Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

lunes, 2 de abril de 2018

REVOLUCIÓN o AFÁN DE PODER.



Revolución o afán de poder es la primera de las incógnitas que se plantea ante la propuesta –generalmente por la fuerza– de un cambio profundo en las estructuras de cualquier sociedad. Sus promotores son tenidos por héroes o villanos dependiendo del lado de la balanza en que esté situada la opinión. Nos pareció oportuna para cerrar el ciclo de Juana I de Castilla hacer, siquiera de pasada, una mención al alzamiento de las comunidades castellanas.

Uno de los primeros apuntes para enjuiciar el suceso, debe ser la característica de extranjero de Carlos I. Otra el ansia de riquezas de flamencos y partidarios de Felipe «el Hermoso» –incluido don Juan Manuel– acaudillados por Chièvres, que tomaron Castilla como el botín a conseguir. De otro lado, nombrado Carlos I emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, este priorizó los asuntos del Imperio sobre los de España que  relegada a segundo término tuvo que sufragar el costoso viaje del Emperador con “el impuesto castellano”.

Al quedar vacante por la muerte de Cisneros la silla arzobispal de Toledo fue adjudicada a un sobrino (de apenas dieciocho años)  de Chièvres. La ciudad, ofendida por la imposición del flamenco niño arzobispo, el mal gobierno y por ver como la Corte fue trasladada a Valladolid y luego a Zaragoza y Barcelona, fue la primera en alzarse seguida de Madrid, Cuenca y la meseta norte contra Carlos I que, no obstante realizó su viaje para recibir el cargo de Emperador, dejando atrás un auténtico avispero social.

Nada es verdad ni es mentira. Cierto como en todos los conflictos, que se cometieron algunos desmanes (la cólera siempre supera a la ley), pero hay razones para pensar que los Comuneros lucharon por el bien de la colectividad. Los desaciertos iniciales de Carlos I; su juventud; el abuso de los consejeros flamencos; la indiferencia de doña Juana, llevaron a las comunidades de Castilla a tratar de poner coto a el autoritarismo del rey.

Entiendo que se puede catalogar la rebelión como el inicio de la democracia en España. 
  
Imagen: Ejecución de los comuneros de Castilla, óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert (1860):

Juan de Padilla escucha los consuelos de un fraile dominico que señala con sus manos al cielo. Resignado mira el cuerpo degollado de su compañero Juan Bravo, cuyas manos están siendo desatadas por uno de los verdugos mientras que otro muestra al pueblo la cabeza del ajusticiado. Francisco Maldonado, asciende  al patíbulo acompañado  de otro fraile que sostiene un crucifijo.

6 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

La primera de las revoluciones modernas o la última de las antiguas, la defensa de lo castellano o el freno a la modernización. La lectura que hagamos de aquella revolución significa mucho la manera en la que miramos a nuestro presente. Por eso mismo yo también soy partidario de hacer de esta revolución una llamada de atención a los poderosos que quieren gobernar sin el sentir del pueblo...

pancho dijo...

Este cuadro que nos has puesto en la cabecera es la representación gráfica de una derrota. Crónica de una derrota. Desde niño nos ha acompañado en la imaginación. No sé por qué, pero las preferencias siempre han sido a favor de los ajusticiados. "Desde entonces ya Castilla no se ha vuelto a levantar" como dice el himno oficioso. Somos un pueblo que ha caminado con paso de perdedores desde entonces.
Una cosa que me llamó la atención del libro es el apunte que hace el autor de que Carlos I pasara la mayor parte del tiempo en el extranjero. Hasta que lo trajeron a encerrarse en el monasterio de Yuste a descansar. Siempre tenía aquí a la madre reinando aunque fuera encerrada. Juana fue reina oficial junto al hijo toda su vida.
Buena reflexión sobre el periodo.
Un abrazo.

Ele Bergón dijo...


Siempre me atrajeron los Comuneros, pero ahora, después de leer este libro de Fernández Álvarez, me he dado cuenta que en realidad ellos también quisieron utilizar a Juana de Castilla. En esta ocasión , ella no se dejó manejar.

Besos

La seña Carmen dijo...

Desde entonces ya Castilla,
no se ha vuelto a levantar,
¡ay, ay!

Los comuneros fueron nuestros héroes en una época en que necesitábamos de ellos. ¡Éramos jóvenes y nosotros también soñábamos con una Castilla distinta!

Hoy nada de eso ha quedado,y con el paso del tiempo yo me he preguntado más de una vez ¿cómo estaríamos si hubieran ganado? Y también me he contestado: creo que más o menos en el mismo sitio.

La vida y la política dan muchas vueltas, pero esta última siempre se pone del lado de los poderosos.

Abejita de la Vega dijo...

La educación de Juana como princesa pesaba mucho y no firmó nada de lo que le presentaron los Comuneros.Se sentía flaca.
Besos

Myriam dijo...

Gracias por este trozo de historia
un tanto desconocida para mi y que por lo mismo, me facilita la lectura del libro sobre Juana en el que estoy inmersa.

Beso, Paco