Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

martes, 28 de abril de 2015

El lector, un personaje más del libro: Sefarad de Antonio Muñoz Molina


Erase una vez en que queríamos ser Tarzán, uno de los tres mosqueteros, “el bueno” de la peli del Oeste a la salida del cine, el domador o el trapecista si nos habían llevado al circo, queríamos implicarnos en la acción. Pasado el tiempo nos conformamos con ser nosotros mismos que no es poco, o lo que creemos ser, o lo que otros creen de nosotros.

La eficacia narrativa de Sefarad consigue que el lector se implique emocionalmente y se convierta en un personaje más del libro. Su lectura propone constantemente un maridaje entre el “yo” y el “otro” al que es difícil resistirse haciendo que nos impliquemos en la acción: Nos miran y sabemos que saben, y en silencio nos fuerzan a ser lo que esperan que seamos […] Nos miran y no sabemos a quién pueden estar viendo en nosotros, que inventan o deciden que somos. (Copenhague)El “tú” soy yo; por eso, en el espacio temporal de unas páginas, soy Hans Meyer, Heinz Neumann, o el profesor Klemperer, por eso…
Convivo con Primo Levi en su piso burgués de Turín o con Isaac Salama en Tánger cuando ambos creen ser ante todo italiano o húngaro. Llego a identificarme con la pregunta: Y tú qué harías si supieras que en cualquier momento pueden venir a buscarte, que tal vez ya figura tu nombre en una lista de presos o de muertos futuros […] (Quien espera)
Me identifico sin alternativa posible con las víctimas conocidas o anónimas del Holocausto: Eres Jean Améry viendo un paisaje de prados y árboles por la ventanilla del coche en el que lo llevan preso […] eres Evgenia Ginzburg escuchando por última vez el ruido peculiar con el que se cierra la puerta de tu casa […] (Eres).
Con emoción escucho las experiencias de uno de los pocos españoles de la División Azul que hablaba alemán, un joven alférez ascendido a teniente, y con él me doy cuenta que lo peor no reside en no saber, sino en no querer saber, no estar dispuesto a saber cuándo el fanatismo distorsiona la realidad. Como él tengo grabada la mirada de aquel hombre con gafas de pinza asido a un palo horizontal con alambre espinosa y una palabra: Juden, pronunciada como un latigazo por el capitán aficionado a Brahms.

El teniente, hoy anciano no quiere disculparse por aquello pero sí se siente obligado a dejar testimonio de lo que pasó, a seguir el consejo de la mujer judía que mientras bailaban lo aconsejó salir de allí y contar lo que pasaba: Tú no eres como ellos aunque lleves su uniforme, tú tienes que irte de aquí y contar lo que nos están haciendo. Nos están matando a todos uno por uno […] (Narva).


Ucrania, Siria, Gaza, Sudán del Sur, Irak,... y otros muchos lugares padecen desde hace años situaciones violencia no con el tecnicismo y programación de que hizo gala en nazismo de Hitler. Sí con fanatismo y arbitrariedad parejos. 

Imagen: Narva, Estonia

3 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Sin duda, Paco, es la clave del éxito de recepción de esta obra. Aquellos que no logren sentirse como estos personajes, no podrán con el libro. Allá ellos: no comprenderán nunca los grandes dramas de la Europa del siglo XX y el carácter universalizador del mensaje de las víctimas de los poderes autoritarios.
Excelente.

Myriam dijo...

Suscribo a todas y cada una de las palabras de Pedro. De hecho, sabes que estoy dentro.

Un beso, Paco querido

DORCA´S LIBRARY dijo...

Hola Paco, he leído tu entrada, he intentado dejar un comentario y algo ha fallado, a ver si ahora es la definitiva.
Esa mirada de "selección" de la víctima, que le inyecta el miedo y hace que se vaya convirtiendo en lo que su verdugo ve en él. Ese silencio que aisla, que mina, hasta matar. Qué bien lo has descrito.
Han pasado los años y aunque los métodos se han perfeccionado, el resultado sigue siendo el mismo. Hay gente que no quiere aprender a mirar a los demás como lo que son, seres dignos de respeto.
Saludos.