Reflexión

Cuando triunfó el nuevo material de escritura [el pergamino], los libros se transformaron en cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. (El infinito en un junco. Irene Vallejo).

jueves, 26 de agosto de 2010

El ocaso de…El Último Romántico. Don Quijote. Cap. 64/2


“Que trata de la aventura que mas pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido".

Con éste comienzo el lector se prepara para lo peor, tal vez por ésta razón en el primer párrafo, Cervantes dulcifica la situación para que recorramos el texto con más interés, incluso con un cierto suspense. Se sirve para ello de la belleza y discreción de Ana Félix como portada, la posible aventura de don Quijote para liberar a Gaspar Gregorio recordando la narración del retablo de Maese Pedro como argumento y la certera advertencia de Sancho a modo de prólogo:

“Advierta vuesa merced que el señor don Gaiferos sacó a su esposa de tierra firme y la llevó a Francia por tierra firme; pero aquí, si acaso sacamos a don Gregorio, no tenemos por dónde traerle a España, pues está la mar en medio”.

 Así, la liberación de Gaspar es en principio adjudicada al renegado quedando don Quijote en reserva, por si el español no saliese bien del caso.

Pero,en cuatro días el futuro de don Quijote da un giro con la incorporación por sorpresa del Caballero de la Blanca Luna y en principio, contra lo que en la obra venía siendo habitual, sin el conocimiento de ninguno de los personajes de la misma. Cervantes va a cambiar el curso de los acontecimientos con un reto inusual: Nuestro Quijote -el último romántico- se ve obligado a luchar y aceptar las condiciones del desconocido caballero para mantener que la belleza de su dama no tiene parangón.

“Jamás habéis visto a la ilustre Dulcinea; que, si visto la hubiérades, yo sé que procurárades no poneros en esta demanda porque su vista os desengañará de que no ha habido ni puede haber belleza que con la suya comparar se pueda”.

En ésta ocasión –es el principio del fin- el contrincante no resulta vencido como el Caballero de los Espejos en el capítulo 14/2 o se retira como ocurriera en el combate con Tosilos en el 56/2, sino que arremete con no mucha, pero sí suficiente furia contra el viejo y cansado caballero al que, con poco esfuerzo rinde.

“Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad; aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra”.

El pasaje es utilizado por Cervantes magistralmente, para manteniendo la firmeza y honra del protagonista, acercarle al fin de sus correrías.

“—Dijo el de la Blanca Luna—;viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso; que sólo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año, o hasta el tiempo que por mí le fuere mandado, como concertamos antes de entrar en esta batalla”.

Deslocado (deslocado: ‘dislocado’, ‘torcido’, pero también deslocado ‘desalocado, curado de locura’) quisiera Sancho que quedara su amo tras semejante suceso, del que como premonición de lo que puede acontecer es sacado en “silla de manos que mandó traer el visorrey”.

Quedamos a la espera de saber, quien es el Caballero de la Blanca Luna que de tan mal talante ha dejado a don Quijote.

Imágenes: Antonio Carnicero y Gerónimo Gil

jueves, 19 de agosto de 2010

De galeras y otra peregrina historia. Don Quijote. Cap. 63/2




Las promesas de la encantada cabeza han arraigado en don Quijote y Sancho como la carta de un niño a los Reyes Magos. Entretenidos en estos pensamientos embarcan en el bote que ha de llevarlos a la galera capitana, don Quijote es recibido como un héroe y Sancho volteado por la chusma.
Don Antonio ha preparado la escenografía para que ambos acepten de buen grado, cualquier situación futura.
La narración de los sucesos de la galera muestra como Cervantes domina el lenguaje marinero –crujía, bandines, entrena- resultado de su permanencia como soldado en la galera Marquesa .La descripción del trabajo de los galeotes contiene así mismo elementos del argot de galeras –espaldar, corbacho, rebenque- quizás de peor recuerdo para Cervantes al asociarlo con su apresamiento por los turcos en la galera Sol.

En el anterior capitulo don Quijote, salió molido y quebrantado por el baile, Sancho en éste es sometido a un supuesto bautismo marino, volteado de mano en mano de estribor a babor, la ceremonia no es del gusto de don Quijote, que no duda en firmar con la espada cuanto dice de palabra:

“Don Quijote, que vio el vuelo sin alas de Sancho, preguntó al general si eran ceremonias aquellas que se usaban con los primeros que entraban en las galeras; porque si acaso lo fuese, él, que no tenía intención de profesar en ellas, no quería hacer semejantes ejercicios, y que votaba a Dios que si alguno llegaba a asirle para voltearle, que le había de sacar el alma a puntillazos; y, diciendo esto, se levantó en pie y empuñó la espada”.

Sancho se asombra de que un solo hombre –cómitre- azote a tanta gente desdichada, por el contrario, a don Quijote el mosqueo sobre las espaldas de la chusma le recuerda el desencanto de Dulcinea a cuenta de su escudero, que se libra de responder por la aparición de un bergantín de corsarios turcos.

El travestido patrón de esta nave, resulta ser Ana Félix, hija de Ricote (cap.54/2) que narra otra interminable historia de su huida a Berbería seguida de su enamorado Gaspar Gregorio al que por cierto, en el referido capítulo, Cervantes cita como Pedro Gregorio y que también resulta travestido a mujer mora para salvar su integridad frente a los turcos:

“Turbeme considerando el peligro que don Gregorio corría, porque entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un mochacho o mancebo hermoso que una mujer, por bellisima que sea”.

En la historia reaparece Ricote identificándose como padre de Ana Félix y como diría Sancho en 54/2 “vestido de moharracho”.
Con el indulto a los dos turcos que mataron a los soldados de la capitana el ofrecimiento del renegado para liberar a Gaspar Gregorio, la disposición de Ricote para costear la operación y el hospedaje de padre e hija en casa de don Antonio se cierra éste completísimo capítulo

viernes, 13 de agosto de 2010

La cabeza respondona. Don Quijote. Cap. 62/ 2




Veremos, era el fin de nuestra anterior entrada y en eso permanecemos.
El recomendado de Roque Guinart, pone a Quijote y Sancho en manos de don Antonio Moreno, amigo de holgarse, sin ofender demasiado. En ésta ocasión el Autor nos presenta a un don Quijote, exhibido como  trofeo y a Sancho como bufón de la corte. Contentos ambos con el trato que reciben, se dejan querer y agasajar, ajenos, como ya ocurriera con don Diego de Miranda y el duque, a los devaneos de las clases superiores. A la sazón,vestido de calle, con sotana,  sobre un gran macho en lugar de Rocinante y portando un pergamino -inocente, inocente-, don quijote orgulloso exclama:

" Grande es la prerrogativa que encierra en sí la andante caballería, pues hace conocido y famoso al que la profesa por todos los términos de la tierra. Si no, mire vuesa merced, señor don Antonio, que hasta los muchachos desta ciudad, sin nunca haberme visto, me conocen".

Tras la presentación de la cabeza encantada las preguntas para el lector se suceden: ¿ Que pretende Cervantes con éste relato? Ridiculizar tal vez las supersticiones. Crear un paralelismo con la cabeza del gigante de su imitador Avellaneda. Simplemente describir el artificio de las  ferias de antaño.

En éste punto aparece un castellano que increpa a don Quijote.¿ Porque un castellano precisamente  es el que le acusa de loco mientras los catalanes se ríen de él?

"¡Fugite, partes adversae!" -huid demonios-

Con ésta fórmula exorcista y el recuerdo de la sin par Dulcinea, consigue don Quijote, aunque molido y quebrantado librarse del asedio de las dos pícaras damas que le acosan con sus requiebros.

La popularidad de la cabeza de emperador romano que para don Quijote y Sancho queda como encantada, especialmente para aquel, puesto que le auguró el desencantamiento de Dulcinea, llega a suponer para don Antonio una fuente real de peligro al hacer jugar a la Inquisición un papel de antagonista.

"Aquí se imprimen libros".

Una vez dentro de la imprenta, las preguntas sin respuesta hacen mella en éste desocupado lector:
¿Cual es la razón por la que cita don Quijote a Ariosto autor de Orlando el furioso. Resta mérito a traductores y copistas con la excepción de Figueroa en la tragicomedia Pastor Fido y del amigo y retratista de Cervantes Juan de Jaúregui traductor del drama pastoril  de  Amintas y la ninfa Silvia. Lanza aviso sobre los problemas de distribución de una obra y firma la oportunidad de escribir por provecho y no por fama?

"¿Imprímese por su cuenta o tiene ya vendido el privilegio a algún librero?"
"¿Quiere vuesa merced que se lo dé a un librero que me dé por el privilegio tres maravedís, y aun piensa que me hace merced en dármelos?"
"Provecho quiero, que sin él no vale un cuatrín la buena fama".

La vena mística de Cervantes hace una breve aparición con Luz del alma y sus infinitas luminarias.
No podía faltar en una imprenta la segunda parte del Ingenioso Hidalgo que en opinión de don Quijote aun cuando todavía no ha sido quemado, le llegará su San Martín como a todo puerco.

Con tanta pregunta por resolver y el jefe de galeras como guía, dejo a la comitiva mientras pensamos en la siguiente entrada de tan vacacional mes. 

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jueves, 5 de agosto de 2010

La noche de San Juan. Don Quijote. Cap. 61/2


Imagen: Jaume Pahisse

De lo que en principio parece una exaltación del bandolerismo, haciendo abstracción de los hechos delictivos, podría hacerse una segunda lectura e interpretarlo como un canto a la aventura:
Un caballero andante que por circunstancias, convive con la banda de Roque Guinart se ve atrapado por una variante del Síndrome de Estocolmo, llega a identificarse con los que en principio eran sus captores, y no puede por menos de envidiar la vida errante,  activa y peligrosa, en la que, hasta  los propios compañeros pueden ser sus peores enemigos. Tal vez, pueda ser éste el motivo de la aparición del bandido en escena.

La noche mágica de San Juan en la que se celebra el solsticio de verano es la escogida por Cervantes, para que don Quijote y Sancho vean el espaciosísimo mar por vez primera; el estruendo de la artillería propia de la fiesta, sirve de fondo para que el recibimiento engrandezca al auténtico caballero andante y humille aún más al ficticio y apócrifo, como pregona el avisado de Roque que aprovecha  para resaltar el nombre de Cide Hamete, mientras que en su respuesta a Sancho, don Quijote evita con habilidad pronunciar el de Avellaneda:

“Estos bien nos han conocido; yo apostaré que han leído nuestra historia, y aun la del aragonés recién impresa”.

Nuevamente asistimos a un recibimiento triunfal, seguido de una humillación. La obra ha calado ya en el lector de esta segunda parte, y se hace penosa tanta burla. A trece capítulos del final, Cervantes escoge el sabor agrio de la afrenta, tal vez como reflejo de la realidad a la que se enfrentan altruistas y soñadores.

Cide Hamete, compadecido, sitúa tras el penoso suceso de los muchachos y las caballerías, a don Quijote y Sancho junto a un caballero principal, al que, en principio, quiero suponerle buena intención, por su relación con el bandolero Roque. Veremos. 




jueves, 29 de julio de 2010

Roque, bandido y juez. Don Quijote. Cap.60/2




Nada es casual en el Quijote, el paso de una a otra escena o situación, se produce de un modo natural, el cambio de rumbo a Barcelona viene acompañado de un cambio –temporal- de protagonista; caballero y escudero son sustituidos en la acción por Roque Guinart, un bandido que con su banda, recorre los caminos en busca de  botín  y aventuras.

Seis días de camino, dan tiempo para pensar y don Quijote retorna a su nostalgia, el encantamiento de Dulcinea le persigue, a Sancho no parece preocuparle en exceso cumplir su promesa de liberarla, por lo que decide acelerar el proceso, propinando a Sancho al menos dos mil azotes a cuenta. El asunto da lugar a mostrar la nueva relación que se ha establecido entre amo y criado; el enfrentamiento ahora, es claro y abierto, no solo verbal, en la presente ocasión tiene lugar una lucha cuerpo a cuerpo, Sancho no está dispuesto a ser “vapulado” si no es por propia voluntad:

“¿Cómo, traidor? ¿Contra tu amo y señor natural te desmandas? ¿Conquien te da su pan te atreves?
Ni quito rey, ni pongo rey —respondió Sancho—, sino ayúdome a mí que soy mi señor. Vuesa merced me prometa que se estará quedo y no tratará de azotarme por agora; que yo le dejaré libre y desembarazado”.

El litigio entre amo y criado finalizó con acuerdo, enlazando con una escena-denuncia del modo de proceder de la justicia de la época: ahorcamiento masivo de los condenados, para ejemplo y aviso al pueblo.

Con la aparición de la banda de Roque Guinart, cambia como decíamos el protagonismo de la acción, pasando al bandido y sus escuderos. Don Quijote se lamenta por haber sido sorprendido desarmado. Consciente ya de su fama, se identifica seguro de ser conocido y admirado por sus aventuras y así sucede, Roque se muestra satisfecho con su compañía estableciéndose una relación de amistad entre ambos.

Roque Guinart representa el modelo de bandido “echado al monte” por circunstancias sociales, en cierta manera honrado y justo. De su mano entramos en otra nueva tragedia amorosa, esta vez la dama, Claudia Jerónima, al modo de Capuletos y Montescos, se enamora de un enemigo de la familia tan locamente, que un simple rumor basta para que –escena repetida- vestida de mancebo tome venganza, disparando sobre el que creyó amante infiel.
Don Quijote pasa a espectador de ésta escena, siendo Roque quien toma la responsabilidad de proteger a Claudia y su familia si fuera necesario.

De vuelta al lugar en que don Quijote y Sancho permanecen con los bandoleros reaparecen los tres tocadores que Sancho no devolvió y parece que todos desean. ¿Que tienen tres simples gorros para atraer a todos?

El reparto equitativo de lo obtenido en los robos , el modo de impartir justicia, en definitiva el comportamiento de Roque Guinart   sirve para mantener la leyenda de los bandidos convertidos en héroes por el pueblo que  ve aumentar las diferencias establecidas sin rubor por quienes se supone que debían defenderles. 



jueves, 22 de julio de 2010

El impostor descubierto. Don Quijote. Cap. 59/2


Escultura: Antonio Ramos (Lladró)

Que el tiempo transcurrido desde su primera salida y la realidad de los hechos, pesan ya sobre don Quijote, es evidente; tras el suceso de los toros asume la realidad; en su mente, los atacantes siempre fueron personajes misteriosos, ahora es consciente de haber sido molido por las pezuñas de los animales.
Su estado de ánimo no ha variado solo por éste acontecimiento, las andanzas de caballero habían de aportar fama respeto y honores, las doncellas rendidas ante su valor y la fortaleza de su brazo, caerían rendidas ante él. Nada de eso se ha logrado y su dama sigue encantada en cuerpo de rústica labradora. Hay por tanto una evolución en el personaje ya reflejado en anteriores entradas. En éste punto don Quijote se rinde, está dispuesto a la muerte por inanición, a lo que Sancho mucho más práctico se opone:

“Sepa, señor, que no hay mayor locura que la que toca en querer desesperarse como vuesa merced, y créame y después de comido échese a dormir un poco sobre los colchones verdes destas yerbas, y verá como cuando despierte se halla algo mas aliviado”.

En semejante estado de ánimo la nostalgia reaparece en el enamorado, ¡Si al menos tuviese a Dulcinea!
Para esto, es menester deshacer el encantamiento completando la tanda de azotes, pero, Sancho conoce a su amo y le aporta razonamientos suficientes para posponer la promesa, consciente de la irrealidad del encantamiento, y por tanto lo inútil de fustigarse. La proximidad de una venta sirve para mostrar el especial interés de Cervantes en reiterar la vuelta a la realidad de don Quijote en este caso es venta y no castillo como venía siendo habitual.

Ya en la venta tornamos a una escena picaresca entre Sancho y el ventero, éste a la vista del negocio dice estar en posesión de todo tipo de manjares, cuando realmente sólo cuanta con un cocido de garbanzos. Sancho va desmontando los argumentos del ventero, aceptando al fin la uña de vaca que se le ofrece magnificada por la fantasía del cocinero.

La conversación mantenida por otros principales huéspedes  –curiosamente uno se llama Jerónimo- en la habitación contigua a la que ocupan nuestros protagonistas, da pié a pensar que Cervantes conocía la verdadera identidad del autor que se escondió bajo el falso nombre de Alonso Fernández de Avellaneda para escribir el Quijote apócrifo, y que identificaba a dicho autor con el soldado aragonés Jerónimo de Pasamonte. Así aprovecha el episodio para introducir una ácida crítica hacia el libro, despreciándolo hasta tal punto, que don Quijote –en éste caso personificando al Autor- no quiere leerlo para que no pueda pensarse que conoce su existencia. Don Quijote por lo que ha podido conocer de la obra, decide cambiar el rumbo establecido y no ir a Zaragoza a fin de dejar en evidencia al “nuevo historiador”.

No hemos olvidado a Dulcinea, los huéspedes de la contigua habitación hieren la sensibilidad de don Quijote al recordar que en “esa” segunda parte se le pinta como desenamorado de su dama, quizá por ello, don Juan, el otro huésped lanza una dura pregunta:

“Si se había casado, si estaba parida o preñada o si, estando en su entereza, se acordaba, guardando su honestidad y buen decoro, de los amorosos pensamientos del señor don Quijote”.

La conversación entre don Quijote, don Juan y don Jerónimo deja constancia de la mezcla entre locura y cordura del personaje, los disparates de los hechos, no menguan un ápice la certera expresión de quien los cuenta.



jueves, 15 de julio de 2010

De nuevo en camino. Don Quijote. Cap. 58/2



Imagen: Segrelles

Entiendo el presente capítulo, como un nuevo prólogo. Es tan dilatada la estancia en el castillo y tan falta de aventuras con las que nació la obra, que Cervantes, insisto, es mi opinión, recurre a un memorándum, para situar nuevamente al lector frente a la acción.

Comienza con un canto a la libertad, tanto más valiosa, cuanto menos dependiente sea de otros factores o personas. Viene a recordarnos que: el hombre feliz no tenía camisa.
Frente a los razonamientos de don Quijote, no podía faltar el realismo de Sancho “tal vez nos apaleen”. Cierto, la libertad para él siempre llevó aparejadas desdichas y necesidad.

La acción se va preparando suavemente, sin sobresaltos. Nos iremos adentrando en el mar de la aventura, desde la playa, despacio, sin prisa, de tal forma que, sin apenas darnos cuenta estaremos de nuevo sumergidos totalmente.
En la presente ocasión se topan  con unos labradores que portan un retablo; el encuentro sirve para que don Quijote se identifique con santos caballeros al servicio de lo divino y sorprenda a propios y extraños con sus conocimientos quedando Sancho gratificado con explicaciones y evento:

“En verdad, señor nuestramo, que, si esto que nos ha sucedido hoy se puede llamar aventura, ella ha sido de las más suaves y dulces que en todo el discurso de nuestra peregrinación nos ha sucedido; della habemos salido sin palos y sobresalto alguno; ni hemos echado mano a las espadas, ni hemos batido la tierra con los cuerpos, ni quedamos hambrientos”.

Enredados en varias conjeturas sobre el acontecimiento del retablo, de pronto Sancho, rememora el extraño enamoramiento de Altisidora, poniendo un punto de duda, sobre si tamañas manifestaciones amorosas, son ficción o realidad:

“Qué es lo que vio esta doncella en vuesa merced que así la rindiese y avasallase; no sé yo de qué se enamoró la pobre”

Con éstas conversaciones y un canto al sentimiento amoroso al margen de lo meramente físico por parte de don Quijote, nos adentramos ya en la aventura propiamente dicha  a través de una escena bucólica, con hermosísimas doncellas, campamento con mesas bien provistas, gente que le reconoce y agasaja y que es conocedora de su historia a través de los escritos ya publicados.

 Él, como caballero ya instalado en su papel, se propone pregonar la hermosura de cuantas doncellas allí están y combatir a quienes no admitan al paso por el camino real, lo que él con este fin ha publicado.

La ansiada aventura, tras tanto tiempo de inactividad no tarda en presentarse: Una muchedumbre con lanzas, que resultan ser pastores con garrocha se presenta como el enemigo a batir. El resultado es el ya habitual: los toros arrollan, muelen y aporrean a Quijote y Sancho que ratifica así sus temores. Seguramente en su interior, entonó el…
¡ Pobre de Mi !