Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

viernes, 8 de noviembre de 2019

RELEYENDO A LORCA. LA CASA DE BERNARDA ALBA, LOCURA O MUERTE



La casa de Bernarda Alba ópera del compositor y director de orquesta Miquel Ortega estrenada el 10 noviembre del 2018 en el Teatro de la Zarzuela.

Sé que Lorca siempre es actual, lo sé, pero hoy tras su relectura me lo parece más, si cabe. La casa de Bernarda Alba concluida por Lorca en junio de 1936, se estrenó en Buenos Aires en marzo de 1945. En España no subió al escenario del teatro Goya de Madrid hasta el 10 de enero de 1964.

El pasado año 2018 se cumplieron 40 años de la legalización de la píldora en España, su venta, exposición y divulgación de información sobre métodos anticonceptivos fue delito entre 1941 y 1978 y el aborto no se despenalizó hasta 1985.

Contrastar estas fechas abre camino a la reflexión sobre como con el teatro por herramienta pueden aflorarse vicios ocultos en la estructura de una sociedad hipócrita constreñida por las buenas formas de la apariencia y el «qué dirán». Hace ya 83 años con un oscurantismo galopante por telón de fondo Lorca presentó en esta obra el drama de cuatro mujeres privadas de manifestar sus impulsos emocionales y puso en evidencia que el apetito sexual femenino a pesar del tabú, ya existía.

Protagonizan la obra diecisiete mujeres, el hombre, solo un hombre, Pepe el Romano, es una sombra en el reparto. Desde el título mismo –creo– viene a proponerse un acercamiento al tema: «La casa». No Bernarda, ni las hijas ni Adela ni La Poncia, sino la casa entendida como sociedad en su conjunto.

Quiero ver otras claves:

Bernarda, a quien el lector/espectador odia antes de su aparición tras la presentación que de ella hace La Poncia (¡Mandona! ¡Dominanta!), asume el rol de las conveniencias sociales escenificando con sus hijas la situación de buena parte de aquellas mujeres españolas, magnificada con la anulación total de la libertad.

Dolor impuesto. El fallecimiento del padre lleva a la reclusión domiciliaria durante años como manifestación de luto. La madre liberada «del respeto debido» por muerte del marido toma el papel de opresora, conforme con la esclavitud de la apariencia.

Conciencia de clase y honor. Clase entendida como riqueza. Honor como imagen visible al público. Hablando de honor, en la calle una joven soltera es arrastrada y lapidada por el vecindario (mató a su hijo para ocultar su vergüenza).

No hay liberación posible, Adela, la hija menor, inicia el camino pero la andadura termina en suicidio. Josefa, la abuela, se evade por la locura.

La píldora que tal vez hubiera evitado el suicidio de Adela y la lapidación de la hija de La Librada era ciencia ficción cuando Lorca escribió La casa de Bernarda Alba.

No había otra solución: locura o muerte.

1 comentario:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Magnífica lectura que nos trae a Lorca a nuestros días, Paco.