Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

jueves, 1 de diciembre de 2011

Tierra caliente. Sonata de estío.



De entre la enorme variedad climática de América del Norte, escoge Valle Inclán la zona caliente. Embarca a Bradomín, personaje y narrador,  en una fragata que lo lleva al golfo de México. ¿Viaja para olvidar? ¿Movido por su primitivismo emocional?
De nuevo el paisaje: exuberante, colorista, atávico. Naturaleza explosiva.
En este marco, como no puede ser de otra manera tratándose del marqués: una mujer. Una mujer exótica como el paisaje, rodeada de servidores al modo de una diosa “Tenía esas bellas actitudes de ídolo, ese quietud estática y sagrada de la raza maya”. El camaleónico heredero de mayorazgos mexicanos, aparece reverente, con una sumisión casi sacerdotal ante la voluptuosidad de la criolla cruel e insensible tras “la trágica muerte de aquel coloso negro”.
El contrapunto de sadismo, hace crecer en Bradomín el placer de la transgresión, la emoción de la profanación. La diosa Chole es su objetivo más próximo, esa es la razón última del viaje hacia el exotismo con que empezamos la lectura de Sonata de estío.

Imagen: Selva Lacandona Chiapas (México) 

jueves, 24 de noviembre de 2011

Bradomín siglo XXI – Sonata de estío



Louis de Rouvroy –Grande de España- define a Anne de l´Enclos “Ninon”, como: "un claro ejemplo del triunfo del vicio cuando se dirige con inteligencia y se redime con un poco de virtud".
Desde la perspectiva actual, he aquí, la más clara definición, el retrato más verosímil  del marqués de Bradomín, que al comienzo de la lectura se nos presenta. Sus amores, desgraciados según él, hubieran conseguido la plenitud de haber nacido mujer: “A las mujeres para ser felices les basta no tener escrúpulos”.
Tanto la envidiadas damas (Thais de Grecia y Ninon de Francia), como la frase que antecede a estas líneas parecen dignas de mayor análisis:
No es la visión de un Don Juan la que ofrece Valle Inclán, y mucho menos nuestra afirmación de admirable en la entrada anterior. Más bien aparece como un personaje cínico, carente -él sí- de escrúpulos, para el que la mujer es un objeto mas puesto a disposición de su linaje.
Pero, no hemos de ver la Sonata desde el siglo XXI. Toda obra es consecuencia de una época, no se puede interpretar fuera de su tiempo. En definitiva, se convierte en testigo de nuestra evolución.
Quedémonos tras la lectura de estas memorias con la satisfacción de haber sido partícipes de  uno de los más importantes logros de la prosa modernista de España.

Ruinas de Palenque. México

jueves, 17 de noviembre de 2011

Memorias amables - Sonata de otoño



Memoria (escrita) es por definición la relación escrita en que el autor narra su propia vida o acontecimientos de ella. Valle Inclán, en la introducción a las Sonatas dice:
"Estas páginas son un fragmento de las “Memorias amables” que ya muy viejo, empezó a escribir en la emigración el Marqués de Bradomín. Un Don Juan admirable. ¡El más admirable tal vez!"
Las Sonatas son unas memorias voluntariamente parciales. En ellas sólo se  recoge una parte de los  acontecimientos “unos fragmentos”, y por añadidura los más amables.
Valle Inclán ha fraccionado las memorias para dejarnos cuatro episodios amorosos, nostálgicos preñados de ternura y en ocasiones patéticos “Todavía hoy, el recuerdo de la muerta, es para mí de una tristeza depravada y sutil” con la intención de dejar constancia del lamento de Bradomín por la vejez y la añoranza sensual.


 Imagen: Pazo de Ximonde. Vedra (Santiago)

jueves, 3 de noviembre de 2011

El azote de Dios- Sonata de otoño



“Yo la vestía con el cuidado religioso y amante que visten las señoras devotas a las imágenes de que son camaristas”.
Bradomín, y Concha son la  imagen de un catolicismo un tanto peculiar, de una ética al margen de lo que pregonan. Su condición, su linaje o más bien su irrespetuosa piedad,  sitúan a ambos lejos de la austeridad y cerca de los requerimientos de la carne.  La  viste –tras consentir ser desnudada- con religiosidad, ¿Puede haber un catolicismo diferente vinculado a la nobleza? Concha azota a Bradomín con sus cabellos: “¡Es el azote de Dios!” -dice él- “¡Calla hereje!” -responde ella; el marqués aviva los sentimientos detenidos por el tiempo en pos de la consumación refrenada por temor al adulterio. Asistimos a una  contradicción entre el  mundo de la santidad y la presencia continua del pecado, el cinismo evidente de él y la rendición de ella, a las situaciones místicas que  excitan aún más el deseo en los amantes a la sombra y cobijo del palacio. Aun, en ocasiones, Bradomín hace gala de integridad moral: “Dudaba si volver atrás para poner en aquellos labios el beso postrero: Resistí la tentación”.
Sonata de otoño bajo el manto del recogimiento,  deja muestra de una batalla magistral entre erotismo, amor y culpa; el placer de lo prohibido y la transgresión a la moral imperante, amor imposible, frente a ideal romántico.
Releyendo a Valle Inclán este lector se acerca al modernismo en estado puro.

jueves, 27 de octubre de 2011

El palacio de Brandeso – Sonata de otoño




La  tupida sombra que los plátanos orientales con sus copas entrelazadas proyectan, parece negarse a admitir que el solsticio de verano ha terminado. En claro contraste el suave olor a castañas asadas que  recorre  el paseo anuncia pertinaz  que el  otoño envuelve a la población con  su sinfonía de colores. El Palacio de Brandeso con su fachada heráldica a la sombra de sus viejos jardines, da testimonio de su genealogía.

Entre sus paredes, perdura agazapado un mundo de siglos, rancio y con cuerpo, como el vino que se coge en la Fontela; en cada rincón, en cada situación, surgen las pinceladas precisas. “Reinaba en la biblioteca una paz de monasterio”.

En la hora mágica de las veladas junto al fuego de la chimenea, donde “brillan los rubíes de la brasa”, el murmullo de la conversación, torna al pasado, al linaje que envuelve a la familia: condes, marqueses, obispos, mitos de la nobleza, privilegios ilustres o señoríos que para aportar una nota literaria, se remontan a Don Roldán atraído por una sirena.

Los muros de Brandeso, conservan la sombra de la anciana madre de Xavier culpando a Concha de sus extravíos. Bradomín describe a su madre aportando la transcendencia de su linaje “No está en los altares por haber nacido mayorazga y querer perpetuar sus blasones tan esclarecidos”.

Con precisión nos presenta Valle Inclán este Pazo de Brandeso, con una serie de telones de fondo donde la nobleza se refleja  imponiéndonos la solera de la  realidad familiar. El palacio y sus habitantes considerados parte de la historia de España crecen y se magnifican.   
Valle Inclán vuelve a transmitir  la plena sensación de un  otoño -ahora generacional- que se desarrolla en el interior, porque el otoño, su otoño, queda en ambos lados de los muros de Palacio.


Imagen: Pazo de Ximonde Vedra (Santiago)

jueves, 20 de octubre de 2011

Paisaje - Sonata de otoño




El aroma de un café recién hecho envuelve ese momento único en el que nos apartamos del mundo para adentrarnos  en la lectura y se crea la magia, Sonata de otoño se transforma en paleta de pintor, la letra impresa se torna paisaje, el lector, este lector, entiende, ahora sí, lo que supone la capacidad de transmitir sensaciones administrando con sabiduría elementos artísticos, y la diferencia que esto tiene con describir.
No hay reiteración, es como ponerle ojos a la palabra escrita, agregarle elementos pictóricos con los que, de la mano de Valle Inclán nos asomamos al paisaje de Galicia, de su Galicia.
“Cuando salimos al campo empezaba la claridad del alba”. “El sol empezaba a dorar las cumbres de  los montes….” Y sobre el verde fondo de la pradera alta, en el dominio de un Pazo….”
Tras las verjas, el Pazo de Brandeso pintado con el mismo pincel, muestra el sabor rancio, venerable y melancólico de su jardín, un jardín literario en torno a un símbolo de su tierra natal: el Pazo. La mirada, se aquieta ante ese trozo de Galicia captando un mensaje:
“Bajo la fronda de aquel laberinto, sobre las terrazas y en los salones, habían florecido las risas y los madrigales”.
Madrigales especialmente intensos, amorosos, delicados, con un trasfondo de remordimiento. El cariño ideal entona una despedida fingida - “¡Adiós, hasta mañana!”- rota al refugiarse dos cuerpos bajo las sábanas.
Hay algo musical, armonioso en la narración, que nos acerca a un amor imposible. La lluvia y el sol están siempre presentes, pacíficos caracoles sestean adormecidos al arrullo del agua de una fuente. Hay vida en estas páginas, de ellas surge un otoño, visto a través de los cristales dorados por el sol de los miradores de Brandeso, donde una enamorada triste suspira.
“Era noche de luna, y en el fondo del laberinto, cantaba la fuente como un pájaro escondido”.
Es difícil, verdaderamente difícil, escapar a la explosión de sensaciones pintadas por Valle Inclán en Sonata de otoño.

Imagen: Pazo de Ximonde. Vedra (Santiago) Bien podría ser el Pazo de Brandeso.




martes, 18 de octubre de 2011

Un millón de amigos.


Cuando un blog comienza su andadura, la meta de quien lo crea es, sin duda el título de esta entrada: un millón. Llegado a un nuevo aniversario resulta inevitable la mirada retrospectiva un tanto nostálgica -el tiempo vuela- y tremendamente reconfortante. ¡Hemos alcanzado el objetivo!

El milagro de la Web 2.0 me permite adivinar en tu rostro, querido lector, un gesto de incredulidad.

Paco, está soñando, vive en los mundos de Yupi.

¡No!
No es un sueño. Al día de hoy, en estos dos últimos años, con cada entrada, se  reúne en el seno de "El Alfoz", un puñado de amigos que valen por un millón.

Gracias por vuestro aliento y cariño. Sin este millón, nada hubiera sido posible.