna ínsula y le dejase a él por gobernador della. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino”.

Hasta aquí podríamos disculpar la actuación de Sancho calificándola de supervivencia.

Tras el punto narrativo en que el amo acepta las condiciones de su escudero se introduce una especie de gracioso entremés narrando un rocambolesco cálculo de Sancho que no soportaría ni mediana comprobación y da paso a un giro en la actitud de Sancho:  la utilización de la necesidad de don Quijote para sus propios fines.
Sancho se aprovecha de la situación aumentando el precio acordado por su colaboración y no sólo eso, si no que los azotes son simulados con lo que incumple lo prometido. El egoísmo está presente en cualquier circunstancia, y se manifiesta más cuanto más débil es el oponente

Con la ausencia de lances el retorno al hogar es más sereno, ahora el mesón es mesón, lugar  modesto adornado con sargas pintadas de malísima mano a través de cuyos dibujos, cada receptor hace su versión: Don Quijote añora épocas pasadas, Sancho ve sus hazañas reflejadas en todo lugar posible, Cervantes utiliza el párrafo para denunciar nuevamente el alumbramiento "deste nuevo don Quijote" con la misma frase que utilizara en:

Capítulo III/II: “Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba respondió: «Lo que saliere». Tal vez pintaba un gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: Este es gallo.

Dejamos a Sancho con los refranes de rigor, pendiente de su propósito de enmienda y de la aplicación de la pena restante.


7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡Qué picarón es Sancho! Pero veremos si al final se sale con la suya (referente a los dineros...). Besotes, M.

Cornelivs dijo...

Picardia y egoismo "sanchil" ante un hombre moralmente derrotado y hundido. Y traición: no se azota él, sino a los arboles. Lo que es la vida.



Un abrazo.

pancho dijo...

El pasaje de los azotes tiene tantas versiones e interpretaciones como lectores, la tuya es de las más válidas de todas: Sancho se aprovecha de la debilidad de su amo para subir el precio de cada azote. Siente que llegan a la aldea y no lleva nada tangible después de tantos servicios prestados.

Tampoco se olvida el autor del repaso de cada capítulo al apócrifo.

Un abrazo

Asun dijo...

Sancho se muestra muy espabilado viendo la ocasión de poder sacar tajada de los azotes, y no contento con eso, no se los da a sí mismo, sino que azota los árboles. Lo que digo, muy espabilado.

Abrazos

Myriam dijo...

Te diré que a mi me gusta que Sancho se las haya ingeniado para no darse los 3.300 azotes (quien de verdad los soportaría) y encima cobrar por ello.
1) Sancho sabe como sobevivir 2) revierte su condición de víctima.
Como dice ASUN, bien espabilado está el muchacho.

Besos
PD- Referente a los dinerillos, cabe la posibilidad también de que SANCHO moriría de verguenza si despúes de haber prometido el oro y el moro a su mujer, llegara con las manos vacias.... Vamos, que lo hace por la mujer y los hijos que es una buen atenuante. Y hasta ese momento, DQ le prometió mucho que no cumplió.

Abejita de la Vega dijo...

Lo has dicho muy bien, Sancho hace leña del árbol caído que es su amo. Y también hace leña con los árboles azotados, qué cuco.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Sancho aquí se comporta como un pícaro con su amo. Barrunta el final y quiere regresar con dinero, como en la Primera parte.