Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

martes, 7 de noviembre de 2017

PURO TEATRO. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escenografía de la muerte para «Don Juan Tenorio» Salvador Dalí

Nuestra memoria guarda el recuerdo de aquellos Estudio 1 de los años 1968 a 1983, en los que  TVE  reponía la obra de Zorrilla que visionamos desde la perspectiva de espectador. Hoy disfrutada la obra como lector la teatralidad de Don Juan Tenorio nos persigue de manera obsesiva. El Tenorio es: Puro Teatro.

“Corrían los primero meses de 1837, Zorrilla era todavía un desconocido que pasaba los días junto a su amigo y paisano Miguel de los Santos Álvarez, leyendo incansablemente en la Biblioteca Nacional, y las noches en el chiribitil[1]de un cestero. En la Biblioteca les trajo Joaquín Massard la noticia del suicidio de Larra y pidió a Zorrilla que leyera unos versos en el cementerio. Este los compuso aquella misma noche, según cuenta, en su bohardilla a la luz de una vela y con un mimbre afilado que mojaba en el tinte que utilizaba el cestero. En el cementerio de Fuencarral, frente al féretro y al pie de la abierta huesa - como se decía entonces - dieron los poetas su despedida al desventurado "Fígaro". De pronto, un adolescente desconocido comenzó a leer unos versos:

Ese vago clamor que rasga el viento
Es la voz funeral de una campana:
Vago remedo del postrer lamento
De un cadáver sombrío y macilento
Que en sucio polvo dormirá mañana.

A  medida que iba leyendo, cuenta en sus Recuerdos, se me embargó la voz y se me arrasaron los ojos en lágrimas y el marqués de Molíns tuvo que concluir la lectura de mis versos[2]. Al salir del camposanto  Zorrilla era el poeta festejado por todos; González Bravo le llevó al Café del Príncipe, donde conoció a Hartzenbusch y a Martínez de la Rosa. Intimó luego con Espronceda, el periódico El Porvenir le ofreció un sueldo de seiscientos reales y, finalmente, El Español le brindó la vacante dejada por Larra”[3].

El enorme arraigo del  Don Juan de Zorrilla mantuvo hasta hace pocos años la secular costumbre de representar la obra el día de Todos los Santos año tras año, en pueblos y ciudades de España. Las razones del éxito no parecen encontrarse en el dramatismo, el mensaje o el atractivo de sus aventuras, tampoco en que la interpretación del mito de don Juan esté más elaborada que la de otros dramaturgos que precedieron o siguieron a Zorrilla, sino en que es, posiblemente, la más teatral de todas. El pueblo español burgués se vio en ella representado, por lo que podríamos añadir una razón más a las claves de su éxito. En cierto modo la teatralidad viene anunciada en el subtítulo de la obra: “Drama religioso fantástico en dos partes”. A don Juan personaje del Tenorio no le basta con ser conquistador, espadachín, atrevido o burlador. Ha de serlo teatralmente, y este es el gran logro de Zorrilla.




[1] Desván, rincón o escondrijo bajo y estrecho.
[2] Recuerdos de un tiempo viejo Obras completas de José Zorrilla, Tomo II).
[3] Fragmento entrecomillado copiado de: http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/zorrilla/

3 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Has tocado todas las claves de la obra y de su éxito. Me quedo con una: esencia pura del teatro. ¡El juego de la literatura!

La seña Carmen dijo...

En aquellos años yo era asidua al Teatro Español donde se sucedieron a cual más interesantes puestas en escena que ayudaban a resaltar esa teatralidad.

La televisión, en cierta modo sucedáneo, también contribuyó.

Yo sigo añorando año tras año aquellas representaciones.

Abejita de la Vega dijo...

El Tenorio era algo popular. ¿Quién no sabía algún verso? Incluso quien nunca pisó un teatro.

Un placer leerte, Paco.