Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 22 de enero de 2015

Sed de diversión. Usos amorosos del dieciocho en España. Carmen Martín Gaite


Cuando en una tertulia surge el tema de la Historia, la Lengua o la Literatura, tan relacionadas todas, ocurre como cuando de programas de televisión se discute: todos vemos “La 2”. Creo que no es aventurado pensar que –haciendo abstracción del mundo universitario- es con el paso del tiempo cuando la Historia va sumando valor en nuestras vidas. A medida que profundizamos con y en ella descubrimos que si bien cualquier tiempo pasado fue anterior y distinto del actual (la frase la tomo de  Perogrullo). Hay multitud de paralelismos entre pasado y presente. Y algo de esto hemos querido entender al leer a Carmen Martín Gaite en Usos amorosos del dieciocho en España.

En el Siglo de la Luces la relación dama-cortejo debía de brillar por su inocencia; era lo establecido. Si así no fuera, el marido estaba obligado a mostrar fe y confianza en la esposa para no quedar en ridículo. Hoy, normas sociales mucho más abiertas hacen que hombre y mujer se relacionen con libertad y compartan decisiones pero las crisis persisten. Si nos paramos a pensar y contemplamos nuestro entorno veremos que en ambos sexos hay mucho silencio obligado para que la apariencia permanezca y, por qué no, por miedo al “qué dirán” que no es más que otra versión del ridículo.


Carmen Martín Gaite nos obliga a reflexionar cuando afirma que no es que en el XVII la mujer se aburriera, sino que en el XVIII se había dado cuenta de ello; que tenía sed de diversión, que los cánones establecidos no satisfacían sus necesidades más elementales. Por ello se lanzó con toda razón y justicia contra el adoctrinamiento y los caprichos del marido que se ocupaba de preparar para su esposa un estrado donde rodeada de sus criadas se entregara a labores de bordado. En Francia la mujer casada presidía ya entonces salones literarios. El ocio de la mujer española basado en la reclusión aumentó la sed de diversión. Hoy la sed podría ser de libertad e igualdad.

5 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué bien visto. Además, fue el inicio de toda una revolución.

Myriam dijo...

Sería interesante ver hasta que punto hoy persisten en la cultura/sociedad
ciertos elementos en el ideario colectivo que se arrastran de esa época.

Abrazos

María del Carmen Ugarte García dijo...

Amigos, ¿y las clases bajas qué hacían? ¿Qué posibilidades tenían esas mujeres? ¿Se parecían en algo a lo que nos muestra una serie tan mal documentada como Águila Roja? Me temo que no.

Por lo demás, el libro de Martín Gaite imprescindible.

Abejita de la Vega dijo...

Ahora se dan cuenta de que se aburren y de que viven recluidas. Lo tuvieron muy difícil.

Esos silencios me gustan...

Un abrazo, Paco.

Pilar dijo...

Me pregunto si hemos avanzado o no. Veo en ciertos comentarios a veces a mi alrededor de muchos prejuicios todavía.
Gracias por estas aportaciones.
Saludos y nos veremos el martes.
Pilar