Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

miércoles, 2 de julio de 2014

Libertad, represión, sensualidad. La mujer en El rio que nos lleva. José Luis Sampedro


El interés de José Luis Sampedro por los gancheros comenzó en Aranjuez cuando, de niño, vio  como el Tajo quedaba “entarimado” con los troncos conducidos por los “pastores del bosque flotante”. Con ser la maderada ya en sí misma un espectáculo lo que más le sorprende son los hombres que la conducen, moviéndose con total naturalidad por la superficie del agua. Profundizar en su conocimiento le llevo a calificarlos como “los seres humanos más íntegros que había conocido”; “naturaleza en estado puro”, y así los retrata en El río que nos lleva. Rudos, sacrificados, nobles y temidos trabajan y viven desde el deshielo hasta comienzos de verano en un espacio del que son  reflejo mimético. Con la narración del día a día muestra la dureza de su trabajo denuncia las injusticias y manifiesta la libertad de este colectivo frente a las estructuras represivas dejando un amplio espacio a la reacción emocional, a la sensualidad.

Libertad, represión, sensualidad: hombres y mujeres.
José Luis Sampedro no habla solo de hombres, la mujer tiene en El río que nos lleva, su propio espacio. No la vemos desde dentro si no desde el impacto que produce sobre los demás. Antes de establecer una opinión sobre el tratamiento de la mujer en la novela, es interesante hacer memoria sobre su situación en 1940, época en la que se desarrolla la acción.

La gran aportación de la Segunda República a los derechos sociales y políticos de las mujeres -avance más formal que real, por el arraigo de tradicionales prejuicios y por la corta vigencia del régimen republicano- fue truncada por el golpe de Estado de 1936 y la implantación del tradicionalismo católico. La mujer pasó a la situación social, intelectual y política de ser inferior con vocación de madre y ama de casa recluida al ámbito del hogar, sujeta primero a los padres y después al marido. En  el terreno sexual verá reprimido cualquier atisbo de libertad en su cuerpo, perseguido el aborto, eliminado el divorcio y propagada la natalidad como pilar básico y razón de ser  de su presencia en el mundo.
El mensaje del Nacionalcatolicismo presenta a la mujer  con la carátula sus virtudes: maternidad dulzura, capacidad de  protección, diosa del hogar. Mascarada complaciente de una realidad supone: sometimiento en la vida cotidiana mediante la limitación de su capacidad social y jurídica, control de su cuerpo, implantación de pautas de comportamiento restrictivas en el modo de vestir e impulsoras de la pureza y la decencia formal como referencia obligada.

La mujer en El río que nos lleva parece desplazarse con una carga negativa. Paula lleva un pasado turbio hecho de pasión desengaño y sufrimiento. Nieves, prostituta valenciana se casa por conveniencia con un impotente dominado por su madre. Las intrigantes y malévolas hermanas Ruiz, Jesusa y Cándida, ejercen de  alcahuetas de su hermano. La viuda de Sotondo; Emilia y Agustina criadas de la leprosería de Trillo o Manuela la dueña de la taberna. Todas menos Paula se  rinden a la primera de cambio a los encantos del Seco y el Rubio. Sampedro elije la sensualidad -más amable al lector- para exponer su visión del mundo y sus  ideas a través de sus personajes. No es la tragedia lo que le interesa, apuesta por el placer efímero del fruto prohibido como respuesta a la adversidad, no menosprecia a la mujer, ensalza y canta su libertad y su derecho a decidir por sí misma. Defiende la vida y la naturaleza por encima del progreso, en un orden nuevo que tenga como base lo auténtico. Intenta despertar la conciencia del lector con la defensa clara y decidida de la libertad como hiciera don Pedro con la bombillita verde alimentada por una pila en su bolsillo.


6 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En efecto, Paco. No solo eso: parece que la sociedad no da en El río que nos lleva, ningún respiro a la mujer solo por ser mujer. Te has fijado en una de las claves del libro, sin duda.

pancho dijo...

La posibilidad de andar por la superficie del agua sin hundirse, como si se tratara de un milagro o de extraño animal, es otro atractivo más de la novela.
Aún no la he conseguido y he ido a por ella un par de veces, el librero debe estar a otras cosas más lucrativas.
Un abrazo.

Myriam dijo...

¡¡ Me encantó tu entrada, Paco!! y estoy muy de acuerdo contigo en tu planteamiento.

Besos

Gelu dijo...

Buenas noches, Paco Cuesta:

José Luis Sampedro, por boca de sus personajes hombres, nos deja bien claro lo dificilísimo que era vivir cuando “no se tenían tierras”, ni –en la mayoría de los casos- los más elementales estudios.
Para una mujer, todos los problemas se multiplicarían. En el relato, nos presenta a Paula, además de ser muy valiente, tenía que estar muy sola y en una situación muy desesperada, para unirse a ese grupo de desconocidos. El Americano desde el primer encuentro le inspira una gran confianza. Y los gancheros, se convirtieron en sus protectores.
Ah, y la mujer, hoy, si quiere, puede elegir libremente la maternidad, demostrar dulzura, capacidad de protección, y ser la diosa del hogar y fuera.

Un abrazo.

La seña Carmen dijo...

A pesar de las circunstancias adversas, siempre fue importante y determinante en nuestros pueblos el hacer de la mujeres: mandaban, intrigaban y manejaban los hilos desde la sombra, pero también levantaban casas ruinosas, arrimaban un jornal, ponían una mano en los trabajos duros, y siempre, siempre salieron adelante.

A esas mujeres, nuestras madres, nuestras abuelas, les debemos, aunque no lo parezca, mucho de lo que somos.

Abejita de la Vega dijo...

Las mujeres cargaban con muchos sentimientos de culpa, Paula se siente sucia, se siente mala y, en realidad, sólo es una víctima. El personaje opuesto es Cecilia, tan serena, tan pura...y no se le ocurre otra solución a su vida que la del convento. Otra víctima, triste destino el de la mujer española de entonces.

Tu entrada da en el clavo y en la clave.

Besos, Paco.