Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

martes, 7 de diciembre de 2010

Nuestro pequeño mundo


Con trotecillo vacilante, el niño acortaba la distancia que le separaba de su objetivo, mientras que el columpio, ahora vacío, perdía recorrido en su vaivén.

Tengo hambre – dijo.

El lugar era un buen sitio para pasear, sobre todo en ésta época.

Al abrigo del muro, en la solana, un banco ejerce de improvisada sala de reuniones, a un grupo que peina canas, apenas disimuladas.

La verde bóveda, es ahora, una alfombra natural de ocres, amarillos, rojos, marrones… que cambia de forma al paso del caminante. Un olor a leña quemada, procedente de no sé donde, se mezcla con el aroma que la moqueta multicolor, desprende a mi paso, dejando en el ambiente una sinfonía de sensaciones única, pero no irrepetible.
Mañana, volveré.

El columpio inmóvil espera atemorizado la salida del colegio cercano. La reunión de la solana, se celebra hoy al amparo que proporcionan las hojas que aún resisten aferradas a las ramas conscientes de su inminente poda.

-Un día hermoso -dije- al tiempo que desplegaba el periódico.
Mi compañero de banco, encontró la oportunidad para romper el silencio:
-El parque es como un pequeño mundo –afirmó rotundo- se puede conocer a las personas con sólo estar atento. El periódico, por ejemplo, dijo señalando el mío, define la tendencia de quien lo lleva; sin dar lugar a réplica, continuó: y que me dice usted de los detalles, mire, aquella señora es venida a menos, la delatan sus pulseras siempre a la vista y su traje ajado por el tiempo…

-Es usted un gran observador, si le he comprendido bien, no hace falta ni siquiera hablar con una persona para saber cómo es, ¿no teme equivocarse?

-No demasiado, mis vecinos por ejemplo escuchan cada uno siempre la misma emisora, eso los define, deja traslucir su modo de pensar.

¿Me permite una pregunta?

-Claro –dijo.

-Tiene usted amigos?

-No hace falta, observar ya me divierte. Hasta otro día.

El observador se levantó sin volver la mirada, posiblemente pensando que no le comprendía.







13 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Deberías escribir mas relatos, Paco.

Cornelivs dijo...

Y quizas llevaba razón: no le comprendía. Y quizás el tampoco comprendia al otro.

Estupendo relato, amigo. Bueno es observar y tener esa capacidad de captar detalles, y coincido contigo en que se pueden extraer muchas conclusiones de una buena observación.

Pero en mi humilde opinion, un abrazo de un amigo es algo insustituible, que te refresca el corazón, y el alma.

Un abrazo...

pancho dijo...

El columpio vive del bullicio y del vaivén del asueto de los escolares. Se le ve triste en horario escolar, estático e inmovil como los árboles que flanquean la alameda y los grupos de jubilados que a la solana se cuentan sus batallas de tiempos mejores.

¡Cuánta sabiduría en esas solanas que tan bien nos describes!

Merche Pallarés dijo...

Precioso relato, muy nostálgico y otoñal. El observador tenía razón, a veces no se necesita nada mas. Besotes, M.

Manolo dijo...

Con la mera observación nos quedamos en la superficie. Para profundizar hay que tratar a las personas y compartir experiencias. Por eso el observador permanece solo, sin amigos.
Gracias por tu comentario, Paco. Fue un honor conoceros. Dale un beso a Begoña.
Un abrazo

BIPOLAR dijo...

Me quedo con el columpio. Allí siempre se refugian los niños que llevamos dentro.

Asun dijo...

Un columpio sin niños no es un columpio. Tal vez no haga falta hablar con una persona para saber cómo es, pero en esa incomunicación se pierden detalles muy enriquecedores. No es lo mismo, prefiero el trato directo.

Un beso

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Que dolor produce la incomunicación... Somos sociales... Pero nos viciamos de lo contrario. Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Me ha gustado tu relato. Incomunicación del que cree saberlo todo sobre los demás. Etiqueta por aquí, etiqueta por allá y...Ese columpio solitario, esa foto del parque de la Isla en otoño, tan bello. Espero que lo dejen bien...

Besos, Paco. Fue un placer conocerte en persona.

pancho dijo...

Nuestro pequeño mundo
, que seguro que conoces.

Aldabra dijo...

un relato fantástico, en serio, me ha encantado.

¿puede haber personas así que no necesitan amigos?... sería una pena pero seguro que "haberlos hailos", como las meigas.

biquiños,

Myriam dijo...

Precioso y melancólico relato otoñal. Asi vamos por la vida, creyendo saberlo todo sobre los demás y pensando en que no vale la pena el acercamiento que da la comunicación en vivo y en directo o, quizás sea por causa el miedo inconfeso que paraliza y hace que uno pierda magníficas oportunidades...

Un abrazo.
te envié correo.

Myriam dijo...

por causa Del miedo... dice. Vale