Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 3 de septiembre de 2015

Nuestro pequeño mundo


Desayunamos cada día con una nueva entrega del drama Mediterráneo escenario del mayor de los éxodos humanos desde la segunda guerra mundial con… digamos cierta indiferencia y perspectiva de avestruz ante contratiempo. Olvidados deliberadamente  del mundo al que pertenecemos, tendemos al convencimiento de que “no  caben todos” obviando las soluciones globales que con razón reclamamos como europeos para otras cuestiones. Verdaderamente es difícil y conflictivo  instalar a todos en un solo lugar Grecia, Italia, España, (por ejemplo) pero sí pueden ser acogidos entre los 503 millones de personas que habitan en una Comunidad (UE) cuya superficie es  de cuatro millones de kilómetros cuadrados. La tan temida inmigración supone solamente una  pequeña parte del total que abandona su país de origen por miedo a guerras, hambruna, violaciones y destrucción, la mayor parte de refugiados se queda en países en vías de desarrollo como Turquía, Jordania, Irak, Egipto, unos por convicción, otros por imposibilidad económica de sufragar un viaje en patera.

La respuesta-rechazo a la migración tiene a mi juicio su origen no en  estos movimientos, sino que nace de nuestro entorno más próximo, de nosotros mismos por miedo a perder eso que llamamos nuestra libertad. El pequeño mundo de trabajo, descanso costumbres, vida social en suma, donde quema horas el reloj de nuestra vida reacciona en contra del fenómeno migratorio.

Cuando el arribo de familiares o amigos a nuestra playa es liviano en responsabilidad, o de corta duración (vacaciones compartidas o “entrañables” fiestas navideñas con cuñado recalcitrante) nos mimetizamos con la circunstancia asumiéndola como mal menor: “para eso estamos”, “lo que haga falta” -solemos decir. Veamos: si por razones económicas, de enfermedad, sociales, etc., en nuestro espacio desembarcan familiares o amigos para tiempo no mensurable; horarios, costumbres, formas, chocan en nuestro pequeño mundo como en novela de ficción y comienza en nuestro interior la instalación de alambradas y concertinas mentales. Compartir pasa a ser oneroso, convivir trabajoso y nuestro tiempo se distorsiona. Somos... solidarios a tiempo parcial.


El tema de los refugiados no es fácil. No. Y menos para ellos, pero si volvemos la vista a nuestro pasado reciente veremos que la situación de hombres mujeres y niños que pueblan hoy andenes y fronteras huyendo del hambre, la guerra y la injusticia no difiere de lo que aconteció a nuestros padres o abuelos. También ellos buscaron un lugar mejor para sí y sus familias. Vivimos -a pesar de todo- en un mundo privilegiado.  Sólo cabe la generosidad.

4 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Excelente texto, Paco, que comparto en todo.
No, no es fácil este tema, sobre todo porque nosotros hemos causado estos dramas con las políticas económicas y geoestratégicas que deciden nuestros propios gobiernos. Y tiene que ser la foto del cadáver de un niño en una playa la única forma de que se nos asalte la conciencia. ¿Cuánto nos durará este malestar que ahora sentimos?

Myriam dijo...

Suscribo, Paco, excelente denuncia.
Es monstruoso e inconcebible que
en pleno Siglo XXI esté pasando esto.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Los libros de Historia contienen mapas llenos de flechas. Y ninguna fotografía satélite nos ofrecerá una imagen del planeta con fronteras.
Un drama con mayúsculas, Europa no puede quedarse de brazos cruzados.
Besos, Paco.

Ele Bergón dijo...

Paco, me alegra de tu vuelta. Espero verte en El club de lectura presencial.

A decir verdad, me duele tanto lo que está pasando con los refugiados, que me cuesta escribir sobre ello. Tú has tenido el valor de enfrentarte y dejarnos este escrito, donde expresas opiniones que también comparto. Hay un lema que dice algo así como : Si quieres cambiar la vida de otros, empieza por cambiar la tuya" y por eso, porque vivimos muy acomodados, nos cuesta hacer frente a este problema.

Los dirigentes de la Unión Europea, impresentables.

Un abrazo